2. Las antropometrías
2.5. La sinfonía monótona-silenciosa
Ese sonido continuo fue privado de su ataque inicial y del final mediante un proceso electrónico y, de ese modo, emergía del espacio sin abandonarlo nunca del todo, volvía a adentrarse a él, y luego regresaba al silencio. […] el sonido continuo, prolongado hasta lo interminable, desprovisto de su ataque y conclusión, creaba una sensación de vértigo, una aspiración de sensibilidad, fuera del tiempo; mi sinfonía no existía ni siquiera cuando estaba en el aire, surgiendo de la fenomenología del
388 Winnicott, D. W., «La integración del yo en el desarrollo del niño» [1962], en Obras escogidas I, cit, p. 496.
389 Klein, Y., «Manifiesto de la Escuela de Sensibilidad» [27 de marzo de 1959], en Arnaldo, J., Yves Klein, cit.
tiempo, porque no había nacido y no había muerto tras existir en el mundo de nuestras posibilidades de percepción consciente; era silencio, ¡una presencia audible!390.
Al principio del capítulo se indicó que a la puesta en escena antropométrica le acompañaba una orquesta que interpretaba una melodía de una sola nota durante veinte minutos. A esta Sinfonía Monótona391 le acompañaba el ilativo silencio de igual duración. El exclusivo sonido indiferenciado despojado de principio y de fin proporciona una sensación de vértigo al unísono de una «percepción positiva». Esta sensación de vértigo pudiera ligarse a una naturaleza auténticamente humana: la dificultad que entraña estrechar la uniformidad infinita codificando cada una las percepciones recibidas mientras uno comienza a experimentar la sensación de desasosiego de no alcanzar jamás el fin que proporciona la forma. En términos más sencillos, sin tener la más remota idea de cuándo y si va a finalizar esta transformación. Klein identificaba la ausencia de forma característica del infinito y de la atemporalidad, nociones oportunas para el acto transformativo de nacer (si bien las conexiones cerebrales del que nace no permiten nada más), cuya base monótona añade la riqueza necesaria para concatenar con el silencio vacío o «recepción afectiva» (de aquella «percepción positiva» monótona, en palabras de Riout):
Mi vieja Sinfonía Monótona de 1949, la cual fue interpretada bajo mi dirección por una pequeña orquesta el 9 de marzo, 1960, fue concebida para crear un «after- silence» después de todos los sonidos que habían concluido en cada uno de nosotros quienes estábamos presentes en esa manifestación. Silencio… Esta es la auténtica sinfonía y no el sonido durante su actuación. Este silencio es tan maravilloso porque garantiza casualidad e incluso a veces la posibilidad de verdadera felicidad, si bien solo por un momento, por un momento cuya duración es inmensurable392.
390 Klein, Y., «La aventura monocroma: La epopeya monocroma», en Ottmann, K., Yves Klein: obras y escritos, cit., p.141.
391 Interpretada en público por primera vez en 1957, aunque Klein fecha su creación en 1947.
Stich propone como influencia sus frecuentes visitas al cementerio de Cagnes-sur-Mer: «Klein se sentía extasiado por el poderoso silencio de una gruta en las colinas que rodeaban Cagnes-sur- Mer y por los enigmáticos ruidos y murmullos que oía en el cementerio situado detrás de su casa. A menudo iría a meditar en la gruta, y a lo largo de su vida llevaría a sus amigos a oír los sonidos que afirmaba eran las voces de los vampiros o la respiración de los muertos. Si bien él y otros se daban cuenta de que en realidad eran ululaciones de búhos, esto nunca disuadió a Klein de creer en posibilidades alternativas. Pudo muy bien haber sido inspirado por la experiencia de la gruta y los sonidos del cementerio para concebir la idea —que a la larga desarrolló— de una composición musical basada en el sonido ronroneante de un simple tono sostenido», en Stich, S., Yves Klein, cit., p. 19.
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Con esta estructura Klein apunta a una dialéctica de opuestos, muy característica de su obra y forma de pensar (recordamos los opuestos incluyentes del primer capítulo). La perceptibilidad sonora fructifica en la recepción afectiva del silencio. No se trata, pues, de una negación de la comunicación, sino de un equivalente a esta, como la quietud frente a la huella equivale a movimiento.
Conquistar el silencio, para desollarlo y cubrirse a uno mismo con su piel para no ser jamás congelado espiritualmente. Me siento como un vampiro cara a cara con el espacio universal393.
Si la huella supone una nueva percepción tangible, existen rastros del azul que lo propicia en la inaugurada esfera interna. La zona interior se crea a partir de ese objeto subjetivo compartido madre-hijo en su continuidad. La mitosis hace aflorar esa zona auténtica interna con un surco testimonial de la fusión que abraza a una exterioridad afablemente azulada. El interior y el exterior se tocan, se sienten, se corresponden gracias al azul. Dando la bienvenida a ambas esferas, podemos saludar y comunicarnos secretamente con el neófito elemento femenino interior.
Estoy postulando que en la persona sana (madura en lo concerniente al desarrollo de la relación objetal) tiene que haber algo que equivalga al estado de la persona escindida, en la cual una parte se comunica silenciosamente con los objetos subjetivos. Cabe la idea de que el relacionarse y comunicarse significativamente es silencioso394.
El lenguaje verbal correspondería a una etapa posterior y es vestigio de una independencia más marcada y diferenciada, como establece Dolto «entre dos personas a las que solo les es posible compartir porque son distintas la una de la otra». Pero la comunicación silenciosa con el objeto subjetivo es, afirma Winnicott, la que proporciona el sentimiento de ser real.
No obstante, con el silencio sí se puede hablar de la existencia de un «interior», todavía bajo la égida de la omnipotencia y del ambiente facilitador. El límite yoico está preparado, al igual que los mecanismos proyectivos e introyectivos. El silencio afectivo nos encamina hacia un estado superior.
393 Ídem.
394 Winnicott., D.W., «El comunicarse y el no comunicarse que conducen a un estudio de ciertos
[…] voy a intentar hoy hacer desfilar ante ustedes una imagen escrita de lo que es la corta historia de mi arte, a la que seguirá naturalmente, al final de mi exposición, un
puro silencio afectivo.
Mi exposición se terminará con la creación de un irresistible silencio a posteriori,
cuya existencia está inmunizada contra todas las cualidades destructivas del ruido
físico en nuestro espacio común, que no es otro, después de todo, que el espacio de
un único ser viviente395.
Ahora debemos replantearnos ese espacio común de un único ser viviente e inmunizado de todo ruido físico y preguntarnos ¿hasta qué punto la sesión antropométrica ha acondicionado el espacio para la posterior creación de un self-central396 concentrado en toda la sala (percibida esta como un interior vivo, orgánico) contrastada con una realidad (tangible-intermedia) que también ha creado con su azul IKB y que difiere del mundo exterior «verdadero» del ruido físico?
La existencia inmunizada responde al concepto de Winnicott sobre la salud (lo que para Klein significaba arte), sobre la invulnerabilidad del self-central a la intrusión de factores externos y sobre su preservación como parte de la búsqueda de una nueva identidad. El silencio establece una doble comunicación, muda por un lado con el objeto externo (huella) y otra silenciosa y personal que conecta a cada espectador con su verdadero ser, el núcleo verdadero, el universo como centro del hombre eternamente protegido e inmunizado a un destructivo (apagado) exterior. De esta comunicación no verbal (como lo sabido, no hablado), que es la prueba fehaciente de que estás vivo, surge la comunicación de un modo natural en la salud.
Esta es la doble comunicación existente en la parte final de la sesión antropométrica y se efectúa tanto fuera como dentro del sujeto. Es entonces cuando Klein comienza a debatir sobre el mito y el ritual en el arte con el artista Georges Mathieu. Mito, además de contar, significa «disfrazar de silencio», lo que expresa que lo que puede decirse en realidad no
395 Klein, Y., «Manifiesto del hotel Chelsea», cit.
396 «[…] el self central es el potencial heredado que experimenta una continuidad del ser y
adquiere a su propio modo y a su propia velocidad una realidad psíquica y un esquema corporal personales. Parece necesario introducir el concepto del aislamiento de ese self central como una característica de la salud. Cualquier amenaza a ese aislamiento del self verdadero en esta etapa temprana genera una angustia importante, y las defensas de la temprana infancia aparecen en relación con el fracaso de la madre (o del cuidado materno) en prevenir las intrusiones capaces de perturbar ese aislamiento. La organización del yo puede salir al paso y abordar esas intrusiones, que quedarán recogidas en la omnipotencia del infante y serán sentidas como proyecciones». Winnicott, D. W., «La teoría de la relación entre progenitores e infantes» [1961], en Los procesos
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revela realmente lo que quiere decir. «[…] (“El Tao que puede explicarse no es el Tao”). Con el desarrollo del pensamiento verbal, se va perdiendo progresivamente la realidad mágica y mitológica accesible y expresable con imágenes y reacciones corporales»397.
Respecto a esa comunicación no verbal, las investigaciones del neurólogo Joseph E. LeDoux han respaldado la importancia que supone la interacción entre el niño y sus cuidadores durante los primeros años de vida, a partir de la amígdala en la infancia. Como señala Goleman:
[…] la interacción —los encuentros y desencuentros— entre el niño y sus cuidadores durante los primeros años de vida constituye un auténtico aprendizaje emocional. En opinión de LeDoux, este aprendizaje emocional es tan poderoso y resulta tan difícil de comprender para el adulto porque está grabado en la amígdala con la impronta tosca y no verbal propia de la vida emocional. Estas primeras lecciones emocionales se impartieron en un tiempo en el que el niño todavía carecía de palabras y, en consecuencia, cuando se reactiva el correspondiente recuerdo emocional en la vida adulta, no existen pensamientos articulados sobre la respuesta que debemos tomar. El motivo que explica el desconcierto ante nuestros propios estallidos emocionales es que suelen datar de un período tan temprano que las cosas nos desconcertaban y ni siquiera disponíamos de palabras para comprender lo que sucedía. Nuestros sentimientos tal vez sean caóticos, pero las palabras con las que nos referimos a esos recuerdos no lo son398.
Klein se veía a sí mismo como un «poeta mudo» que comunica «sin hablar, en silencio, un cuadro inmenso y sin límite».
Esto depende mucho del éxito de mi cuadro escrito en su fase técnica y audible inicial. Solamente así el extraordinario silencio a posteriori en medio del ruido, lo mismo que en la célula del silencio físico, engendrará una nueva y única zona de sensibilidad pictórica de lo inmaterial399.
397 Whitmont, E. C., El retorno de la diosa, cit., p. 94. 398 Goleman, D., Inteligencia emocional, cit., p. 20. 399 Klein, Y., «Manifiesto del hotel Chelsea», cit.
Figura 35. Antropometría sin título (ANT 176), Yves Klein, 1960, 65 × 50 cm
Figura 36. Imagen del documental Yves Klein, La Révolution Bleue, Producción MK2 TV, Centro Pompidou. Escrito por Stéphan y François Lévy-Kuentz, dirigido por Francois Levy-Kuentz, 2006
Figura 37. Globo azul, Yves Klein, 1961. Colección privada