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5 2 La vida del blanco en la tierra del negro

I I. 2 La literatura de viaje rumana

II. 5 2 La vida del blanco en la tierra del negro

Central.

Versión española por R. Besora

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• Sinopsis del libro71

El título explícito nos proporciona desde el principio el tema del relato, o mejor dicho, la segunda parte del enuncio "Narraciones de una expedición al África Occidental y Central" da pistas al lector de que en el libro se trate de un viaje al África negra.

La organización de las partes del relato se hace según el itinerario del viajero-autor, la ruta del viaje empieza en Dakar, pasa por San Luis, Caulac, Salum, Dubreka, Buffa, Guinea española, Gabón, Congo belga y Angola. El autor narra su primera aventura al continente africano y describe las ciudades, los pueblos visitados, hace una descripción detallada de los indígenas, de sus costumbres, comparándola con la vida de los blancos que viven en aquel entonces en las tierras salvajes.

En el prólogo Ticán habla del viaje en tren hacia Rumania para pasar la Navidad en Bucarest y del viaje en sentido inverso, lo igual en tren hasta Lisboa, término del viaje terrestre. Allí embarca a bordo del “Cap Polonio”, hace la primera escala en Río de Janeiro “ciudad que bien merece el nombre de bellísima”, la segunda, en “la populosa Sao Paulo” y la tercera, en “la preciosa

71 Descripción bibliográfica y paratextual

- Barcelona: Lux, 1927. - 2 Volúmenes, il. ; 20cm. - Prólogo.

- Vol. I, 28 partes. - Vol. II, 34 partes.

capital de Uruguay”. El 17 de febrero embarca en Buenos Aires en el trasatlántico francés “Ceylán”. A los pocos días de navegación, se declara una epidemia, el personal de al bordo tiene que luchar sin tregua contra la implacable enfermedad que diariamente hace víctimas, le parece despertarse de una pesadilla cuando:

"a los diez y siete días de navegación apareció ante la proa el

suave perfil de la costa africana. Pocas horas después fondeaba el buque en Dakar, capital de Senegal, primera etapa de mi viaje". (ob. cit., Vol. I: 17)

Como cada europeo que llega, Ticán choca desde el principio con el calor de un sol que abrasa, y el cual no se puede afrontar desde las diez de la mañana hasta por allá de las cuatro de la tarde, cuando cesa la actividad del europeo, que permanece encerrado en su casa. En cambio, de noche, hace frío y la humedad es insoportable, no se puede dormir con las ventanas abiertas porque penetra por ellas el aire saturado de agua.

Allí, en Dakar, en el “Café Metropol”, Ticán conoce a M. Lucien Lepesteur du Champeri, capitán retirado del ejército francés, entusiasta del África y de las grandes cacerías de leones, panteras, cocodrilos, leopardos, búfalos, el cual es uno de los primeros blancos conocidos por el autor, y en el cual encuentra al más amable de los guías, visitando en su compañía el mercado central, la Mezquita, el cuartel de los tiradores senegaleses.

Los relatos de las numerosas cacerías de M. Lapesteur, las verdaderas lecciones de cinegética, hacen que la excursión por tierras de África, “simple capricho de turista”, del viajero- Ticán, tomara mayores vuelos y un carácter que ni siquiera sospecha hasta entonces. Bajo la dirección y consejos de su nuevo amigo, adquiere el armamento que requiere el arriesgado deporte y salen de Dakar en un Ford que guía un chofer negro.

Acompañados por Ticán, como testigo de lo que ha visto, realizamos un viaje virtual por las poblaciones y selva africanas de los años 30 del siglo

pasado, vivimos las emociones de la cacería de una diversidad de animales, jabalíes, gacelas, puercos espín, leones, hipopótamos. De San Luis de Senegal los viajeros llegan a “Toumbactá”, una aldea de negros. El jefe del pueblo Hamed Sec les facilita catorce personas para partir hacia la gran selva de “Budú”, donde quieren cazar leones. El autor nos narra su primera experiencia de cacería de leones, relata Ticán:

“…yo me veía en semejante trance por primera vez y mi miedo era terrible; no era dueño de mí mismo y el fusil se me caía de las manos. M. Lapesteur, más habituado que yo, conservaba su admirable sangre fría. Me dijo que yo debía tenerla también, porque la fiera no nos atacaría, mientras no la hiriéramos. ... Cuando yo vi que habíamos logrado matar un león, cobré un valor extraordinario.” (ob. cit., Vol. I, p.35)

Las descripciones de las ciudades, de los paisajes de la selva, la descripción del aspecto físico de los habitantes, de las costumbres, de las casas indígenas y de los europeos construyen el espacio de la narración de los sucesos del viaje, proporcionando al mismo tiempo una rica información antropológica, geográfica e histórica del continente africano. Como dice el mismo autor, “el trayecto fue penoso, pero interesante y grato; el camino era fatigoso, pero agradable, pero el afán de conocer le hacía soportar todo”.

Describiendo los grandes peligros de la cacería, Ticán habla de las fechorías de los búfalos, reproduciendo las explicaciones de un naturalista español, explicando que la ferocidad es la necesidad de vivir y defender la vida. Encontramos en estos capítulos algunas reflexiones del autor sobre la inteligencia y el valor de los animales para defenderse. En adelante el escritor introduce un capítulo dedicado al tema de la antropofagia, de la cual relata y en otras partes del libro.

Ticán ha dedicado mucho estudio y atención al asunto de la antropofagia, de la que por sí mismo ha visto y tocado muchos casos. Lo explica

de modo más extenso en diferentes capítulos del relato. Constata el hecho del canibalismo en la República de Liberia, Nigeria, Maic, Susu, Buffa, Boke, Cacuca, Buba, Falacunda, Rokuprú. El lector quedaría impresionado con el interviú del autor con una antropófaga de la Guinea portuguesa.

“Dicha mujer me dijo que había comido siempre carne humana

y que lo que más le gustaba eran los niños de cinco a siete años, de los cuales prefería, sobre todo, la cabeza y las piernas cocidas.” (ob. cit., p.63)

Ticán regresa a Dakar y desde allí emprende su segundo viaje en automóvil hacia el interior del África Occidental, en dirección a Bathurst, pasando por Ríofisco y Diurbel. Allí conoce a Geoge Brown que le invita a una partida de caza de panteras, describiendo emocionante su primer encuentro con una fiera tan feroz como la pantera que de verdad era un leopardo; el autor dedica unas páginas para darle conocer al lector las diferencias entre el leopardo y la pantera.

El itinerario del viajero incluye en adelante la visita de las colonias inglesas, empezando con Bathurst, después de pasar la "aduana", donde es revisado cuidadosamente su equipaje y es obligado dejar sus armas de fuego en voluntario depósito; según las leyes de allí, la introducción de las armas está prohibida, aunque son de primera necesidad por los peligrosos felinos que pueblan las selvas del interior.

Pero, guiado al azar, Ticán da pronto con la residencia de M. Oursel, agente consular de Francia en la colonia inglesa, que le ayuda recuperar sus armas, y le concede una licencia para el porte y el uso de las armas en el territorio colonial inglés. Allí toma parte en unas cacerías de “pacíficas perdices”. Se embarca en una “soberbe nave” para Sierra Leona.

En el buque viajan pocos europeos, menciona que baja del buque acompañado por M. Gerge Laffite, sin concretizar si se conocen allí, con quien prontamente le une estrecha amistad, aumentada si cabe por la similitud de sus aficiones y el deseo de recorrer las siempre misteriosas tierras del África

ecuatorial. M. Laffite se dirige al Congo belga, para desde allí internarse hacia la región de grandes selvas; “sus destinos eran, pues, comunes”.

El siguiente punto de la ruta del autor es Freetown, la capital de Sierra Leona, consiguiendo la licencia de caza, válida por ocho días, sale en una embarcación indígena a la vela con dirección a la más próxima factoría en Tombú. Allí, emprende tres cacerías, acompañado por Laffite y el dueño de la factoría, M. Galizia , el autor nos ofrece una narración impresionante de la caza de los tigres en la selva, “novato, el viajero, todavía en aquellos menesteres”.

El itinerario continúa en Cambia, Colea, Dubreka. A Dubreka Ticán dedica más páginas de su relato, debido a la descripción de la más cruel de las costumbres africanas, la bárbara ceremonia del “Ganza”:

“Intento describir la terrible emoción que sentí aquel día al

presenciar el “ganza”, costumbre bárbara que subsiste a pesar de la influencia de la civilización. Es incomprensible cómo en nuestros días - pues téngase en cuenta que presencié en mayo de 1926, lo que estoy relatando- sean todavía posibles las atrocidades de esta ceremonia, cuyo carácter no he podido poner en claro, pues en tanto que unos se lo atribuyen religioso, otros se lo dan unitario, si es posible emplear este calificativo.” (ob. cit., p.192)

Tumbados en palanquines, emprenden Ticán y Laffite la marcha hacia la Guinea francesa. Tres días pasan en Buffa “tratados a cuerpo de rey”. Ticán reanuda su narración acerca el tema de canibalismo en Boke, Cambia, Liberia, Cacine, relatando unas historias tremendas y horrorosas de verdad -“estoy

convencido de que hablé con un antropófago aquel día. Aquel negro habrá podido disimular su horrible instinto, pero tengo por cierto que hubiera acabado por hacerle decir la verdad que ocultaba”.

El lector encontrará en el libro un relato ameno de la caza de un hipopótamo, de la búsqueda fatigosa de los búfalos y de los días pasados en Cacine, recibidos con mucho honor por Verdu Martins.

A medida que avanza el tiempo, Ticán toma cariño a las “excursiones” por las tierras de África, y lo que tenía que ser una corta estancia en el Senegal, se había convertido en un proyecto de dar enteramente la vuelta al continente africano hasta llegar a Egipto. Pero, agitado por un deseo vehemente de volver a Europa, toma pasaje a bordo de un soberbio trasatlántico inglés que le conduce a Lisboa, después de diez meses regresa a la capital portuguesa. Contados días después, amanece en tierras de España, atraído por la nombradía mundial, “desembarca una mañana en Barcelona y siente entonces la alucinante impresión de un milagro, como si le hubieran transportado de pronto a su patria”.