capítulo4 La filosofía helenística
4.8. La tradición peripatética
La escuela de Aristóteles es conocida bajo dos denominaciones: Liceo, como dijimos, el gimnasio público en el Licabeto donde enseñaba el estagirita y que se encontraba en la zona del santuario de Apolo Liceo, y Peripato o peripatéti cos, por la costumbre de enseñar “paseando” por los pórticos, en este caso de los gimnasios públicos. Esta última denominación para los sucesores de Aris tóteles se aplica ya desde inicios del siglo II I a. C.
La historia del aristotelismo es más simple que la del platonismo, con el cual viene a confluir a fines del mundo antiguo, ya que, poco a poco, sobre todo con los neoplatónicos se hará de la lectura de Aristóteles, fundamental mente de las obras de lógica, la preparación de la lectura de Platón, en el mar co de un programa de estudio bien estructurado. Con este espíritu continua rá la lectura de los tratados de Aristóteles en el imperio bizantino, en el que aristotelismo y platonismo fueron alternativamente privilegiados en función de las luchas políticas y querellas teológicas de la época.
Como maestro del Liceo Aristóteles tuvo como discípulos, e incluso a veces como colaboradores, entre otros, a Eudemo de Rodas (segunda mitad del siglo IV a. C.), Dicearco de Mesene (rv a. C.), Aristoxeno de Tarento (iv a. C.), Clear- co (c. 340-C.250 a. C.) y Fanias de Ereso (iv a. C.). A la muerte del estagirita ellos continuaron su labor enciclopédica en los más variados dominios: eco nomía, física, política, ética, historia literaria e historia en su sentido más estric to. A diferencia de Teofrasto, de quien después hablaremos y del que se con servan un número importante de fragmentos, los autores citados no son casi
más que nombres para nosotros. Sus obras no son conocidas más que por tes timonios la mayoría de las veces de eruditos que sospechamos que nos han transmitido una imagen un tanto deformada.
De forma muy general se puede decir que Aristóteles orientó a los miem bros de su escuela no sólo hacia la recopilación y exposición de las opiniones de sus predecesores en el terreno de la filosofía, sino también hacia el domi nio de las ciencias especializadas de la época, matemáticas, física, historia natu ral, geografía, medicina, gramática, retórica, etc. Estas directrices del maestro llevaron a diversos discípulos a ser cabezas de distintos géneros: Teofrasto del doxográfico, o recopilación de las “opiniones” de los antecesores filosóficos, Aristóxeno y Fanias del biográfico, Demetrio Faléreo de la erudición alejan drina, Soción estaría a la cabeza del género de las “sucesiones”, esto es, del estudio y exposición de la transmisión de la jefatura de las escuelas de unos a otros, etc. Y sobre todo se conformó el género de la historia en sus formas más diversas: la historia de las matemáticas con Eudemo, la de las ciencias naturales con Clearco, la historia literaria con Cameleonte, Duris, Linceo y Jerónim o de Rodas, el género de las historias de las civilizaciones con Dicear- co y su Vida de Grecia en tres libros, que abarcaba desde la mítica edad de oro a Alejandro Magno.
Tras la m uerte de A ristóteles en el 3 2 2 a. C ., el Peripato conservó un fuerte brillo, com o veremos, con su sucesor Teofrasto. Mas a la m uerte del sucesor de éste, Estratón de Lámpsaco, el declive del Liceo, que encontra ba ya fuerte com petencia con la Estoa de Zenón y el Jardín de Epicuro, se aceleró. No se cultiva prácticamente más que la retórica y una especie de éti ca popular sin gran profundidad filosófica. Sólo subsistieron disciplinas como la historia literaria, que se interesa más por la anécdota que por la investiga
ción en profundidad. En esta época hemos de advertir que se conocía prác ticamente el Aristóteles “exotérico” más que el “esotérico” o el de los escri tos escolares.
A la muerte de Aristóteles Teofrasto de Ereso en Lesbos (370-c. 2 8 8 a. C.) toma la dirección de la escuela hasta su muerte. El número de alumnos fue aumentando hasta la cifra, se dice, de dos mil. Las obras de Teofrasto fueron muy numerosas. Diógenes Laercio (V 42-51) le atribuye 2 2 5 y abarcan trata dos de lógica, metafísica, física, ética, historia natural y en especial de botáni ca, mineralogía, política y derecho. Sobre todo conservamos para nuestro pro pósito su Historia de las plantas, Sobre las causas de las plantas, M etafísica y los
Caracteres (una colección de treinta caracteres, más bien tipos, de hombres de comportamiento social anómalo), entre otras, que muestran la voluntad del discípulo de seguir la impronta del maestro: no abandonar las ciencias particu lares y el empirismo, características de esta escuela.
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Particular interés tiene para nuestro propósito la Metafísica. Esta obra tie ne por objeto la doctrina de los principios examinada a partir del problema de las relaciones entre lo inteligible y lo sensible. El discípulo de Aristóteles, que rechaza el cone drástico entre ambos mundos de Platón, critica asimismo la teo ría del Primer Motor inmóvil de su maestro. Para Teofrasto la automotricidad del cielo, que está dotado de alma, es suficiente para dar cuenta de ese movi miento. Como vemos Teofrasto no siguió en todo fielmente al maestro. Así, por una parte, admite la definición aristotélica del tiempo, pero no la del lugar. No es seguro que rechazara el éter aristotélico como quinto elemento. Además, Teofrasto prosiguió y desarrolló el estudio de la lógica formal aristotélica, aun que propuso una simplificación de la lógica de la posibilidad y necesidad. En el terreno de la ética parece que permaneció fiel a su maestro. Finalmente Teo frasto recopiló las opiniones de sus predecesores sobre el universo y sobre la percepción sensible (Opiniones de los físicos). Esta obra, en su inmensa mayoría perdida, es la base de la tradición doxográfica posterior, fundamental, por ejem plo, para el conocimiento de los presocráticos.
A la muerte de Teofrasto asume la dirección del Liceo entre el 287/286 y 2 6 9 a. C. Estratón de Lámpsaco, alumno de Teofrasto y preceptor de Ptolomeo Filadelfo, quien vuelve a discutir el problema del espacio, la existencia de un tiempo absoluto, la teleología aristotélica, la inmortalidad del alma o el motor inmóvil, cayendo en el monismo mecanicista. Diógenes Laercio (V 5 8 -6 4 ) le atribuye el habitual conjunto de obras sobre lógica (Categorías, Sobre el prime
ro y el segundo), zoología (Sobre la producción de animales), medicina (Sobre las
enfermedades), ética (Sobre elbien, Sobre el placer), etc., obras de las que sólo nos quedan fragmentos. Sus ataques al Fedón y al libro X de las Leyes de Platón pare cen haber contribuido en no poca medida a la disociación entre platonismo y aristotelismo. Para explicar la actividad del alma, Estratón habría llegado a uti lizar la noción de pneúma, que Aristóteles y Teofrasto habían invocado para algu nos procesos corpóreos. Según él sería a partir de la parte rectora del alma, esto es, de la razón, como el pneúma se extiende a través del cuerpo. Su labor en el terreno de la física y cosmología fue grande, de ahí que se le llamara también “el físico”. Como Aristóteles, concibe el universo como único, no creado y geo céntrico, pero admite la noción de vacío en él. Digna de mención es también, por ejemplo, su noción de que la formación de los estrechos, como los del Bos foro, Dardanelos o Gibraltar, se debía a la existencia de presiones a escala de mares y continentes, que habrían hecho que se quebraran los istmos.
Como sucesor de Estratón aparece Licón (c. 302/298-228/224 a. C.) de Tróade (Diógenes Laercio V 65-74), hombre de mundo y bien relacionado, pero que no estaba a la altura de sus maestros. Con él se inicia un largo período de declive de la escuela peripatética. Cicerón lo consideraba un excelente orador,
pero que tenía poco que enseñar. Le faltaba además, según Cicerón, el peso de la autoridad. Licón dejó algunos escritos, de los que conservamos fragmentos, sin que sepamos a ciencia cierta a qué obras adjudicarlos. Durante su magis terio acudió a la escuela un protegido de Antigono Gónatas, Jerónimo de Rodas, quien habría vivido en Atenas entre 2 9 0 -2 3 0 a. C. Su obra, que comprende un gran número de títulos, plantea numerosas cuestiones éticas y, sobre todo, lite rarias.
Originario de Yúlide en la isla de Ceos, Aristón es citado como testigo en el testamento de Licón, al cual sucedió al frente del Liceo. Sólo conservamos de él también fragmentos. Ya en la antigüedad se debatía si las obras que se transmitían bajo su nombre eran de él o de su homónimo estoico Aristón de Quíos (Diógenes Laercio V I I 163).
En cuanto a Critolao, que habría dirigido asimismo el Liceo, es sobre todo conocido por haber participado junto con el académico Caméades y el estoi co Diógenes de Babilonia en la embajada ateniense a Roma en 156-155 a. C., de la que hablamos en el apartado correspondiente. Ahora bien, entre la muer te de Licón y la embajada a Roma median unos setenta años, por lo que la cues tión es saber quién dirigió el Liceo entre Aristón y Critolao. Se han sugerido los nombres de Prítanis y Formión, pero la duda persiste. Critolao habría defendi do dentro del aristotelismo la eternidad del mundo, la existencia del quinto elemento y la conveniencia de la posesión de bienes externos con vistas a la felicidad. Para él el alma estaría constituida por éter. Sostenía que aquélla se conseguía por la conjunción de tres elementos o categorías de bienes: del alma, del cuerpo y bienes externos.
Este primer declive del aristotelismo, como decíamos, quizá se explique por la carencia de una doctrina bien estructurada que hiciera frente al estoi cismo, al epicureismo y al escepticismo. Una debilidad tal hay autores que la explican en tanto que en esta primera época postaristotélica no se conocían los escritos escolares de Aristóteles, sino que éste era accesible sobre todo por su obra exotérica dos diálogos) y los resúmenes que circulaban de su pensamiento. Incluso una vez aparecida la edición de Andrónico de Rodas, el conocimiento del estagirita seguía siendo sobre todo por los resúmenes, como lo testimonia Nicolao de Damasco, que escribió obras históricas y etnográficas en la corte de Herodes a fines del 1 a. C.
Poco antes de mediados del i a. C. retoma fuerzas de nuevo la historia del aristotelismo griego, acompañada por un interés por sus escritos “esotéricos” o escolares. Para explicar este renovado interés se cuenta la historia siguiente, cuyas fuentes principales son Estrabón y Plutarco. Lo que nos dice Estrabón
es que Teofrasto legó la biblioteca de Aristóteles a Neleo, hijo de Coliseo, que La
fi lo so fí a h e le n ís ti ca e im pe ri a l
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la llevó a Escepsis, en Asia Menor, y la transmitió a sus descendientes. Teofras- to añade que esta biblioteca incluía también los escritos aristotélicos. Allí los herederos, que no eran filósofos, habrían ocultado los escritos ante el temor de que acabaran en la biblioteca de Pérgamo. En su escondite los libros sufrieron daños importantes. Tras largo tiempo, tanto los escritos de Teofrasto como de Aristóteles fueron vendidos a un bibliófilo, Apelicón de Teos, quien intentó repararlos, hizo copias y los pubEcó, se dice, Henos de errores. En el año 8 7 a. C. Sila entra en Atenas y en el botín que consigue está la biblioteca de Apelicón que es trasladada a Roma. En Roma ya el gramático liranión, un admirador del estagirita, trabajó sobre el texto aristotélico e hizo copia. Mas n o es hasta 4 0 -2 0 a. C., en opinión de Düring, aunque Moraux sitúa la fecha antes del 50 a. C ., cuando Andrónico de Rodas editó en Roma las obras escolares de Aristóteles, las clasificó, las parafraseó y las comentó.
A partir de este momento comienza una larga cadena de comentaristas que comprende dos períodos. El primero entre los siglos I a mediados del m d. C. y el segundo de mediados del m al vi d. C., propiamente el período neoplató nico. El primer período de los comentaristas se podría caracterizar como el de la “ortodoxia.” Los peripatéticos de este período intentan explicar lo que dice el estagirita, quieren permanecer fieles a sus enseñanzas y defender la autono mía de su escuela frente a platónicos y estoicos. Para ellos la “verdad” la des cubrió Aristóteles y la expuso en su obra, sólo hay que saber aprehenderla e interpretarla. Enseñar filosofía es explicar la obra de Aristóteles. Esta es la razón por la que la mayor parte de las obras peripatéticas de este período son pará frasis, comentarios y estudios centrados en el texto del maestro de Alejandro. De la enorme producción que vio la luz en esta época al respecto no lia que dado mucho, probablemente porque el nivel alcanzado es medio, aparte del problema de la transmisión de la literatura griega en sí. La producción de la escuela abunda en paráfrasis, también denominada metáfrasis, procedimiento retórico consistente en utilizar palabras distintas al autor base pero conservan do el pensamiento del mismo.
Andrónico de Rodas y su discípulo Boeto de Sidón - d e los tiempos de Augusto y a la muerte del maestro cabeza de la escuela en Atenas- escribieron fundamentalmente sobre las Categorías de Aristóteles, así como Alejandro de Egas, maestro de Nerón. Todos estos comentarios se han perdido. El primer comentario conservado es el de Aspasio, de la primera mitad del i¡ d. C. Poco se sabe de él. Galeno fue discípulo suyo en Pérgamo c. 143 d. C. Fue conoci do y utilizado por Alejandro de Afrodisiade y Plotino. Sólo una parte del comen tario de Aspasio a la Ética Nicomaquea se ha conservado por tradición directa. Frente a la imperturbabilidad estoica en el terreno de las pasiones, los peripa téticos recomendaban la mesura (metriopátheia) .
Ahora bien, el más importante comentarista aristotélico de esta época es Alejandro de Afrodisiade, de quien sabemos pocos datos biográficos concre
tos, pero sí que enseñaba en Atenas en tiempos de Septimio Severo, entre el 198 y el 2 11 d. C. Escribió numerosos comentarios a Aristóteles, de los cua les nos han llegado los centrados en M etafísica Oos cinco primeros libros),
Tópicos, Analíticos Primeros, Meteorológicos y en el tratado Sobre el sentido, apar te de tratados suyos especulativos, com o Sobre el alm a, Problem as, Sobre el
destino y Sobre la mezcla, siendo el primero citado el de mayor envergadura especulativa.
Se piensa que en respuesta al platónico Atico Alejandro desarrolló su teo ría de la Providencia. En oposición a platónicos y estoicos Alejandro piensa que la providencia se ejerce desde el cielo al mundo sublunar, sometido a la gene ración y corrupción, pero que ella no hace más que velar por la perpetuación de las especies naturales, sin entrometerse en cuestiones particulares. También en oposición a los estoicos piensa que no existe un destino inexorable. Inclu so se opone en el campo del alma a la concepción platónica de un alma como entidad separada e inmaterial y a los epicúreos en el sentido materialista de ella y, por supuesto, niega la inmortalidad personal.
Después de Alejandro de Afrodisiade, el aristotelismo conoce u n nuevo declive, quizá provocado porque la escuela se centraba casi exclusivamente en el comentario del maestro y no tenía atractivo frente a enseñanzas como el pla tonismo que se impregna en esa época de pitagorismo y misticismo, resultan do más atrayente para los intelectuales. Pero ello no significa el fin del aristo telismo, que se perpetúa, pero en el seno del platonism o. Se tiende a una “sinfonía” entre Platón y Aristóteles, como una verdad única que oponer al exclusivista pensamiento cristiano, y ello lo realizará el neoplatonismo, en las escuelas de Alejandría y Atenas. Mas, aunque no era su actividad primordial, no queremos dejar de mencionar en este campo la figura de Temistio (317-388 d. C.), un miembro de la clase senatorial en Constantinopla, ligado a los círcu los imperiales, quien compuso no pocas obras resumiendo las teorías aristoté licas. Fue de los escasos que mantuvo, en plena efervescencia del neoplato nismo, el sello aristotélico. Por tradición griega conservamos la paráfrasis de los
Analíticos segundos, Física y Sobre el alm a, mientras que por tradición hebrea conservamos su paráfrasis del tratado Sobre el cielo y del libro XII de la Metafí
sica, aparte de versiones árabes del mismo libro de la Metafísica y de una parte del tratado Sobre el alma. Quizá la contribución de Temistio a la historia de la filosofía griega no sea su originalidad, pero sí el formato divulgativo que impri mió a sus obras de contenido filosófico.
Pero, como decíamos, las obras de Aristóteles pervivieron a partir del ni d. C. sobre todo en el seno de la escuela neoplatónica. Las obras de Aristóteles
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continuaron siendo estudiadas por quienes querían ser “ortodoxos” platóni cos, los neoplatónicos, pero más bien para contar con una metodología lógica y explicar el mundo sensible en oposición al inteligible. La integración de Aris tóteles en el programa de estudios de las escuelas neoplatónicas de Atenas y Alejandría lleva a no pocos neoplatónicos a interesarse por el pensamiento en sí del estagirita. Así tenemos la Isagoge de Porfirio, esto es, la Introducción a las
Categorías de Aristóteles, redactada durante la estancia del neoplatónico en Sici lia a instancias de un discípulo y que fue muy difundida y considerada duran te siglos como obra básica para entender la lógica aristotélica. El estudiante de las escuelas de Atenas y Alejandría, tras la lectura del tratado de Porfirio, en los temas dedicados a Aristóteles, seguía con la lectura de las Categorías, Sobre la
interpretación y Analíticos Primeros. El profesor comentaba estos textos en cla se, lo que supone que contaba con un ejemplar del tratado aristotélico en cues tión, aparte del que existiera en la biblioteca del centro. Tras el estudio de Aris tóteles ya se pasaba al estudio de Platón, que comenzaba con un análisis de su biografía, una introducción a su filosofía, y el comentario de, sobre todo, doce diálogos: Alcibiades I, Gorgias, Fedón, Crátilo, Teeteto, Sofista, Político, Fedro, Ban
quete, Filebo, Timeo y Parménides, todo lo cual abordaremos en el apartado dedi cado al neoplatonismo.
Ya en pleno mundo bizantino la tradición peripatética se retoma con Esté- fano, quien antes de trasladarse a Constantinopla enseñó en Alejandría, de quien poseemos un comentario Sobre la interpretación y otro sobre el libro ter cero de Sobre el alm a. Con él una nueva época en la interpretación aristotélica comienza, cuyas cimas posteriores en griego serán figuras como Focio, Aretas, Zacarías, Pselo, Teodoro Pródomo, etc.