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La Supremacía de Cristo Como el Enfoque Consciente de Toda Fe Salvadora

La supremacía de Dios en las misiones es bíblicamente afirmada cuando se afirma la supremacía de su Hijo, Jesucristo. Esta es la asombrosa verdad del Nuevo Testamento que muestra que a partir de la encarnación del Hijo de Dios, toda fe salvadora continúa establecida en Jesucristo. No siempre fue de esta manera. Aquellos tiempos fueron llamados los “tiempos de esta ignorancia” (Hechos 17:30). Pero ahora gozamos con esta verdad, y Cristo es hecho el enfoque consciente de la misión de la iglesia. El objetivo de las misiones es el de “conducir a todas las naciones a la obediencia de la fe

por amor de su nombre” (Romanos 1:5). Es una nueva realidad a partir de la venida de Cristo. La

voluntad de Dios es glorificar a su Hijo, haciéndolo el enfoque de manera consciente de toda fe salvadora.

Planteando la Pregunta

La pregunta general que estamos planteando en este capítulo es si la supremacía de Cristo significa que Él es la única vía de salvación. Pero esa pregunta tan general contiene realmente tres preguntas más. Estas preguntas son cruciales para la tarea misionera de la iglesia Cristiana. Las tres preguntas emergen mientras escuchamos a diferentes personas responder y calificar la pregunta principal.

¿Experimentará Alguien un Tormento Eterno Bajo la Ira de Dios de Manera Consciente?

Hoy muchos afirmarían que Cristo es la única esperanza del hombre, pero negarían que haya castigo eterno para los que no creen en Él.77 Algunos dirían que todo el mundo será salvo si escuchan acerca de Cristo, o no. Por ejemplo, aún cuando ha estado muerto desde 1905, las obras del predicador novelista George McDonald están siendo leídas y publicadas como nunca antes en

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Para un análisis a fondo de las recientes desviaciones de la creencia histórica en el infierno como lugar de consciente tormento eterno para los inicuos, recomiendo: Ajith Fernando, Crucial Questions about Hell (Wheaton, IL: Crossway, 1994); Robert A. Peterson, Hell on Trial: The Case for Eternal Punishment (Phillipsburg, NJ: Presbyterian & Reformed, 1995); y D.A. Carson, The Gagging of God: Christianity Confronts Pluralism (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1996), pp. 515–536; Larry Dixon, The Other Side of the Good News: Confronting the Contemporary Challenges to Jesus’ Teaching

on Hell (Scotland: Christian Focus, 2003); Robert A. Peterson and Edward William Fudge, Two Views on Hell: A Biblical and Theological Dialogue (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2000); y Hell under Fire, edited by Robert Peterson

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América, se está extendiendo la influencia de sus ideas universalistas. Él convierte al infierno en un destino de auto sacrificio y santificación. Su idea es que en el infierno la justicia de Dios eventualmente destruirá todo pecado que exista en sus criaturas. De esta manera Dios llevará a cada uno a la gloria.78 Todos serán salvos. Así el infierno no es eterno.

Otros dirían que si bien no todos son salvos, no existe aún castigo eterno porque el fuego del juicio aniquila a aquellos que rechazan a Cristo. Así, ellos dejan de existir y no experimentan ningún castigo de manera consciente. El infierno no es un lugar de castigo eterno, sino un evento de aniquilación. Este es el rumbo por el que Clark Pinnock, John Stott, Edward Fudge y otros han escogido seguir.79

Por lo tanto la pregunta que debemos formular incluye la siguiente: ¿Está en riesgo la creencia en la existencia del castigo eterno? Quiero decir, ¿Será alguna persona eternamente separada de Cristo y experimentará el tormento eterno bajo la ira de Dios de una manera consciente?

¿Es Necesaria la Obra de Cristo?

Otros quieren negar hoy en día que Cristo es la única esperanza del hombre. Desean creer que Cristo es la provisión que Dios ha dado para los cristianos, pero para otras religiones existen otras vías para arreglar cuentas con Dios y ganar la gloria eterna. La obra de Cristo es útil para los

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Ver su sermón sobre “Justicia” en su libro, Creation in Christ (ed, Rolland Hein. Wheaton, IL: Editoriales Harold Shaw, 1976, pp. 63–81) donde él argumenta forzosamente que “el castigo es por el bienestar de la corrección y la expiación. Por lo que Dios el Creador es restringido por su propio amor para castigar el pecado con el propósito de liberar los que el creó. Él es restringido por su justicia para destruir el pecado en su creación” (p. 72). He escrito una extensa contra posición a la perspectiva de McDonald sobre la justicia divina, la auto expiación y el universalismo en The

Pleasures of God (Sisters, OR: Multnomah Publishers, 2000), pp. 168–174.

79 Clark Pinnock and Delwin Brown, Theological Crossfire: An Evangelical/Liberal Dialogue (Grand Rapids, MI:

Zondervan, 1990), pp. 226–227. “Fui guiado a cuestionar la creencia tradicional sobre el tormento eterno de una manera consciente por causa de la repugnancia moral y las más amplias consideraciones teológicas, y no principalmente por razones de fundamentos bíblicos. Carece de todo sentido decir que un Dios de amor, torturará para siempre a las personas por sus pecados cometidos en el contexto de una vida finita…es tiempo de que los evangélicos salgan y digan que la doctrina bíblica y moralmente correcta sobre el infierno es la aniquilación, y no un tormento eterno.” Ver Clark H. Pinnock, “The Conditional View,” in Four Views on Hell, ed. by William Crockett (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1996), pp. 135–166.

David Edwards, Evangelical Essentials, with a Response from John Stott (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988), pp. 314-320. “Emocionalmente hablando, yo encuentro intolerable el concepto del tormento eterno de manera consciente y no comprendo como es que la gente puede vivir sin antes cauterizar sus sentimientos o quebrantarse bajo tal tensión nerviosa.” Edwards presenta cuatro argumentos que sugieren que “la Escritura señala en dirección a la

aniquilación y que el tormento eterno de una manera consciente es un concepto creado por la tradición; Pero que aún así, ese concepto tiene que rendirse a la suprema autoridad de la Escritura…Yo no dogmatizo la posición a la cual he llegado. La sostengo tentativamente. Pero imploro para que haya un franco diálogo entre los evangélicos basándose en las Escrituras. También creo que la aniquilación final de los malvados debería al menos ser aceptada como legítima y biblica alternativa para el concepto del tormento eterno consciente.” Edward William Fudge, The Fire That Consumes: The

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cristianos pero no necesaria para los no cristianos.

Por ejemplo, el teólogo inglés John Hick argumenta que diferentes religiones son “iguales aunque cada una puede tener enfoques diferentes.” El cristianismo no es superior, sino meramente un compañero más en la búsqueda de la salvación. No estamos buscando una religión mundial sino más bien miramos en el día cuando “el espíritu ecuménico, el cual ha transformado en gran manera el cristianismo, afectará progresivamente las relaciones entre los sistemas de fe del mundo.”80

Esto significa que la pregunta que estamos planteando debe incluir esta idea: ¿Es la obra de Cristo el medio necesario provisto por Dios para la salvación eterna—no solo para los cristianos, sino para toda la gente?

¿Es Necesaria la Fe Consciente en Cristo?

Algunos evangélicos dicen que no lo saben.81 Otros, sin negar la realidad del juicio eterno o la necesidad de la obra salvadora de Cristo, dirían que, sí Cristo es la única esperanza para el hombre, pero que Cristo también salva a algunos que nunca han escuchado sobre Él a través de una fe que no tiene a Cristo como su objeto de salvación de una manera consciente. Por ejemplo, Millard Erickson representa a algunos evangélicos82 quienes argumentan que, a base de la analogía de los santos del

80 John Hick, “Whatever Path Men Choose Is Mine,”[“Cualquier Camino Que los Hombre Elijan es el Mio”] en

Christianity and Other Religions, eds. John Hick and Brian Hebblethwaite (Philadelphia, PA: Fortress Press, 1980), p.

188. Hick culmina con una cita de la Bhagavad Gita, iv, 11, “Como sea que el hombre pueda aproximarse a mí, aun así yo les acepto; para que desde cualquier lado que se me acerquen, cualquier camino que ellos escojan es el mío.” Para un estudio sobre los pensamientos de Hick, así como para una respuesta convincente , vea Harold Netland, Dissonant Voices:

Religious Pluralism and the Question of Truth (Regent Press, 1998; orig. pub. 1991); idem, Encountering Religious Pluralism: The Challenge to Christian Faith and Mission (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2001). Similarmente

John Parry, El Secretario a cargo de Other Faiths, [“oficina dedicado a estudiar y a dialogar con Otras Formas de Creencia”] dentro de la Iglesia Mundial y el Departamento de Misión de la Iglesia Reformada Unida en Londres escribió en 1985, “Hacia la fe de Jesucristo es adonde somos llamados. El cambio de preposición “la fe en Jesucristo” hacia “la fe de Jesucristo” es significativo. La fe de Jesucristo es una fe que es mostrada en la verdad de uno en Dios, rindiéndose a los propósitos de Dios, dándose uno mismo. He dado testimonio de tal respuesta de fe entre mis amigos que tienen otras formas de creer. No puedo creer que ellos estén tan lejos del reino de los cielos, y lo que es más, como escribe el doctor Stackey.…‘la gente no será juzgada por tener correctas creencias doctrinales, sino por su fe. Aquellos que entrarán al reino de los cielos en el día del juicio son aquellos quienes en fe responden al amor de Dios amando a otros’.” (“Exploring the Ways of God with Peoples of Faith,” in International Review of Missions, Vol. lxxiv, No. 296, October, 1985, p. 512.)

81 David Edwards, Evangelical Essential, p. 327. Por ejemplo, John Stott dice, “Creo que la postura más cristiana es el

de permanecer agnóstico con respecto a esta pregunta…El hecho es que Dios junto con la más solemne advertencia sobre nuestra responsabilidad para responder al evangelio, no nos ha revelado como él tratará a aquellos que nunca lo

escucharon.” En la colección de ensayos por William V. Crockett and James G. Sigountos, eds., Through No Fault of

Their Own [No Por Culpa Suya] (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1991), Timothy Phillips, Aida Besançon

Spencer, and Tite Tienou prefieren dejar “el asunto en manos de Dios” (p. 259, note 3).

82 Crockett and Sigountos (eds., Through No Fault of Their Own) incluyen algunos ensayos por los evangélicos

quienes toman la perspectiva de que quienes nunca han escuchado el evangelio, son de hecho conducidos a la salvación a través de la revelación general. Su conclusión es: “Aquellos que escuchan y rechazan el evangelio están perdidos. Y aquellos que abrazan la luz de la revelación general deben querer dejar su idolatría y servir al Dios viviente. (1

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antiguo testamento, algunas personas no evangelizadas hoy en día pueden “recibir el beneficio de la muerte de Cristo sin tener la creencia del conocimiento de manera consciente en el nombre de Jesús.”83

Debemos aclarar lo que realmente estamos preguntando: ¿Es necesario que la gente escuche acerca de Cristo para ser eternamente salva? Esto es: ¿Puede una persona hoy en día ser salva por la obra de Cristo aún si no ha tenido la oportunidad de escuchar acerca de la obra de Cristo? Cuando preguntamos, si Jesús es la única esperanza del hombre para tener salvación, estamos realmente formulando tres preguntas:

¿Experimentará alguien el tormento eterno bajo la ira de Dios de una manera consciente? ¿Es la obra de Cristo el necesario medio provisto por Dios para la salvación eterna? ¿Es necesario que la gente escuche de Cristo para ser eternamente salva?

Un Sentido de Urgencia

Las respuestas bíblicas a estas tres preguntas son cruciales porque en cada caso, una respuesta

Tesalonicenses 1:9). La revelación general, entonces, crea en ellos un deseo de rechazo a su propia religión pagana ya que esta no les ayuda a comprender su poder salvífico. (p. 260) Ver una buena respuesta a esto en Ajith Fernando, Sharing the

Truth in Love: How to Relate to People of Other Faiths (Grand Rapids, MI: Discovery House Publishers, 2001, pp. 211-

233).

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Millard Erickson argumenta tomando en cuenta la perspectiva de la revelación que es disponible en la naturaleza según Romanos 1–2 y 10:18. Los elementos esenciales en el mensaje del evangelio en la naturaleza son: “1) La creencia en un Dios bueno y poderoso. 2) La creencia de que el hombre le debe a este Dios perfecta obediencia a su ley. 3) El reconocimiento consciente de que el hombre no alcanza este estándar y por lo tanto, es culpable y condenado. 4) El darse cuenta de que nada de lo que el hombre le ofrezca a Dios, puede compensarlo (o expiarlo) por esta culpa y pecado. 5) La creencia de que Dios es misericordioso y que perdonará y aceptará a aquellos que se alojan sobre su misericordia.”

“Tal vez no es que un hombre que cree y actúa en base a estas seis afirmaciones de fe, está en relación redentora con Dios y reciba los beneficios de la muerte de Cristo, ya sea que conscientemente lo sepa y comprenda los detalles de esa provisión, o no. Presumiblemente, ese fue el caso de los creyentes del antiguo testamento…Si esto es posible, y si los judíos poseían la salvación en los tiempos del Antiguo Testamento simplemente por la virtud de tener la forma del evangelio cristiano sin su contenido, ¿Puede este principio ser extendido? ¿Podría ser que aquellos cristianos desde los tiempos de Cristo no habían tenido oportunidad de escuchar el evangelio como se ha obtenido por revelación especial, participarán en esta salvación con el mismo fundamento? ¿Sobre que otro fundamento ellos podrían ser responsables por poseer o no poseer la salvación (o fe)?” Pero en esto punto Erickson comienza a vacilar ya que prosigue diciendo, “Lo que Pablo está diciendo en el resto de Romanos es que muy pocos, o ninguno, en realidad alcanza tal conocimiento salvador de Dios mediante la solitaria base de la revelación natural.” (Millard Erickson, “Hope for Those Who Haven’t Heard? Yes, But…,” [“¿Esperanza Para Aquellos Que No Han Escuchado? Si, Pero…”] Evangelical Missions Quarterly 11, no. 2 [April, 1975]: pp. 124–125.) Erickson esta siguiendo el argumento de A.H. Strong cuando Strong expresa que “los que entre los paganos vayan a ser salvo, deben de igual manera [por ejemplo, los patriarcas del Antiguo Testamento] ser salvos por echarse como pecadores desamparados sobre el plan divino de misericordia, oscuramente prefigurado en la naturaleza y en la providencia” (Systematic Theology [Westwood, NJ: Fleming H. Revell, 1907], p. 842). Esta es una postura distinta al del antiguo teólogo reformado Charles Hodge, quien argumentó que solo a través de la Palabra de Dios oída o leída viene el llamado efectivo de la salvación. Systematic Theology, vol. 2 (Grand Rapids: Eerdmans Publishing Co., 1952), p. 646.

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negativa parecería cortar un sentido de urgencia hacia la causa misionera. Evangélicos como Erickson no intentan cortar ese nervio, y su perspectiva no está en la misma categoría de la de Hick o MacDonald. Aquellos del parecer de Erickson insisten en que la salvación de alguien sin la predicación de Cristo es la excepción a la regla, y que predicar a Cristo a todos es completamente importante.

Sin embargo existe una sentida diferencia en la urgencia cuando uno cree que predicar el evangelio es absolutamente la única esperanza que alguien tiene para escapar de la penalidad del pecado y vivir por siempre en felicidad para la gloria de la gracia de Dios. A mi, no me suena verdad cuando William Crockett y James Sigountos argumentan que la existencia de “cristianos implícitos” (salvos a través de la revelación general sin escuchar de Cristo) en realidad “debe aumentar la motivación” por las misiones. Ellos señalan que estos convertidos no evangelizados están “esperando ansiosamente para escuchar más acerca de [Dios].” Si nosotros les alcanzamos “una fuerte iglesia brotaría, dándole gloria a Dios y evangelizando a sus vecinos paganos.”84 No puedo escapar a la impresión de que esto es un intento inútil para hacer que una debilidad parezca como una fuerza. Por el contrario, el sentido común nos empuja a otra verdad: Entre más probabilidades haya de que exista gente que pueda ser salva sin las misiones, menos urgencia habrá para las misiones.

Así que, con cada una de estas tres preguntas hay mucho en juego. Sin embargo, a final de cuentas, no es nuestro deseo el mantener en pie la urgencia de la causa misionera que establece la veracidad del asunto, sino: ¿Qué enseñan las Escrituras?

Mi propósito aquí es el de proveer un respaldo bíblico que, a mi juicio, obligue a encontrar una respuesta positiva para cada una de estas tres preguntas. Espero demostrar que en el sentido más completo, Jesucristo es la única esperanza del hombre para obtener la salvación. Para lograr esto juntaré en tres grupos los textos que se relacionan mas directamente a las tres preguntas planteadas con anterioridad. Haré algunos comentarios a lo largo del análisis.

Un Infierno de Tormento Eterno de una manera Consciente

Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua. (Daniel 12:2)

Es cierto que el término hebreo “olam” no siempre significa “eterno” pero en este contexto parece que “si,” porque señala una división decisiva entre el gozo o la miseria después de la muerte y la

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resurrección. Así como la vida es sin fin, también la vergüenza y la confusión perpetua son eternas. “Su aventador está en su mano para limpiar su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mateo 3:12; ver Lucas 3:17). Este versículo es la predicción de Juan el bautista sobre el juicio que Jesús traería al final del tiempo. Describe una separación decisiva. El término “fuego que nunca se apagara” implica un fuego que no será extinguido, y por lo tanto, un castigo que no tendrá fin. Marcos 9:43–48 lo confirma.

Si tu mano te es ocasión de caer, córtala, porque mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.Y si tu pie te es ocasión de caer, córtalo, porque mejor te es entrar en la vida cojo, que teniendo dos pies ser arrojado al infierno, al fuego que no puede ser apagado,donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo, porque mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser arrojado al infierno,donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.

Aquí el “fuego que nunca se apagará” es claramente el infierno, y la última frase muestra el hecho de la interminable miseria de aquellos que van allá (“donde el gusano de ellos no muere”). Si la aniquilación (la enseñanza en donde algunos dejan de existir después de la muerte o después de un periodo de tiempo limitado de castigo consciente en el infierno)85 fuera lo que el escritor tenía en mente, ¿Por qué habrá puesto el énfasis en el fuego que nunca será extinguido y el gusano que nunca muere? John Stott lucha por escapar de esto diciendo que el gusano no muere ni el fuego se apaga “hasta que presumiblemente su trabajo de destrucción este hecho.”86 Esta modificación no está en el texto. Pero el enfoque de la duración eterna está confirmado en Mateo 18:8 (NVI): “Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtatelo y arrójalo. Más te vale entrar en la vida manco o cojo que ser arrojado al

fuego eterno con tus dos manos y tus dos pies.”

Aquí el fuego no es solo “inextinguible,” sino aún más explícitamente expuesto como “eterno.” Que este fuego no es meramente un fuego purificador de la era venidera (como algunos toman su significado en el termino aionion). Este fuego será mostrado a lo largo de las expresiones