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LA REVELACIÓN EN LA ESCRITURA Y EN LOS PADRES

In document Izquierdo Cesar - Teologia Fundamental (página 58-63)

Un estudio bíblico sobre la revelación podría referirse al entero contenido de la Sagrada Escritura, ya que toda ella es, ante todo, pala- bra de Dios. Para delimitar los elementos más significativos de cara al concepto de revelación, nos ocupamos únicamente del vocabulario con el que el Antiguo y Nuevo Testamento designan esa acción de Dios. En cuanto a los Padres de la Iglesia, se ofrece también una síntesis de sus principios y observaciones fundamentales.

1. Vocabulario bíblico sobre la revelación

a) En el Antiguo Testamento no existe propiamente un término para designar la «revelación» divina, lo cual se explica porque el concepto mismo de revelación resulta de un acto reflejo de pensamiento en el que se consideran de forma abstracta las palabras y acciones de Dios como un todo. Como sucede con otras realidades básicas —como «pecado» o «justicia» u otras— lo que aparece en la Escritura es un entramado de aspectos concretos, de sucesos, de palabras, la totalidad de los cuales constituye la revelación. Este hecho queda reflejado en el vocabulario. Aunque existe la expresión «revelar» o «descubrir» (galah), no resulta apropiada para designar la autocomunicación de Dios, porque este «revelar» está afectado de resonancias apocalípticas3. La revelación de

Dios se describe, más bien, como una presencia y una palabra de Dios a través de las teofanías (Éx 24, 16 ss.: el Sinaí; Ex 40, 34), de la mani- festación de Dios en forma humana (a Abraham: Gn 18), de los aconte- cimientos históricos, sobre todo los relacionados con la salida de Egipto (Sal 77, 15-21), etc. Pero de modo especial, la revelación de Dios en el Antiguo Testamento tiene lugar a través de su palabra, hasta el punto de que la revelación a través de la palabra dirigida a otro, la revelación que es fundamentalmente oída constituye una característica de la manifes- tación de Dios al pueblo elegido.

Llamamos palabra de Dios a lo que en el Antiguo Testamento se designa como dabar Yahvé. Se debe añadir inmediatamente que existen notables diferencias entre el dabar bíblico y nuestra palabra4. El dabar

no era sólo un signo lingüístico de la realidad mediante el conocimiento, sino una realidad cargada de fuerza, expresiva y, al mismo tiempo e inse-

3. Como término técnico para' designar la revelación, relacionado sobre todo con el libro de Daniel, aparece tarde (H. G. ZOBEL, en G. J. BOTTERWECIC- H. RINGGREN, Theological Dictionary ofihc Oíd Testament, n, Eerdmans, Grand Rapids 1975, pp. 486 s).

4. C. LARCHER, «La parole de de Dieu en tant que révélation dans l'Ancient Testament», en La parole de de Dieu en Jésus-Christ, Casterman, Toumai 1961, pp. 35-67.

CONCEPTO GENERAL DE REVELACIÓN

parablemente, llena de energía. Por su etimología, dabar apunta a dos aspectos: a la idea de proyección hacia adelante de lo que está detrás, en el corazón (Gn 12,17; Dt 15,2)s, y al mismo tiempo a la idea de «decir»

(Sal 45, 2; Gn 11,1; 1 Sam 16,18). Dabar es lo que sale de la boca o de los labios, pero tiene sil origen en el corazón. Reviste, por tanto, un valor noético y un valor dinámico mutuamente implicados. En consecuencia, el contenido de la palabra no es sólo la expresión de una idea, sino una cierta comunicación personal por la que el sujeto se introduce de alguna manera en su palabra, se entrega con ella y de esa forma le da una fuerza y una eficacia que se convierten en fidelidad.

Con la atribución de dabar a Yahvé, nos encontramos con que la expresión completa —dabar Yahvé— (que aparece 242 veces en el Anti- guo Testamento) tiene un significado en la misma línea del descrito ante- riormente. Por un lado, es el modo de comunicar Dios algo (sentido noé- tico), y por otro, constituye el primer momento del designio salvador de Dios que comienza a realizarse cuando Dios se da a conocer (sentido dinámico)6. La eficacia de la palabra de Dios se representa de diversos

modos. Uno de los más importantes, que aparece especialmente en el profetismo, es su fuerza no sólo eficaz, sino incluso creadora.

Junto a dabar, en el Antiguo Testamento aparece también el tér-

mino 'amar para significar la palabra (unido a Yahvé aparece 90 veces).

La evolución del significado de 'amar discurre desde el sentido origi- nal de «ser claro» hasta «decir». La palabra dicha —en la que este tér- mino pone el acento— es entonces la manifestación visible del interior de la cosa (Sal 19, 3 ss.; Job 22, 28).

b) En el Nuevo Testamento hay un mayor esclarecimiento del sig- nificado de la revelación de Dios gracias a la variedad de términos uti- lizados para expresarla. Se puede afirmar, sin embargo, que tampoco en el Nuevo Testamento aparece un término englobante de la revelación de Dios. De todos modos, el desvelamiento de Dios —que habita en una «luz inaccesible, de suerte que ningún hombre le ha visto 'ni puede verle» (1 Tim 6, 16)— sigue teniendo lugar por la palabra.

5. E. JACOB, Théologie de l'Ancient Testamenl, Paris 1 9 5 5 , p. 1 0 4 : «El dabar podría definirse como la proyección hacia adelante de lo que está detrás, en el corazón».

6. Cfr. S. PIÉ I NINOT, «Palabra de Dios», en DTF, 1 0 4 4 - 1 0 4 6 .

7. Seguimos en este punto a R. LATOURELLE, Teología de la revelación, 5." ed., Salamanca 1982, pp. 46-47, 63, 80.

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1. En los Sinópticos1 lo que Cristo hace es predicar (κηρύσσειν),

predicar el evangelio (κηρύσσειν εύαγγέλιον),

γελίζεσθαι), enseñar .

ellos prevalecen claramente predicar (κηρύσσειν) (διδάσκειν), revelar

o evangelizar (εύαγ- (διδάσ- (άποκαλύτττειν). De entre

y enseñar

En San Mateo y San Lucas aparecen a veces agrupados: «Reco-

LA REVELACIÓN Y LA FE

rría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando el evange-

lio del reino» (Mt 4, 23; 11, 1; Le 20, 1; cfr. Hch 4, 2; 5, 42). La dife-

rencia de matiz entre predicar y enseñar reside en que el primero se refiere a la proclamación, todavía general, de la noticia del Reino de Dios realizado por Jesucristo, mientras que enseñar significa instruir más detalladamente en los misterios de la fe y en los preceptos de la vida moral.

2. San Pablo, que habla de un «espíritu de revelación» (Ef 1, 17; 1 Co 2, 10; 2 Co 4, 3-6, etc.), utiliza como esquema fundamental para exponer el núcleo de la revelación los términos misterio y evangelio. El misterio revelado de Dios constituye la buena nueva de la salvación. Distingue entre la acción de Dios y la de los Apóstoles. Dios revela

(άποκαλύτττειν) , hace manifiesto(φανεροΰν), da a conocer (γυωρίζειυ),

pone de manifiesto (φωτίζειν). El vocabulario se vuelve mucho más rico cuando se trata de lo que hacen los Apóstoles: hablan (λαλεΐυ), predican, enseñan (κηρύσσειν, διδάσκειν) anuncian la buena nueva (καταγγελλειν), dan testimonio (μαρτυρεΐν). De este modo los Após- toles comunican la palabra (λόγοδ), la predicación (κήρυγμα), el testi- monio (μαρτυρία), el misterio (μυστήριου), el evangelio (ευαγγέλιου). En Rm 16, 25-26 ofrece el apóstol una especie de síntesis de ambos conceptos: «Al que puede confirmaros según mi evangelio y la predi- cación de Cristo, según la revelación del misterio, tenido en secreto en los tiempos eternos, pero manifestado ahora mediante los escritos pro- féticos, conforme a la disposición de Dios eterno, que se dio a conocer a todas las gentes para que se rindan a la fe, la gloria por los siglos de los siglos» (cfr. también Col 1, 25-26).

3. En San Juan no aparecen los términos «revelar», «predicar» ni «evangelizar». Los términos preferidos ahora son los que ponen en relación la revelación con el testimonio. Así, «testimonio» (μαρτυρία) aparece trece veces, y muchas más la forma verbal μαρτυρεΐν (33 veces). Pero sobre todo San Juan introduce el λόγοδ τοΰ Θεοΰ. Aun- que el término «logos» sólo aparece en tres pasajes del corpus joan- neo8, su introducción en los libros sagrados es de una gran importan-

cia Su origen está —independientemente de conexiones con el pensa- miento griego— en el dabar bíblico9. De este modo, Cristo es el Logos

encarnado, que da testimonio del Padre y da a conocer la verdad.

8. Jn i, 1; 1 Jn 1,1-2; Apoc 19, 13.

9 . Cfr. A . FEUILLET. El prólogo del cuarto evangelio, Paulinas, Madrid 1 9 7 1 , pp. 1 6 4 - 1 7 6 . Sobre la posición de Bultmann —que relaciona el origen de Logos joánico con ambientes gnósticos bauti- zantes— ver R. SCHNACICENBURO, El evangelio según san Juan, I, Herder, Barcelona 1 9 8 0 , pp. 2 9 6 - 3 0 8 .

CONCEPTO GENERAL DE REVELACIÓN

2. Padres de la Iglesia

La reflexión patrística de los tres primeros siglos sobre la revelación participa de las mismas características que presentan en este punto los libros canónicos: carácter no sistemático ni —hasta bastante tarde— reflejo. La revelación no era una cuestión a exponer o sobre la que refle- xionar, sino una novedad de vida traída por Cristo. Jesucristo ocupa el centro de lo que todos los Padres, y de modo particular algunos como San Ireneo o San Ignacio de Antioquía, afirman sobre la revelación. Se asiste en ellos a una comprensión global y no explicitada sistemática- mente del misterio revelador y salvador de Dios en Cristo. Al tratarse, en la mayor parte de los Padres, de pastores y obispos, sus obras revis- ten un carácter exhortativo, atento a las necesidades de sus oyentes o lec- tores, y a los peligros que podían acechar su fe. Entre esos peligros no se encontraban—al menos en una primera instancia— interpretaciones erróneas sobre la revelación en sí misma considerada. Por eso, se puede afirmar que la idea de revelación se halla presente por todos los escritos patrísticos, penetrándolo todo y, al mismo tiempo, que la naturaleza de la revelación no es objeto de un tratamiento separado o sistemático.

Además de los acentos propios de cada uno de los Padres sobre la revelación, hay una serie de ideas bastante comunes entre ellos. Algu- nas son formuladas originalmente por uno u otro autor, y después se van extendiendo. Podemos resumir los elementos más habituales de la revelación según los Padres en los siguientes principios10:

1) La afirmación de que Dios ha salido de su misterio y se lia mani-

festado a los hombres. Esta manifestación ha tenido lugar primero al

pueblo judío, a través de la Ley y los profetas, y posteriormente a toda la humanidad por medio de Cristo. La revelación no es la primera noti- cia de Dios, ya que aparece también afirmado el conocimiento de Dios fuera de la revelación, aunque se trate de un conocimiento débil e imperfecto. La valoración positiva del conocimiento racional aparece especialmente afirmada en Clemente de Alejandría, que llega a hablar como de un «tercer testamento» —junto al Antiguo y al Nuevo— que es el de la filosofía griega en la que veía un don del Logos, fuente de toda verdad11. Esta manifestación de Dios a los filósofos vendría a ser

una alianza especial de Dios con los griegos para llevarlos a Cristo. 2) Hablar de revelación de Dios significa para los Padres, por encima de cualquier otra cosa, que el Padre se ha manifestado, ha dado

10. Sobre la doctrina de algunos Padres en concreto —apologistas, San Ireneo, Orígenes, San Agustín y otros—cfr. R. LATOURELLE, Teología de la revelación, cit., pp. 87-164, de las que 157-164

son un resumen.

11. CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromata, I, 28, 2-3; ed. de M. MERINO («Fuentes Patrísticas 7»),

LA REVELACIÓN Y LA FE

a conocer su misterio por Cristo. Cristo es la revelación y el revelador

de Dios, quien hace visible al Dios invisible, la palabra que brota del silencioEsta revelación de Cristo tiene lugar a través de su humani- dad, y a través de su palabra (idea de Cristo maestro). Ante la interpre- tación docetista que negaba el carácter real de la revelación a través de la carne, la reacción de los Padres es muy fuerte insistiendo de modo muy realista en la verdad de la encarnación (San Ireneo, Ignacio de Antioquía, etc.). Por su parte, a través de su palabra Cristo es maestro

de los profetas u, y en cuanto Logos, maestro que instruye a la huma-

nidad (Clemente de Alejandría). Para los alejandrinos que ven en la

revelación propiamente una iluminación, Cristo es el que trae la luz a nuestras mentes inmersas en las tinieblas. El testimonio de San Ignacio de Antioquía es especialmente vibrante: Cristo es «la voluntad del Padre» (Ad Eph. 3, 2), siendo aquí voluntad (γνώμη) un sustitutivo de λόγοδ y σοφία. El es «imagen del Padre» (Ad Magn. V, 2), «el conoci- miento de Dios» (Ad Eph. 17,2), «la boca verdadera por la que el Padre habló en verdad» (Ad Rom. 8, 2); «los archivos son Jesucristo: los

archivos sagrados son su cruz, su muerte, su resurrección y la fe que viene de Él» (AdPhil. 8, 3).

3) El plan de la revelación, cuya culminación es Cristo, responde a una acción pedagógica de Dios (San Ireneo, Clemente, etc.) M. Dios

educa a la humanidad desde el principio y la prepara progresivamente para recibir a Cristo. Junto a una preparación genérica de toda la huma- nidad, está la elección del pueblo de Israel a quien Dios se comunica mediante la Ley y los profetas. Frente a las interpretaciones gnósticas que establecían una ruptura entre las dos Alianzas y presentaban a Cristo como revelador de un Dios distinto del Dios de la Ley y los pro- fetas, los Padres (San Ireneo en particular) afirman la unidad de Dios y

de la economía reveladora, junto a la acción del único Verbo de Dios

en ambos Testamentos.

4) La revelación de Dios tiene carácter histórico, tiene lugar en un tiempo y espacio determinados. Se inserta en la historia a través de

mediadores. En el Antiguo Testamento los mediadores son, sobre todo,

los profetas. En el Nuevo, los mediadores —a distintos niveles— son

Cristo y los Apóstoles ya que: «los Apóstoles nos predicaron el Evange-

lio de parte del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado de Dios. En resumen, Cristo de parte de Dios, y los Apóstoles de parte de Cristo: una y otra cosa sucedieron ordenadamente por voluntad de Dios»15. La Igle-

1 2 . S . IGNACIO DE A N T I O Q U Í A , Ad Magnesios V I I I , 2 .

13. Ibíd., IX, 2.

14. Cfr. especialmente, C L E M E N T E D E A L E I A N D R Í A , El Pedagogo, I, 96-97, edición de M. M E R I N O

y E. R E D O N D O («Fuentes Patrísticas 5»), Ciudad Nueva, Madrid 1994, pp. 261-263. 1 5 . S . CLEMENTE R O M A N O , Ad Romanos 4 2 , 1 - 3 .

CONCEPTO GENERAL DE REVELACIÓN

sia a su vez, es mediadora en la recepción de la revelación porque ella

la ha recibido de los Apóstoles y mediante ellos de Cristo y de Dios '6.

5) A través de la idea de mediación apunta en los Padres el ele- mento formal que permitirá identificar la auténtica revelación de Dios y distinguirla de las «novitates» de los herejes. Para ello es necesario concebir la revelación como un todo y, por tanto, con unos ciertos lími- tes. Se trata ya aquí de la revelación que se transmite, de la «parádo-

sis». El criterio que aparece pronto como indicador de la interpretación

auténtica es el de la apostolicidad: la parádosis apostólica, al ser pronto utilizada en la praxis litúrgica de la Iglesia, va asumiendo una caracte- rización pública y oficial como «regula fidei»

6) Los Padres ven en la temporalis dispensado de la revelación una condescendencia (συγκατάβασίδ) de Dios 1S. Dios se ha adaptado al

hombre, a su historicidad, dando a conocer y pidiéndole lo que en cada momento era proporcionado a su desarrollo cognoscitivo, social y moral.

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