Nosotros medimos el valor de un tesoro escondido por todo lo que gustosamente venderemos para poder comprarlo. Si vendemos todo, eso nos muestra que medimos el valor de ese tesoro como algo supremo. Si no estamos dispuestos a vender todo lo que tenemos para comprar el tesoro, quiere decir que lo que ya poseemos, atesoramos más. “El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene y compra aquel Campo” (Mateo 13:44). La extensión de su sacrificio y la profundidad de su gozo manifiestan el valor que el hombre le da al tesoro de Dios. La pérdida y el sufrimiento gustosamente aceptados para el Reino de Dios, nos da una muestra del supremo valor que se le tiene a Dios con más claridad en el mundo que toda la oración y adoración que se le pueda expresar a Dios. Por esto las historias de misioneros quienes alegremente dieron todo de sí, han hecho que Dios sea mas real y preciado para muchos de nosotros. La vida de Henry Martín ha tenido este extraordinario efecto por casi doscientos años.
Henry Martyn Se Somete a Dios
Nació en Inglaterra el 18 de febrero de 1781. Su padre era un hombre próspero por lo que envió a su hijo a una distinguida escuela de gramática, nombre que se le daba en aquellos días, y luego a los 16 años a la universidad de Cambridge en 1797. Cuatro años después alcanzó altos honores en matemáticas, y al año siguiente obtuvo aquel primer premio en composición en latín.
Cuando joven decidió dar le la espalda a Dios y durante esos días de logros académicos también se desilusionó de los mismos. “Obtuve mis más altos deseos pero me sorprendí al encontrar que sólo había cazado una sombra.” El tesoro del mundo oxidado en sus manos. Sin embargo, la muerte de su padre, las oraciones de su hermana, el consejo de un ministro piadoso, así como el diario de David Brainerd le llevaron a arrodillarse en sumisión a Dios. En 1802 Henry Martín resolvió abandonar esa vida de prestigio académico y comodidad, para convertirse en misionero. Esa fue la primera manera de valorar al reino de Dios en su vida.
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Trinidad en Cambridge hasta su partida a la India el 17 de Julio de 1805. Su ministerio fue el de ser capellán de la compañía India del Este. Llegó a Calcuta el 16 de Mayo de 1806, y en su primer día en tierra se encontró a William Carey.
Martyn era un evangélico anglicano; Carey era Bautista. Por lo que en el trabajo se notaban las diferencias en cuanto al uso de la liturgia. Pero Carey escribió aquel año lo siguiente: “Un joven clérigo, el Señor Martín, esta apenas llegando y está poseído de un verdadero espíritu misionero…Nos apoyamos el uno al otro, y vamos a la casa de Dios como amigos.”
A la par con sus deberes de capellán, la labor principal de Martyn era la traducción. En los siguientes dos años, y por el mes de Marzo de 1808, Martín ya había traducido parte del libro de “Oraciones Comunes,” un comentario sobre las parábolas y todo el Nuevo Testamento en Indostaní. Después de esto fue asignado para supervisar la versión Persa del Nuevo Testamento. Esta traducción no fue tan bien recibida como las otras, y su salud disminuía en el proceso, por lo que decidió regresar a Inglaterra para restablecerse. Martín tomó la ruta por tierra, cruzando Persia con la esperanza de que en el camino revisaría su traducción.
Pero se enfermó tanto que apenas pudo imprimirla. Falleció entre extraños en la ciudad de Tocat en Turquía Asiática el 16 de octubre de 1812. Martín solo tenía 31 años de edad.
El Dolor Escondido de Martyn
Lo que no se puede ver de la vista panorámica de la vida de Martyn son sus ascensos y descensos de espíritu los cuales hacen que su logro sea tan real y tan provechoso para toda persona de carne y hueso. Estoy convencido de que la razón por que La Vida y Diario de David
Brainerd y El Diario y Las Cartas de Henry Martyn tienen tal impresión y profundo valor para la
causa de las misiones es que ellos representan la vida del misionero como una vida de constante lucha en el alma, y no como una vida de in interrumpida calma. El sufrimiento y la lucha que estos dos hombres vivieron, hace que sintamos más la supremacía de Dios en sus vidas. Escuchemos a Martyn en el barco rumbo a la India:
Me fue difícil anhelar cosas divinas. Fui mayormente probado con los deseos que ofrece el mundo más que en los dos años que han pasado…el mareo y el olor del barco me han hecho sentir miserable, y la idea de dejar todas las comodidades y la comunión con los santos en Inglaterra para ir hacía una tierra desconocida, además de resistir esta enfermedad y la miseria por muchos meses en compañía de hombre impíos, pesa sobremanera sobre mí espíritu. Mi corazón estuvo a punto de desfallecer.
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enamorado de Lidia Grenfell. No creyó correcto llevarle con él sin antes ir y probar su propia dependencia solo en Dios. Pero dos meses después de su arribo en la India, el 30 de Julio de 1806 Martyn le escribió y le propuso matrimonio y le pidió que le alcanzara. Esperó 15 meses por la respuesta. La nota en su diario el día 12 de octubre de 1807 dice así:
Un día triste; recibí al fin una carta de Lidia, en la cual rehúsa venir porque su madre no lo autoriza. Dolor y desilusión provocaron en mí alma una profunda confusión al principio, pero gradualmente mientras mí confusión menguaba, vi todo con mayor claridad y la razón siguió su oficio. No pude sino estar de acuerdo con ella, de que no sería para la gloría de Dios, ni podía esperar Su bendición, si ella actuaba desobedeciendo a su madre.
Tomó su pluma y le escribió aquel mismo día;
…Aunque mí corazón esta sumamente adolorido, no te escribo para culparte de nada. La rectitud de toda tú conducta te deja libre de toda censura…¡Ay! ¡Mí corazón rebelde—que tempestad me agita! No sabía que había progresado tan poco mi espíritu de resignación a la voluntad divina.
Por cinco años mantuvo la esperanza de que las cosas pudieran cambiar. Un río constante de cartas cubría las miles de millas entre Inglaterra y la India. La última carta conocida que Henry escribió dos meses antes de su muerte (28 de agosto de 1812) estaba dirigida como siempre a “Mí bien amada Lidia.” Concluía:
Pronto no tendremos necesidad de tinta y pluma; sino confío que dentro de poco te veré cara a cara. Amor para todos los santos. Créeme que soy tuyo por siempre.
Te saludo fielmente y afectuosamente, H. Martyn.
Martyn nunca le volvió a ver en esta tierra. Pero morir no fue lo que más temía, ni ver a Lidia lo que más deseaba. Su pasión era hacer notoria la supremacía de Cristo en toda existencia. ¡Cerca del final de su vida escribió, “Ya sea que la vida o la muerte sean mías, deseo que Cristo sea magnificado en mí
!
Si Él tiene para mí trabajo que hacer yo no puedo morir.” La obra de Cristo asignada a Martyn estaba concluida, y la había hecho bien. Las pérdidas y el dolor y hicieron la supremacía de Dios en su vida poderosa por todo el tiempo.45“El te Invita Ven y Muere”
Sufrimiento es el llamado de cada creyente, pero especialmente para aquellos que Dios llama para llevar el evangelio a los no alcanzados. Las famosas líneas de Dietrich Bonhoeffer son absolutamente bíblicas: “La cruz no es el terrible final para una vida por lo demás feliz y temerosa de Dios, sino un
45 Todas las citas en esta narración están tomadas de Henry Martyn, diario de navegación y cartas de Henry Martyn
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encuentro al principio de nuestra comunión con Cristo. Cuándo Cristo llama a un hombre, le invita a venir y morir.”46 Las palabras de Bonhoeffer son simplemente una paráfrasis de Marcos 8:34, “Si alguno quiere venir en pos mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame…” Tomar una cruz y seguir a Jesús significa unirse a Jesús en el camino al calvario, con el propósito de sufrir y morir con Él. La cruz no es una carga que llevar, sino un instrumento de dolor y ejecución. Sería como decir: “Levanta tú silla eléctrica y sígueme a la sala de ejecución” o “Recoge esta espada y llévala hasta el lugar de la decapitación” o “Toma esta cuerda y llévala hasta la horca.”
La enseñanza al llamado de llevar la cruz ha sido mal interpretada a tal punto que cualquier molestia física o desacuerdo entre cónyuges se interpreta como “llevar la cruz” y quita la fuerza radical del llamado de Cristo. Cristo está llamando a cada creyente a renunciar a todos sus bienes, a aborrecer su propia vida” (Lucas 14:33, 26) y a tomar gustosamente el camino de obediencia, no importando la pérdida en esta tierra. Seguir a Jesús significa que donde quiera que la obediencia lo requiera, aceptaremos traición, rechazo, golpes, burla, crucifixión y muerte. Jesús nos da la seguridad de que sí le seguimos hasta el Gólgota durante todos los Viernes Santos de esta vida, también nos levantaremos con Él en el último día de gloria de la Resurrección. “Todo el que pierda su vida por causa de mí y del Evangelio la salvará” (Marcos 8:35). El que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:25).
¿Necesitamos Modelos de Mártires?
La pregunta acerca del martirio es peligrosa desde el surgimiento del terrorismo en el siglo XXI. Existe una diferencia fundamental entre los mártires cristianos y aquellos quienes han ganado notoriedad a través del terrorismo. Primero, la vida de un mártir cristiano es tomada por aquellos a quienes él desea salvar. El no muere por propia espada y no la usa contra su adversario. Segundo, los mártires cristianos no buscan la muerte, buscan el amor. Los cristianos no progresan con la causa del Evangelio de Cristo por el uso de la espada: “Porque todos los que tomen espada, a espada perecerán” (Mateo 26:52). Jesús dijo, “Mi reino no es de este mundo; si mí reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mí reino no es de aquí” (Juan 18:36). El Cristianismo avanza sin derramar la sangre de otros, aun sí está mezclada con la nuestra. Avanza por el sufrimiento para traer vida, y no por sufrimiento para causar muerte (Marcos 10: 45; Colosenses 1:24).
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Una de las más sorprendentes palabras pronunciadas acerca del llamado al martirio y que dejaron mucho en que pensar, fueron dichas por George Otis en el Segundo Congreso de Lausanne en Evangelización Mundial en Manila en el año de 1989. George Otis preguntó: “¿Es la ausencia de mártires lo que ocasiona nuestro fracaso por alcanzar los países Musulmanes? ¿Puede una iglesia encubierta crecer en fuerza? ¿Acaso una iglesia joven necesita modelos de mártires?” Muchos lugares en el mundo hoy en día sienten las palabras de Jesús junto con todo su impacto radical: escoger a Cristo es escoger la muerte o el muy alto riesgo de morir. David Barrett ha estimado que en el 2002 alrededor de 164,000 cristianos morirían como mártires y que el promedio de mártires cristianos cada año crecerá a 210,000 para el año 2005.47 En la edición del 2001 de la World
Christian Enciclopedia (Enciclopedia para El Cristiano con Visión para el Mundo), se dice que
hubo 45,400,000 mártires en el siglo XX.48
Estoy Crucificado con Cristo
Es verdad que tomar nuestra cruz implica una transacción mediante la cual nuestra “vieja naturaleza”o “la carne” muere con Cristo y una “nueva criatura”viene a ser. Esta es una manera en la que el apóstol aplica el llamado de Jesús para tomar nuestra cruz. “Pero los que son de Cristo han
crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24). “Con Cristo estoy conjuntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe
del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sin mismo por mí” (Gálatas 2:19–20). “Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra, porque habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:2–3).
Pero el punto de esta muerte espiritual no es que en la realidad sea una aplicación literal a la enseñanza de Jesús a vivir un sufrimiento físico y la muerte, sino que se hace esa aplicación posible, precisamente porque nuestro antiguo yo, egoísta, mundano, sin afecto, cobarde, orgulloso, ha muerto con Cristo, y un nuevo yo, confiado, cariñoso, con inclinación hacia el cielo, y con total esperanza ha
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David Barrett, “Annual Statistical Table on Global Mission: 2002,” International Bulletin of Missionary Research 26/1 (January 2002): p. 23.
48 David Barrett, George T. Kurian, y Todd M. Johnson, World Christian Encyclopedia [Enciclopedia para El
Cristiano con Visión para el Mundo: Un Estudio Comparativo de las Iglesias y Religiones-Desde el 30 A.C.: Hasta el 2000], vol. 1 (Oxford: Editora Universidad de Oxford, 2001), p. 11. Para que no pensemos que los cristianos son los únicos quienes sufren el martirio en números gigantescos, Barrett compara el Islam con el cristianismo en la historia de esta dos: 80 millones de mártires Musulmanes y 70 millones de mártires Cristianos. Observa que hay 210 países los cuales tienen largas historias de martirio y ahora están totalmente evangelizadas (p. 11).
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surgido—precisamente porque esta muerte interior y la nueva vida que nace, son capaces de tomar riesgos, sufrir el dolor, y aun morir sin desesperación, sino llenos de esperanza.
“Si a Mí Me Persiguieron, a Ustedes les Perseguirán”
Por lo tanto no debemos atenuar el llamado a sufrir. No debemos domesticar toda la enseñanza del Nuevo Testamento acerca de la aflicción y persecución simplemente para que nuestra propia vida sea muy tranquila. Puede ser que no hemos escogido vivir mostrando las diferentes maneras de amor que Dios quiere que ejercitemos. Puede ser que nuestra hora de sufrimiento este justo a la vuelta de la esquina. Pero eso no provocará que tomemos nuestra comodidad personal como medida de lo que permitimos que la Biblia signifique en relación a sufrimiento.
Jesús vino al mundo para dar su vida en rescate por todos (Marcos 10:45). Había una necesidad divina sobre Él a sufrir: “Le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho” (Marcos 8:31; Lucas 17:25). Porque esta era su vocación, el sufrimiento también se convierte en la vocación de aquellos que le siguen. Está implícito en las palabras, “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21). Y Jesús lo hizo explicito cuando dijo, “Recuerden la palabra que les dije: El siervo no es mayor que su Señor. Si a mí me persiguieron, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20). “Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿Cuánto más a los de su casa?” (Mateo 10:25).
¿Su Sufrimiento por Nosotros Significa Que Escapamos del Sufrimiento?
Sería fácil pensar erróneamente que la muerte de Cristo fue una expiación en lugar de nosotros, como nuestro sustituto. El error sería de decir que siendo que Cristo murió por mí, yo no necesito morir por otros. Siendo que Él sufrió por mí, yo no necesito sufrir por otros. En otras palabras, si Su muerte en verdad es sustitucional, entonces mi pregunta errónea sería: ¿No debería yo escapar por lo que Él padeció por mí? ¿Cómo puede su muerte ser un llamado para mí muerte; si su muerte tomó el lugar de mí muerte?
La respuesta correcta es que Cristo murió por nosotros para que nosotros no tuviéramos que morir por el pecado, y NO para que no tuviéramos que morir por los demás. Cristo padeció el castigo por nuestro pecado para que nuestra muerte y sufrimiento nunca sea un castigo de Dios. El llamado a sufrir con Cristo, no es un llamado a pagar nuestros pecados de la forma como Él lo sufrió, sino para amar de la forma como Él amó. La muerte de Cristo por el pecado de mí egoísmo, no quiere decir que me ayuda a escapar del sufrimiento de amar a otros, sino para activar el amor hacia los demás. Porque Él tomó mí culpa y mí castigo y me reconcilió con Dios como mí Padre, yo no necesito aferrarme más a las comodidades de la tierra para estar contento. Soy libre para dejar ir las cosas por
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el beneficio de hacer conocido el valor de la supremacía del valor de Dios, porque le amo.
La Muerte de Cristo: Modelo y Substitución
Pedro nos muestra la conexión entre la muerte de Cristo como una substitución a recibir y un modelo a seguir. El habla a los esclavos cristianos que estén siendo maltratados por sus amos incrédulos:
Pues ¿Qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer lo que es bueno sufrís y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas.
1 Pedro 2:20–21
Nota la importancia que tiene tan esencial y corta frase “por nosotros.” Cristo sufrió “por nosotros.” Esta es la expiación substitucional, o la expiación en sustitución de mí. Él tomó nuestro lugar e hizo por nosotros lo que no podíamos hacer por nosotros mismos. “El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). Esta es una obra que nadie más excepto el Hijo de Dios podía hacer por nosotros (Romanos 8:3). Esta obra expiatoria no puede ser imitada o duplicada. Sucedió una vez y para siempre. “Se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreo 9:26). Esta es la base de toda nuestra esperanza, gozo, libertad y amor. Nuestros pecados están perdonados y tenemos vida eterna (Efesio 1:7; Juan 3:16). Dios es por nosotros y nada puede separarnos de Él (Romanos 8:31, 35–39).
Por lo tanto cuando Pedro dice de Jesús, “Dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas,” no quiso decir que eres llamado a hacer expiación por el pecado. Quiso decir que estás llamado a amar como Jesús amó, y estar dispuesto a sufrir haciendo lo correcto como Él lo hizo. El modelo que seguimos no es la expiación, sino el amor y el dolor. La relación que existe entre los dos es crucial. La substitución es la base de la imitación y no al revés. No ganamos nuestro perdón sufriendo como Jesús. Más bien somos librados para amar como Jesús porque nuestros pecados están perdonados. Porque Él sufrió por nosotros, nosotros podemos sufrir como Él.
De hecho Pedro dice, “Para esto [este camino de sufrimiento] fuisteis llamados.” Es nuestra vocación. No cometa el error de decir: “Oh, eso fue dirigido a esclavos con amos crueles y no se aplica a nosotros.” Ese es un error porque 1 Pedro 3:8–9 está dirigido a todos los creyentes y encierre un mismo argumento. “No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien bendigan, porque
para esto fueron llamados, para heredar una bendición.” Este no es solamente el llamado del esclavo;