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LA REVELACIÓN COMO ACONTECIMIENTO DE GRACIA

In document Izquierdo Cesar - Teologia Fundamental (página 175-180)

En el sujeto que recibe y capta la complementariedad entre los hechos y palabras reveladas se halla presente también una acción de Dios que eleva y transforma la subjetividad humana para que reciba como palabra viva y personal el mensaje del Evangelio. Se trata de la

«palabra interior», de la acción de Dios que revela, testimonia, atrae

con su gracia.

Esta «palabra interior» no es conocida por la conciencia refleja, sino testimoniada por la Escritura: «Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no le atrae (...) Todo el que escucha al Padre y aprende su enseñanza viene a mí» (Jn 6, 44-45). El Padre da también testimonio en favor del Hijo (Jn 5, 37). Según San Pablo, esta acción de Dios es ilu- minación y unción divinas: Dios ha encendido una luz en nuestros cora- zones para que conozcamos la gloria de Dios (2 Co 4, 6). En 1 Co 1, 21- 22 afirma: «Es Dios quien a nosotros y a vosotros nos confirma en Cristo, nos ha ungido, nos ha sellado y ha depositado las arras del Espí- ritu en nuestros corazones». En Hch 16,14 la acción de Dios consiste en abrir el corazón de Lidia para acoger la predicación de Pablo. Recibe, finalmente, el nombre de revelación sobre todo en dos textos: «Dios esconde las cosas a los sabios y entendidos y se las revela a los sencillos (Mt 11, 25-27); el Padre ha revelado a Simón la identidad de Jesús (Mt 16, 16-18). En resumen, según el testimonio neotestamentario, hay una acción interior de Dios que ayuda a aceptar la predicación exterior. Esta

58. En FR 13 se pone además en relación el horizonte sacramental con el signo eucarístico: «Podemos fijarnos, en cierto modo, en el horizonte sacramenta! de la Revelación y, en particular, en el signo eucarístico donde la unidad inseparable entre la realidad y su significado permite captar la profundidad del misterio. Cristo en la Eucaristía está verdaderamente presente y vivo, y actúa con su Espíritu, pero como acertadamente decía Santo Tomás, "lo que no comprendes y no ves, lo atestigua una fe viva, fuera de todo el orden de la naturaleza. Lo que aparece es un signo: esconde en el mis- terio realidades sublimes". A este respecto escribe el filósofo Pascal: "Como Jesucristo permaneció desconocido entre los hombres, del mismo modo su verdad permanece, entre las opiniones comunes, sin diferencia exterior. Así queda la Eucaristía entre el pan común"».

LA REVELACIÓN Y LA FE

acción se presenta como atracción, testimonio, enseñanza, iluminación,

apertura del corazón y, a veces, revelación59.

Santo Tomás aborda la relación entre acción exterior e interior de Dios distinguiendo entre la «locutio exterior» y la «locutio interior» w.

La «locutio exterior» designa la comunicación que Dios hace a los hom- bres mediante los predicadores de la palabra. Por su parte la «locutio

interior» se refiere a una palabra interior de Dios en el alma, a las ins-

piraciones internas, al testimonio que recibe el alma, etc. Esta palabra interior no es, estrictamente hablando, revelación, sino que prepara para recibirla. Concretamente, la locución interior está ordenada a la exterior. La palabra interior, o la atracción interior, está en estrecha relación con el anuncio del Evangelio, pero no puede ser considerada estricta- mente como revelación. La influencia de esta atracción es real, decisiva en la adhesión a la fe, pero no es el Evangelio ni una palabra nueva. Es, más bien, una inspiración o una iluminación del Espíritu. La «ilumina- ción e inspiración del Espíritu Santo (...) —enseña el Concilio de Orange— otorga "suavitatem in consentiendo et credendo ventad"»"*.

A través de la palabra interior el alma experimenta una connatura-

lización con la palabra predicada, gracias a la cual se entiende mejor la

relación de persona a persona que implica, y se evita una heteronomía excesiva o desencamada. El paso de la autonomía a la «teonomía» de la fe se halla así preparado o facilitado por la acción y la palabra de Dios en el sujeto. A la invitación de Dios a creer en el Evangelio de Cristo y en la predicación de los Apóstoles y de la Iglesia, le corresponde la inclinación y atracción interior que el mismo Dios produce en el alma. De este modo, la atracción se adapta al testimonio exterior, lo sostiene y asume, y le da vida. Cristo y los Apóstoles declaran lo que el Espíritu insinúa en el alma. En eso consiste la connaturalización apuntada antes. A la eficacia de la palabra exterior se añade una eficacia particular que alcanza al hombre en lo más íntimo de su ser para suscitar la respuesta de la fe.

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59. Cfr. R. LATOURELLE, Teología de la revelación, cit. pp. 469-481.

60. Cfr. De Veritate q.I8, a3. La acción interior de Dios es designada también por Santo Tomás como «instinto interior» (Summa Tlieologiae II-II, q. 2, q. 9 ad 3).

61. CONCILIO DE ORANGE, D. 3 7 7 / 1 8 0 .

LA REVELACIÓN, COMUNICACIÓN DE DIOS i' EXPERIENCIA HUMANA

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CAPÍTULO 7

L A R E V E L A C I Ó N C O M O V E R D A D Y C O M O M I S T E R I O

En cuanto acto y realidad por la que Dios se comunica a los hom- bres, la revelación divina contiene y entrega la verdad de Dios. Aun- que este aspecto de la verdad de la revelación no sea el único —la revelación, que es comunicación de Dios, es sobre todo entrega, auto- comunicación del mismo Dios— constituye un elemento esencial de la noción católica de revelación. La revelación de Dios es siempre la manifestación de un «logos» que ilumina la inteligencia del creyente y la abre a una verdad más plena que debe recibir como don. Esta comu- nicación de «logos» llega a su plenitud con la encarnación, en la que el Logos personal de Dios se hace presente entre los hombres siendo Palabra e Imagen del Padre, lleno de verdad (cfr. Jn 1, 14), y la verdad misma (cfr. Jn 14, 6).

La verdad de la revelación se plantea desde sí misma, por lo que nunca es una realidad que pueda ser plenamente pensada por una inte- ligencia creada. Los misterios se refieren a la verdad-realidad de Dios que no sólo trasciende el alcance del conocimiento humano, sino que es, en sí misma, realidad divina, «misteriosa» para la razón humana, que llega a ella no como resultado de una conquista humana, sino sola- mente a través de la apertura y de la acogida de la revelación de Dios por parte del hombre.- En esta línea, se ha hablado de la trascendencia y de la sobrenaturalidad como de dos cualidades esenciales de la reve- lación cristiana.

En este tema nos ocupamos, en primer lugar, de la verdad de la revelación, y a continuación examinamos las dos corrientes teológicas que la han explicado de forma unilateral: el racionalismo y el fideísmo. Sigue la exposición de la naturaleza de los misterios, y concluimos exa- minando el modo como la verdad de la revelación ayuda a la razón humana en su propia búsqueda de la verdad.

LA REVELACIÓN Y LA FE

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