2. Jacinto Jijón y Caamaño: hacendado, industrial y conservador
2.5. La propuesta de modernización conservadora
Para localizar conceptualmente a la modernización, Luna brinda una clara definición de la modernización y la modernidad.
La modernidad es una forma histórica de totalización civilizatoria, es la capacidad de innovación humana en todos los campos; es también en sus orígenes, la reivindicación de la capacidad del hombre de vivir en una sociedad igualitaria y justa. La modernización es la dimensión puramente económica de la modernidad que, a medida que avanza el capitalismo, adquiere una posición hegemónica en la vida de la sociedad mundial. El puesto de avanzada de la modernización es la industrialización338.
336Ibíd., p. 74.
337 Federico González Suárez, en “Instantáneas: Impresionadas en la película de nuestro
Atalayador”, Voz Obrera, No. 94, Año II, 1937.
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La modernización implica el mantenimiento de las estructuras de poder económico y político, aunque los individuos asociados a ellas sean diferentes. Es decir, es posible el cambio de grupos dominantes pero no la desaparición de la dominación. La modernización es un reajuste y reacomodo de un sistema, cuestiona a los grupos, ideas, tecnologías y procesos dominantes, pero no elimina la posibilidad de hegemonía. No es la destrucción o eliminación de una estructura sino su redefinición a partir de una nueva coyuntura.
Llamo modernización a la propuesta conservadora porque fue una renovación del sistema de dominación ya existente, no significó un cambio revolucionario sino un reajuste para colocar al mismo sistema en concordancia con los discursos e ideales coyunturales sobre la “cuestión social”, el desarrollo y el progreso como metas de la sociedad y el Estado. Además, en el fondo los grupos dominantes se mantuvieron, solo renegociaron su manera de ejercer su autoridad. Aunque esta acción modernizadora es local, hay que advertir que es, a la vez, una reacción a los discursos hegemónicos impartidos desde los países centrales.
En el caso concreto de los conservadores ecuatorianos encontramos que hubo una intención clara de reformar el Partido, incluir las doctrinas sociales de la Iglesia para estar acordes con las demandas coyunturales de los trabajadores, en gran parte fortalecidas por las ideas socialistas y comunistas. Pero la modernización no sólo se expresó en el ámbito político e ideológico, la estructura económica y las formas de producción a las que se asociaban los conservadores también fueron modificadas. En este sentido observamos que las haciendas tradicionales no se eliminaron sino que se transformaron. Fruto de esa transformación fue, por ejemplo, la creación de industrias a manera de dependencias de las haciendas. Ya se ha mencionado que la modernización y adaptación de estructuras al servicio del capitalismo siempre será un evento positivo para los países centrales. La democracia, el liberalismo, la “cuestión social”, la higiene, el progreso también fueron discursos difundidos por el centro hacia las periferias con el fin de homogenizar, difundir un solo estilo de sociedad capitalista que contribuya, finalmente, a fundamentar su dominio. Esta es la lógica que subyace no solo en las relaciones internacionales sino en las prácticas cotidianas, en las relaciones entre grupos sociales y en las negociaciones que ellas implicaron.
Si recordamos que para el sistema capitalista, en su fase de expansión mundial, es positivo que cada país desarrolle un cierto grado de industrialización, tecnificación productiva, adelanto tecnológico y de infraestructura para mejorar las redes de comercio local, siempre y cuando todos estos “adelantos” mantengan la relación de dependencia
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de los países centrales, la modernización de la periferia se percibe como beneficiosa en dos aspectos principales.
Primero, aseguraría una producción y traslado de materias primas más eficientes e intensivas para abastecer las necesidades de producción industrial de los países centrales. Segundo, estos procesos modernizantes aseguraban la expansión del mercado para los productos industrializados, pues de esta manera las periferias aumentaban la capacidad de absorberlos. Estos dos puntos son dos caras de la misma moneda, mientras se creaban nuevos mercados consumidores en los países dependientes, se los incluía a manera de proveedores de materias primas y se los “dotaba” de tecnología para mejorar su producción primaria. Para aclarar esta postulación teórica, utilizaremos el modelo productivo empleado en la lógica económica de Jacinto Jijón.
Toda la maquinaria que se ocupaba en las fábricas e ingenios era importada. Evidencia de ello fueron los catálogos de maquinaria y las cartas cruzadas con las casas de importación guayaquileñas339. Si bien la producción textil en sí misma contribuía a la expansión industrial local y a la posible exportación de productos elaborados, la producción azucarera aunque en parte contribuía al despliegue industrial, servía como materia prima para la elaboración de productos secundarios en los países centrales, tales como caramelos, chocolates, dulces, entre otros.
Vânia Bambirra manifestaba con respecto al surgimiento de políticas propias y demandas sectoriales que tanto los grupos dominantes como los subalternos de todas las naciones dependientes tuvieron que ajustarse a los esquemas manejados a nivel global y, sobre todo, a lo dictado por el centro hegemónico del capitalismo.
las clases dominantes latinoamericanas han tenido que ajustar tanto el funcionamiento del aparato institucional como sus planes políticos específicos a los intereses de los países capitalistas desarrollados. Primero, haciéndose liberales-oligárquicas para atender la confluencia de sus intereses con aquellos de Inglaterra […] Luego,
volviéndose liberales-democráticas (por apertura a las clases medias) con el objeto de compatibilizar sus aspiraciones de modernización e industrialización con los intereses de la exportación de capitales de los Estados Unidos340
En este sentido, la propuesta de Jijón podría ser considerada revolucionaria en tanto conservadora, su tradicionalismo la apartaba de ser el camino más óptimo para el desarrollo del capitalismo ecuatoriano. Sin embargo, es posible entrever que sus intenciones nunca fueron las de destruir completamente la estructura capitalista, al contrario, él parecía muy conforme con la aleación formada entre las estructuras precapitalistas y el modelo hegemónico.
339 Ver AHMCYP-Q, Sección Manuscritos, Fondo Jacinto Jijón y Caamaño, carpeta JJC.01930. 340 Vânia Bambirra, El capitalismo…, p. 106.
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Es decir, promovía el desarrollo industrial en cuanto a tecnología, aceleración de la productividad, mentalidad de costo/beneficio, el juego con la ley del valor (especulación y falta de correspondencia entre el valor de uso y el valor de cambio), implementación de sindicatos modernos; pero, al mismo tiempo, defendía la autoridad tradicional, la economía fundamentada en la moralidad y el deber del buen cristiano, la obligación de los ricos de educar a los pobres, etcétera.
Por todo lo expuesto, es posible decir que la propuesta de Jacinto Jijón no fue una opción radicalmente revolucionaria o alterna al modelo capitalista-liberal, más bien se asistía al desarrollo de una modernización conservadora. Una transformación que fuera capaz de reformar y corregir la estructura a través de la inclusión de instituciones y prácticas tradicionales y conservadoras.
Pero la modernización conservadora fue una salida creada tanto desde arriba como desde abajo. Tanto dominantes como dominados encontraron en ella una oportunidad de mantener beneficios.
Al aceptarse desde ambos lados la división “natural” entre ricos y pobres, dominantes y dominados. Hay que decir que los trabajadores de la Casa Jijón no dejaron nunca de estar subyugados, de ser subalternos. Sin embargo, tenían más participación y beneficios tradicionales, gracias a que la coyuntura permitía la negociación. Al encontrarse en un contexto de varias manifestaciones, sindicatos de izquierda y un peligro manifiesto de huelgas, levantamientos e insurrecciones, Jijón no tenía más opción que mantener relativamente satisfechos a los trabajadores a través del cumplimiento de su deber moral, otorgándoles los beneficios tradicionales y sin dejar de acatar las nuevas leyes.
Es probable que en las haciendas y fábricas de Jacinto Jijón, por su inclinación conservadora, se haya practicado un modelo capitalista que cuidaba y reproducía el equilibrio tradicional comunal de base agraria. Conviene explicar que las prácticas comunitarias probablemente estuvieron modeladas, desde la época colonial, por el sistema hacendario colonizador. A nivel nacional, con el advenimiento no solamente de las transformaciones jurídicas estatales sino del accionar político de grupos comunistas y socialistas ortodoxos, se arremetió contra las instituciones tradicionales y las consecuencias de estas luchas ya las hemos mencionado, fueron las leyes de salario mínimo, protección a la maternidad, entre muchas otras demandas. Este tipo de confrontaciones permiten entrever que la disputa por el control de una porción población, es decir la indígena, se realizaba por varios frentes y provenía de varios grupos de poder.
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Aunque, como hemos visto, las leyes agredieron al equilibrio frágil de la hacienda tradicional, probablemente pudo sobrevivir en aquellos espacios en los que tanto las comunidades, los trabajadores, como los propietarios se aferraban al respeto y supervivencia del orden tradicional y moral. Las leyes, entonces, tenían su espacio y cumplimiento, pero por otro lado el derecho consuetudinario o natural también debía cumplirse.
Las pequeñas victorias de este tipo, en defensa de la práctica acostumbrada se lograban
aquí y allá. Pero la campaña en sí estaba perdida (…) Pues en el manojo indivisible de
las prácticas comunales, el capitalismo introduce su propio estilo de herencia partible. Se divorcian los usos de los usuarios, la propiedad del ejercicio de las funciones. Pero una vez que se separa el manojo en parte, lo que hereda no es un equilibrio comunal sino las propiedades de los hombres determinados y grupos sociales determinados341.
Exactamente, la modernización conservadora planteada por Jijón fue un evento particular que ocurrió en la realidad ecuatoriana pero que de ninguna forma fue una corriente general entre los conservadores de la época, para ello sería necesario otro estudio y una investigación comparativa que no realizaremos. Es también importante enunciar, una vez más, que la modernización conservadora fue funcional al capitalismo moderno y se encontró vinculada a él en muchos aspectos, fundamentalmente en la esfera del intercambio comercial.
Las teorías de Jacinto Jijón “contribuyeron al desarrollo de una modernización basada en un sistema de control laboral de tipo paternalista; sus empresas fueron consideradas un modelo de modernización económica a “la ecuatoriana”. El experimento hacendatario- industrial de la Sierra ecuatoriana establecía una articulación mediada por el aparato administrativo de la hacienda, entre zonas agrarias y zonas mecanizadas de la producción”342. Era un complejo de necesidad mutua, la remuneración de los trabajadores agrarios era insuficiente sin embargo como beneficio adicional recibían un lote de terreno y socorros o suplidos. En cambio, los trabajadores industriales recibían un constante salario que no les bastaba para la manutención, si no hubieran tenido lazos de parentesco con los huasipungueros que les proveían de alimentación para el día a día. Jacinto Jijón, en efecto, como señala Coronel, fue el idealizador de un modelo económico, en el cual se integraban las prácticas tradicionales a la dinámica industrial. Evidentemente, no concuerda con el desarrollo político liberal, en cual los mercados se habían abierto, las necesidades no solamente fueron las básicas sino que se crearon nuevas tales como el confort, el lujo, la moda. Todos estos factores del capitalismo
341EP Thompson, “El entramado…”, p. 158. 342Valeria Coronel, “Hacia el control…”, p. 71.
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moderno no estaban considerados para los trabajadores; el estilo de vida de Jijón y su familia es otro asunto.
En medio del trato de los trabajadores, los indígenas tenían un lugar especial pues existía un marco ideológico que lo justificaba. La forma de dominación que ejerce Jijón sobre sus trabajadores fue muy tradicional, similar a los sistemas de hacienda colonial. Por ejemplo la monetarización fue muy escasa. Otro elemento de importancia fue el cumplimiento del perfil de distribuidor de la riqueza y protector de sus trabajadores. En resumen, utilizó tácticas tradicionales para crear un modelo productivo peculiar que apunta a la modernización pero que al mismo tiempo se ató al precapitalismo.
Para la economía huasipunguera el elemento fundamental que sustentaba la vida y reproducción fue la producción para el autoconsumo que, como hemos visto, permitía la apropiación de la renta de trabajo de toda la familia, es decir, la explotación y por supuesto la vinculación de las familias a la hacienda por múltiples generaciones. En este sentido no existió una proletarización de los campesinos.
Ahora bien, en el complejo productivo de la Casa Jijón, como hemos visto, existió un buen tanto de empleados y trabajadores mestizos que se sustentaban casi exclusivamente del salario. Por ello, es posible decir que existió una mixtura de elementos tradicionales con un contexto moderno.
Lo analizaremos a través de un ejemplo, es posible que un joven trabajador de la fábrica vivía en una familia donde el padre era huasipunguero y aportaba su salario al sustento familiar. Años después era posible que el joven fundara su propia familia, sin embargo, mantenía un vínculo de “arrimado” con la familia ampliada de huasipungueros.
El modelo que se propone como fundamento del análisis del complejo productivo de la Casa Jijón aparece empíricamente citado en diversos estudios de la historiografía ecuatoriana. Para mencionar un par de ejemplos de la fusión de lo moderno y lo precario en las industrias y haciendas se encuentran las afirmaciones de Rafael Guerrero.
Para 1914, habían la [sic.] 7 industrias textiles, de carácter precapitalista-artesanal, y para 1930, el número de industrias se elevó a 18. A lo largo de este proceso, la industria textil fue desprendiéndose de su fase artesanal e introduciendo relaciones capitalistas de producción, lo que dio lugar a la formación de un semiproletariado industrial. Decimos semiproletariado porque los campesinos conciertos de las haciendas en que se encontraban las industrias, fueron utilizados en el proceso de producción capitalista, al mismo tiempo, produciéndose así una combinación de dos relaciones de producción diferentes.
En este proceso tuvieron una participación relativamente importante algunas familias
terratenientes, como los Pérez Pallares, los Jijón y Caamaño y la familia Cordovéz (…) El
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industria, las rentas obtenidas en el sector agrario. De esta manera, empieza a surgir un sector terrateniente capitalista343
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Y no solamente en la serranía, sino que, tal como lo afirma Cueva, también en la dinámica de las plantaciones de cacao en la Costa también fueron ejemplo de la superposición y aglutinamiento de los modelos económicos.
De todo esto se deduce que el sistema de dominación micro-oligárquico ha tenido caracteres particulares en su relación con los sectores dominados. Relación paternalista, bondadosa y populista. Esta última característica desempeñará un papel importante en cuanto al amortiguamiento o control de conflictos latentes o manifiestos. Así, en los casos en que la lucha y contradicción se desencadena en términos reivindicacionistas, dicha relación populista intermediará personalmente estos conflictos, hasta el punto de convertirlos en reivindicaciones alcanzables y posibles de ser cumplidas por el grupo dominante. Es más, conocidas dichas reivindicaciones, los patronos se adelantarán en el
otorgamiento de “favores”, especialmente los relacionados con las condiciones de vida, como vivienda, educación, salud. Esto a su vez confirmará una imagen filantrópica, progresista de los dueños de las principales unidades productivas. Solamente cuando estos mecanismos son insuficientes, se acudirá a mecanismos provenientes de la fuerza pública344.
La fusión de la hacienda, industria y el modelo capitalista puede comprenderse porque todas las formas y modelos de producción tienden a reproducirse a sí mismas, es decir, a garantizar su existencia345. Esta tendencia se halla condicionada por la influencia de otras formas sociales que fueron integradas en un modelo hegemónico.
A través de la esfera de la circulación, es decir del comercio y del ciclo de vida del capital, todas las formas de producción se hallan condicionadas al capitalismo. Es posible que el capitalismo no haya eliminado a la hacienda porque podía funcionar perfectamente bajo sus requerimientos, no solo económicos. Servía para su reproducción y no se contradecía fundamentalmente con el nuevo modelo.
Al contrario, le ayudaba a mantener bajo una esfera de dominación a gran parte de la población: “La disolución de las relaciones de producción precapitalistas por el modo de producción dominante es una consecuencia, cuando ocurre, de un conjunto de relaciones no solamente económicas (y menos aún mercantiles) sino políticas e ideológicas”346. Como un ejemplo de la mentalidad de modernización conservadora analizaremos las propuestas que se hicieron desde el conservadurismo para la creación de una reforma agraria dotada de características especiales que permitían el mantenimiento de los
343 Rafael Guerrero, “La formación del capitalismo industrial en la provincia del Guayas: 1900-
1925”, en Rafael Quintero, Aspectos del desarrollo capitalista en el litoral ecuatoriano, Revista de Ciencias Sociales, Vol. III, No. 10-11, Quito, Universidad Central del Ecuador, Facultad de Jurisprudencia, Escuela de Sociología, 1979, p. 87.
344Lautaro Ojeda, “Estructura productiva y micro-oligarquía durante la época cacaotera: el caso de
Milagro”, en Rafael Quintero, Aspectos del desarrollo…, p. 28. 345 Ver Karl Marx, El Capital, libro I, capítulo XXIII.
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preceptos fundamentales que cimentaban la dominación de la elite conservadora y terrateniente.
La nacionalización de la tierra era un requisito fundamental para la construcción de la producción agraria capitalista, este hecho fue realizado en primer lugar por la revolución liberal alfarista. No fue necesaria la movilización activa de campesinado y el cuestionamiento de la autoridad gamonal, la alternativa de los sectores dominantes fue la de un reformismo gradual. Por ello el huasipungo fue un arma de doble filo, por un lado, simbólica y, por otro, económica. A manera de amortiguador de tensiones, se establecieron algunas medidas progresistas, como la construcción de escuelas, beneficios para los trabajadores, cumplimiento del código laboral en el ámbito agrario. Explicaremos ejes claves expuestos en el diario “El Debate” en 1932. En primer lugar, el hecho de la repartición de tierras entre los campesinos, fue una propuesta generada no solamente desde los sectores de izquierda sino una idea que rondaba en varias esferas poblacionales, entre ellas a los sectores conservadores. Evidencia de ello, es el artículo titulado “La repartición de tierras” en el que se explica:
Debemos hacer público y ostensible que el Partido Conservador no es opuesto, de ninguna manera, a la constitución racional de la pequeña propiedad, porque en esta organización encuentra una de las bases esenciales para el establecimiento de la paz y armonía social. La parcelación de las tierras trae consigo la adherencia de los pobladores al suelo, la que
muy pronto se traduce en amor a la patria (…)
El latifundio dividido contribuye además, a la conservación de la independencia personal, que contribuye a la dignidad de la vida y propende al desenvolvimiento de la virtud ciudadana.
La construcción de la pequeña propiedad tiene también en su favor un motivo superior de economía, que consiste en la intensidad y eficiencia del cultivo347.
Si bien se estableció simpatía con la idea de una reforma agraria, los conservadores
propusieron medidas condicionales para efectivizarla. Una de ellas era la construcción de un sistema vial eficiente que permitiera la conexión de las pequeñas propiedades con el mercado nacional. Otra, la indemnización a los propietarios de las tierras repartidas. Y, lo que resulta más evidente, circuló en torno a la apropiación de la tierra, un discurso nacionalista, de amor patrio y de armonía social.
Además, se puede entrever que la repartición de tierras no estaba considerada como un