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La tesis del perjuicio de la deliberación

4. INCAPACIDAD PARA RESOLVER CONFLICTOS: LOS DE-

4.2. La tesis del perjuicio de la deliberación

Esta otra tesis acepta que la deliberación no es inocua, pero afirma que, lejos de tener efectos positivos, generalmente es perjudicial recurrir a un procedimiento deliberativo para tomar decisiones políticas. Algunos críti- 01-CAPITULO 01•C 29/9/06 13:09 Página 35

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92 Ésta es tal vez la versión más extendida de la crítica de la incapacidad para resolver con-

flictos. Véanse, por ejemplo, KNIGHTy JOHNSON, 1997: 286; PRZEWORSKI, 1998 y 1999; JOHNSON,

1998; GAMBETTA, 1998: 21; SHAPIRO, 1999a: 31, y 2002: 121-125; y BELL, 1999. Uno de los deli- berativistas que se ha ocupado de este problema es, de nuevo, SUNSTEIN, 1985 y sobre todo 2000,

2001: cap. 3, y 2002. También GUTMANNy THOMPSON, 1996: 44, y 2004: 53-56.

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UNSTEIN, 2002: 81. Esto significa dos cosas, según el propio SUNSTEIN. Por una parte,

que si pedimos que un grupo dé su opinión sobre una cuestión determinada antes y después de deliberar acerca de dicha cuestión, la respuesta posterior a la deliberación será más extrema en la dirección que marque la media de las opiniones previas de sus miembros. Y, en segundo lugar, que cada uno de los miembros del grupo mostrará esta misma tendencia hacia un punto extremo tras la deliberación.

94 La psicología social conoce bien este problema. Entre los diversos trabajos que cita S

UNS- TEIN, véase ZUBER, 1992.

95 Este último punto en concreto guarda relación con el problema de las «preferencias en

cascada», o las «cascadas sociales de información». Véase SUNSTEIN, 2001: 82-86, y 2002. Tam- bién SUNSTEIN, 1991 y 1993b.

96 Una deliberación de enclave («enclave deliberation») es la que se produce en el interior

de un grupo de forma aislada del resto de la sociedad.

cos de la democracia deliberativa han objetado que la discusión racional, precisamente por hacer más conscientes a los ciudadanos de sus diferencias sobre principios, y por refinar sus argumentos en favor de sus posiciones respectivas, incrementa el conflicto en lugar de mitigarlo, y el resultado es peor para todos, porque los ciudadanos, habiéndose reafirmado en sus creen- cias, se mostrarán más renuentes a aceptar decisiones políticas que no se adecuen a las mismas92. Esta tesis no necesita negar que la deliberación tam- bién puede producir algún efecto positivo, pero afirma que el balance neto entre los diversos efectos positivos y negativos termina siendo negativo. Los trabajos de SUNSTEIN respecto a la denominada «polarización de grupos» son realmente cruciales en este punto. Según SUNSTEIN, «la pola- rización de grupos significa que los miembros de un grupo deliberante se desplazarán hacia un punto más extremo en la dirección indicada por las tendencias predeliberativas de sus miembros»93. Existen diversos estudios empíricos que abonan esta tesis94. Y este fenómeno ocurre, sobre todo en grupos homogéneos y con fuertes lazos sociales, a través de dos mecanis- mos: a) «las influencias sociales sobre el comportamiento, y en particular sobre el deseo de la gente de mantener su reputación y la buena concep- ción de sí mismos», y b) lo limitado de los «repertorios de argumentos» disponibles al interior de un grupo, y las direcciones en que estos argu- mentos limitados conducen a los miembros de ese grupo95. El problema tiene que ver con complejos mecanismos de identidad colectiva, con la rea- firmación de las propias opiniones cuando se contrasta con opiniones seme- jantes, y con las deficiencias de información y de comparación inter-grupal. En realidad, como el propio SUNSTEINrevela, el problema de la pola- rización de grupos se produce cuando la deliberación que la acentúa es informal o cuando se trata de una «deliberación de enclave»96. Esto es,

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97 En este mismo sentido, WALDRON, 1999a: esp. 92.

cuando no se produce realmente un genuino intercambio de argumentos con ciudadanos que mantengan posiciones diferentes a las nuestras, cuando no incluimos en la deliberación a todas las voces disonantes, cuando los grupos son demasiado homogéneos, cuando no se aseguran canales de con- traste de información, cuando las opiniones de inicio ya están muy ses- gadas, etc. Bajo estas circunstancias, muy alejadas del procedimiento ideal deliberativo, ciertamente se produce una polarización irracional de las opi- niones después de deliberar (informalmente), el conflicto se acentúa, y la deliberación, lejos de cumplir con sus objetivos, acentúa los problemas que intentaba resolver. Pero entonces la culpa no es del modelo, sino de las malas aproximaciones al mismo. Efectivamente, en algunas circuns- tancias, lo que podría parecer una aproximación al ideal puede producir resultados contraproducentes. Pero esto sólo significa que debemos ser cuidadosos a la hora de diseñar institucionalmente las aplicaciones del modelo. Una deliberación interna en un partido político, por ejemplo, será un mal procedimiento deliberativo a menos que puedan intervenir voces lo suficientemente discordantes para neutralizar el efecto de la polariza- ción de grupos y se preserve así el pluralismo. En ese sentido, este fenó- meno nos ofrece una nueva razón por la que la heterogeneidad, el plura- lismo y la existencia de desacuerdos sociales básicos deben ser considerados valiosos97.

Por supuesto que no todo el perjuicio que puede causar la delibera- ción deriva de la polarización de grupos. Como advierten algunos de los críticos que han defendido esta tesis, la deliberación puede incrementar el conflicto social, lejos de reducirlo, ya que al ser más conscientes de sus propias preferencias, los ciudadanos comprenden mejor sus diferencias. No obstante, y aunque aceptemos que en casos circunstanciales (y provi- sionalmente) la deliberación puede tener ese efecto de intensificación de un conflicto, no veo cómo puede sostenerse que es malo que los ciudada- nos dispongan de mayor información acerca de lo que ellos y los demás defienden, refinen sus propias preferencias, y sean más racionales en su acción pública. Es decir, aun si la tesis del perjuicio de la deliberación fuera cierta en algunos casos en términos de acentuar el conflicto social, no veo como, ni siquiera para dichos casos, podría defenderse un modelo inverso basado en mantener a los ciudadanos en la ignorancia y preservar las incoherencias e irracionalidades de sus opiniones y preferencias.

La objeción de la incapacidad para resolver las críticas, en ninguna de sus dos tesis, plantea serios problemas para la democracia deliberativa. Pone de manifiesto, efectivamente, que la deliberación no puede aspirar a resolver todos los conflictos de nuestras sociedades, algo que aceptan los 01-CAPITULO 01•C 29/9/06 13:09 Página 37

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propios defensores del modelo. Muestra también la fuerte persistencia de algunos desacuerdos sociales, que a su vez indican el hecho del plura- lismo. Y, sobre todo, nos enseña cómo este hecho del pluralismo y la exis- tencia de los desacuerdos posteriores a la deliberación, lejos de ser un pro- blema para el ideal democrático deliberativo, es uno de sus principales motores.

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