mi campo de guerra Colombia: mi tierra,
la clase obrera primera línea de combate,
poesía callejera. Quisiera, que estuvieras con nosotros y te unieras a este mundo sin fronteras donde son libres las aceras, las esquinas, nuestras rimas rompen el silencio inmenso que nos fue impuesto en la vida Nunca calles, busca una salida.
Hoy protestamos sin medida por las almas que se oxidan
y marchamos por plegarias que se olvidan.
Confundida, la fe perdida fue herida, pero se anida en su guarida y varios MC sanan sus heridas llenando papeles, gritando revolución rompiendo el silencio que guardaba el corazón
La misión es cantar lo que te oprime, te impide la libertad
Samurái cantor de sueños que se hacen realidad sin miedo a volar, sin miedo a cruzar sin miedo a la línea mezquina del bien y el mal.
Investigación colaborativa Hip Hop
Por: Luis Ángel Salazar Nuestro trabajo ha permitido más allá de ser una investigación, generar una relación que permite que el conocimiento que se aporte al trabajo sea conciso y ayude a tener unos datos veraces a la hora de sintetizar esta información que sirve de base para la creación de esta narrativa. Una mirada personal y desarrollada en base a la realidad, sin maquillajes, sin exageraciones y sin negar una sola palabra. El RAP nos permite eso, ver la realidad tal como se vive, narrada por sus mismos actores quienes son voceros de sus barrios, de sus entornos, es así como yo puedo contribuir en un trabajo que profundiza en la relación del artista con su quehacer. Ese punto muchas veces ignorado, siempre hablamos de la historia de nuestra música, de nuestras raíces, de que no debemos olvidarlas, pero ¿cuándo queda relegado la relación de la persona y su música, sus textos?, así esta persona no tenga grandes conocimientos teóricos de la historia musical de su género, existe una relación que va más allá de los simetismos y teorismos habituales que ubican en pedestales a personas por sus conocimientos y olvida a otras que tienen bases igual de válidas para la construcción de esta poesía, de estos hitos urbanos y de sus relatos.
Yo no tuve una formación académica, me formó la calle, esta carrera de la vida donde las materias fueron: las relaciones con la urbe, con el círculo de personas que en ella habita, en mis encuentros personales y psicoactivos, de allí nace mi construcción personal de rimas, esas mismas que permiten que en estos momentos voces de jóvenes las canten mientras viajan en el transporte público, que esta música sea descargada de redes y se propague ¿qué si alguna vez lo imagine? ¡No! que iba yo a pensar en la extensión de este talento que solo creí que habitaba en mí como un hobbie, de estar sentado en un andén sin siquiera imaginar lo complejo de la vida, a estar sentado con quien no me ve como un objeto de investigación y me permite juntar conocimientos para la construcción colectiva. Los términos de la investigación colaborativa se han desarrollado como diálogos asertivos y anecdóticos, mi historia personal no permite una visión ampliada del movimiento, pero es el diálogo que en sus recovecos fluye con historias y momentos que pueden tener esa representatividad de un movimiento de miles de jóvenes en la ciudad de Bogotá.
Si el artista de Hip Hop escribe en la mayoría de los casos existe un impulso creador que nace a raíz de alguna anécdota, de algún momento específico que fomenta la necesidad de escribir eso, de no dejarlo ahí, que sirva como mensaje para las demás personas o simplemente permita ese desahogo necesario en la catarsis del Mc, sujeto de creación, fuente de historias de ciudad, maestro de ceremonias, controlador del micrófono, rapero, muchas veces estigmatizado “Ñero”.
En el avance de los diálogos hemos venido aprendiendo mutuamente sobre oralidad y sus diferentes manifestaciones no encerradas en la academia limitante, libres en la calle, fluyendo por sí solas. Como finalidad de esta utopía concretamos con un texto académico- no académico que permita ser leído por todo aquel que le interese conocer del Hip Hop, de sus historias y de cómo se estructuran las relaciones de la música y sus actores principales. La vida es un proceso de millones de contrastes, relatos cotidianos de las calles que aquí arden.
La búsqueda
Las conversas las iniciamos en el segundo semestre del 2014. Nos encontrábamos generalmente en casa de alguno de los dos, somos vecinos. Contábamos con conexión a internet en todas las ocasiones, así que las canciones de las que hablábamos eran escuchadas y observadas.
También tuvimos “las conversas”, sesiones con personas de otras disciplinas o saberes. De esta manera Ángel realizó “conversas diversas” con raperos y raperas conocidos por él en su recorrido. Por mi parte hablé con colegas, profesores, amigos y vecinos, al poco tiempo compartíamos el espacio con los dos grupos, los dos parches. Se trató la conversa como el lugar privilegiado de elaboración de nuestro pensamiento.
El tema siempre era el RAP, aunque no se contaba con un guion estricto, pero siempre era la continuación. Las preguntas de investigación fueron puestas en la mesa desde el primer día, desde ese momento fueron cuestionadas buscando siempre: ¿Cómo el RAP hace? Nos encontrábamos, fumábamos y hablábamos. Ángel se tomó en serio mi inmersión en el RAP, deslindó los tipos, localizó geografías, historia del movimiento y
del género, puentes y conflictos del oficio, haciendo un panorama en el que podía profundizar en cualquier tema. Por mi parte en cada sesión le informaba los avances y discusiones surgidos en clases, las inquietudes surgidas en la semana, tanto del movimiento como de la lírica, como los avances en las clases de la maestría y la observación de la vida cotidiana con la banda sonora. Siempre tras la relación del autor y su obra.
Durante las conversas fueron innumerables las canciones y agrupaciones que se recorrieron y cada verso puede ser un aspecto, una ventana a este movimiento. Ángel es una década más joven que yo así que su infancia transcurrió en mi adolescencia. Compartimos algunos recuerdos de la historia del centro y algunos referentes (como el heredado gusto por el Tango). La música tiene ese efecto de resonancia y más el RAP cuando se hacen las pistas, de fragmentos de otras piezas:
“...en todos los lugares siempre hay una grabadora / recuerdo de chamaco / bailé como licuadora. / Canciones pegajosas se adueñan de los mercados/ artistas de la muerte en poco se hacen millonarios / lo más importante es dejar un mensaje claro / / que se quede en la mente mejor bueno que lo malo/ La música es el agua de la fuente de la vida / me sumerjo hasta el fondo / bebiéndola todo el día / la escribo en mi cuaderno buscando una sinfonía/ siempre seré un rapero hasta el fin de mis agonías.” (Smith, Herbivoro Ft. Todo Copas - Invadiendo oídos, 2014)
Pude ver una preocupación por parte de Ángel, más que enseñarme, era presentarme, en el sentido de mostrar la escena del RAP, no solo a nivel local, sino nacional y global. Preocupación por mostrarme que era una carrera, una institución, una academia, algo muy serio, con impactos sociales, económicos y culturales puntuales y evidentes, como la generación de una industria, las estrategias terapéuticas que se han derivado de los cuatro elementos,
Al cabo de dos años ya habíamos dejado de grabar y cada vez más nos encontrábamos en la cotidianidad. Vimos como siempre hablábamos desde la poética de la poética, la resistencia y el autor; cada vez se profundizaba y complejizaba ante mis ojos este movimiento. La intuición que las letras contenían mensaje, conocimiento, memoria, era cierta. El hacer seguimiento a estas imágenes, metáforas, no me era sencillo en el sentido
académico, era más fácil en rima, cada conversa era sumergirnos justamente en estos versos.
La primera y segunda conversa fueron la base para establecer los criterios que mantuvimos. El respeto, no como valor de catequesis, sino como guía de relacionamiento, así como lo aprendimos en el barrio. La seguridad de Ángel sobre su conocimiento, permitió una interlocución fluida y llena de sentido. El dialogo generaba más que datos, fuimos reelaborando paso a paso el proyecto:
Conversa agosto 2014
“Catalina: […] a mí me dejó pensando cuando decías que te parecía qué debía ser (el producto del trabajo) de consulta y ahí podríamos pensar para quiénes. Para profes que estén en los barrios.
Ángel: Para padres, profes, los que trabajan…
Catalina: Para los que trabajan en talleres, organizaciones… decirles miren: este es el método que se ha hecho desde el RAP.
A: Pues no sé si tanto como brindar una metodología… pues más bien como una perspectiva y una exploración a procesos y a serie de relatos, que nos brinde algo, más que nos sirva de herramienta para imaginarse una metodología, mas no nosotros llegar a imponer un método, porque métodos hay muchos y los métodos se construyen es en el territorio, creo yo…” (Comunicación personal, agosto 2014)
Quedó claro que los métodos se construyen en el territorio, así fuimos construyendo el nuestro. En las siguientes conversaciones él llegaba con algunas canciones que quería que oyéramos para hablar. Entre tanto, me contaba otras del oficio como rapero docente. Comenzó con locales, mostrándome además las variaciones y diversidad del RAP. Pasó a los latinos, iniciando con los más recientes y, al final, las últimas conversas estaban llenas de clásicos. Me mostró lo que le gustaba y lo que no, me contó porqué. Hablábamos de su historia y de la historia del Hip Hop, sus vertientes y lecturas. Del impacto de éste en las vidas de tantos que recorren la ciudad. Recordamos y nos reconocimos. Era inevitable hacer referencias autobiográficas, aunque desde el inicio se aclaró que no sería una
“historia de vida” ni yo tampoco estaba dispuesta a hacer una autoetnografía. Estas experiencias eran el soporte del conocimiento vivido, veíamos el camino que nos llevó a este diálogo entre los versos, para interpretar conjuntamente.
El verso que transforma
Nuestra indagación se volcó al verso e indagamos en su pasado. Encontramos que el verso en el español tiene una historia que data de los romances, composiciones anónimas que circulaban entre los pueblos y las ciudades. Estas narraciones transitaban entre lo oral y lo escrito. Para el siglo XVII la literatura “culta” de España se alimentaba de la cultura popular, cuentos, historias graciosas, canciones, conversaciones y relatos de viajes.
En el siglo XVI circulaba mercancía literaria popular:
“por lo general, la llevaban los ciegos en forma de hojitas impresas, dobladas por su mitad y colocadas a caballo en una cuerda tendida (de donde le viene el nombre de literatura de cordel), los ciegos aprendían el contenido de esas hojitas y las recitaban al público, al tiempo que las vendían a gentes que sabían leer. Éstos, a su vez, leían los textos a los iletrados que les rodeaban durante las pausas del trabajo: podía tratarse de una canción, de un entremés, de una fábula, el resumen de una novela de caballerías o de una pieza de teatro” (Bennassar, 2001, p. 273).
En este camino en el que revisamos fuentes de los trabajos sobre el RAP, desde la historia que inició en los Estados Unidos y las manifestaciones actuales, la oralidad, la trova, entre otros; encontramos que el RAP cumple una función más allá de la expresión estética, pues en su mensaje como lo anotó Ramírez, existe la fuerza de esta creación:
"La formación discursiva del relato lírico no está concebida para sí misma. La composición del Hip-Hop crea un relato en el que siempre existe un interlocutor. Las letras están creadas para un oyente/una audiencia con la cual el cantante se comunica. Lo que quiere comunicar no son sólo sus experiencias sino el contenido y el sentido que para él tienen esas experiencias, que son compuestas desde su voz de joven. En consecuencia, el relato lírico está motivado por el contenido que genera la experiencia de la exclusión del joven en la sociedad. Ese es uno de los temas matrices de muchas de las canciones de Hip-Hop. Aunque lo que se narra, en el programa lírico del canto es la vivencia del joven, habita recónditamente en esa narración una fuerza perlocutiva que genera impacto en el oyente. En realidad, el relato no sólo pretende contar, sino
sobre todo quiere producir un efecto en el interlocutor. Por otra parte, esa fuerza está ligada al acto del habla desde quien lo ejecuta, que es el “yo” lírico. En el terreno de ese sujeto lírico podemos registrar un deslinde entre los diferentes yoes que se representan con el atributo “excluido”. Estos pueden estar compuestos por jóvenes, mujeres, extranjeros y desplazados, entre otros. El tema de la exclusión como relato lírico no es una estrategia exclusiva del Hip-Hop; se podría decir que en este estilo se reconoce una amplia gama de categorías de sujetos, cuya referencia a contextos locales nos permite acercarnos a rastrear tendencias estructurales que proceden de los efectos globalizantes”. (Itinerarios líricos de la inclusión: el hip-hop y el rap en Colombia (Primera parte), 2014). Recuperado de https://alternativas.osu.edu/es/issues/spring- 2014/essays1/ramirez1.html.
¿Por qué encontramos los versos poderosos? ¿Cómo hacíamos útil el ir tras ellos? Una posible respuesta palpamos en el caso del cante, estudiado por Emmanuel Lizcano donde muestra como los versos dan cuenta de una epistemología flamenca, que no se contrapone, sino que es alternativa, otra visión, otra manera frente al saber culto: iluminado, racional, claro. Su metáfora: la revelación. En “Las cuentecitas de los pobres: critica del saber culto y matemática paradójica en el cante flamenco”, argumenta con respecto al conocimiento que circula en estos versos:
“Epistemología flamenca. En las letras de los cantes –y en el modo en que se cantan- se expresa, se trasmite y se recrea un modo de vivir, una manera de saber y una indagación sobre ese saber y sobre su especificidad”. (Lizcano, p. 95, 2009).
Después el autor se pregunta sobre: “a lo que las gentes que se dicen en el cante piensan en torno al saber” (Lizcano, p. 95, 2009). Propone como método el análisis de metáforas habituales de las coplas flamencas como herramienta hermenéutica. Metáfora como recurso cognitivo que sustituyera el trabajo conceptual, con su propio rigor y sistematicidad.
Al escuchar las letras montadas sobre un beat, el ritmo, “la retahíla” como la llaman algunos adulto-céntricos, cobra sentido, con dos efectos, uno es que la metáfora es un ejercicio complejo para nuestro cerebro, así entre más la escuchas la entiendes y la comprendes mejor si te la aprendes. Éstas hablan sobre ellas mismas, sobre cómo se hacen las letras, para qué. Así como maneja un lenguaje particular, especializado, que habla de sí mismo, aquello que nombramos como MetaRAP. Estos versos describen la realidad de quien las escribe y canta. Al tiempo y entreverado describen el método:
“Bolígrafo elemento / papel, el suplemento para saber escribir / RAP con sentimiento.
Reflexión que yo inculco / en mis canciones transformando las almas / generando emociones.
Porque esta es la voz del pueblo / erre-a-pe melodía Revolución lirical / haciendo la sintonía.”
(Todo copas, 2007)
El MC, se nombra, enuncia, describe una realidad que sustrae de experiencias y busca un efecto. Tomar las letras, los versos como un lenguaje especializado fue una necesidad. No solo la expresión de “jóvenes marginales” sino como una apuesta desde el lenguaje para transformar realidades. El modo de acercarse lo dibujaron las mismas letras.
“Cansado de la mierda que observo en todas partes
Opté por yo mismo, mi cuento, punto y aparte.
Un mundo diferente, no lo quiero hacer igual
La historia repetida es un círculo sin final. Aprendiendo de las cosas
Elegí por ser poeta y combinarlo con buen flow.”
(Ángel MC. Estilo de vida)
Encontramos en Lizcano resonancia a esa primera intuición que nos guío en cuando al verso popular, afirma:
“Consideremos, pues, el flamenco como otro lenguaje especializado o sub-lenguaje, al mismo título que lo son el filosófico o el científico, si bien su modo de formalización característico no es la definición y argumentación (como en el discurso filosófico) ni la matematización y demostración (como en el científico) sino la versificación (métrica y ritmo), el compás y la modulación vocal. Las metáforas que aparecen en los cantes pueden, por tanto, considerarse en su dimensión cognitiva –y no necesariamente poética- tanto como las que puedan aparecer en cualquier otro tipo de discurso” (Lizcano, p. 96, 2009)
Esta expresión lírica, el RAP, esta soportada en una práctica artística callejera ligada indiscutiblemente al fenómeno urbano y a políticas de segregación elitistas y racistas (Chang, 2014), que se sustentan en formas populares de poesía y política en la que transitan saberes y conocimientos. No solo el conocimiento académico da cuenta de la realidad social, política y artística: “Resistencia musical / al orden que están imponiendo / Somos las voces del mundo / Expresamos su sentimiento / Fuerza prodigiosa / toda una voz de aliento” (Arriba los de abajo)
Lo que se llama “sabiduría popular” es sabiduría. Las composiciones de los MC nos muestran relaciones, nos cuentan interpretaciones y generan acción política. Sus discursos tienen la intención de tocar. Y nos tocan: “…que se acaba, esto se acaba / poquito a poquito, / si las masas no reaccionan / todos estaremos fritos. / No son mis rimas alarmantes / más bien son letras punzantes” (Arriba los de abajo)
Encontramos que esta dimensión poética política de las líricas se da por la “naturaleza” de los contextos en que esta emerge. Son artistas e intelectuales de la calle. Ponen en
circulación sus discursos y entran en una amplia conversación con quienes interactúan: “No hacemos RAP pa´l pueblo / ¡Somos el pueblo haciendo RAP!” (PortaVoz, Con R de revolución, 2012)
Estas políticas del RAP, sobrepasan limitaciones de tipo politiquero, panfletario o partidista, al asumir la trasformación desde sí mismas y sus territorios como personas practicantes de un arte que se forja en poetas y poetisas de la calle, una permanente reflexión-creación: “Rap, Rap, Rap / que me transformo en MC” (Todo copas, Ángel MC, 2013).
Poéticas políticas del RAP
Nos vamos a sumergir en el mundo de las letras. Los dos autores crecieron en el centro de Bogotá, siendo nuestra existencia formada en esta dinámica de ciudad, una zona que se acostumbra a describir desde categorías socioeconómicas, donde se pierden los acentos de sus pobladores. Aquí nos proponemos partir de sus crónicas urbanas. Este camino sonoro esta signado por este territorio en un continuo retornar. Las canciones en el RAP hablan de manera panorámica y desde los MC. Es fácil reconocer cómo hablan desde sí mismos, desde sus territorios y de sus problemáticas. En este sentido las canciones no fueron diseccionadas, ni seleccionadas en tanto “calidad”, fueron, más bien, decantadas en este proceso. El corpus se compone de 120 canciones en las que encontramos versos que nos hacían pensar, que nos hablaban de esta relación de los autores con sus escritos. Las que aparecen adelante hacen las