La imaginación desempeña en nuestras vidas un papel mucho más importante de lo que podemos imaginar.
He visto ello demostrado muchas veces en mi práctica. Un ejemplo especialmente memorable respecto a este hecho se refiere a cierto paciente que fue literalmente forzado por su familia a acudir a mi consultorio.
Era un hombre soltero, de unos cuarenta años de edad, que se dedicaba a un trabajo de rutina durante el día y quedábase siempre en casa cuando había terminado su jornada y nunca iba a ninguna parte y jamás hacía nada. Había desempeñado trabajos similares y nunca pareció capaz de permanecer en ninguno de ellos durante demasiado tiempo. Su problema consistía en que tenía la nariz y las orejas algo más largas de lo normal. Se consideraba feo y de aspecto cómico. Se imaginaba que las gentes, con las que había tenido que tratar durante el día, se reían y hablaban acerca de él a sus espaldas, debido a lo extraño que era. Sus susceptibilidades se desarrollaron en tal forma que realmente temía meterse en el mundo de los negocios y andar entre la gente. Apenas si se sentía “a salvo” inclusive en su propia casa. El pobre se imaginaba también que incluso su familia “se avergonzaba” de él a causa de su “aspecto peculiar” distinto al “de todo el mundo”.
En realidad, sus defectos faciales no eran demasiado graves. Su nariz era del “clásico tipo romano”, y sus orejas, aunque algo largas, no atraían la atención en mucho mayor grado que las de millares de otros sujetos que las poseían similares. Desesperada, su familia me lo envió con el objeto de que viera yo si le podía ayudar en algo. Observé que no necesitaba el auxilio de la cirugía… sólo hacerle comprender que su imaginación le había llegado a producir tal desconsuelo con respecto a su propia autoimagen que le imbuía a perder de vista a la propia verdad. No era realmente feo. La gente no le consideraba extraño y no se reían de él a causa de su apariencia. Solamente su imaginación era responsable de la desgracia que padecía. Su imaginación le había hecho exaltar el mecanismo automático, negativo y de fracaso, el cual operaba “a todo vapor”, produciéndole un sentimiento de desdicha extrema. Por suerte, luego de algunas sesiones mantenidas con él y mediante la ayuda de su familia, fue posible hacerle comprender gradualmente que la fuerza de su propia imaginación era la responsable de su lamentable estado espiritual, y entonces logró formarse una autoimagen más adecuada con la verdad, acabando por ganar la confianza que necesitaba para aplicar la imaginación creadora en vez de la imaginación destructiva.
La imaginación creadora no es algo que se halla solamente reservado a los poetas, filósofos y los inventores, Esta tiene que ver en cada uno de nuestros actos. La imaginación forja el “cuadro meta” sobre el cual funciona nuestro mecanismo automático. Actuamos, o fracasamos al actuar, no a causa de la “voluntad”, como se cree comúnmente, sino debido a la imaginación.
El ser humano actúa, siente y se desenvuelve siempre de acuerdo con lo que él imagina ser vedad acerca de sí mismo y del medio ambiente que le rodea.
Esta es la ley básica del pensamiento. Este es el modo de que estamos hechos. Cuando vemos esta ley mental gráfica y dramáticamente representada por un sujeto sometido a estado hipnótico, nos inclinamos a creer que hay en ello funcionando algo supra-normal de oculto carácter. En realidad, lo que presenciamos es el proceso del funcionamiento normal del cerebro humano y del sistema nervioso.
Por ejemplo, si a un sujeto sometido a estado hipnótico se le dice que se halla en el Polo Norte, no solamente tiritará de frío, sino que también su cuerpo reaccionará precisamente como si tuviera frío e incluso le saldrán sabañones. El mismo fenómeno ha sido demostrado con estudiantes de facultad, que se hallaban en estado consciente, al rogarles que se imaginasen que tenían una mano metida en agua helada. La lectura del termómetro muestra que desciende la temperatura de la mano “tratada”. Dígase a un sujeto sometido a estado de hipnosis que su dedo es un atizador, que se halla al rojo vivo, y él no solamente contraerá el rostro al tocárselo sino que también sus sistemas cardio-vascular y linfático reaccionarán precisamente como si el dedo en cuestión fuera en realidad un “atizador al rojo vivo”, y al contacto con el mismo le producirá una inflamación y quizás hasta una ampolla en la piel. Cuando los estudiantes de una facultad, completamente despiertos, se les ha dicho que se imaginasen que tenían un punto ardiendo en sus frentes, las lecturas del termómetro han demostrado un aumento real de la temperatura de la piel.
El sistema nervioso no se señala jamás la diferencia existente entre una “experiencia” imaginada o una “experiencia real”. En uno u otro caso reacciona automáticamente a la información que se le ha suministrado desde el prosencéfalo.
Su sistema nervioso reacciona apropiadamente con respecto a lo que usted “piensa” o “imagina” ser verdad.
El secreto de la fuerza hipnótica
El Dr. Therodore Xenophon Barber ha llevado a cabo una extensa investigación acerca de los fenómenos de la hipnosis, lo mismo cuando estuvo asociado al Departamento de Psicología de la Universidad Americana de Washington, D.C., que después de haberse unido al Laboratorio de Relaciones Sociales de la de Harvard. En un escrito reciente, publicado en la revista Science Digest, manifiesta lo que sigue:
“Hallamos que los sujetos sometidos a estados hipnóticos son capaces de hacer cosas sorprendentes sólo cuando están convencidos de que las palabras del hipnotizador son verdaderas… Cuando el hipnotizador ha llevado al sujeto hasta el punto de convencerle que las manifestaciones que le expone son absolutamente ciertas, el sujeto, entonces, comienza a comportarse de una manera distinta, porque piensa y cree de diferente modo.
“Los fenómenos de la hipnosis han parecido constantemente misteriosos porque también siempre ha sido difícil comprender cómo creer en o que puede producir una conducta tan extraña. Parece como si en estos fenómenos hubiera algo más, algo impenetrable, alguna extraña fuerza que operase de manera oculta.
“No obstante, la verdad llana consiste en que cuando se llaga a convencer al sujeto que está muerto, éste se conduce como si realmente lo estuviera, y cuando se le logra convencer que es insensible al dolor, puede soportar las intervenciones quirúrgicas sin necesidad de que se le suministre anestesia. Por consiguiente, no existe ninguna fuerza o potencia misteriosa con respecto a la hipnosis.” (“Could You be Hypnotized?”, Science Digest, January, 1958).
Una pequeña reflexión nos mostrará por qué resulta tan excelente para nosotros que sintamos y actuemos de acuerdo con lo que creemos o imaginamos ser verdad.
El cerebro y el sistema nervioso humanos hállanse formados de tal manera que ambos pueden reaccionar automática y adecuadamente a los problemas y a los cambios que se producen en el ambiente que les rodean. Por ejemplo, un hombre no necesita detenerse a pensar que para salvar su existencia tendría que echarse a correr, en el caso que se encuentre con un enorme y furioso oso en una senda solitaria. Tampoco necesita decidir que debe sentir miedo. La reacción del miedo se produce entonces automática y apropiadamente. Primero, ésta le suscita el deseo de la huida. El miedo entonces “dispara” sus mecanismos corpóreos ayudándole a elastilizar sus músculos de tal manera que pueda correr más de prisa que en cualquier otro momento anterior de su vida. Los latidos de su corazón se aceleran. La adrenalina un poderoso estimulante de los músculos, se vierte en su corriente sanguínea. Todas las funciones del cuerpo que no son necesarias para correr detiénense instantáneamente. El estómago cesa de funcionar y toda la sangre disponible es enviada a los músculos. La respiración se hace mucho más rápida y los suministros de oxígeno que envía a los músculos se multiplican prodigiosamente.
Todo ello, naturalmente, no es nada nuevo. La mayoría de nosotros ya lo habíamos aprendido en la escuela secundaria. Lo que no nos ha sido tan fácil de comprender, sin embargo, es que el cerebro y el sistema nervioso, que reaccionan automáticamente al ambiente, son el mismo cerebro y sistema nervioso que nos dicen cual es el ambiente. Las reacciones del hombre que se encuentra con un oso en la senda solitaria, se cree comúnmente que se deben a la “emoción” más que a las ideas. Sin embargo, esta reacción es producida por una idea –la información recibida del mundo exterior y que calcula y es elaborada por el cerebro- que abre el conmutador de las llamas “reacciones emotivas”. De tal modo, que es básicamente la idea o la creencia las que constituyen el verdadero agente causativo, más bien que la emoción, la cual se convierte en resultado. En pocas palabras, el hombre en el sendero reacciona hacia lo que él piensa, cree o imagina que es el ambiente. Los “mensajes” que nos envía el ambiente consisten en los impulsos nerviosos procedentes de los diversos órganos sensoriales. Estos impulsos nerviosos son descifrados, interpretados y sometidos a evaluación en el mismo cerebro, el cual nos los hace conocer en la forma de imágenes mentales o de ideas. En la conclusión o en el análisis final reaccionamos precisamente a estas imágenes.
Actuamos y sentimos en concordancia, no a como son las cosas en realidad, sino de acuerdo con la imagen que de ellas nos hemos forjado. Usted tiene ciertas imágenes mentales con respecto a usted mismo, su mundo y la gente que la rodea, y usted se comporta como si estas imágenes constituyeran la verdad auténtica y la realidad, en grado mucho mayor que los objetos representados por las mismas.
Supongamos, por ejemplo, que el hombre que iba caminando por la senda no se hubiese encontrado con un verdadero oso, sino con un actor de cine disfrazado con la piel de uno de estos animales. Si el sujeto piensa e imagina entonces que el actor es un oso, sus reacciones nerviosas y emocionales hubieran sido exactamente las mismas. O supongamos que se encuentra con un enorme perro velludo al cual su espantada imaginación confunde con un verdadero oso. Otra vez, pues, le veremos reaccionar automáticamente hace lo que él cree ser verdad con respecto hacia sí mismo y hacia su ambiente.
Síguese, pues, todo ello, que si nuestra imágenes mentales e ideas concernientes a nosotros mismos se hallan deformadas o se muestran irreales, entonces nuestras reacciones con respectos al ambiente serán igualmente inadecuadas.
¿Por qué no imaginamos que somos personalidades de éxito?
El conocimiento de que nuestras acciones, sentimientos y conducta constituyen el resultado de nuestras autoimágenes y creencias, nos proporciona la palanca que la Psicología ha necesitado siempre para poder efectuar las transformaciones necesarias de la personalidad. Ello, pues abre una nueva puerta psicológica para obtener nuevas y mayores capacidades, éxito y felicidad.
Los cuadros mentales nos ofrecen una nueva oportunidad para “practicar” nuevas tendencias y actitudes que nos serían imposible intentarlas llevar a cabo de cualquier otra manera. Ello es factible porque, tornando a repetirlo, el sistema nervioso no puede manifestar la diferencia que existe entre una experiencia real y otra vívidamente imaginada.
Si nos figuramos a nosotros mismos actuando de manera determinada, ello será casi similar a desenvolvernos así en la realidad auténtica. La práctica mental ayuda a hacerlo todo más fácilmente y con mayor perfección.
En un experimento controlado, el psicólogo R.A. Vandell, comprobó que la práctica mental de hacer como si se disparase a un blanco, desde el sitio en que el sujeto se puso frente a éste durante un determinado lapso cada día imaginando disparar sobre el mismo, mejoró considerablemente la puntería del individuo sujeto a la experimentación, ello es, se la perfeccionó en un grado idéntico al que hubiese alcanzado habiéndolo hecho en la realidad.
Research Quarterly informa de un experimento acerca de los efectos de la práctica mental con respecto al perfeccionamiento en la habilidad de meter un balón en la cesta de basketball mediante tiros libres. Un grupo de estudiantes practicó el tiro en la realidad, diariamente, durante veinte días seguidos, y, al final de este periodo, se hizo el recuento promedio de tantos conseguidos en la primera y última fechas de la prueba.
Se hizo también, en el primero y último día, el recuento de un segundo grupo, el cual no fue sometido a ningún género de prácticas entre una y otra fecha.
A los miembros del tercer grupo se los sometió igualmente al recuento promedio de tantos durante el primer día, luego se les hizo pasar veinte minutos diariamente imaginando que lanzaban el balón a la cesta. Cuando perdían un tanto, debían imaginarse la corrección necesaria con objeto de afinar la puntería.
El primer grupo, que practicó realmente durante veinte minutos cada día, mejoró su promedio de tantos en un 24%.
El segundo grupo, que no tuvo ningún género de prácticas, no mostró mejoramiento alguno.
El tercer grupo, que practicó con la imaginación, ¡mejoró un promedio de tantos en un 23 por ciento!
Cómo con la práctica de la imaginación se logró ganar un campeonato de ajedrez
En el número de abril, correspondiente al año 1955, apareció en la revista Reader’s Digest un artículo procedente de la publicación The Rotarian, el cual se titulaba “A Ajedrez lo llaman un juego” y e debía a la pluma de Joseph Phillips.
En este artículo nos cuenta Phillips que el gran campeón Capablanca se mostraba superior a todos sus competidores que los expertos llegaron a creer que jamás podría ser vencido en ningún encuentro del mencionado juego. No obstante, Alekhine, del cual se había creído que no llegaría a constituir una amenaza seria para el gran Capablanca.
El campeón mundial fue vencido con todas las de la ley, cosa que sería comparable a que el finalista de los Guantes de Oro derrotara al campeón del mundo de los pesos pesados.
Nos cuenta Phillips que Alekhine se había entrenado para el match en forma muy parecida a la de un boxeador que ha de contender en un combate de boxeo. Se retiró al campo, dejó de fumar y de beber y se dedicó a hacer ejercicios gimnásticos. “Durante tres meses jugó al ajedrez sólo con la imaginación preparándose para el momento en que debería enfrentarse con el campeón.”
Los cuadros mentales pueden ayudarle a vender más mercancías
En su libro COMO GANAR 25,000 DOLARES ANUALMENTE POR MEDIO DE LAS VENTAS, Charles B. Roth cuenta cómo un grupo de vendedores de Detroit ensayó una nueva idea de aumentar sus ventas en un ciento por ciento. Otro grupo de Nueva York aumentó sus ventas en un ciento cincuenta por ciento, y vendedores individuales, al poner en práctica la misma idea, lograron aumentar sus ventas en un cuatrocientos por ciento. (Charles B. Roth, How to Make $25,000 a Year Selling, Englewood Cliffs, N. J., Prestice-Hall, Inc.)
“¿Y cuál fue esta varita mágica que hizo mejorar en tal grado a todos estos vendedores?
“Es algo a lo que se le da el nombre de “actuación” y usted debería conocer algunas cosas con respecto a ello, debido a que si trata de conocer el asunto, ello le podrá ayudar a duplicar sus ventas.
“¿Qué cosa es la actuación o hacer el papel?
“Bien, el asunto consiste simplemente en que usted se imagine a si mismo en diversas situaciones de hacer ventas, en seguida, resolvérselas mentalmente hasta que usted logre saber lo que debe decir y lo que debe hacer cualquiera que sea la situación que se le presente en la vida real.
“Es algo así como lo que se ha dado en denominar, en la jerga futbolística, “prácticas del cráneo”.
“La razón por la que se llegó a conseguir tal perfeccionamiento en el proceso de las ventas fue debida a que éste constituye un mero conjunto de diversas circunstancias.
“El vendedor se encuentra en proceso de creación en el momento en que se halla hablando con un cliente. Dice algo o hace una pregunta o expone una objeción. Si usted sabe siempre lo que el cliente va a decir o contestar, o cómo va a presentarle su objeción, usted podrá venderle…
“El “actor vendedor”, cuando se halla a solas en la noche, tendrá que crear estas situaciones de venta. Imaginará los proyectos trazando el mayor número de curvas sobre los mismos. Luego extraerá de todo ello la mejor contestación posible que debe manifestar con respecto a todos los problemas que se le presenten…
“No importa la situación en que se encuentre, usted debe prepararse de antemano para ella, imaginándose que se encuentra ante su proyecto y que éste le presenta objeciones y problemas y que usted los trata con toda propiedad.”
Use los cuadros mentales para conseguir mejor empleo
El difunto William Moulton, célebre psicólogo, recomendaba lo que él llamaba “La práctica de ensayo” a los hombres y a las mujeres que acudían a él en busca de
ayuda para progresar en sus empleos. Si había en perspectiva una interview como, por ejemplo, tener que contestar a diversas preguntas para conseguir un empleo, solía aconsejar lo siguiente: prepárese para la interview por adelantado. Hágase mentalmente las diversas preguntas que crea han de presentarle. Piense en las respuestas que usted quiera contestar. En seguida, ensaye la entrevista en su mente. Incluso si no le llegan a proponer ninguna de las preguntas que usted ha ensayado, la práctica del ensayo obrará, no obstante, maravillosamente. Por lo menos, le dará confianza. Incluso aunque la vida real no le va a presentar versos que tenga que recitar como en una comedia, la práctica de los ensayos le ayudará a aumentar su confianza y a reaccionar espontáneamente ante cualquier situación con que se encuentre debido a que usted ha practicado la reacción espontánea.
“No sea un actor que se contenta con poca cosa”, le diría el doctor Marston al explicarle que usted está desempeñando constantemente un papel en la vida. ¿Por qué, entonces, no seleccionar el mejor papel, el más conveniente, el papel de la persona que alcanza la felicidad y el éxito, y disponerse a ensayarlo de inmediato?
En la revista Your Life, decía el doctor Marston: “Con frecuencia, no es posible dar el siguiente paso en la carrera propia sin haber obtenido previamente alguna experiencia del trabajo que tenemos que desempeñar. La charlatanería y la simulación podrán abrír la puerta de un empleo de que no se sabe nada, pero de nueve de cada diez casos no se podrá mantener éste, ello es, cuando la inexperiencia y el desconocimiento en la ejecución del mismo lleguen a manifestarse evidentemente. Existe un solo medio que yo conozca para poder proyectar el conocimiento práctico más allá del empleo que se desempeña actualmente, y ese consiste sólo en el ensayo planeado.”
Un concertista de piano practica con su cabeza
El mundialmente famoso concertista de piano Arthur Schnabel solamente tomó