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1. EL CONTEXTO GENERAL DEL ÁREA DE ESTUDIO

1.6. Los componentes bioedafológicos

1.6.2. La vegetación

La Depresión del Ebro se engloba dentro de la región biogeográfica mediterránea, cuyos rasgos climáticos -temperaturas contrastadas, escasez e irregularidad de las lluvias, etc.- constituyen un importante condicionante para la vida vegetal (Gómez, 1997). Desde un punto de vista biogeográfico, es posible diferenciar dos sectores en la zona de estudio:

• Por una parte, los afloramientos de yesos parcialmente cubiertos por las terrazas fluviales, así como los conos aluviales compuestos de limos yesíferos procedentes del relleno de las vales. Ambos pertenecen al piso mesomediterráneo, que es el que mayor extensión territorial alcanza en la Península Ibérica.

• Por la otra, la llanura aluvial del Ebro, situada al pie del escarpe principal de yesos, perteneciente a las geoseries edafófilas mediterráneas, más concretamente a las geomegaseries riparias mediterráneas, aunque dominan en esta zona tan fértil y accesible los cultivos de regadío.

Por otro lado, la particular configuración del relieve y de la red fluvial, así como los contrastes litológicos, contribuyen a matizar el reparto particular de la cubierta vegetal en este territorio, que a grandes rasgos se organiza en varios ambientes contrastados: estepa, coscojares y enebrales, pinares, sabinares y formaciones de ribera.

De esta forma, en el centro de la cuenca, los rasgos semiáridos y el sustrato básicamente arcilloso-yesífero, favorecen el desarrollo de herbazales y matorrales, adaptados a soportar temperaturas contrastadas, una elevada evapotranspiración y la escasez e irregularidad de las precipitaciones a lo largo del año, variando en su composición específica en función de la litología, la concentración de nitratos, humedad, y/o salinidad en el sustrato.

Este ambiente denominado estepario, domina en la mayor parte de la Depresión del Ebro, dando lugar a formaciones xerófilas de bajo porte (romerales, coscojares y enebrales), donde predominan especies como

Rosmarinus officinalis –romero-, Cistus clusii –jarilla-, Lygeum spartum

–albardín-, Thymus vulgaris –tomillo-, acompañados en ocasiones por ejemplares o pequeños rodales de Quercus coccifera –coscoja-, Juniperus

phoenica –sabina negra- y Juniperus oxycedrus –enebro-, todas ellas sobre las

terrazas altas. Junto a éstos abundan también los matorrales nitrófilos representados por especies como Artemisia herba-alba –ontina- o Salsola

vermiculata –sisallo-, que crecen en aquellos espacios que se han visto y/o se

Al mismo tiempo, la intensa erosión que ha tenido y tiene lugar en el sector central de la Depresión del Ebro, ha propiciado el afloramiento permanente del sustrato yesífero, lo que ha provocado a su vez la proliferación en este ámbito de especies gipsófilas totalmente adaptadas tanto a los condicionantes climáticos como, sobre todo, a los edáficos. Estas especies vegetales gipsófilas como Gypsophila hispanica –albada-, Ononis tridentata –asnallo- y

Helianthemum squamatum –jara de escamillas- se desarrollan sobre los yesos

del centro de la Depresión del Ebro, haciéndolas poco comunes a nivel europeo, por lo que alcanzan un gran valor ambiental a este sector dado el elevado número de endemismo vegetales que en él se encuentran.

Por su parte, los espacios con suelos salinos están cubiertos por especies halófilas adaptadas a unas concentraciones de sales que resultan nocivas para el resto de comunidades vegetales. Los taxones dominantes son Suaeda vera –sosa prima-, Atrocnemun macrostachyum –alacranera- y el género Limonium, mientras que la única vegetación halófila de porte arbóreo aquí representada es del género Tamarix –tamariz-, que se instala en enclaves húmedos como las vales y barrancos o los márgenes de las depresiones (Fot. 13).

En este sector, las formaciones arbóreas quedan recluidas a enclaves donde los factores ambientales son más propicios para su desarrollo, como en las cotas más elevadas, constituidas por las plataformas estructurales o muelas, que alcanzan altitudes de 600-800 m.s.n.m. y donde se localizan formaciones de Pinus halepensis –pino carrasco- como árbol predominante y al que acompañan Quercus ilex –carrasca- y Quercus coccífera –coscoja-.

No obstante en altitudes inferiores y en el sector monegrino, en torno a 300 m.s.n.m, es posible observar formaciones de Juniperus thurifera –sabina albar-, ocupando el territorio potencial del pino carrasco, que al ser menos tolerante a heladas y bajas temperaturas que se originan por efecto de las frecuentes inversiones térmicas que aquí se producen, dejan su lugar a estos sabinares que son más propios de parameras y territorios más elevados.

Por su parte, los ecosistemas fluviales tienen un gran valor ecológico debido a su función de corredor biológico, contraste paisajístico y carácter azonal, ya que no dependen tanto de los factores climáticos como de la proximidad de la humedad freática.

En el sector central de la Depresión del Ebro, este tipo de formación vegetal de ribera establece un gran contraste con la vegetación esclerófila que le rodea, lo que le confiere un enorme valor paisajístico y ecológico, convirtiéndose en hábitat de un amplio número de especies vegetales y animales.

El área de estudio se encuentra surcada por el tramo medio del Ebro y los tramos bajos de los ríos Gállego, Jalón y Huerva. En sus llanuras de inundación y allí donde no existe demasiada presión humana sobre el cauce del río, quedan recluidos los escasos reductos de bosque de ribera (sotos), junto al resto de formaciones propias de ribera, disponiéndose en bandas longitudinales al cauce en función de la distancia al nivel freático. En estos sotos dominan las formaciones de Populus nigra -chopo-, con ejemplares de

Populus alba -álamo-, Fraxinus angustifolia -fresno-, Salix alba -sauce-, Ulmus minor –olmo-, así como algunos del género Tamarix (Ollero, 1996; Longares,

2004).

Este tipo de comunidades vegetales, desempeña una importante función en la dinámica fluvial, protegiendo las márgenes de la erosión, fundamentalmente

Fot. 13. Contraste entre la vegetación existente sobre los yesos y llanura aluvial del río principal y los rellenos limosos de los cursos secundarios.

durante los eventos de avenida, fijando el terreno con sus raíces y contribuyendo a favorecer los procesos de sedimentación por decantación y por tanto a enriquecer los suelos.

Por otro lado, la llanura de inundación de los cauces ha sido el espacio más castigado desde el punto de vista natural. En él la proliferación de cultivos y obras de regulación de la cuenca en lo que a los eventos de crecida se refiere, han favorecido que los cultivos de regadío y plantaciones de chopos hayan ido invadiendo cada vez más terrenos de la llanura aluvial del río (Ollero, 1996). En este ambiente, destacan los meandros abandonados o galachos, con una flora mucho más diversa y en la actualidad bajo figuras de protección del medio natural al albergar un complejo mosaico de comunidades vegetales que responden a las variaciones de humedad, pedregosidad y salinidad del sustrato.

Aquellas zonas que permanecen encharcadas de modo casi permanente aparecen pobladas por Phragmites australis –carrizo-, en ocasiones acompañados por Typha angustifolia y Typha latifolia –anea-. Por su parte, las áreas más próximas a la orilla, donde las inundaciones ocurren periódicamente, están ocupadas por Tamarix gallica –tamarindo- y Paspalum dilatatum –pasto miel-, mientras que en áreas más alejadas de la orilla, donde las inundaciones ocurren de manera esporádica, aparecen de nuevo los Tamarix gallica, pero esta vez acompañados de Dittrichia viscosa –hierba mosquera-.

Por otro lado, en las zonas con un sustrato fundamentalmente limoso, la vegetación dominante está compuesta por diversas especies de juncos, acompañadas de Scirpus holoschoenus –junco- y Phalaris arundinacea – phalaris-, mientras que allí donde predomina un sustrato de tipo arenoso pueden desarrollarse gramíneas como Erianthus ravennae –erianto- e Imperata

cilíndrica –sujo-. Por su parte, en las áreas donde el sustrato está constituido

casi exclusivamente por guijarros, la especie vegetal más característica es la

Retama sphaerocarpa –retama-, que suele estar acompañada por Tamarix gallica en aquellas áreas donde la humedad se encuentra a una profundidad

Las actividades antrópicas, fundamentalmente con la extracción de áridos, el pastoreo y la agricultura, han favorecido la mezcla de especies y comunidades vegetales (Castro et al., 2001).

No hay que olvidar, en estos ambientes semiáridos, la presencia de tapices liquénicos –costra biológica- que adquieren una gran importancia gracias a su labor protectora frente a la erosión del viento o del agua en sus diversas formas –escorrentía, gotas de lluvia, nieve, cristales de hielo…-. Estos se ubican preferentemente sobre las costras yesíferas que se forman en la superficie de los suelos del área de estudio, siendo las especies más importantes Diplochistes diacapsis, Psora saviazzi, Fulgencia desertorum,

Fulgencia poelti, Acaspora nodulosa, Buellia zohasissima y Acarospora placodiiformis. Mientras, sobre los lapiaces desnudos se instalan unos líquenes

endémicos de los yesos peninsulares de tipo incrustante: Lecida gypsicola y

Lecida ariínariodes, y sobre los taludes con orientación norte u oeste, aparece Lepraria crassissima, un liquen que forma medallones coalescentes

aprovechando condiciones de mayor humedad y menor insolación (Desir, 2001) (Fot. 14).

2. LOS ESTUDIOS DEL HOLOCENO Y LA APLICACIÓN DE LA

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