• No se han encontrado resultados

Poéticas Políticas del RAP: escritos desde el centro, de la escuela y de calle

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Poéticas Políticas del RAP: escritos desde el centro, de la escuela y de calle"

Copied!
131
0
0

Texto completo

(1)

Poéticas-políticas del RAP:

Escritos desde el centro de la escuela y de calle

Trabajo de investigación-creación presentado como requisito para optar por el título de Magíster en Estudios Artísticos

Maestrante:

Martha Catalina Villamil Álvarez

Directora:

Maritza Pinzón Ramírez,

Universidad Distrital de Bogotá «Francisco José de Caldas» Facultad de Artes - ASAB

Maestría en Estudios Artísticos Bogotá, Colombia

(2)

Poéticas-políticas del RAP:

Escritos desde el centro, de la escuela y de calle

Trabajo de investigación-creación

presentado como requisito para optar

por el título de Magíster en Estudios Artísticos

Maestrante:

Martha Catalina Villamil Álvarez

Directora:

Maritza Pinzón Ramírez, PhD. (Cdta.)

Universidad Distrital de Bogotá «Francisco José de Caldas» Facultad de Artes - ASAB

Maestría en Estudios Artísticos Bogotá, Colombia

(3)

La música fue música antes de ser música. Pero fue música muy distinta de lo que hoy tenemos por música deparadora de un goce estético. Fue plegaria, acción de gracia, encantamiento, ensalmo, magia, narración escandida, liturgia, poesía, poesía-danza, psicodrama, antes de cobrar (por decadencia de sus funciones más bien que por adquisición de nuevas dignidades) una categoría artística.

(4)

Dedicatoria

A mi familia, a mis amigos, que me sostienen hasta el final.

A la escuela pública y a los barrios que nos criaron.

A Ángel y la Crew de Todo Copas, pura finura

A Samurai, cantor, pintor, poeta eterno y

(5)

Agradecimientos

Gracias:

A Maritza Pinzón, la primera en animarme a saltar a lo incierto para encontrar respuestas

A mis compañeros y compañeras de la maestría, que me dieron valor para salirme de mis seguros académicos y seguir mis inquietudes.

A Abelardo Ramos por desviarme del camino hacia los Estudios Artísticos, y al pueblo nasa que trae consigo.

A mis compañeros del getto macarroni, por estar siempre para conversar y dejarse contaminar del RAP.

A Christan Degasperi, compañero que está aún sin comprender.

(6)

Resumen

En este texto se narra la indagación literaria acerca de las poéticas políticas desde el Centro de Bogotá a partir de la creación narrativa. Esta inquietud nace del ejercicio de escritura de Catalina Villamil (profesora y antropóloga) y se concreta en un proceso de investigación colaborativa que continua con Ángel Salazar desde el diálogo para comprender el papel de las narrativas del RAP, sus líricas, en la construcción de las escritoras y los escritores callejeros. Establecemos la conversa como modo de construir conocimiento reflexivo sobre el verso del RAP que constituye la voz.

Palabras claves: literatura popular, escritor, resistencia y Rap.

Riassunto

In questo testo si racconta dell’indagine letteraria sulle poetiche politiche dal centro della cittá di Bogotá con base nella creazione narrativa. La domanda nasce dall’esercizio di scrittura dell’aspirante alla Maestria (professoressa e antropóloga) e si concreta in un proceso di investigazione collaborativa che continua con Angel Salazar partendo dal dialogo per comprendere il ruolo delle narrative del RAP, i suoi testi, nelle costruzioni dei suoi autori di strada. Proponiamo la conversazione come una forma di produrre conoscenza riflessiva sul verso del Rap che costruisce la voce.

Parole chiave: letteratura popolare, scrittori, resistenza e Rap.

Resumo

Este texto narra a investigação literária sobre a poética política do Centro de Bogotá a partir da criação narrativa. Essa preocupação nasce do exercício do escritura de Catalina Villamil (professora e antropóloga) e se concretiza em um processo de pesquisa colaborativa que junta-se Ángel Salazar a partir do diálogo para entender o papel das narrativas do RAP, suas letras, na construção dos escritores e escritores de rua. Buscamos gerar um diálogo entre a cultura Hip-Hop e a academia. Nós estabelecemos a conversa como uma maneira de construir um conhecimento reflexivo sobre o verso do RAP que constrói a voz.

(7)

Tabla de contenido

Introducción 11

LADO A 20

Camino de una indagación literaria 21

Del lio escribir como antropóloga 22

De la historia, la muerte y la memoria 23

De la etnografía al cuento 27

Describir al otro y del antropólogo escritor 30

De antropóloga a ‘profe’ y la creación narrativa 33

¿Qué hacer para escribir? 34

Poéticas literarias: Escritores creadores 36

Desmontando texto 40

La resistencia: del cuento a la canción 47

Diálogos entre versos 49

Camino de una conversa 54

LADO B 59

Investigación colaborativa Hip Hop 60

La búsqueda 61

El verso que transforma 65

Poéticas Políticas del RAP 70

Mapa sonoro 72

(8)

Estilo de vida 73

MC territorio: Del territorio donde se camina la identidad 74

Arriba los de abajo: preguntarse y en la raya bien pararse 77

De la creación colectiva 79

Barrio (eterno, también universal) 81

Somos Sur: somos de este lado, del lado de la resistencia 82

Mi raíz: de dónde somos 83

MC Memorias 85

De la historia y de las crónicas del RAP 85

Los elementos del Hip Hop 87

Tu historia 89

Los buscavidas: crónicas de calle 91

MC Resistencia 94

Resistencia al sistema (denuncia) 96

Mis ancestros como guías: Resistencia entre pueblos 98

MC Reflexión-creación 100

Antes de rapear bonito / hay que aprender / a ser persona 103

Escrituras para ir siendo 104

Reflexiones que hacen un arte 105

MC, Poéticas políticas 108

Con R de revolución: mis textos son políticos 111

Todo o nada: Del ser en el papel 113

Sacando en limpio 115

(9)

Referencias 122

Discografía 125

Figuras y tablas

Figura 1 80

Figura 2 80

Figura 3 80

Tabla 1 Canciones sobre el territorio/identidad 84

Tabla 2 Canciones sobre la historia del movimiento 90

Tabla 3 Canciones sobre crónica 93

Tabla 4 Canciones sobre resistencia al sistema 99 Tabla 5 Canciones sobre poéticas políticas 108

Tabla 6 Canciones sobre la reflexión sobre la creación 114

Cuadro clasificación lírical 121

(10)
(11)

INTRODUCCIÓN

En este texto se narra, lo narro y les narramos, se canta y sobre todo se escucha, esta

indagación literaria acerca de las poéticas políticas del RAP desde el Centro de Bogotá a

partir de la creación narrativa. El trabajo da cuenta del proceso de investigación

colaborativa que iniciamos Catalina Villamil (maestrante de estudios artísticos) y Ángel

Salazar (rapero y gestor cultural) desde la conversa para comprender el papel de las

narrativas del RAP en la construcción las escritoras y los escritores callejeros o MCi como

se les conoce popularmente.

¿Quién narra? ¿Quién escribe? ¿Quiénes conversan? Esto es un estudio literario

narrado acerca de una conversa y su discurrir. Empieza la maestrante, Catalina, con un

académico monólogo y se desarrolla en un dialogo con un poeta del centro, Ángel MC1,

alrededor del oficio, las letras y la transformación en MC. Este texto se escucha, está

acompañado de tres piezas sonoras que en formato de radio son la indagación en sí. Fueron

elaborados a manera de conversa, sólo con un esquemático guion.

Soy yo, Catalina Villamil, la de la maestría, la profe ¿Cuántos yoes y lugares? Latina, colombiana, rola, antropóloga, mujer blanca-mestiza, ¿clase mediera?, nieta de La

Violencia e hija de ex militantes de la Unión Patriótica (U.P.) y algo errante, de esto viene

cierta conciencia de clase, género; herencias que me interpelan constantemente. Mi niñez

en el sur, de adolescente en el centro de Bogotá y andariega reincidente. Soy profe de

periferia y exclusión. Me identifico con el RAP porque escribo prosa entrecortada.

Escucho RAP porque lo entiendo. Porque usa el habla, la estrategia del trovador. Y me

gusta la grosería, la jerga, el acento, el ritmo y el sentido. Como aprendiz de narración,

con mis cuentos, encuentro similitudes en temas, reflexiones y maneras de contar. En la

calle habita la violencia sistémica, la exclusión, y convive con la riqueza humana de las

mal llamadas periferias, el Sur, su capacidad de crear otros mundos… ser siendo, así en

gerundio, así de redundante.

Él, es escritor, el artista, poeta urbano. !Pare, pare, pare! ¿Quién presenta? Ángel:

1 MC traduce Maestro de Ceremonias, y es el nombre con el que se conoce a las raperas y raperos, en su

(12)

Me llamo Ángel Salazar, hijo de una vendedora de lotería del centro de Bogotá que me

acompañó hasta mis doce años, después me transformé en un hijo de la calle que me

recibió como uno más de sus habitantes. Siempre me llamó la atención el mundo de la

música y la cultura, de pequeño me gustaba ir a la Biblioteca Luis Ángel Arango a leer y

usar el internet, pedir CD en la sala de música e internarme en un recinto a escuchar ritmos

del mundo. Un poco despistado y de pocos amigos, viviendo en un paisaje tan particular

como el de las calles del sector del Cartucho.

Posterior al deceso de mi madre, las situaciones que tuve que vivir en la calle fueron

muy diversas, tanto difíciles, como algunas inolvidables muestras de humanidad que solo

se ven en ambientes tan densos. Como flor de loto, creciendo en un lago de oscuridad,

entre humo y cenizas, música popular y RAP, ambientes sórdidos y coloridos, es así como

me forjé; como la calle me hizo y me enseñó. En un esfuerzo por hacer algo en mi vida

que me permitiera salir de la cotidianidad, encontré la música, fuente de mis motivaciones.

He conocido ángeles que me han ayudado a seguir y no desistir, en este camino conozco

a Catalina y emprendemos una búsqueda de palabras y momentos que nos permitieran

definir lo que hoy es el resultado de horas y espacios dedicados al trabajo colectivo, una

investigación colaborativa que busca reflexionar sobre los sentimientos y sensaciones del

proceso creativo y su íntima relación con el creador, partiendo desde mis propias

experiencias que plasmé en mis canciones con Todo Copas (agrupación bogotana de

RAP), de mi desarrollo como gestor social en el territorio de los Mártires (barrio). Me

animó la idea de realizar esta indagación y profundizar en una mirada que no me había

planteado hasta este momento de creación. Sigo en mi construcción personal en la

búsqueda constante de mejorar como escritor y rapero, avalado por las voces de quienes

cantan nuestras canciones en los conciertos y de quienes construyen país por medio del

arte.

Al iniciar nuestro trabajo establecimos la “conversa” como modo de conocer, de

construir conocimiento acerca de dos instituciones con sus lenguajes especializados: son

la academia y el R.A.P. en la cultura Hip-Hop, dos “instituciones” en relación permanente

(13)

En este camino el concepto de huella musical fue clave para guiar este trabajo conjunto.

Huella musical: “…para este caso son todas aquellos recuerdos y evocaciones sonoras que

tenemos y nos apropiamos desde nuestra interacción con la música y el sonido, lo cual

permite hacer un reconocimiento a la historicidad de los sujetos que hacen parte de esta

investigación” (Herrera 2017, p. 19), concepto elaborado por Alejandra Herrera,

propuestos dentro del campo de los Estudios Artísticos, en la línea de investigación de

Construcción de sujetos, imaginación creadora y prácticas educativas. Para la concepción

de esta metodología también fue fundamental la investigación colaborativa descrita por

Ramos y Rappaport, donde fomentar el diálogo constructivo es más que reivindicar la

tolerancia, del multiculturalismo académico:

“…este enfoque requiere un compromiso consciente y activo por parte de los

académicos para situar las interpretaciones indígenas en pie de igualdad con el análisis

académico, para aceptar que ambos abarcan importantes, pero diferentes verdades.

[…]. Esta opción requiere además abandonar el procedimiento etnográfico tradicional

que acepta el conocimiento local como datos que han de ser enmarcados por la teoría

sociocultural de Occidente. En cambio, esta visión requiere que asumamos el

conocimiento indígena como una verdad capaz de generar un diálogo mutuo mucho

más profundo. En el largo plazo, para que este diálogo escape a la trampa de ser

enmarcado por el discurso y la teoría etnográfica, tal proyecto debe necesariamente

coincidir con los propios objetivos del movimiento, de perseguir sus propios, esfuerzos

el estudio de las epistemologías indígenas. Este paso conduciría a desarrollar un

discurso teórico expresamente indígena que los intelectuales nativos pueden utilizar”

(Ramos, p. 107, 2005). Estas dos elaboraciones son acordes a las prácticas de la cultura

Hip-Hop y al RAP como manifestación musical y discursiva.

El acuerdo nos trasformó en un nosotros. Ángel y yo, empezamos a conversar teniendo

en cuenta como pautas de interrelación: el respeto, como lo aprendimos en el barrio y ello

precisó de una seria escucha, abrir los oídos a la voz nuestra, también es la voz que camina,

la que representa. Conversamos de verso en verso, entre metáforas y aforismos,

encontrábamos conceptos, descripciones, conocimiento que nos interpelaba y cuestionaba

(14)

Esta larga conversa que anda entre los vericuetos del RAP, la creación y la vida, tuvo

un ancla desde muy temprano. Construimos como nuestro objetivo general, comprender

el papel de las narrativas del RAP en la construcción del MC como escritora, escritor y

persona como agente cultural, con “…posibilidad de ver el quehacer artístico más allá de

lo efímero para ser visto como práctica trascendente en la construcción de sujetos activos

y constructores sociales, donde los agentes creativos permiten y facilitan la emergencia

de otros agentes. (Sommer, 2005)

Para Touraine el actor social es aquel que “intenta realizar sus objetivos personales en

un entorno constituido por otros actores, entorno que constituye una colectividad a la que

él se siente que pertenece y cuya cultura y reglas de funcionamiento institucional hace

suyo, aunque sea solo en parte” (Touraine, 1998). A su vez explica que los objetivos

personales son elaborados por los sujetos, entre la propuesta de la cultura hegemónica y

las alternativas contraculturales. La comunicación, que fascina a los intelectuales como

un problema de lenguaje, es también un problema del mensaje, de la información que se

pone en circulación y se reelabora. Por último, Touraine dice que la conciencia ciudadana

implica tanto el conocimiento de la lengua, historia y la geografía, como un sentimiento

de capacidad de incidencia en su vida colectiva. Estas características de Touraine se

sintetizan como la construcción de sujeto, comunidades activas y variaciones de la cultura

que se producen y circulan a través de lenguajes artísticos y su comunicación para el

reconocimiento, la capacidad de acción colectiva y la elaboración de conocimiento de su

propia realidad. Como lo dice Ángel es aquel “que lleva las palabras al plano de las

acciones”. (Todo Copas, Polos opuestos, Suburbio Capital, 2012)

Este diálogo es sazonado con sonidos del centro de las décadas de los ochentas y

noventas, con música para trapear, para planchar, para bailar y pensar; con los refranes y

dichos de los viejos, en las historias familiares de las cuadras y con las palabras del parche.

Así, esta indagación literaria busca en y con el saber que han construido las y los

escritores callejeros en las poéticas del RAP desde sus líricas, viendo que estos no solo

constituyen mensajes sino que conforman discursos, representaciones y saberes sobre el

mundo social desde sus propias poéticas, a manera de crónica, conjuro, consejo,

(15)

investigación creación, su propio saber y para comprender cómo está ligado el RAP al

caminar, el conocer para crear otra manera de ver, andar, de vivir.

Los MC se constituyen como juglares, narradoras, profetas y pasan de ser aprendices,

a profesionales, a maestras y maestros en el arte de rimar para narrar, mostrar, convencer,

convocar, conjurar. ¿Cómo se da este proceso mirado desde el mismo conocimiento

poético político de estos creadores?

Este conocimiento es etiquetado como “popular”, lo que quiere decir que es

representado como “bajo”, “pobre”, en oposición a la “alta cultura”, masivo y no

académico. Está al margen del canon literario, así que no ha sido considerado ni literatura

ni poesía, y ha sido tomado por la academia en tanto objeto de estudio desde la

marginalidad. Este conocimiento, se produce en la experiencia cotidiana y puede dar

cuenta de sí en “los versos que se meten en el cuerpo y transforman vidas”. (Comunicación

personal: Notas conjuntas) así que más que una característica de marginalidad, se nota una

relación con la alteridad.

Los recuerdos, las historias, los cuentos, las palabras andan de casa en casa, en los

parques, esquinas. Suena en las esquinas, mi letra siempre camina por las calles humildes

de mi América latina. (Ángel MC, Polos opuestos. Suburbio Capital. 2012) Las narrativas locales crean, circulan, apropian saberes para la vida, son creados por artistas “populares”.

Las letras que componen los MC dan cuenta de procesos que se viven y reflexionan a

través del RAP y de su poética. Estas mismas letras que inquietan ¿Cómo actúan los versos

en los cantantes, tanto en su poética, puesta en escena, en su desarrollo personal y su

impacto territorial? ¿y qué relación tienen con el agenciamiento (o incidencia territorial)

que ocurre en múltiples ámbitos y roles pues estas personas se terminan desempeñando

como artistas que cantan, escriben, producen, pueden ser gestores, docentes entre muchos

otros. Se crean como artistas callejeros en un espacio también generado por ellas y ellos.

Estas narraciones poéticas son también re-existencias:

“…las estéticas de la re-existencia, primero entendiendo la estética como aiesthesis, es

decir, como el amplio mundo de lo sensible y la re-existencia como todos aquellos

dispositivos generados históricamente por las comunidades para re-inventarse la vida

(16)

poblaciones deben vivir y a sus sistemas de representación invalidados por la

concepción occidental del arte, deslegitimados por las instituciones que se abrogan el

derecho de decidir que es o no una expresión estético/artística”. (Albán, p. 290, 2012).

***

Esta indagación inició como un ejercicio individual, sin tener en cuenta el RAP. Las

preguntas rondaban la literatura, la memoria y la oralidad. Me preguntaba sobre los

mecanismos que creamos los colombianos para relatar nuestras historias y el impacto que

esto tiene en la cotidianidad. La práctica de llevar diarios cuando investigo me viene de la

carrera. Esta narración retorna sobre diarios que no fueron concebidos con intención

auto-etnográfica, y que sin embargo permiten dar cuenta del proceso personal de construcción

de este conocimiento. Así, esta primera parte relata mi experiencia en la escritura

académica y su relación con la creación de narraciones propias.

La primera intención del pre-proyecto para la Maestría de Estudios Artísticos se tituló

pomposamente: Poéticas y políticas de la memoria y el olvido, y buscaba explorar cómo

expresamos, qué representaciones generamos y cómo son los procesos de significación

que circulan en las propuestas científicas y las expresiones literarias para interpretar el

conflicto y la realidad colombiana. No tenía en la mira al RAP, del que ya disfrutaba, uno

de mis deseos era explorar las relaciones entre la literatura y la etnografía, entre la ficción

y la realidad.

Tiempo antes, inicié un proceso de creación narrativa a partir del reconocimiento y la

reflexión en el campo de la educación-creación desde mi experiencia como estudiante y

docente. La intención era producir una narración literaria en el movimiento de mi presente

y pasado, recopilando datos para la reconstrucción de un contexto, así develar la premisa

que reza, que las historias las hacen los pueblos. Pero no sabía cuál. Mis pensamientos

fluctuaban entre recuerdos de mi carrera y de mi vida.

Desde los presupuestos teóricos y metodológicos que iba refrescando, conociendo y

reconstruyendo en el curso de la Maestría, encontré en los estudios culturales aquel

proyecto afín que resalta el compromiso político de los trabajos críticos sobre la cultura,

(17)

desmitificación de ese productor de discursos, promotor de prácticas, y su función frente

a reproducción de las desigualdades de la sociedad contemporánea.

Una de las funciones de los Estudios Culturales es la de desplazar las fronteras

disciplinarias y saberes canónicos, cuestionando las exclusiones y descalificaciones

repetidamente ejecutadas en nombre del “conocimiento verdadero”. De esta manera se ha

permeado la universidad, de conocimientos locales, subordinados, periféricos,

minoritarios, históricamente marginados por medio de los diferentes sistemas de

convenciones académicas (Richard, 2010).

Como antropóloga, al pensar en una investigación, buscaba un “grupo humano”, me

costaba trabajo pensar en concebir el RAP como objeto de estudio y a los raperos como

grupo de observación. Crecí en el centro y a pesar de no ser rapera mi simpatía con el

género empezó en mi temprana adolescencia. Los textos académicos que encontraba sobre

el RAP partían, en su mayoría con una excusa, de autores que no les simpatizaba hasta

estar en contacto con grupos marginados, y así se marginaliza la mirada. En segundo lugar,

me daba pena buscar a los raperos como objeto de estudio, eran del barrio. Desde el

momento en el cual me entero, por las conversas, acerca de la actividad social y cultural

que realizan muchas de estas personas, comencé a admirarlas como artistas

comprometidos en sus rimas, desde su cotidianidad y su territorio.

Durante este período y en contacto con estas actividades, llegó a esta indagación Ángel

M.C., quien desde el inicio participó activamente en la construcción de este trabajo. Su

primer aporte fue cuando le planteé la metodología que había desarrollado desde mi

trabajo en clases, él me aclaró que “no hay una metodología, eso depende de cada uno, de

cada M.C. del momento y el territorio donde esté” (comunicación personal: conversa 1).

Así fue que la conversa se convirtió en nuestra técnica de indagación. La encontramos

natural al mismo movimiento Hip-Hop, a la práctica del RAP y a la construcción social

de conocimiento; además, a nosotros como vecinos. Compartimos un imaginario

conjunto: reivindicamos que somos del centro, nacidos aquí y esa identidad nos facilitó

las conversas, teníamos varios referentes en común (Como Rumba Latina, recuerdo que

(18)

A partir de las conversaciones y la construcción conjunta, consideramos el trabajo del

MC en el RAP como una práctica y un saber artístico y como una vivencia re-existencia

(Albán, 2012), un estilo de vida que es justamente esta relación entre la vida misma y sus

letras, que produce conocimiento sobre su propia cotidianidad, sobre su propia creatividad

poética, de la realidad social, cultural, filosófica, económica que conforma el contexto en

las cuales las violencias no han cesado. De esta manera se buscó desplazar las posiciones

clásicas del sujeto investigador y el investigado, dando lugar al diálogo de saberes entre

dos especialistas, una profesora antropóloga y un rapero profesor sobre las poéticas que

transforman vidas desde la creación de narrativas.

Esta investigación colaborativa está pensada desde el diálogo de saberes, pues

contempla que no hay informantes, pues el conocimiento se construye colectivamente, es

decir entre nosotros, no sobre unos sujetos sino con los actores de este conocimiento y con

la intención de poder informar tanto al público académico como el denominado “popular”.

Realizamos conversas durante dos años, en un promedio de dos por mes sin contar

vacaciones. Se grabaron alrededor de catorce, oscilan entre las dos horas y seis horas de

grabación. Ángel por su parte realizó diálogos de diversa naturaleza, alrededor de siete

que fueron registradas, con raperos y raperas. Estas interacciones fueron de diferente

naturaleza y así mismo tuvieron diversos modos de sistematización, algunas están

anotadas a modo de diario de campo y otras se dieron de manera menos ortodoxa, como

nos ocurrió con el uso de la mensajería instantánea a través de WhatsApp.

A partir de estos espacios, encuentros y construcción conjunta fuimos reconociendo

como los raperos y raperas han, y siguen haciendo (produciendo en el mejor sentido) un

conocimiento desde sus territorios e itinerancias de la realidad social, tan válidos y

valiosos como el conocimiento académico en sus niveles y campos correspondientes.

Nuestro enfoque es transdisciplinar pues nos preguntamos por y con otros saberes y

conocimientos, acerca de las relaciones entre las poéticas, el poder y los modos de ser,

para aportar en la construcción de conocimiento y en los estudios sobre el movimiento

Hip-hop particularmente las poéticas de estos escritores de la calle.

Con esta indagación buscamos desnaturalizar representaciones de alta cultura/cultura

(19)

el RAP constituye saberes para la vida, y aporta en la construcción de realidades. La

representación del MC con base en su propia representación, la de Ángel y la de otras y

otros raperos, para hablar con su propia voz desde su saber para comprender. Sus líricas

componen sus discursos, sus obras, su conocimiento.

Esta narración está compuesta en su parte escrita por dos partes: Lado A, donde relato

el camino que me llevo de la antropología a la literatura y de esta al RAP. El Lado B:

compuesto por una introducción donde se narra el camino de esta investigación

colaborativa, el capítulo Poéticas políticas del RAP, donde se encuentra, más que una

síntesis, un mapa de canciones que actúan como puertas a otras, y que fueron decantadas

en este trabajo conjunto con el fin de mostrar, palpar, sentir, con el oído estos versos con

ritmo. Estas canciones están referenciadas al final de este trabajo, mostrado con el signo

(20)
(21)

Camino de una indagación literaria

Esta narración recorre el camino que me condujo al RAP. La primera parte es de tanteo,

una búsqueda en y desde la escritura personal y profesional para entender el rol, la función

de la dimensión literaria en los sujetos y los colectivos en aquella disputa por la memoria,

la identidad, que además puedo rastrear en mi historia personal; una segunda, donde

intuyo y me introduzco con alma, corazón y sombrero en el mundo de los versos del RAP,

intentando dar respuesta a la pregunta de cómo escribir y cómo se construye la voz de la

gente, gente como una. (La fuente son mis diarios y primeros versos que me pusieron a

pensar).

Vacilé entre la construcción de objetos de conocimientos válidos, pertinentes y

académicos, para optar por un título de maestría y, de otra parte, mi gustos y preguntas de

persona del barrio. Y la tercera cuando inicio mis conversaciones con Ángel y ‘descubro’

el RAP. Finalmente se presenta una cuarta parte en la cual se expone un apartado de

análisis y conclusiones de la investigación-creación colaborativa, también a manera de

narración.

En el trascurso de esta indagación evidencié diferentes aspectos de las tensiones

contemporáneas en la “construcción de conocimiento” entre la academia y el saber

popular que finalmente encontré expresado en canciones de RAP, en un centro periférico

como Bogotá. Los ataques, a este conocimiento no solo venían de fuera, yo misma dudaba

cada paso. “¿Esto es una propuesta científica o literaria?”, preguntó una colega de

antropología. La experiencia es el material de esta historia. La pregunta sobre la escritura

se relaciona con los regímenes de verdad, la pretensión de verdad, de validez y la

posibilidad de cuestionar dichos regímenes. ¿Quién escribe la historia? ¿Dónde me ubico

yo como antropóloga y persona?

Desde la necesidad de ubicar y definir, por el momento, un lugar desde el cual

pronunciarme en esta narración, me reconozco como antropóloga siendo latinoamericana,

colombiana. Soy profe en ambientes “multiculturales” funcionales y clasificados como

periferia, periferia subalterna dentro del sistema mundo moderno, en la cual las

instituciones que sirven de estructura a los estados son organizaciones esqueléticas, como

(22)

podemos crear ricas narraciones orales y se nos dificulta tanto escribir académicamente?

En este contexto: ¿Cómo iban a ser competentes, de competir, mis estudiantes para contar

su historia? ¿Cuál es el sentido de la competencia que nos interesa?

Esta inquietud fue en principio literaria e intuitiva, sin que pueda desprenderme de mi

ser como antropóloga, pero haciendo cuentos para tener otro final: una profesora que

enseña a escribir, pero se paraliza componiendo. Una colombiana transitando,

conversando, viviendo entre tiempos pasados y fronteras vigentes, nuevas, recién

impuestas. Una colombiana andando entre tiempos pasados y actuales fronteras. No pensé

en el RAP como objeto de estudio, solo lo escuchaba y lo sentía.

Del lio de escribir como antropóloga

Mi formación académica profesional. En julio de 2005 me gradué de antropóloga. ¡Y

qué rumba! Un perfecto rito de iniciación llevado a cabo por la institución académica y

bañado en alcohol. Fueron siete años dedicada a aprender el lenguaje y la lógica de la

disciplina, más que a vivir el barrio, además de adquirir posturas y definir posiciones en

la formación que recibía, aprender a escribir como antropólogo. Pues las antropólogas

también escriben bajo el canon masculino del disciplinamiento moderno académico,

científico.

Me gradué finalmente con una pasantía en un grupo interdisciplinario que indagaría

sobre tres nociones que empezaban a ponerse en boga: Verdad, Justicia y Reparación; en

el contexto que se estaba desarrollando con respecto a las negociaciones del gobierno con

las Autodefensas Unidas de Colombia iniciadas hacia el año de 2002, y después del

fracaso de los diálogos entre el gobierno Pastrana con las FARC-EP.

Se trató de una pasantía en investigación. Sabíamos que era importante pertenecer a un

grupo al graduarnos. Teníamos que aplicar lo que nos enseñaron, demostrar que podíamos

ser profesionales. Debíamos de tener en cuenta el marco legal y político que se gestó

después de la segunda posguerra, pues en esta época se inició el proceso de refinamiento

y adaptación de las políticas internacionales aplicables a conflictos internos e

interestatales. La formulación de estas políticas fue nutrida por las experiencias de su

(23)

a hablar de la justicia transicional y de las comisiones de verdad, como parte fundamental

de los procesos de transición hacia la democracia, donde la trinidad verdad, justicia y reparación se configura como uno de sus pilares. Ese sí era un tema serio...

De la historia, la muerte y la memoria

Hurgando en el pasado como colombiana, veía las distintas maneras en que se había

configurado un panorama deformado del país, de mí país, que iba desde las riquezas

(representadas en sus emblemas nacionales) a la violencia perenne. Entonces me pregunté:

¿Cómo tramitamos nosotros, las personas colombianas, los muertos de los conflictos? Y

me puse a leer… me invadió la melodía subliminal del “Tesoro del saber” y su estribillo de: “en los libros hallarás…”. Encontré que para la antropología este período de duelo

denota la incorporación del muerto en un nuevo orden simbólico, es un rito de paso en el

cual se reordenan las memorias, imágenes y referentes de la persona fallecida, y parte de

este proceso consiste en asignarle una posición social donde en ausencia de la persona, su

ausencia se equilibre con ejercicios de memoria. El cuerpo queda para que la comunidad,

los allegados y amigos, lo tomen, lo conduzcan a su próxima morada entre los muertos y

su memoria queda entre los vivos (Thomas, 1983). Estos ritos revisten gran interés

antropológico en tanto son expresiones que evidencian significados y dinámicas que

sirven para darle un lugar simbólico a la muerte y al papel que esta nueva condición otorga

a la persona según el contexto cultural específico. Sin embargo, como lo anota Renato

Rosaldo (1991, p. 24): “…las etnografías escritas según las normas clásicas, consideran a la muerte como un ritual y no como una desdicha”. Es decir, la muerte es vista como sucesión de pasos rituales que se pueden describir y no tienen en cuenta las emociones que produce en las personas aquello que se vive, aquello que también muere dentro.

Al empezar mis exploraciones sobre el tema, mis referentes de país fueron

transformándose, no sólo por los “nuevos datos adquiridos” sino además por los recuerdos

que desencadenaron en mí. Siempre supe que tenía una motivación muy interior -que casi

no escuchaba- para elegir este tema. Esta voz empezó a ser más alta cuando escribía.

Aquella historia que enseñan en la escuela era un esqueleto, sin carne, al lado de las

historias que contaban en casa. Empecé a ver aquellos significados que como “nativa”

(24)

la historia del país. Como intelectual no podía dejar de preguntarme, qué lugar ocupan los

muertos en el ejercicio de mi oficio en el país, cuando ocurren asesinatos de investigadores

sociales como el del profesor Jesús Antonio Bejarano en las instalaciones de la

Universidad Nacional. Mi relato acerca de la historia cambió, no sólo se amplió en

espectro y profundidad, en los hechos; sino que mis recuerdos, mis vivencias emergieron,

así registré el recuerdo:

“…la muerte violenta era cotidiana como lo era el dolor de los que perdían a un amigo,

compañero o una esperanza. La desesperación de los que ni siquiera tenían la certeza

de que habían muerto y ya no estaban… los desaparecidos. Los que no volvían… donde

la incertidumbre se vuelve insoportablemente dolorosa”. (Diario de campo, marzo

2004)

Lloré y continué. La indagación debía ser cuidadosa, búsqueda de fuentes y una

metodología que sustentara el análisis y resultado. Iba aprendiendo a hacer historia, estaba

buscando, tal vez, otra versión. Era evidente que no me podía separar emotivamente de

los datos, mi historia personal ahora se veía trenzada a la historia nacional:

“Tenía 13 años y llegué a la casa con libros de texto que vendían en el colegio. Uno de ellos era de Ciencias Sociales. Mis papás se pusieron muy contentos, […] en uno de

los últimos capítulos que trataba de la Historia reciente, en un cuadro de más de un

cuarto de página, había una reseña explicativa del genocidio de la U.P. Ver que esa

historia aparecía en un texto de Historia, de enseñanza media oficial, era saber que

nosotros, hijos de los hijos, los nietos de la Violencia, íbamos a considerarlo un evento

histórico, a darle un significado a esas mismas muertes en la memoria colectiva de mi

generación. Habían restituido, en parte, el reconocimiento de la historia de personas

que fueron, para usar lenguaje del sentido común de la época, silenciadas”. (Diario de campo, junio 2004)

Así, la muerte violenta no es sólo la muerte, es la pérdida de parte de su sustento como

persona y como pueblo, es la pérdida de los lazos sociales evitando la reincorporación a

la vida social, condenando a comunidades enteras a un destino incierto o negado y de

(25)

que no tengo ni donde llorarlo”2. La violencia del silencio, generado y reproductor del

miedo. Entonces… ¿Qué hacen los muertos ahora? ¿Qué historia se está construyendo en

medio del silenciamiento? ¿Quién habla? ¿Qué cuenta? La objetividad del antropólogo se

derrumba ante el dolor de la guerra...

Los textos académicos son producto de los procesos de significación que transitan

como propuestas científicas para interpretar lo que ocurre, constituyen la versión oficial.

El objetivo de ese trabajo que hice como pasante fue realizar un ejercicio etnográfico para

describir el proceso metodológico y textual de la construcción de representaciones

sociales, desde las descripciones de los escenarios regionales y de los actores del conflicto.

Uno de los autores, Monseñor Germán Guzmán Campos, un participante directo en la

conformación de la Primera Comisión en el trabajo de planeación, ejecución y análisis de

la investigación., también fue de manera simultánea, testigo, cura, científico y

colombiano. Su intención fue descriptiva y testimonial más que analítica, lo que permitió

ver cómo se configura el relato de la Violencia y cómo construye un discurso específico

para caracterizar la violencia, la muerte y el “atroz” conflicto. Por el contrario, este trabajo

se guía en la búsqueda de la vida, del movimiento.

Durante esta investigación pude entre ver las formas en que el relato se estructura como

un cuento de suspenso. Los hechos van desencadenándose, consolidando lo que el autor

metafóricamente llama “clima”. El clima, también en aquel caso, se compone de dos

aspectos: geográfico-humano, que particulariza y liga a las poblaciones con un ancestro o

carácter; y por otro lado, el aspecto de los discursos políticos que circulaban en ese

entonces. En ese momento, los propósitos del texto a construir eran: la sensibilización del

lector, y propiciar que éste se emocione, se conmueva y comparta el horror, la generación

y circulación de emociones ligadas a la Violencia. Esto puede relacionarse con el relato

de terror en el que el ritmo de la novela va en aumento progresivo y la emotividad, que es

conducida por el suspenso, se incrementa. La descripción de los actores se hace por medio

de calificaciones donde los sujetos "soportan", "sufren" y "sucumben" a la violencia. Los

hechos aislados que poco a poco se estructuran en conflictos, primero se ven como

2

(26)

acciones coyunturales, los crímenes van en aumento escalonado y se coronan con

testimonios de muerte y sevicia.

Aquí la naturalización de la violencia se presenta como algo consustancial a la nación,

quedando preñada de este conflicto bipartidista desde sus orígenes. Aunque las fuentes

que utiliza el autor hacen alusión todo el tiempo a los diferentes actores políticos, estos no

son definidos en términos políticos, sino que aparecen como actores con ideologías ya

definidas, estáticas y, por este hecho, son asumidas como obvias en el análisis. Los actores

que aparecen configurados en el discurso como víctimas son presentados como seres

“pasivos”. Esta categoría está definida por su carácter de receptáculo, germen y vector de

violencia. La víctima no se sitúa en un estado de indefensión sino una condición inherente

al sujeto que la sufre. Es descrita como irracional e ignorante, dejando así, en manos del

Estado benefactor, su rehabilitación y futuro, y negando las posibilidades de estos sujetos,

en el discurso, de ser protagonistas de sus propios procesos. No obstante, la víctima queda

sujeta a una transformación categorial de víctima a victimario, a través de la herencia de

violencia, que genera una explicación cíclica y permanente de las expresiones del

conflicto.

La autoridad para nombrar a los actores, en este caso, las víctimas y victimarios en el

discurso, tiene el poder performativo de crear al nombrar, definiendo a quienes en adelante

serán constituidos como víctimas y victimarios; pues si bien es cierto que Monseñor da la

palabra a los actores del conflicto, termina esencializándolos, otorgándoles atributos

naturales e innatos.

Con la producción de discursos acerca del otro, la academia además de nombrar y

describir, reafirma o desestabiliza representaciones, apuntando a inscribirlas en el discurso

nacional oficial como si hicieran parte de los modos de vida nacionales, pero en un estadio

inferior, exotizado, folclorizado y subalternizado.

De este trabajo quedaron las inquietudes: ¿Qué tanto de literatura tiene la etnografía?

¿Qué hacemos con tanto relato de guerra de los académicos, ‘la gente’? ¿Hay manera de

ser más horizontal y, de pronto, más honesto en la producción de conocimiento? ¿Es

(27)

De la etnografía al cuento

Me topé con la creación literaria en mi oficio como docente. Nacieron mis creaciones

de los conflictos o tensiones que encontré entre centro y periferia, conocimiento científico

y saber popular. ¿Cuáles son las relaciones entre estas disciplinas?

El discurso académico estableció las representaciones de la época sobre el conflicto

(mediados de siglo XX en Colombia) entre víctima y victimario. Las ciencias sociales han

tenido una herencia epistemológica de ‘oposiciones’: cultura/naturaleza,

individuo/sociedad, civilizados/salvajes. Digamos que este sistema binario hace parte del

‘sentido común’ que construye el investigador de la cultura. Esta herencia permea los

conceptos, las descripciones, los discursos de las disciplinas con los que se define a sí

misma, su objeto de investigación y su validez. Así las ciencias humanas se plagaron de

oposiciones para definir y nombrar la alteridad.

La antropología se declara independiente a mediados del siglo XIX, apoyada en el

pensamiento positivista y la aceptación de la teoría de la evolución de las especies. Por

otra parte, el desarrollo de la literatura como disciplina también encajó con el sistema

binario, “la literatura fue un arte que desde los siglos XVIII y XIX fue reconocido por ser

expresión de subjetividad del individuo y por representar los llamados niveles elevados

de la civilización” (Ferreira y Arévalo, 2013). Se diferenció la calidad de las obras desde

el concepto de alta cultura, que era conformada por aquellos con la autoridad de ser autores en su sociedad. Si su obra cumplía con el canon teórico, formal retórico y letrado

podría concedérsele el estatus literario. (Ferreira y Arévalo, 2013). El canon permite que

una obra circule más o menos. En el caso colombiano, por ejemplo: “La temática de la

Violencia desaparece durante un buen tiempo, incluso de los manuales escolares. Era

preciso olvidarla. Los testimonios de la época dejaron de ser leídos en tanto expresión de

una “mala literatura”. Sólo con el advenimiento de una nueva generación se reavivó la necesidad de excavar ese pasado suprimido”. (Sánchez, 2003, p.33). Estas estrategias se

siguen usando en el escenario nacional, como la negación de la masacre de las bananeras,

la negación del conflicto armado, entre muchos.

Aquellos discursos que no correspondieron a esta definición de “buena literatura”

(28)

medida que se exigió a la literatura ser oficial, pública y políticamente correcta. El arte literario requirió crear un espacio social, ideológico y académico, que validará y valorará

los discursos que cumplían con los requisitos para ser una obra literaria, para esto se

configuró la crítica literaria:

“...cuya función consistió en diseñar su objeto de estudio, es decir, definir-enunciar

quién hace literatura y qué discurso puede asumirse como tal. [...] aquello considerado

como literatura fue una imagen y un territorio creado por un grupo cultural que definió

valores, tipos, formas, temas que pudieron considerarse literarios”. (Ferreira y Arévalo,

2013, p. 4).

Definir qué es literatura es un ejercicio de poder, se tienen estrategias como la

educación, políticas editoriales, mercados, modas, entre muchos. La evidencia de esta

relación literatura-poder generó, tanto en la antropología como en la literatura la

desestabilización de las estructuras teóricas e ideológicas que fundamentaban la

producción de conocimiento y su quehacer como disciplinas. La antropología entra en

crisis desde el sistema binario naturaleza/cultura, barbarie/civilización, sujeto/objeto;

denotando su carácter etnocéntrico al definir al ‘otro´ como fuera de la civilización, de lo

plenamente humano. Y, paradójicamente, el lugar y el testimonio de las comunidades

sobre las que se escribía se encontraban, nuevamente, marginados de la producción de

conocimiento.

Los grupos minoritarios, antes localizados por fuera del mundo civilizado o en

oposición a este, fueron asumidos como sujetos que realizaban cultura, lo cual implicó

revisar las formas según las cuales la diversidad y la multiplicidad habían sido

representadas por el discurso canónico. Este último se reconoció entonces excluyente y

monológico: incapaz de dar voz a los otros (Ferreira y Arévalo, 2013, p. 5)

En este tiempo, se revisaron las definiciones y se generó una fuerte revisión tras la

crisis de cánones y tradiciones del pensamiento de la disciplina. Mientras tanto, la

literatura recibió los estudios sobre la alteridad evaluando el objeto literario, hasta los

(29)

generaron revisiones en las cuales se replanteó la relación literatura-diversidad étnica y

cultural y la noción de literatura fragmentada en múltiples posibilidades.

Lo literario comenzó a definirse según los lugares, las localidades, las cosmovisiones

e imaginarios sociales, cuestionándose las exclusiones de discursos, géneros, formas,

antes sospechosas para la noción de literatura como expresión de la alta cultura” (Ferreira

y Arévalo, 2013, p. 6).

La antropología se enfrentó al dilema de la construcción de su saber y su práctica

científica frente a la escritura y su componente creativo:

“El aporte de la literatura a la antropología radicó en que los científicos de esta

disciplina percibieron que la escritura y, por consiguiente, la literatura, surgen en el

extremo del conocimiento científico, en la frontera entre saber e ignorancia, donde la

escritura se convierte en espacio de creación e invención y los signos y las vivencias

se integran correspondiéndose en el mismo seno de la escritura como experiencia y

exploración del lenguaje. La ciencia antropológica, al percatarse de este dilema, se vio

obligada a enfrentar el conocimiento ante su mayor amenaza –lo desconocido: aquello

que es formulado en otro orden simbólico-; de esta manera, el saber antropológico

cuestionó su propio hacer científico, pues el antropólogo –sujeto científico y abstracto-

se encontraba de cara a la escritura, en la medida en que la producción del saber, su

enfrentamiento ante lo desconocido, la aproximación a la alteridad, la construcción de

sus conceptos fundamentales estaban mediados por el acto de escribir” ( Ferreira y

Arévalo, p. 6, 2013)

Hacia mediados del siglo pasado los fenómenos de la interdisciplinariedad, impulsado

por el relativismo cultural que desarrollaban las ciencias humanas ponían en cuestión la

manera en que se parcela el conocimiento en las academias. El giro lingüístico desveló al

lenguaje como algo más que un conjunto de signos que hacen referencia a una realidad

concreta: se reconoció como recreación de realidades concretas a través de las prácticas

discursivas comunitarias cotidianas.

Fue a partir de sospechas que se problematizaron en mi experiencia, profesional y

(30)

presentan y validan a sí mismas, se hicieron evidentes. Mientras en la antropología se pone

en evidencia el ‘etnocentrismo’ y los discursos de poder que nombran la otredad en

términos de sometimiento y subvaloración; en la literatura se revisa la línea entre lo culto

y lo popular, y el hermético sentido que adquiere la disciplina al caracterizarla como

independiente de realidades sociales y culturales, pues tanto la antropología como la

literatura son “instancias donde se manifiesta el carácter ficcional propio de lo discursivo”.

(Ferreira y Arévalo, 2013, p. 19).

La posibilidad de contactos entre la literatura y la antropología, atravesadas por

prácticas y discursos fuera de sus linderos académicos, crean puentes con aquellos modos

de expresión que no eran considerados pertinentes desde las artes y las ciencias,

favoreciendo la porosidad de las dos disciplinas hacía discursos y prácticas alternas,

preñadas de conocimiento por su potencial relacional.

Describir al otro o del antropólogo escritor

¿Cuáles son los puntos de contacto entre la literatura y la antropología? Se pueden

observar dos perspectivas para abordar las relaciones entre estos dos campos de estudio:

primero, desde las temáticas que abordan y segundo, desde las prácticas o métodos que

implementan. Las temáticas abordadas por las prácticas antropológicas y literarias en el

marco de la narración y sus recursos, se relacionan directamente con el interés, los dos se

acercan y confluyen en el interés de reflexionar sobre lo humano, de buscar respuesta a lo

que denominamos ‘humanidad’, “ambas disciplinas encuentran su razón de ser en el

conocimiento de lo humano como experiencia de alteridad. Los discursos literarios han

sido, entonces, documentos etnográficos de gran valor para el antropólogo desde los

orígenes de su ciencia.” (Ferreira y Arévalo, 2013, p. 19).

En cuanto a las prácticas y su sistematicidad, o acerca de los métodos, el principal

punto en común es lo escritural. La antropología se instaura en su especificad, a través de

los diarios de campo de Malinowsky, la escritura del “yo testifical”. Esta escritura era

descriptiva, con el mandato de ser realista y objetiva, no se ponía en duda.

Clifford Geertz desde la década del 1970, devela que la etnografía es un ejercicio de

(31)

componer’. Surgen propuestas como la antropología literaria o antropología poética, se

cuestiona esta relación y se permite que el lenguaje sea usado más allá de sus límites

disciplinarios funcionales: se abre paso a la experimentación literaria y subjetividad del

investigador […] “El antropólogo, entonces, deviene escritor. En cuanto a la literatura,

ocurre el movimiento contrario: el escritor deviene etnógrafo” (Ferreira y Arévalo, 2013,

p. 20).

Viendo las dos caras de la moneda, también se evidencia al autor literario como

sistemático observador de las realidades humanas que luego narra en escritos. Sin

embargo, estas críticas han tenido resistencia al interior del campo, pues es difícil para los

antropólogos considerar como testimonios legítimos de realidades concretas, los registros

salidos de la ficción, con la herencia de la disciplina.

La herencia del pensamiento binario que contrapone la ficción a realidad, el mito a

historia, la verdad a la mentira, se convirtieron en tema de debate. Si consideramos la

ficción como hechos que no ocurrieron, emparentarla con la antropología sería

desprestigiarla, restarle validez a su campo de estudio, como conocimiento de una

realidad. Por parte de la literatura también en relación con la antropología se teme la

pérdida de especificidad del objeto literario, el valor estético. El temor del arte a ser

convertido en objeto científico. Un antropólogo experimentando con la escritura no es

garantía de calidad literaria. La capacidad literaria y la calidad de los textos de los y las

antropólogas no son garantizadas por el conocimiento de la disciplina.

Diana Duque es estudiante de la Universidad de Antioquia y se refiere al aprendizaje

de escribir como antropólogo, cómo describir al ‘otro’:

“Este aprendizaje nos fue útil y práctico hasta que tratamos de poner en nuestras casas

y en nuestros barrios las reflexiones que traíamos de la Universidad, y hasta que nuestro

discurso particular nos fue confinado lejos de las conversaciones “vanas” de la gente,

que ahora era nuestro objeto de estudio: el Otro, los Otros. […] Desde los primeros

escritos hechos por antropólogos de gabinete hasta los diarios de campo, descripciones

densas y etnografías, la escritura de las ciencias sociales, y de forma especial en

antropología, es y ha sido a lo largo de su historia, un territorio de poder que construye

(32)

excepciones. Y en cuyo interior también se silencian de forma sistemática ciertas

propuestas y sus privilegios que sostienen sus entramados de poder. (Duque, 2013, p.

30)

En el proceso de hacer ciencia el mayor esfuerzo se pone en el método dejando en

segundo plano la escritura, siendo común la presencia de autores de escritura oscura, de

difícil comprensión. Los otros textos, aquellos a los que Ángel se refería cuando decía:

“no quiero que termine solo en una estantería”, son los informes de investigación,

etnografías, artículos especializados, aquellos que se quedan en las bibliotecas de las

facultades y centros de investigación, para ser consultados, para ser insumo de otros textos

que produce la élite de los intelectuales para otros intelectuales. Los textos encriptados y

densos parecen un requisito de calidad y se sospecha de los textos sencillos.

Así, Duque se pregunta con muchos otros: “¿Qué pasa con los demás públicos cuando

la antropología nace de la búsqueda por entender al otro? ¿Dónde queda el aporte para ese

conocimiento y en manos de quién?” (Duque, 2013, p. 31).

Lo cierto es que la antropología poco se ha preocupado por hacerse asequible al otro.

Esto puede deberse a la búsqueda de objetividad que ha caracterizado la escritura

antropológica, en la que se acostumbró el ocultamiento, encriptamiento y alejamiento del

sujeto investigador como estrategia.

Según Hammersley y Atkinson, en Etnografía (1994) texto común en las clases de

antropología, afirman que:

“…La producción del relato del investigador no es, en principio, diferente a otra clase

de relatos: así como no existe un lenguaje neutral, tampoco hay una forma neutral de

informar […] no se puede concebir la redacción como un acto meramente técnico” (p.

33).

Los intereses de quien escribe y el contexto en el que lo hace “vínculo que se convierte

en una relación dialógica que atraviesa al ser de quien investiga y está recibiendo al mismo

tiempo las consecuencias de la obra escrita que se produce en esta relación”. La obra

escrita es un aparato (como el cuento) en el que el antropólogo traduce en lenguaje

(33)

Así el investigador se enfrenta a la deconstrucción de las hegemonías que las

disciplinas han construido, por lo menos aquellas que evidencian la reflexión sobre los

entramados de poder que la atraviesan y fortalece la misma producción de la investigación.

De antropóloga a “la profe” y la creación literaria

El diploma es una de las maneras de acceder a la academia, no lo garantiza, pero es un

requisito. Esta academia conformada por las facultades, organismos, movida por

publicaciones, seminarios, con incidencia en políticas, donde existe “la carrera académica” con sus departamentos en disputa y con tensiones permanentes, hacen

formación y escuela en sus diferentes maneras de escribir, se crean y mantienen lenguajes

especializados, diferenciadores. La academia se ubica geográficamente, no es etérea, se

incuba en las capitales, en las universidades centrales, prestigiosas, y se irradia hacia “la

periferia”, de norte a sur. En sus espacios de convergencia se produce cierto tipo de

profesionales, especialistas, gurús.

Después del grado, dejé la tesis atrás y salí a trabajar. Esto implicó moverme, algunas

veces ser profe, casi siempre trabajar en educación y formación. Del centro de la ciudad,

mi barrio, al sur. De Colombia a Ecuador, de allí a Europa y luego salte a África para

regresar a Colombia, a Quibdó (Chocó) por otro año. En este recorrido geográfico, cambié

de rol de estudiante a docente: el rito se hace efectivo. Cambie los textos de antropología

por literatura local, nacional. Me encontré en medio de una diversidad de aulas, acentos e

historias. En tales circunstancias, me estorbó la formación académica y me sirvió más la

experiencia.

Así me convertí en “la profe”, labor donde terminaba enseñando y dejándome enseñar.

Recreé una metodología de auto-indagación. Valoré procesos más que resultados.

Reconocí diferencias de motivaciones entre estudiantes y yo. Encontré serias dificultades

de lecto-escritura y amplias facultades de observación y narración en las comunidades,

con mis estudiantes y compañeros. Me identifiqué personalmente, la gran mayoría temía

escribir.

¿Cómo pasar de lo oral a lo escrito? Me preocupé por el uso de la escritura, veía la

(34)

experiencia. Con tristeza lo encontré raquítico, olvidado, asustado; mi experiencia

archivada, como una tesis en un anaquel. ¿Qué pasó? Ahora debo calificar, corregir y

enseñar a escribir para la academia. Mis estudiantes debían ser competentes como

académicos, su saber no es apreciado por “la academia” puesto que es un saber oral,

corporal, o como Ana María Arango dice: un conocimiento corp-oral (Arango, 2014)

¿Cómo se puede disputar la historia, la memoria, frente a la tiranía de lo escrito?

La tiranía no solo proviene de fuera, se interioriza. Poco a poco me fui enfrentando con

la que llamo “la profe Rosita” en momentos donde la autoridad me atravesaba y me jugaba

malas pasadas. Así comprendí cómo la escuela-disciplina se me metió en la práctica,

aunque mi discurso fuera en contravía. Estando en contextos de la periferia de la periferia,

donde las instituciones son aún más esqueléticas que mi creatividad, y por demás

impuestas y ficticias; me estrellé con mi demonio: ESCRIBIR. Para enseñar tenía que

escribir…

¿Qué hacer para escribir?

Volví al centro a vivir, a buscar trabajo y estudiar; ya empezaba a ser exigencia laboral

tener más que el pregrado. Busqué una maestría en educación para ayudar a mi perfil

laboral y cambiar mi rol profesional, pero un volante de la Universidad Central me sedujo

por su particular programa enfocado en creación narrativa, sentí una corazonada. Por eso

digo que esta indagación ha sido intuitiva, literalmente. En la Universidad Central

encontré nicho, un grupo de escritores y escritoras que a través de talleres y trabajo

reflexivo desarrollaron desde el pregrado, su especialización, la cual tomé; hace dos años

estrenaron su maestría en Creación Narrativa. La siguiente parte de esta narración

reflexiva se nutre de la herencia que recibí allí.

Uno de mis maestros, Isaías Peña Gutiérrez (2010) escribió El universo de la creación

narrativa, en donde expone gran parte de lo desarrollado por este colectivo desde hace más de tres décadas, el Taller de Escritores de la Universidad Central, este texto se creó

con fin pedagógico y es resultado de encuentros entre creadoras y creadores. La propuesta

es académica en cuanto a la descripción y sistematización, sin embargo, se distancia de su

episteme en cuanto su objeto de estudio es la materia y los productos de la creación

(35)

El profesor Peña tuvo en cuenta los aportes de las disciplinas académicas, pero

reconoce que se ha dejado por fuera a la creación en la academia. La creación no sigue la

linealidad académica siempre, puede tener algunos mecanismos visibles y múltiples

intersticios presentidos para su construcción; así una revisión bibliográfica, meramente

académica es insuficiente en un ‘terreno’ donde nos guiamos “desde la luz que atraviesa el cerrojo de la razón y la intuición” (Peña, 2010, p. 19).

El modo particular que desarrolla se denomina la prefiguración del texto inexistente y,

sintetizándolo, postula las siguientes fases:

- Desmontar el texto hacia el pasado. Asumir la escritura de un texto como la

creación de una obra artística. Desmontar la obra para armar lo desconocido, más que

constatar valores. (Peña: 2010. 52).

- Evitar la academización, pues son rutas diferentes las de estudiar un objeto literario

producido para canonizar o rechazar, “que estudiarlos para prefigurar el futuro de” una

obra en ciernes (objeto literario está por producirse o por crear)”. “El crítico constata y

analiza el pasado, el creador, construye el futuro. Y entre ambos hacen el presente”

(Peña, 2010, p. 53).

El sesgo de la tradición académica dificulta el proceso de desmontar el texto. El análisis

literario se basa en la interpretación del argumento dependiendo de la teoría de moda,

además de la interpretación de su idea o de su argumento, y se supone que debe

comprender la pentafonía narrativa: “…el escritor aprende de sus antecesores cuando los

desmonta en la lectura, y cuando, al mismo tiempo, los imagina en otras innumerables

posibilidades de escritura” (Peña, 2010, p. 54).

- El texto inexistente es definido como el proceso simultáneo de desmonte y edición

del texto futuro (Peña: 2010).

- La configuración del texto inexistente permite idear los procesos de construcción,

imaginación y creación narrativa que pueden servir al acto de la creación para culminar

en una obra final. “Con el texto inexistente, sin desconocer los patrones de la teoría y de

la crítica literaria –que tomamos para revaluar, contradecir, dudar, asociar o seguir a

(36)

genera varios textos simultáneos (cuya realidad aristotélica es la de su inexistencia

monológica), texto ambiguo que catalizará –esa es su virtud- el nuestro, el único realmente

existente” (Peña, 2010, p. 56)

Este modo de indagación en creación se puede resumir en los siguientes pasos, que no

son consecutivos ni tienen más importancia uno que otro: 1. Intuimos lo que pudo

imaginar el autor; 2. Nos apropiamos de lo imaginario del texto en sí, visto sin autor, desde

la época en que nos encontramos; y 3. Exploramos las distintas variables que podamos

agregar. En este orden de ideas, la creación, es el resultado del proceso:

“Ese múltiple texto es una gran contradicción cartesiana, pues es uno y es múltiple,

como la onda en el agua que refleja mil ondas a la vez, es y no es un espejismo, y es el

que provoca mi propio texto posterior, cuando ya no esté editando el texto inexistente,

sino montando el mío propio.” (Peña, 2010, p. 56).

Poéticas literarias: Escritores creadores

Sentí la posibilidad de narrarnos. Me motivó el deber de enseñar a leer y escribir más

allá de la alfabetización funcional, el poder de crear otros mundos, la posibilidad de

cambiar escenarios, escudriñar personajes y generar otras respuestas, salidas o preguntas,

otro final. ¿Qué dice la poética literaria? Indagué sobre sus poéticas a la hora de narrar, de

escribir. Revisé las poéticas de los clásicos de la literatura, desde las narraciones de ellos

como autores, como creadores y no de los críticos. Escritos de Horacio, Poe, O´connor,

Faulkner, Duras, Hemingway y Kundera hicieron parte de esta búsqueda. Seguía en el

canon (aunque debo aclarar que los textos de Alfredo Molano, Eduardo Galeano y Luis

Sepúlveda, ya me tenían por esa pista, mi guía era literaria) ¿Qué hay que hacer para

escribir? Escribir.

Escribir algo que va dando vueltas y se escurre como el agua, sin forma, aún sin

nombre. Escribir... Cuentan que los primeros en preguntar eran hombres iluminados,

civilizados. Poetas y filósofos que escribieron sobre cómo escribir. Cómo crear. Cómo

comportarse. Horacio, con la experiencia del oficio caracteriza las obras. La armonía, el

(37)

a las normas, el dominio del pasado, la mesura y la claridad son para él las dimensiones

más importantes de un texto (Horacio, 1999). Si bien algunas son técnicas, imitad los modelos griegos. La mayoría de estos aforismos son dedicados al comportamiento y actitudes del escritor. El equilibrio, la dedicación, la disposición a escuchar críticas y

corregir, el juicio. No caer en adulación. Pensar en el público y ser veraz, observar.

Horacio entiende el escribir como un oficio. El maestro aconseja, advierte. (Horacio,

1999). Duras no estaría de acuerdo con mostrar sus textos a un crítico docto… tampoco

al amante (Duras, 2000).

¿Cómo se escribe? Escribiendo. Escribir es cuestión de método. No hay creación

espontánea. La desmitificación del acto creativo la hace Edgar Allan Poe de una manera

tan lógica, que hay quienes piensan que fue una broma. Finalmente, nadie escapa a su

época. Es el siglo de la razón. Del método científico. El Cuervo es de-construido, se revela

su estructura:

“Es mi intención mostrar que ningún detalle de su composición puede asignarse a un

azar o a una intuición, sino que la obra se desenvolvió paso a paso hasta quedar

completa, con la precisión y el rigor lógico de un problema matemático.” (Poe, 1969,

p. 225).

Se escribe, según Poe, para alguien, para producir un efecto. La herramienta es la

Belleza. Hay que encontrar el tono. También se busca el estímulo artístico, él estructura

el poema. El secreto: la fuerza sugestiva, sólo en última instancia se ve claramente la

intención de hacer de El Cuervo un símbolo del recuerdo fúnebre e imperecedero (Poe,

1969).

Una mujer que escribe. O´Connor vive en una granja, está enferma, va a misa. Escribe

cuentos. Escribe cuentos para dejar un significado, una esencia en los lectores. Su

preocupación al escribir, la verosimilitud. Partir de la realidad para construir la fantasía.

Va a misa, no da misa. Crea personajes que realizan acciones. Personajes que crean la

acción de la historia. Crea mundos con peso y espacialidad para estas personalidades.

Generar experiencia requiere apegarse a lo verdadero o a su posibilidad. Busca el misterio

de la personalidad humana (O´Connor, 1999). ¿Cómo se escribe? Escribir es un arte que

Figure

Cuadro de clasificación lírical .                                AUTOR  NOMBRE   TERRITORIO IDENTIDAD  HISTORIA  MC              MOVIMIENTO  CRÓNICAS  RESISTENCIA SISTEMA / DENUNCIA  POÉTICAS  POLÍTICAS  REFLEXIÓN  CREACIÓN

Referencias

Documento similar

E Clamades andaua sienpre sobre el caua- 11o de madera, y en poco tienpo fue tan lexos, que el no sabia en donde estaña; pero el tomo muy gran esfuergo en si, y pensó yendo assi

Sanz (Universidad Carlos III-IUNE): "El papel de las fuentes de datos en los ranking nacionales de universidades".. Reuniones científicas 75 Los días 12 y 13 de noviembre

(Banco de España) Mancebo, Pascual (U. de Alicante) Marco, Mariluz (U. de València) Marhuenda, Francisco (U. de Alicante) Marhuenda, Joaquín (U. de Alicante) Marquerie,

[r]

SVP, EXECUTIVE CREATIVE DIRECTOR JACK MORTON

Social Media, Email Marketing, Workflows, Smart CTA’s, Video Marketing. Blog, Social Media, SEO, SEM, Mobile Marketing,

The part I assessment is coordinated involving all MSCs and led by the RMS who prepares a draft assessment report, sends the request for information (RFI) with considerations,

o Si dispone en su establecimiento de alguna silla de ruedas Jazz S50 o 708D cuyo nº de serie figura en el anexo 1 de esta nota informativa, consulte la nota de aviso de la