2. Fundamentos teóricos y estudios anteriores
2.5 La referencia Vox significat rem mediantibus conceptibus
Conforme a Charles Sanders Peirce, el padre de la semiótica –entendida como teoría filosófica de la significación y de la representación– un signo describe la relación entre un
representamen, un objeto y un interpretante (Sjöström 2006: 22).
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Un signo, o representamen, es algo que está por algo para alguien en algún aspecto o capacidad. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente o, tal vez, un signo más desarrollado. Aquel signo que crea lo llamo interpretante del primer signo. El signo está por algo: su
objeto.36
Hay tres tipos de signos, a saber: iconos, que implican igualdad, por ejemplo fotografías, pinturas y diagramas; índices, que más bien son relaciones de proximidad, tales como señales de tráfico y síntomas de una enfermedad; y símbolos, que tienen origen arbitrario, por ejemplo banderas, insignias militares y símbolos lingüísticos (op. cit.: 23).
Saussure (1970: 95), por su lado, prefirió el término signo a símbolo. Según él, signifiant, (representamen o significante), es decir, la expresión, y signifié, (interpretante o significado), esto es, el contenido, son más apropiados, dado que marcan la oposición que diferencia el significante y el significado entre sí y entre la totalidad de la que forman parte: el signo. Un símbolo no refleja la arbitrariedad, puesto que según él, un símbolo nunca es totalmente arbitrario. Siempre hay restos de una relación natural entre el significante y el significado, basada en costumbres colectivas o en convenciones. Por ejemplo, la balanza como símbolo de la justicia, no es intercambiable por cualquier otro objeto (1970: 96). Sin embargo, la arbitrariedad no quiere decir que los hablantes puedan elegir el significante libremente, puesto que este viene impuesto: “A la masa no se le pregunta, y el significante elegido por la lengua, no puede ser reemplazado por otro”37 (1970: 99). Independientemente de la época en que nacemos, la lengua es una herencia de generaciones anteriores (ibid.). En cada corte sincrónico la lengua siempre es el resultado de factores históricos, lo que explica por qué el signo lingüístico no es cambiable, es decir, por qué resiste cada sustitución arbitraria. El impacto del factor histórico se debe al hecho de que los cambios lingüísticos no estén vinculados a generaciones apiladas unas sobre otras, sino unidas, de forma que cada generación engloba individuos de todas las edades (op. cit.: 100). Otro factor importante para Saussure, es que la lengua es un asunto de todos, esto es, está influenciada por todos los hablantes (op. cit.: 101). Estas fuerzas sociales operan como una función del tiempo. Si la lengua se deja frenar, no se debe solamente al colectivo sino también al tiempo. En cada momento la solidaridad con el pasado restringe la libertad de elección. Utilizamos por ejemplo las palabras hombre y perro, porque fueron utilizadas por nuestros antepasados. Sin embargo, esto no impide una relación
36 Texto tomado de MS 798 [On Signs] c.1897, 5 pp. (The Charles S. Peirce Papers. 1966. 32 rollos de microfilms
de los manuscritos conservados en la Houghton Library. Cambridge, MA: Harvard University Library, Photographic Service. MF. 66). Fue publicado como CP 2.227-229 y 2.444n1. Traducción de Mariluz Restrepo (2003) (PEIRCE, C. S. 1931-1958. Collected Papers, vols. 1-8, C. Hartshorne, P. Weiss y A. W. Burks (eds). Cambridge, MA: Harvard University Press. B.71.030; Edición electrónica de J. Deely, Charlottesville, VA: InteLex. Versiones Mac e IBM en GEP) http://www.unav.es/gep/Peirce-esp.html (01/01/2015).
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entre las dos fuerzas opuestas, es decir, la convención arbitraria, que permite la elección libre, y el tiempo, que restringe las opciones. Dado que el signo lingüístico es arbitrario, no obedece a otra ley que no sea la tradición, de ahí su arbitrariedad (op. cit.: 102).
Según Saussure, el tiempo –garante de la continuidad de la lengua– también tiene un efecto opuesto, el de cambiar más o menos rápidamente los signos lingüísticos, con lo que quiso subrayar que la lengua cambia sin que los hablantes puedan cambiarla (ibid., nota 1). En otras palabras, ningún hablante individual es capaz de cambiar la lengua. “La colectividad es imprescindible para establecer valores, cuya única razón de ser es su uso y aceptación general; el individuo por sí solo no puede establecer ni uno”38 (op. cit.: 145).
La frase del título de este subcapítulo remite al llamado triángulo semiótico, que sustituyó al esquema diádico, significante "! significado, de Saussure. El modelo de Ogden y Richards (1989) es muy parecido al de Peirce e implica que ‘la palabra denota el objeto mediante un concepto’.
Figura 2:1 Triángulo semiótico de Ogden y Richards pensamiento/referencia
símbolo referente
Se trata de la facultad referencial de la lengua e indica que una imagen acústica o gráfica se refiere a un objeto, es decir, a un referente en la realidad extralingüística, sin embargo, siempre a través de un concepto mental, evocado por la palabra en cuestión. La realidad puede constar de referentes físicos (la abogada X), conceptos abstractos (la justicia), cosas imaginadas (un
fantasma), al igual que pensamientos y sueños. Conforme al triángulo de Ogden y Richards,
hay una relación directa entre el significante39 y el significado, así como entre el significado y el referente, mientras que la relación entre el significante y el referente es variable e indirecta, salvo si se trata de una imagen, un gesto o una palabra onomatopéyica (1989: 12). El significante que utilizamos se determina por medio de varios factores sociales y psicológicos en el nivel conceptual (mental, cognitivo) (op. cit.: 10). Ogden y Richards introdujeron en el
38 Nuestra traducción. 39
Ogden y Richards utilizan diferentes términos de Peirce y Saussure, a saber: símbolo, pensamiento/referencia (el concepto mental) y referente (la realidad).
análisis semántico la distinción entre las funciones referencial y emocional de las palabras, esta última sumamente importante, dado que tiene en cuenta las actitudes, las connotaciones y los sentimientos que los conceptos invocan (ibid.).
Si transferimos la discusión a la presente tesis, partimos de que el pensamiento está condicionado, por un lado, por el sistema de la lengua y, por otro lado, por las estructuras sociales y culturales, y estas, a su vez por varios condicionantes individuales. Las denominaciones de profesiones, que corresponden a la lengua, se refieren, por medio de conceptos mentales (el pensamiento), a las mujeres que desempeñan las profesiones en cuestión y que se encuentran en la realidad extralingüística. De las tres variantes lingüísticas disponibles (el femenino, el género común y la modificación léxica, pre- o pospuesta a la denominación en masculino), cada hablante opta por aquella que le parece más apropiada. Esto quiere decir que un número de factores, entre ellos los emocionales, inciden en la elección de la variante por parte de cada hablante.
Los cambios en la sociedad, ya realizados o realizándose, con la incorporación de la mujer al mercado laboral, conllevan cambios conceptuales que poco a poco dan lugar a usos nuevos, a veces directamente del masculino al femenino (el presidente → la presidenta), otras veces al femenino a través del género común (el presidente → la presidente → la presidenta), y en algunos casos, a juzgar por la situación actual en este campo lingüístico, la evolución se detiene, al menos temporalmente en la fase intermedia, como en los casos de la corresponsal y
la piloto.
Finalmente, en cuanto al género y a la referencia, hay que tener en cuenta el tipo de sustantivo involucrado –si es animado o no– al igual que el tipo de referencia. No obstante, como la presente tesis solo versa sobre la referencia específica con referentes mujeres, no hay motivo para adentrarnos más en este asunto.