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La presencia ignaciana en la espiritualidad de Fabro

In document Memorial - Pedro Fabro (página 45-50)

Todo este mundo interno al que brevemente nos estamos aproximando tiene una inspiración y una orientación determinadas. A la hora de pensar y de sentir su experiencia religiosa, Fabro no podía prescindir de todo aquello que había recibido a través de las

Espirituales. Aquellas experiencias marcaron su modo de comprender, interpretar y expresar su relación con Dios. Ignacio le había ofrecido un método, un camino de acceso al Misterio construido según unos elementos orgánica y sistemáticamente relacionados: principio y fundamento, misericordia, rey eternal, conocimiento interno, seguimiento, discernimiento, servicio, amor.

Leer el Memorial de Fabro es ir encontrándose con los Ejercicios Espirituales presentes en la vida ordinaria. Fabro va haciendo lecturas de lo que le acontece a la luz y con el lenguaje del método ignaciano. «Adora, alma mía, al Padre celestial, sirviéndolo con todas tus fuerzas» [M 1], «Dios es lo primero y lo principal» [M 63] son algunas de sus expresiones, que personalizan el horizonte último de la experiencia propuesta en los

Ejercicios [23]. Fabro quiere vivir ordenado internamente según la voluntad de Dios y

«no morir» hasta conseguirlo: «¡Qué feliz sería quien pudiera saber lo que cada día le pide el Señor!» [M 398][227]. Pero Fabro es lúcido con su propia realidad, limitada y pecadora, que en ocasiones percibe distante del ideal que tiene delante. Una «cruz de tres brazos, muy pesada» refleja las tres dimensiones de su desorden: su inconstancia para la santidad, sus defectos en las obras de caridad con el prójimo y la falta de devoción en las cosas que «miran directamente a Dios y a sus santos» [M 241]. Con todo, Fabro no puede dejar de sorprenderse al comprobar que «rara vez o nunca he sentido que el Espíritu Santo me reprenda o amenace con los castigos merecidos» [M 299]. Por eso puede seguir adelante en el seguimiento de Cristo, como un siervo que desea ser recibido en la corte de un gran príncipe. El párrafo [225] refleja hasta qué punto Fabro había asimilado la meditación del Rey Eternal de los Ejercicios [91-98]: el siervo no ha de buscar ni ha de querer «otro consuelo que no proceda de Él y sea dado por Él y que termine en Él».

De los Ejercicios ha ido asimilando diferentes modos de orar, que le favorecen mantenerse en la presencia de Dios en momentos y circunstancias muy diversos. Ya vimos cómo se sirve de la imaginación (la «vista imaginativa» de la que habla Ignacio en los Ejercicios) para orar con los misterios de la vida de Cristo[228]. Incorpora también la «aplicación de sentidos», apelando a la sensibilidad interior para favorecer una experiencia más cercana de Cristo: «compadécete siempre de mí –ora Fabro– y aparta de mí todos los males que me impidan verte, oírte, gustarte, sentirte, tocarte, tenerte…» [M 187]. Otras veces ora considerando «el significado de las palabras», según propone Ignacio en el «segundo modo de orar» de los Ejercicios [252]: «se me concedió que debía poner siempre empeño en las palabras que pronunciaba, para penetrar más en su significado» [M 172].

Pero esta vida en la presencia de Dios se transparenta cuando Fabro manifiesta su afinidad con la «contemplación para alcanzar amor» que cierra el proceso de los

Ejercicios Espirituales [Ej 230-237], una contemplación que dirige la mirada del

«Ojalá sintamos lo que él trabaja en nosotros, bien en el cuerpo o en el espíritu […] ojalá que por fin veamos que es él quien obra todo en nosotros y por quien actúan todas las cosas y en quien subsisten todas» [M 245][229].

6. CARTA DE FRANCISCO DE SALES

SOBRE PEDRO FABRO

(10 DE ENERO DE 1612

Carta de Francisco de Sales[230] al R. P. Nicolás Polliens, de la Compañía del nombre

de Jesús. En Chambéry[231]

Mi Reverendo Padre.

Hace ya bastante tiempo que os debo el libro[232] de la santa vida de nuestro beato Pedro Fabro[233]; he sido consciente de que no me he atrevido a hacer que se transcribiese, porque cuando Ud. me lo envió se refirió a él como una cosa que estaba reservada para el uso interno de vuestra Compañía.

Sin embargo, me hubiera gustado mucho tener una copia de una historia tan piadosa y de un santo al que por tantas razones estoy y debo estar aficionado, porque es cierto que yo no tengo la memoria llena de los detalles de lo que he leído, sino más bien un recuerdo general. Pero quiero creer que la Compañía, al fin y al cabo, se decidirá a no hacer menos honor a este primer compañero de su fundador, de lo que ha hecho a otros[234]. Que si bien su vida, por haber sido corta en un tiempo[235] en el que uno no cae en la cuenta exactamente de todo, no puede suministrar tanta información a la historia como las vidas de otros, sin embargo, lo que su historia nos ofrezca será la miel y el azúcar de devoción.

El buen señor Fabro, nuestro médico en este pueblo, ha podido encontrar después en Reposoir una carta de este bienaventurado Pedro, escrita de su mano, con la que yo he sido consolado de ver y besar.

En fin, yo os agradezco humildemente por la amistosa comunicación que a él le ha placido hacerme, y os suplico que me mantengáis siempre en vuestras oraciones, porque desde todo mi corazón, yo soy, mi R. Padre, vuestro humilde, muy aficionado hermano y servidor.

7. AGRADECIMIENTOS

Deseo cerrar esta breve introducción a la persona y la obra de san Pedro Fabro como a él le gustaría que se hiciera, dando gracias.

Hemos de dar gracias a Dios por la presencia de san Pedro Fabro en la compleja Europa del siglo XVI que le tocó vivir; gracias a Pedro Fabro por haberse fiado de Dios a través del proyecto que Ignacio le propuso en su plena juventud y con toda su vida por delante.

Gracias al papa Francisco por fijarse en Pedro Fabro y proponerlo a toda la Iglesia como un modelo y camino para estar más cerca de Dios. Bondad, diálogo y reconciliación son sin duda ámbitos de la vida cristiana que pueden verse muy enriquecidos en nuestros días si nos dejamos alcanzar por Fabro.

Agradezco a mi compañero y amigo Ernesto Postigo por haber leído con cuidado y cariño el texto y ofrecerme valiosas sugerencias para mejorarlo. Gracias a D. David Lomas Pastor y D. Ángel Suárez Mingo, párrocos de Galapagar (1957-1960; 1965- 1977); a D. Juan Daniel Alcorlo San José, párroco del Galapagar de hoy; a D. Eladio López Yaven, sacerdote; a D. Juan Ayuso Águeda, D. Rafael Crespo Fragua y D. Antonio de Castro Sanz, vecinos y parroquianos de Galapagar, por mantener el recuerdo y viva en la memoria la presencia de Pedro Fabro por nuestra geografía.

8. BIBLIOGRAFÍA

In document Memorial - Pedro Fabro (página 45-50)