La noticia sobre la compra de las acciones de Papel Prensa fue tapa de
Clarín en la edición del 11 de noviembre de 1976. El día anterior, cuando se 34. En efecto, las concesiones que el gobierno militar otorgó a los grandes diarios se articulan dentro de lo que Castellani (2004) denomina como el funcionamiento de un ámbito privilegiado de acumulación durante la última dictadura militar a través del cual la acción del Estado bene- durante la última dictadura militar a través del cual la acción del Estado bene- fició a grandes grupos económicos industriales. El funcionamiento de estos ámbitos determinó que ciertos grupos obtuvieran cuasi rentas de privilegio, originadas en las regulaciones estatales que le permitieron a las empresas fijar posiciones oligopólicas en sus mercados. En el caso de Papel Prensa, la cuasi renta de privilegio estaba asegurada por una política estatal de promoción industrial, de manera que esta empresa pasará a ser parte de la fracción empresaria “vinculada” al complejo económico estatal privado (Castellani 2004: 201-213). Hacia el final del “Proceso” se constata que durante la dictadura militar las empresas “vinculadas” habían obtenido tasas de rentabilidad mayores a aquellas que no lo habían estado (Castellani, 2004: 202). En 1983, Papel Prensa registraba la posición número 76 dentro del listado de las empresas argentinas que esta- ban vinculadas al complejo (Acevedo, Basualdo y Khavisse, 1990: 26; Castellani, 2004: 192), y constituirá un oligopolio sobre la producción de papel que perjudicó a diarios de circulación menor (Muraro, 1987: 28; sobre la protección diferencial que recibió la empresa, véase Azpiazu y Basualdo, 1990; Acevedo, Basualdo y Khavisse, 1990; 2004; Schvarzer, 1986). Por otra parte, el grupo empresario que manejaba al diario Clarín y a Papel Prensa pasó de controlar una sola empresa en 1976 a tener doce empresas vinculadas al grupo en 1983, mientras que sus sectores de actividad se diversificaron: editorial, inversora, inmobiliaria, agropecuaria, agencia de noticias y fabricación de papel (Acevedo, Basualdo y Khavisse, 1990: 26).
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había efectivizado el traspaso de acciones clase “A” de Fapel a los tres diarios, los representantes de los periódicos oficializaron la compra en un acto en la sede de ADEPA, donde dieron a conocer un comunicado informando sobre los beneficios de la transacción. Allí se destacaba la importancia de la operación para la “sustitución de importaciones”, ya que implicaría un ahorro de divisas para el país, y mencionaba que era voluntad de las empre- sas involucradas participar en el esfuerzo a todos los diarios que quisieran sumarse, en tanto se trataba de un beneficio para la “prensa en general”. En esa línea, señalaba que todos los diarios argentinos podrían producirse con papel nacional, consolidando la libertad de prensa. También hacía re- ferencia al esfuerzo económico que supondría el emprendimiento para los diarios involucrados, pero se mencionaba que se encaraba con “optimismo” dentro del “proceso abierto por las Fuerzas Armadas” que desafiaba “el in- genio y la iniciativa de todos aquellos compatriotas decididos a sumarse a las causas nobles y trascendentes que el país reclama para la consolidación de su destino” (Clarín, 11/11/1976).35
En forma idéntica, la tapa de Clarín presentaba la cesión de acciones como un logro para la sustitución de importaciones. El titular informaba: “Sustitución de importaciones. Los diarios elaborarán su propio papel” (Clarín, 11/11/1976). Aunque la transacción accionaria no contó ese día con una opinión en la sección editorial, la evaluación del matutino puede rastrearse en otros espacios de su superficie redaccional. Al interior del diario, la crónica que informaba sobre la novedad se titulaba “Producirán los diarios argentinos su propio papel” y se ubicaba dentro de la sección “Economía” (Clarín, 11/11/1976). En su mayoría, la crónica transcribía literalmente el comunicado que los tres diarios habían dado a conocer en la sede de ADEPA. Tanto en ese comunicado, como en la crónica del diario, se obviaba sutilmente referirse a quiénes eran los propietarios del paquete accionario que habían adquirido los tres diarios. La crónica sólo mencionaba la adquisición, mientras que el comunicado hacía una refe- rencia general diciendo que se había comprado el paquete a “los actuales tenedores” –recordemos que desde septiembre de 1976 las conexiones del Grupo Graiver estaban envueltas en diversas sospechas–. En el copete de la crónica se mencionaba la asociación de los diarios con el Estado a través del Banco Nacional de Desarrollo (BANADE), que en la reunión se había
35. López (2008: 110) sugiere que el hecho de hacer pública la transacción era la mejor manera para los diarios de asegurarse de que la interna militar no pusiera en riesgo la supervivencia del proyecto.
destacado el avance que significaba para la libertad de prensa y que era una “gravitante” decisión del gobierno de las Fuerzas Armadas en favor de la sustitución de importaciones.
En la misma página, una pequeña nota titulada “Sustitución de impor- taciones” presentaba la noticia como un paso decisivo para el país. Estaba escrita en un estilo apologético36 y con una argumentación similar a la de una
nota editorial. Sostenía que la producción propia de papel sería decisiva para disminuir la necesidad de divisas para la importación, argumentando que en 1975, pese a tratarse de un periodo de caída del consumo, las importaciones de papel prensa habían significado una erogación de 100 millones de dólares, por lo cual se desprendía de allí que la cifra sería mayor en un contexto de expansión económica. El deterioro en la balanza comercial que significaba era injustificable si se tenía en cuenta que el país contaba con materia prima suficiente y de calidad para producir papel. En definitiva:
Es fácil advertir que el país habrá dado un paso decisivo hacia la sustitución de importaciones en un rubro económicamente estra- tégico, pero al mismo tiempo –en una misma línea– habrá afirmado su principio de independencia nacional en el capítulo periodístico y de libertad de prensa al poner en manos de las empresas consu- midoras –en asociación con el Estado argentino– la materia prima indispensable para la difusión de la información y la expresión de las ideas (Clarín, 11/11/1976).
Rápidamente es identificable una argumentación que ha sido común a los sectores empresarios que se beneficiaron de la acción discrecional del Estado: presentar una promoción industrial sectorial como una oportuni- dad para el progreso del país. En esta línea argumentativa es que se tornó plausible y verosímil presentar la asociación con el Estado argentino como un elemento de legitimación del emprendimiento (y no como un beneficio discrecional). Por otra parte, Clarín apelaba al recurrente, pero no por eso menos efectivo, argumento de la “prensa independiente” que señalaba la –legítima– defensa de la libertad de prensa, pero para resguardar intereses empresariales particulares. Libertad de prensa, por cierto, que el diario había aceptado en forma “voluntaria” que fuera restringida en las circunstancias de
36. El estilo apologético busca difundir los beneficios de determinado sistema de gobierno y suele tener un tono propagandístico (Castelli, 1991: 195-196).
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la “lucha antisubversiva” como un “aporte” en el combate (Clarín, 2/8/1976; 26/12/1976), mostrando la arbitrariedad y adecuación del argumento según el contexto de su utilización.
Días después, el 14 de noviembre de 1976, el suplemento económico de Clarín se hacía eco de la noticia. La mitad derecha de su tapa estaba dedicada al tema. El titular principal informaba: “El papel prensa desde el árbol a la bobina”, e iba acompañado con dos fotos (una mostraba árboles y la otra mostraba las bobinas de papel en una industria). El copete ampliaba con una sugerente hipótesis:
El autoabastecimiento de papel prensa por sus usuarios es la respuesta al proceso de dependencia que surge de la relación de precios internacionales. Mientras el papel importado cuesta cada vez más caro, nuestros productos primarios decaen en el mercado mundial. La solución aparece obvia y se proyecta concretamente hacia los otros rubros de la industria básica (“Clarín Económico”, 14/11/1976).
Conseguir la producción nacional de papel era el ejemplo nítido del tipo de medidas desarrollistas que Clarín le demandaba al gobierno militar, que a su vez tenían que articularse con una política más amplia de sustitución de importaciones, impulso de industrias básicas e integración económica.
Como se ha mencionado, el 18 de enero de 1977 en una Asamblea de accionistas se ratificó la compra del paquete accionario de Papel Prensa S.A., realizada el 2 de noviembre de 1976 por los diarios Clarín, La Nación y La Razón. Un día después de concretada la operación, Clarín saludó en su editorial “La batalla del papel” la confirmación de la futura construcción de la planta productora de papel (Clarín, 19/1/1977). El editorial destacaba que la producción de papel nacional acabaría con la “circunstancia insólita” de que la Argentina fuera uno de los grandes consumidores mundiales de papel y sin embargo no contara con una producción propia. Para avalar la importancia del “acto trascendente”, se mencionaba el beneficio económico que significaría la sustitución de gran parte de las importaciones de papel, en un marco de ascenso del precio internacional del insumo, y que se podría responder a la mayor demanda que hasta ese momento se veía constreñida por la escasa capacidad adquisitiva del país “comprimido por el subdesa- rrollo”. En definitiva, el éxito de la empresa en el futuro era explícitamente presentado como una victoria para el país.
También se refería a aspectos sensibles como la cuestión del “mono- polio”. Aludiendo en tercera persona a los “tres importantes diarios” que integraban la empresa –por la “importancia de sus tiradas” y porque eran “consumidores naturales” del insumo que producirían–, mencionaba que como participantes de una empresa conjunta rechazaban “toda idea de mo- nopolio y mucho más aún la de titularizar una organización de este tipo en su beneficio”. Evidentemente, la declaración “oficiosa” tendía a resguardar al diario de las futuras críticas de los “no socios”. Por supuesto, en ningún momento se mencionaban las condiciones ventajosas y la forma en la que se habían adquirido las acciones. Tampoco que el Estado formaría parte de la empresa. Ni, por supuesto, que en diciembre de 1976 la Junta Militar había propuesto a los tres diarios que ofrezcan expresamente a sus colegas de la Capital y el interior hasta el 49% de las acciones adquiridas en las mismas condiciones de precio y plazo, pedido que fue rechazado porque los diarios no creían prudente ceder acciones, ya que se compartiría y debili- taría la conducción de la empresa.37 Es que, de ponerse en funcionamiento
la planta productora, los diarios lograrían una “integración vertical” que les daría una posición dominante en su rubro, al ser los dueños de la que podría ser la fábrica más importante a nivel nacional del principal insumo que necesitaban.
Por último, como vimos en el comunicado de ADEPA, en el editorial del matutino el cariz político y discrecional de la venta se solapaba en las referencias ventajosas para el país. En definitiva, la inclusión de Clarín en semejante negocio estaba amparada porque era un avance para la “causa nacional”.