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2. Las antropometrías

2.3. La técnica de estampación

Si la conformación de la huella supone el inicio del mundo externo, las múltiples estampaciones por parte de las modelos constituyen la organización para el decisivo alojamiento de la psique en el soma, esto es, el fenómeno par «integración-no integración»366. Así, por momentos es posible no sentir la necesidad de integrarse gracias a la seguridad en el sostén materno (función del yo auxiliar de la madre) asociada a la comunicación extrasensorial o simpática.

Los pinceles vivientes estampan sus cuerpos en la tela evocando las pinturas prehistóricas de las cuevas o la tradicional técnica japonesa de estampación que utilizaba peces (tradición conocida por Klein durante su estancia en Japón en 1952 y 1953). No podemos dejar de mencionar a Sándor Ferenczi cuya simbología vinculaba el medio acuoso con la existencia intrauterina (pez = pene; pez en agua = fecundación/pene en vagina/niño en vientre). Emergiendo del medio fluido, el pez funciona como soporte de la tinta como el pincel femenino se embadurna en azul. El sostenimiento aquí se descubre en el agua como medio del pez, como su empapamiento recalca la unidad indiferenciada de ambos (el pez/pincel como sostén auxiliar).

366 Winnicott introduce el par integración/no integración para describir el proceso que determina

un movimiento dialéctico que estimula el desarrollo emocional, activa la creatividad y promueve el gesto espontáneo del individuo. El desarrollo emocional temprano bascula de un estado de no

integración a otro de integración del yo (ego-integration), de la inmadurez a la madurez. Son dos

estados interdependientes uno de otro, en modo alguno antagónicos, salvo en ciertas situaciones y en función de un determinado contexto, en Lacruz Navas, J., «El gesto espontáneo», Escritos

winnicottianos. Recuperado de: <elgestoespontaneo.com>. [Fecha de consulta, 20 de octubre de

151 Shinichi Segi (entrevistado en Tokio por Jean-Yves Mock en agosto de 1980) recuerda una interesante conversación sostenida con Klein en Japón en 1953. Estaban hablando sobre la tradición japonesa de entintar un pez y aplicarlo al papel para obtener una huella de la forma de la escama. La palabra que designa ese proceso transcrita al alfabeto latino es gyotaku (gyo «pez» y taku «frotar»); Klein con su acento francés, lo pronunciaba yitaku y Segi replicaba que esa pronunciación alteraba el significado: ahora era una mujer, y no un pez lo que se estaba entintando y estampando367.

Esta inofensiva confusión, aunque azarosa, resulta un tanto oportuna. Pronunciar yitaku denota jitaku, esto es, «hogar», «casa propia» e «inicio» (魚拓/Gyotaku-自宅/Jitaku). Se suma a esto la concepción de Klein sobre la caligrafía japonesa: «En la actualidad, la línea es incluso relegada a manifestaciones más decididamente sucintas por esa necesidad de alcanzar lo absoluto. Prueba de ello es la rápida evolución en estos últimos años de la caligrafía japonesa; la línea desaparece y se transforma en una serie de formas sin contornos, o casi, que vuelven a llenar toda la superficie de un modo prácticamente uniforme… Se acabaron los psicológicos barrotes lineales»368. Recordamos, con este

episodio, la superficie sin entrometidas nubes del cielo nativo de Klein y la firmeza de la morada incorpórea.

Sándor Ferenczi apostaba por el influjo de la madre en el origen del ser humano. En

Masculino y femenino (1929) muestra como la transición de una existencia en el líquido

amniótico a otra atmosférica recuerda simbólicamente a la adaptación orgánica de los animales a la vida terrestre y aérea:

Imaginen la superficie de la Tierra totalmente cubierta de agua. Toda la vida vegetal y animal se desenvuelve todavía en un medium acuoso. Pero las condiciones atmosféricas y geológicas hacen que parte del suelo marino se eleve por encima de la superficie de las aguas. Los animales y las plantas, que se hallan de repente situados en un terreno seco tienen que perecer o tienen que adaptarse a la vida terrestre y atmosférica: ante todo deben acostumbrarse a extraer del aire, y no del agua como hasta entonces, los elementos gaseosos necesarios para su supervivencia (el oxígeno y el gas carbónico). Quedémonos por un momento con los animales más desarrollados, que vivían en el agua, nuestros más lejanos antepasados en la serie de los vertebrados, los peces. Es posible, y los biólogos lo creen así, que algunas especies de peces no fueran depositadas en terreno completamente seco, sino que pudieran sobrevivir en mares de aguas poco profundas, donde las condiciones les permitieron adaptarse a la respiración aérea, es decir, sustituir las branquias que ya

367 Citado en McEvilley, T., «Yves Klein conquistador del vacío», en 3ZU: revista d’arquitectura,

cit., p. 43.

368 Klein, Y., Las reflexiones de Klein sobre la batalla entre la línea y el color en Dimanche, cit.,

no les eran útiles por pulmones. He afirmado en otra ocasión que, a mi parecer, no son únicamente las variaciones debidas al azar, o a un uso continuado las que participan en la formación de órganos nuevos o mejor adaptados, sino más bien un poderoso deseo. La necesidad de utilizar medios de locomoción para buscar el alimento condujo al desarrollo de órganos motores propios: patas y pies. Y de este modo tendríamos un pez saltando sobre el suelo y respirando por los pulmones, en otros términos: una rana369.

Aquí el medio establece paulatinamente la demarcación entre lo telúrico y lo pelágico y la adecuación-integración al nuevo medio externo. La adaptación progresiva a la realidad, la concatenación entre ambos mundos, el reflejo acuoso del vientre (Fig. 28 y la aclimatación ambiental que mejora la subsistencia del sujeto (rana) (Fig. 29).

Figura 28. Antropometría sin título (ANT. 20), 1962, 71,5 × 43,5 cm. Pigmento azul sobre lienzo. Colección privada Figura 29. Antropometría sudario sin título (ANT SU 14), ca. 1960, 205 × 90,5 cm

Indicamos en el primer capítulo las inclinaciones de Klein hacia el yudo. Sintonizados con el artista, los pinceles vivientes utilizan llaves y movimientos basados en la defensa: «El yudoka ordinario no solo entrena espiritualmente sino física y emocionalmente. El verdadero yudoca practica el espíritu con una sensibilidad pura»370. La observación de Stich resalta la controlabilidad de este interjuego por la que el espíritu-físico-emocional configura la identidad definitiva del yudoka. Mucho más que un deporte, para Klein el

369 Ferenczi, S., Obras completas. II, Barcelona, RBA, 2006, p. 339. 370 Stich, S., Yves Klein, cit., p. 256.

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yudo es un medio para explorar el entorno, la naturaleza y el vacío. Sintiendo deseos de pintar a sus modelos al observarlas pasear sobre el tatami blanco de su estudio, tanto incorporar en su obra como teatralizar con pinceles femeninos vivientes que secretan azul resultan buenas fórmulas para obtener un yo en concordia con el mundo (el yo y el no- yo). Tal y como señala Stich, ese mundo (re)conocido por Klein conforma el epicentro de su arte.

«La finalidad del niño es la gratificación, la tranquilidad de cuerpo y espíritu. La gratificación trae paz, pero el niño percibe que al gratificarse pone en peligro lo que ama. Normalmente llega a una transacción, y se tolera considerable la gratificación sin permitirse ser demasiado peligroso. Pero, en cierta medida, se frustra, de modo que debe odiar alguna parte de sí mismo, a menos que pueda encontrar algo fuera de él que lo frustre y que soporte el odio»371. Ese «fuera de él que lo frustre y que soporte el odio» es la clave del canibalismo o de una experiencia instintiva que verdaderamente refuerce el yo (esto es, madurez, salud).

Adquiere preponderancia en el yudo el virtuosismo de la técnica de respiración, capaz de sinalefar la exterioridad a la interioridad y la interioridad a la exterioridad consolidando una piel que corresponda a ambas partes. En otras palabras, la concordia apropiada para una «personalidad perfecta»372. Tal objetivo requiere, según los preceptos del yudoca,

una postura apropiada y canalizable por la cual el flujo respiratorio debe deslizarse por debajo del ombligo (inspiración y espiración)373. La respiración, esto es, lo que

verdaderamente hace viviente al pincel (el respirar como síntoma de vida), abdominal, controlada y óptima vitaliza gracias a su impulso coordinativo.

En palabras de Jigoro Kano, fundador de la Escuela Kodokan: «El objetivo del yudo es utilizar la fuerza física y mental más efectivamente. El entrenamiento es para comprender el verdadero significado de la vida a través del adiestramiento mental y psíquico. Hay que

371 Winnicott, D.W., «La agresión» (1939), en El niño y el mundo externo, cit., pp. 175-176. 372 Risei Kano escribió a Klein en 1953: «El judo Kodokan, como ya sabes… [es] una idea moral:

es el logro de la personalidad perfecta».

373 «A una determinada edad, quizás alrededor de los cinco meses, el niño ya puede relacionar la

excreción con la alimentación, y las heces y la orina, con la ingesta oral, lo cual coincide con la adquisición inicial de un mundo interno personal que, por lo tanto, tiende a localizarse en el vientre», en Winnicott, D.W., «El primer año de vida» [1958], en Bibliotecas de psicoanálisis [artículo online]. Recuperado de: <http://www.psicoanalisis.org/winnicott/primvida.htm>. [Consultado el 13 de mayo, 2015].

desarrollarse a uno mismo como persona y convertirse en un ciudadano útil para la sociedad»374.

La técnica de la estampación reivindica la contextura de la integración en la transición del azul adherido de un cálido sostén cutáneo a un espacio que lo emancipa. La respiración en el momento del contacto con la tela es el punto neurálgico del que ramifica la fisonomía de la exterioridad de la huella. Un cambio de naturaleza que se adecua gracias al previo ambiente facilitador:

Cuando la escena no es dominada por la privación ni la deprivación y, en consecuencia, el ambiente facilitador puede darse por sentado en la teoría de las etapas más tempranas y formativas del crecimiento humano, en el individuo se desarrolla gradualmente un cambio en la naturaleza del objeto. [...] En esta etapa temprana, el ambiente facilitador le proporciona al infante la experiencia de omnipotencia. Por esto entiendo más que el control mágico; entiendo que la expresión incluye los aspectos creativos de la experiencia. La adaptación al principio de realidad se produce naturalmente a partir de la experiencia de omnipotencia, es decir, dentro del ámbito de una relación con los objetos subjetivos. […] El infante que experimenta omnipotencia bajo la égida del ambiente facilitador crea y recrea el objeto, incorpora gradualmente el proceso y reúne un respaldo mnémico375. 2.4. La huella

El trabajo se realizó por sí solo delante de mí, con la colaboración absoluta de la modelo, y estaba en condiciones de demostrarme a mí que soy digno de este dando la bienvenida a la obra dentro del mundo tangible de una manera adecuada llevando un tuxedo376.

El posicionamiento hacia la señal naciente en el mundo tangible como una antonimia del interior del observador es la que revela que la psiquis ha estacionado en el soma. Se trata, en palabras de Winnicott, de «una presentación regularizada del mundo» que puede ser reafirmada creativamente. El proceso interrelacional entre la psique y el soma («psique» que, aun dependiendo del buen funcionamiento cerebral, no se localizaba en el mismo) termina con la incrustación de la primera en el segundo con la marcha de los pinceles vivientes tras descargar su impresión. Durante el curso de esta fase, el movimiento de Klein impulsaba, como su traje trataba de demostrar, inmaterial e imaginativamente la actividad somática de las modelos, las cuales percibían sus preferencias. La conformación

374 Klein, Y., Le vrai devient réalité, cit.

375 Winnicott, D. W., «El comunicarse y el no comunicarse que conducen a un estudio de ciertos

opuestos» (1963) en Los procesos de maduración y el ambiente facilitador, cit.

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de la huella conlleva que el centro imaginativo agracie en el artista, en su cuerpo vivo y salutífero.

Esta salud que nos hace vivir, inconscientes y responsables a la vez de nuestra participación esencial en el universo. Fuertes, sólidos, poderosos y frágiles, como los animales en estado de sueño despiertan al mundo de la percepción. Esta salud que nos hace ser377.

La teatralidad de los pinceles se hace efectiva en la huella, dijimos, en la búsqueda del objeto y de su creación. Algunas de las antropometrías testifican el arrebatamiento de una auténtica guerrilla de pinceles, registrándose el ardor de su actividad o el movimiento corporal por encima de una imagen reposada, más precisa o inequívoca. Como dice Stich: «Es una batalla de carácter sexual y militar; una batalla con el aura de exuberancia irrefrenada, de éxtasis orgásmico, caos orgiástico y violencia salvaje. El espíritu de Eros y el de Tánatos se unen al liberarse el cuerpo del control ejercido por la mente. Las necesidades físicas, sensoriales e incluso puramente animales alcanzan su expresión»378. La agitación de estos pinceles como muestra de manumisión o tensión instintiva forma parte del camino hacia la integración y se relaciona tanto con el canibalismo (como se verá en el próximo capítulo) como con esa búsqueda, coerción y recreación del objeto (la huella del bloque femenino como primer atisbo de la realidad neofigurativa); tras este pandemónium, la tormenta desatada de fuerzas descubrirá un torso femenino que se yergue, que sobrevive.

La salud que nos hace ser implica el alojamiento psicosomático en la concienciación de la huella. Reinterpretamos la integración a partir de la confluencia con el espacio («somos ectoparásitos de la madre» diría Ferenczi) con lo luminoso y lo primigenio. «El hombre ha sido desterrado lejos de su alma coloreada»379.

Winnicott vinculaba la buena salud con la responsabilidad que supone la integración. La huella de Klein indica el inicio del establecimiento de relaciones con la materialidad a partir de una evanescencia, resultado de un intervalo en el que se posó y se separó la carne. Testifica la ausencia de lo que invisiblemente formaba parte del apoyo yoico del

377 Ídem.

378 Stich, S., Yves Klein, cit., p. 180.

ser, con arreglo a la imaginación del espectador, para dar paso hacia una nueva independencia que solicita una toma de conciencia.

Este estado fisionable conserva la marca de la fusión como una sedimentación depositada en la esfera interna como consecuencia de la acción gravitatoria de la personalización. Gracias a la acción del azul podemos registrar una huella que concilia ausencia del yo auxiliar-ambiental y la presencia de lo naciente gracias a ese yo auxiliar-ambiental («El yo del infante es muy fuerte, pero solo gracias al yo auxiliar que le proporciona una madre suficientemente buena, capaz de dedicar su self total a adaptarse a las necesidades del infante, retirándose gradualmente de esa posición a medida que la criatura necesita que esa adaptación sea menos estrecha. Sin este yo auxiliar, el yo del infante carece de forma, es débil, se fragmenta con facilidad, y es incapaz de crecer siguiendo los lineamientos del proceso de la maduración»380). La huella permanece ahí, reposando en el curso del presente-continuo «estar resurgiendo» a partir de un torso femenino que es recreado. La presencia materno-ambiental ofrecida por la huella nos lleva nuevamente a esos coruscantes veranos en Cagnes-sur-Mer en un parpadeo majestuoso en el que se retiene el objeto de luz. Klein quiso realizar impresiones antropométricas fotosensibles visibles solo con la luz del día con el químico Bernard Furth381.

La revelación e iluminación o «el misterio de una obra que está a punto de suceder», en palabras de Ribettes, no solo redefine la percepción y concepción de la obra externa sino también al sujeto-artista en sí.

Así, simbólicamente, el misterio de la Encarnación es una personalización basada en el verbo hecho carne y en cómo el hijo de Dios se hace hombre sin dejar de ser Dios, lo cual supone que la omnipotencia pervive (sobrevive) y no existe proceso de desilusión (la sombra o los barrotes de la prisión). Si Klein sintió cierta presión por su piel, este misterio atenuante ofrece solución al aunar una realidad tangible con un poder divino que parte del seno de la Virgen María, cuya destreza permite la presentación de este mundo al pequeño, que depende del modo en el que el mundo le es presentado. Ribettes señalaba

380 Winnicott, D.W., «El trastorno psiquiátrico en los términos de los procesos infantiles de

maduración» Conferencia del Dorothy Head Memorial, pronunciada en la Sociedad Psiquiátrica de Filadelfia, Instituto del Hospital Pennsylvania, Filadelfia, [octubre de 1963], en Obras

escogidas I, cit., p. 688.

381 Fruto de una conversación con Furth, el proyecto nunca se realizó. Stich, S., Yves Klein, cit.,

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una «[…] radiante sensualidad concentrada en la atmósfera. La materialización de la presencia inmaterial incandescente del cuerpo femenino»382. La materialización es la

percepción de la carne deslindada y el verbo es el gesto de la diosa que le reconoce como un nuevo ser.

La predisposición de Klein hacia los mitos resulta concebir la integración como un rito iniciático y solemnizador de una nueva era, ya presente en la exposición Le Void: «El término de iniciación, en su sentido más genérico, denota un conjunto de ritos… cuya finalidad es producir una alteración decisiva en la condición religiosa y social de la persona que va a ser iniciada. En términos filosóficos, la iniciación equivale a un cambio básico en el estado existencial; el novicio emerge de su ordalía investido de un “ser” totalmente distinto al que poseía antes de la iniciación; se ha transformado en otro»383. La ceremonia organiza los rudimentos de la elaboración imaginativa de un funcionamiento corporal que actuarán en el nuevo ser.

Proyectar mi huella fuera de mí mismo (¡lo hice!). Mis pies y manos se impregnan con el color, me encontré a mí mismo confrontándome con todo aquello que era psicológico en mí. ¡He demostrado que tengo cinco sentidos, que sé cómo encontrarme a mí mismo para funcionar! Y entonces perdí mi infancia… como todo el mundo (uno no debe hacerse ilusión sobre esto). Repitiendo este pequeño juego como un adolescente, rápidamente me tropecé con la nada384.

El azul que resbala por el bloque femenino se aferra y tras asimilarse al pecho/bloque (elemento subjetivo), se coloca en la huella registrando el vínculo azul para reajustar un nuevo-yo (azul) en estado armónico y a gusto con la huella externa. En ese aspecto, el mismo pincel-viviente azul permite la transición a la «humanidad azul». La huella siempre recordará la impronta de la modelo y su pérdida equivale a la pérdida de la piel de la modelo/madre. Esto es lo que Winnicott llamaba objeto transicional, la alucinación del mundo azul tangible conducido por el que era el utensilio de trabajo de Raymond, un pincel, ahora vivo y femenino:

A mi entender, a estos objetos los encontramos en diversos procesos de transición. Uno de ellos se vincula con las relaciones de objeto; el bebé se lleva el puño a la boca, luego el pulgar, luego hay una mezcla del uso del pulgar y de los demás dedos, y escoge algún objeto para manipularlo. Poco a poco comienza a usar objetos que no

382 Ribettes, J. M., Yves Klein contre C.G. Jung, cit., p. 75.

383 Eliade, M., Rites abd Symbols of initiation: The Mysteries of Birth and Rebirth, p. 18. Ottmann,

K., Yves Klein: obras y escritos, cit., p. 127.

son parte de él ni de la madre. Otra clase de transición tiene que ver con el pasaje de un objeto que es subjetivo para el bebé a otro que es objetivamente percibido o externo. Al principio, cualquier objeto que entabla relación con el bebé es creado por este —o al menos esa es la teoría a la que yo me adhiero—. Es como una alucinación. Se da cierto engaño, un objeto que está a mano se superpone con una alucinación. Como es obvio, aquí tiene suprema importancia la forma en que se conduce la madre