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LA RESURRECCIÓN DE JESÚS (Mt 27:57-28:15)

In document Vida_de_Jesus (página 75-77)

La venida del Hijo del Hombre (Mt.24:29-51)

V. 1–2 Aquí se establece la escena para prender a Jesús con engaño y matarle;

17. LA RESURRECCIÓN DE JESÚS (Mt 27:57-28:15)

Normalmente, a los cuerpos de los crucificados se les daba un entierro deshonroso en un sepulcro público. Pero al sepultar a Jesús en su sepulcro nuevo, José de Arimatea demostró su devoción como discípulo.

Muchos sepulcros familiares de aquella época todavía se pueden ver en los alrededores de Jerusalén, labrados en piedra, con una pequeña entrada, cubierta con

una gran piedra, y espacios para varios cuerpos.

El sepulcro nuevo en este caso, indica que no habían colocado otros cuerpos allí todavía. Sólo un hombre rico podía costearse un sepulcro así, tan cerca de la capital.

La colocación de la guardia (Mt.27:62–66)

Solamente Mateo menciona la guardia. Tuvo que hacerlo con el fin de contradecir un informe falso que estaba en circulación (Mt.28:15). La presencia de la guardia también aumenta nuestra conciencia de la magnitud del milagro de la resurrección de Jesús.

El día siguiente, esto es, después de la preparación, significa el sábado. Al visitar a

Pilato y sellar la tumba los principales sacerdotes y los fariseos estaban quebrantando sus propias leyes del sábado en su deseo de estar seguros de que se estaba disponiendo de Jesús como convenía. Los fariseos estaban tan temerosos de las predicciones de Jesús relacionadas con su resurrección que se aseguraron de que sellaran la tumba y la custodiaran. Probablemente Judas les había advertido de las repetidas predicciones de Jesús de que después de tres días resucitaré.

Debido a que la tumba estaba labrada en la roca en un lado de la colina, había una sola entrada. Para sellarla, pasaron una cuerda sobre la piedra que cerraba la entrada, y sellaron con arcilla los extremos de la cuerda. Pero los líderes religiosos tomaron una precaución mayor: solicitaron que hubiera guardias en la entrada de la tumba. Una guardia de soldados romanos ofrecía la seguridad máxima. Con estas precauciones, la única forma en que la tumba podía quedar vacía era que Jesús resucitara. Lo que los fariseos no entendían era que ni la roca, ni el sello, ni los guardias, ni todo el ejército romano podrían impedir que el Hijo de Dios resucitara.

La tumba vacía y el Señor resucitado (Mt. 28:1–10)

Este no es un relato de cómo resucitó Jesús de los muertos, sino de cómo se supo de su resurrección. La remoción milagrosa de la piedra no fue con el fin de dejar salir a Jesús, sino para dejar entrar a las mujeres para ver la tumba vacía. Cada uno de los Evangelios presenta un relato diferente acerca de cómo se supo del asunto, pero ninguno de estos describe el evento propiamente.

En contraste con los dirigentes judíos, las mujeres habían descansado correctamente el sábado. Ahora podían volver a ver el sepulcro; Mateo no menciona ninguna intención de entrar. Pero la aparición de un ángel del Señor cambió todo. El ángel había llegado para mostrarles que Jesús ya había resucitado, y para ese fin él había removido la piedra y les había mostrado el interior de ese ambiente vacío donde

estaba puesto.

El informe de la guardia (Mt. 28:11-15)

Mientras que la mirada está puesta en Galilea y en el triunfo del Señor resucitado, aquí se da un último vistazo a la ciudad, Jerusalén, con sus autoridades totalmente desconcertadas, haciendo un desesperado arreglo para encubrir los hechos. Requeriría mucho dinero para persuadir a los soldados a hacer correr el relato del encubrimiento, ya que el dormir durante su turno de guardia sería un delito capital.

Pero la reputación de Pilato era bien conocida; si el relato llegaba a sus oídos, él se satisfaría con otro soborno. Justino Mártir menciona que tales relatos seguían oyéndose en el siglo II para desacreditar el hecho de la tumba vacía.

La gran comisión (Mt.28:16 – 20)

Para los discípulos un alivio volver a Galilea, es allí donde la misión cristiana tiene su lugar de comienzo, en una reunión con el Jesús resucitado. Con base a esa autoridad, Jesús ahora envía a sus discípulos a extender su gobierno entre todas las

naciones por medio del hacer más discípulos. La naturaleza de ese discipulado se

amplía con dos participios más, bautizándoles y enseñándoles.

Jesús dejó a sus discípulos estas últimas instrucciones: estaban bajo su autoridad, debían hacer más discípulos, bautizarlos y enseñarles que hay que obedecerlo a Él; Él estaría con ellos siempre. En misiones previas Jesús había dicho a sus discípulos que fueran sólo a los judíos. A partir de ese momento su misión tendría alcances mundiales. Jesús es Señor de la tierra y murió por los pecados de toda la humanidad.

La ascensión de Jesús (Lc. 24:50-53)

La ascensión del Señor es una parte integral y necesaria en el plan divino para la salvación del hombre. El Señor vino a este mundo, se humilló y se encarnó para dar su vida muriendo en la cruz.

Resucitó para ascender nuevamente a la diestra del Padre; y lo hizo desde el monte de Los Olivos a la vista de sus discípulos. El Señor llevó a sus discípulos a las afueras de Betania, y ahí les dio las últimas instrucciones. Después de bendecirles, fue recibido por una nube del cielo.

Este suceso se complementa en Hch.1:9.11 diciendo: “Este mismo Jesús, que ha sido

tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. El Señor

vendrá por segunda vez a establecer su reino aquí en la tierra.

Conclusión

Hemos llegado al final de este maravilloso estudio de la Vida de Jesús. Juntos hemos visto cómo el mundo fue preparado para recibirle; cómo vino naciendo humildemente en un pesebre de Belén. Paso a paso seguimos sus viajes en tierra santa; hemos visto y examinado sus milagros y hemos recibido sus enseñanzas. Con gozo sabemos que el sepulcro está vacío y que ha resucitado. Luego vimos cómo ascendió al cielo, el lugar que había abandonado para venir a salvarnos.

Realmente no se ha dicho todo cuanto pudiera decirse de nuestro Salvador; ya que nos unimos a la misma opinión del apóstol Juan, quien dijo que no cabrían los libros en el mundo entero que podrían escribirse sobre Él (Jn.21:25).

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