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ANTECEDENTES DE LA INVESTIGACIÓN

LA REPRESENTACIÓN UNA NEGOCIACIÓN DE SIGNIFICADOS, DESDE STUART HALL

Deseo retomar otro autor que desde los estudios culturales me permite transitar por otra perspectiva frente al concepto en cuestión, es la propuesta de Stuart Hall. Desde el planteamiento que realiza en su texto El espectáculo del otro, realiza un recorrido por varias paradigmas, Hall converge en la mirada de Saussure quien desde la lingüística manifiesta que es importante asumir la diferencia y los significados que se le atribuyen a esta, la diferencia importa porque es esencial para el significado; sin ella, el significado no podría existir, el significado depende de la diferencia entre opuestos. (Hall, 2010)

Hall trae a colación a Mijail Bajtin bajo la idea de la diferencia, en el sentido que solo es posible construir significados a través del diálogo con el otro, en esa medida el significado se origina del dar y recibir entre varios interlocutores. Hall relaciona en su argumentación la postura antropológica de Mary Douglas, para exponer que la cultura depende de dar significado a las cosas, asignándolas a diferentes posiciones dentro de un sistema de clasificación; la marcación de la diferencia es así la base de ese orden simbólico que llamamos cultura.

56 A partir de lo anterior, el puente que deseo proponer entre lo planteado por Hall referente a la construcción de significados con el concepto de representación es el siguiente: considero que las representaciones son posibles gracias a la labor de la clasificación y diferenciación de una cualidad con otra, es decir cuando representamos mentalmente lo masculino, lo diferencio de lo femenino, igualmente si represento lo afrocolombiano tuve que hacer una diferenciación y tener en cuenta qué no pertenece a esta categoría. Aunque Páez y Moscovici validan el ejercicio de seleccionar o delimitar la realidad al momento de construir una representación social; lo importante en este momento de la discusión es que esta diferenciación de elementos para formar una representación, según Hall, posee un carácter ambivalente, es necesaria para producir significado, formación de lenguaje y cultura, identidades sociales y un sentido subjetivo de sí mismo; por otra parte es amenazante pues se considera como un sitio de peligro, sentimientos negativos, hendidura, hostilidad y agresión hacia el otro o lo otro que estoy representando, es decir, a partir de una manipulación de las representaciones que se asignen a un grupo social, sirve para justificar regímenes autoritarios que ejecuten violencia sistemática.

Hall implementa el concepto de representación bajo el interés de evidenciar cómo éstas representaciones tienen implicaciones raciales y étnicas, trayendo consigo una manera de reducir y estabilizar la diferencia mediante unas pocas características, (estereotipaciones), hacia aquellos que no tienen poder simbólico volviéndolos proclives a abusos por parte de los grupos hegemónicos que controlan el poder en la sociedad. En ese sentido interpreto atrevidamente que Hall considera que la representación puede ser tergiversada; fijándo una diferencia y asegurándola para siempre, esto conlleva a una naturalización de estereotipos, fijando simbólicamente límites y excluyendo todo lo que no pertenece a la representación hegemónica, asi la estereotipacion tiende a ocurrir donde existen grandes desigualdades de poder.

Dentro de la estereotipación se establece una relación entre representación, diferencia y poder. Generalmente se piensa el poder en términos de coerción o restricción física directa, pero también existe poder en los agenciamientos como resistencias que todos los sujetos, refiriéndome a sociedad civil, las instituciones y comunidades de base efectuan para construir cultura. De allí, la representación que realizan los sujetos en relación con otros, son ejercicios de lucha, donde existe una pugna, tensión por mantenerla en el escenario social.

57 Con esto voy llegando a una primera reflexión, el concepto de representación no se limita al proceso de construir una idea, plasmar de manera simbólica, en el lenguaje, signos de dicha representación de un objeto o temática; sino que la representación se manifiesta en nuestros cuerpos desde la acción con los demás individuos, con unas implicaciones políticas. La representación no es un proceso ingenuo individual, sino que tiene unas intersecciones con instituciones, sujetos, discursos e ideologías que matizan ese pequeño recorte que hace cada individuo en su mente, claro que no está condenado a sobrellevar representaciones impuestas por la estructura social, sino que puede entrar a batallar por plantear y vivir bajo unas representaciones que tengan en cuenta sus expectativas.

En segunda instancia, para complementar mi reflexión traigo a colación otros postulados de Hall, válidos a la discusión. El sentido que se le otorga a las cosas no está inherente en los objetos o personas a las cuales representamos desde el lenguaje; el sentido tampoco nace en la intencionalidad que el sujeto otorga a a su representación. Es más complejo, para el autor el sentido “no está en el objeto, persona o cosa, ni está en la palabra. Somos nosotros quienes fijamos el sentido de manera tan firme que, después de cierto tiempo, parece ser una cosa natural e inevitable.” (Hall, 2010)

Para mí esto es importante porque me permite reconocer que el proceso de representación se complejiza, se enriquece, lo puedo sacar de la tensión entre observarlo como elemento cognitivo individual y elemento cognitivo que se construye con otros. Mi pretensión no es focalizar la representación hacia un planteamiento u otro sino establecer una postura matizada, enriquecida que me permita analizar mejor mi investigación. Hall también retoma los planteamientos de Michell Focualt, quien propone una mirada que deja en segundo plano la agencia de las personas en la construcción de las representaciones.

Foucault de hecho analiza textos particulares y representaciones, como lo hicieron los semiólogos. Pero está más inclinado a analizar toda la formación discursiva a la que pertenece un texto o práctica determinada, es decir el lenguaje puesto en un escenario determinado con implicaciones políticas. Sobre todo, para Foucault la producción de conocimiento está siempre cruzada por cuestiones de poder y por el cuerpo; y esto expande grandemente el panorama de lo que está involucrado en la representación. Ya que las representaciones dejan de considerarse como imágenes mentales, lenguajes enunciados e interpreto que pasan a incorporizarse en las

58 posturas, gestos de los sujetos, representado esto en esquemas corporales que adopta el sujeto para interactuar.

Por otro lado, Foucault sí incluyó el sujeto en su teoría, aunque no le restituyó al sujeto la posición como centro y autor de la representación, siendo enfático en que son las estructuras sociales, por medio de las instituciones, discursos o entidades con poder económico o político, son quienes legitiman en la cultura que es válido de representar y que no lo es.

Hall ante el modelo de Focault, problematiza lo siguiente: ¿Dónde, pues, está “el sujeto” en este enfoque más discursivo del sentido, la representación y el poder? El “sujeto” de Foucault parece haber sido producido mediante el discurso en dos diferentes sentidos o lugares. Primero, el discurso mismo produce “sujetos”: figuras que personifican las formas particulares de conocimiento que el discurso produce. (íbid, p. 478)

Pero para hacerlo, ellos deben localizarse en la posición desde la cual el discurso cobra más sentido, y entonces se llega a ser “sujetos” mediante la “sujeción” a sus sentidos, poder y regulación. Todos los discursos, por tanto, construyen posiciones-sujeto, desde las cuales éstas cobran sentido.

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