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LAS AYUDAS SOCIALES EN LA PRIMERA ACOGIDA

2. LA REPÚBLICA ÁRABE SAHARAUI DEMOCRÁTICA

3.3. LAS AYUDAS SOCIALES EN LA PRIMERA ACOGIDA

A lo largo de 2005 los Centros de Migraciones acogieron a solicitantes de asilo en primera acogida, es decir, antes de la resolución de inadmisión a trámite. En los Centros de Migraciones de Málaga, Cullera (Valencia) y Mérida se acogió en régi- men de primera acogida a 128 personas (96 hombres y 32 mujeres) y en cada uno de ellos, respectivamente, se recibieron 40 personas (24 hombres y 16 mujeres), 45 personas (37 hombres y 8 mujeres) y 43 personas (35 hombres y 8 mujeres). Este periodo es el de mayor vulnerabilidad para los solicitantes de asilo, ya que, por

ejemplo, están privados de la opción de trabajar, muchos desconocen el idioma español, el estado de salud física y mental puede ser precario a consecuencia de las penurias del viaje o de la persecución padecida y suelen carecer de recursos econó- micos para afrontar las necesidades básicas de alojamiento y manutención.

Las ayudas sociales para este colectivo son esencialmente los programas desa- rrollados en los Centros de Migraciones y aquéllas a las que se ha logrado que puedan acceder a través de los servicios sociales comunitarios y las organizaciones no guber- namentales. En los centros se desarrollan un conjunto de programas enfocados a garantizar la atención durante la primera acogida que de manera genérica se pueden englobar en las siguientes áreas: acogida, información, asistencia jurídica, asistencia médica, asistencia psicológica, asistencia social y formación para adultos y niños.

Las características de estos programas varían en función de la comunidad autónoma y de la relación entre la organización no gubernamental que los gestiona y los diferentes estamentos de la administración regional y su marco jurídico es la directiva europea de normas mínimas de acogida a los solicitantes de asilo de 23 de enero de 2003.

Aunque los Centros de Migraciones que gestiona la CEAR comparten una misma línea de trabajo, su localización geográfica en una u otra comunidad autó- noma hace que las necesidades y posibilidades de apoyo comunitario sean diferen- tes. A título de ejemplo, se analiza aquí el ubicado en Málaga, cuya capacidad es de 65 plazas, ocupadas por solicitantes de asilo en régimen de primera acogida y en régimen de acogida temporal (después de la admisión a trámite de sus solicitudes). Aunque los aspectos que abordan los trabajadores del Centro coinciden en líneas generales, existen limitaciones y atenciones a grupos con necesidades especiales y mucho más específicas, más allá del alojamiento y la manutención, en la primera acogida.

CEAR siempre consideró la necesidad de poder establecer vínculos con las diferentes instituciones y servicios comunitarios, de modo que se pudiesen cana- lizar sin masificar y racionalizando las demandas del colectivo. Por este motivo, en Málaga estrechó los lazos con el distrito sanitario y los centros de salud de la zona, los colegios e institutos próximos, los servicios sociales comunitarios, las institu- ciones benéficas, los albergues municipales y las comisarías y los servicios fronte- rizos.

Los programas para la integración previstos y desarrollados para los solicitan- tes de asilo admitidos a trámite desde los Centros de Migraciones tienen una dura- ción de unos seis meses, lo que permite poner en marcha un itinerario racional.

Por su parte, los programas diseñados para los solicitantes de asilo en régi- men de primera acogida contemplan dos asuntos importantes. En primer lugar,

debe dotarse a la persona de las herramientas básicas para afrontar su vida de manera independiente, en un periodo de tiempo mínimo y valorando la posibili- dad de que la demanda de asilo pueda ser inadmitida a trámite con la consiguiente salida de estos programas. Y, en segundo lugar, pretenden incidir en el estado psi- cofísico del solicitante de asilo, que en numerosas ocasiones está muy deteriorado. Por tanto, para optimizar los resultados se implementan dispositivos diferenciales tanto en adultos como en menores de edad.

Si se parte del artículo 5 de la directiva de normas mínimas y se avanza de manera correlativa en las diferencias de los solicitantes de asilo de primera acogi- da respecto a los admitidos a trámite, con quienes se pueden ejecutar otro tipo de programas, la normativa se cumple a pesar de las frecuentes necesidades de recur- sos humanos.

En 2005 en Málaga todas las personas que solicitaron el estatuto de refugiado o que expresaron a CEAR su deseo de hacerlo dispusieron de asesoramiento jurí- dico e incluso del acompañamiento de un intérprete a la Comisaría Provincial de la Policía Nacional el día que tenían la cita concertada para formalizar su solicitud de asilo. Respecto al colectivo de primera acogida, fue fundamental el contacto conti- nuo que CEAR mantuvo con su departamento de extranjería, con el que se trabajó de manera estrecha y desde el que cuando acudían personas a realizar gestiones de forma independiente, desconociendo los pasos que debían dar y los programas existentes (es decir, cuando eran detectadas personas con necesidad de protec- ción), las derivaban a CEAR para que se les proporcionase la información, la orientación y el apoyo en todos los aspectos, pero sobre todo en los sociales y los jurídicos.

En el Centro de Migraciones estas personas recibieron toda la información sobre sus derechos y las opciones que tenían para recibir apoyo. Si había plazas libres en ese momento, los profesionales de CEAR proponían su ingreso y, si esta- ba completo, les derivaban a un albergue municipal o a otras instalaciones de ins- tituciones benéficas, que fueron un gran apoyo en este periodo, y gracias al traba- jo y los esfuerzos coordinados se han optimizado los recursos.

Cuando el solicitante de asilo pudo ocupar una plaza en el Centro de Migra- ciones, se le ubicó en un espacio acorde a su realidad, sobre todo si estaba acom- pañado por familiares suyos, tal y como sugiere el artículo 8 de la citada directiva, que apoya el mantenimiento de la unidad familiar. En cuanto al empadronamien- to, y aunque en ocasiones hubo problemas para realizarlo, es una gestión vital ya que permite el acceso a las prestaciones de los servicios sociales comunitarios.

En virtud del artículo 9 de la directiva, habría que agilizar la realización de exámenes médicos a estas personas, puesto que, aunque en Andalucía cualquier

extranjero en situación irregular puede ser atendido por los servicios médicos del centro de salud de su zona y los solicitantes de asilo tienen asignado un médico de familia y abierta su historia clínica, la realización de las pruebas y los análisis médi- cos que les solicitan para su convivencia con otras personas en el Centro de Migraciones se han venido demorando demasiado, motivo por el que se están man- teniendo entrevistas con los responsables en esta área para tratar de agilizarlos.

Para intentar garantizar la atención médica, en Andalucía funciona el sistema de acompañamientos médicos, apoyado económicamente por la Fundación Progreso y Salud en su convenio con la Junta de Andalucía y diversas organizacio- nes no gubernamentales e instituciones comunitarias. Gracias a ello, numerosos solicitantes de asilo que desconocían el español han tenido a su disposición un intérprete en cada gestión realizada en el sistema sanitario (solicitud de tarjeta sanitaria, petición de citas, consultas generales y de especialistas, atención en urgencias…).

El acompañamiento facilitado desde el Centro de Migraciones ha permitido que la valoración y el diagnóstico de los casos hayan sido más ágiles y acertados, aunque, cuando en ocasiones éste fue imposible, dio lugar a reclamaciones al Centro como si esto fuese una obligación y protestas o reacciones injustificadas. En este sentido, se pudieron estudiar casos especiales que exigían un examen o una intervención específica y rápida, como la prueba de embarazo urgente realizada a una mujer que había sido violada, la exploración ginecológica que también se le realizó para valorar si sufría infecciones u otros daños derivadas de esa brutal agre- sión y la asistencia psicológica que se le prestó.

Además, las tres personas que habían sufrido violencia de género fueron atendidas por el servicio psicológico y un niño de cuatro años que había sido ope- rado de corazón en numerosas ocasiones en varios países pudo continuar su trata- miento, los especialistas que le atendieron clarificaron a su madre su estado de salud y después la psicóloga ya pudo empezar a trabajar para modificar la conducta del menor.

También se realizó un estudio de las secuelas psicofísicas y se llevaron a cabo los trámites para que un usuario obtuviera la calificación de minusvalía. Asimismo, el caso de una familia mongolesa, cuyos miembros estaban absolutamente deso- rientados y desconocían el español, exigió unos programas de apoyo específicos para los adultos y para los niños y para encauzar la situación médica fue necesario ofrecerles acompañamiento en todas las gestiones.

Todos los niños fueron vacunados o vueltos a vacunar cuando fue necesario en los centros escolares y las mujeres embarazadas fueron atendidas durante la fase de gestación y el parto con los mismos derechos que las españolas. Hace ya tiempo que

CEAR mantiene contacto con el Hospital Materno-Infantil, pero la atención a las personas recién llegadas y el apoyo prestado desde el Centro para avanzar sobre todo con los acompañamientos facilitó que el personal de los equipos médicos pudiese intervenir de manera más certera y facilitar el seguimiento de los casos después del parto.

Este convenio existe en Andalucía, pero no en otras comunidades. En Cullera, dentro del colectivo de primera acogida, han sido acompañados y atendidos como casos especiales un chico por el Equipo de Salud Mental, una persona enferma de Hepatitis C y un enfermo con cólico nefrítico de importancia. Con respecto a los casos de Mérida, cabe destacar el elevado porcentaje de personas con hepatitis, aunque sólo requirieron tratamiento dos personas.

Respecto al artículo 10 de la directiva, sobre la escolarización de los menores, todos ellos fueron inscritos en los centros públicos o concertados próximos al Centro de Migraciones en los cursos correspondientes, fuese cual fuese el grado de conocimiento del español, con la intención de facilitar su integración y la norma- lización de su vida, así como para aprovechar su capacidad de adaptación y apren- dizaje.

Cuando el desconocimiento del español era nulo, se puso en marcha un pro- grama especial de aprendizaje simultáneo a las clases de apoyo a la escolarización desarrolladas en el Centro, con pautas de asistencia personalizada en cada caso y siguiendo los ritmos y las necesidades personales de cada niño. En el caso de los hispanohablantes, el apoyo se centró en las materias de las que tenían mayor des- conocimiento por proceder de otros países, como historia, geografía, literatura… y en las que demandaba el propio muchacho.

Por otra parte, los trabajadores de CEAR intentaron que se inscribiesen en las actividades extraescolares para que se relacionaran en otro ámbito y tuvieran la oportunidad de realizar actividades de ocio y aprendizaje programadas y, además, permitir a sus padres disponer de tiempo para adquirir formación y buscar alter- nativas para avanzar en su proceso de integración en España.

En el caso de los menores de tres años, las dificultades para acceder a las guarderías o a las escuelas infantiles fueron mayores, sobre todo por el tiempo de espera, si bien es cierto que todos pudieron acceder con becas de la Junta de An- dalucía.

Los casos de escolarización de los adolescentes en secundaria fueron con fre- cuencia conflictivos y surgieron problemas de adaptación ligados a la etapa de desarrollo de estos muchachos, agravados además por las consecuencias del aban- dono de sus amigos y compañeros en sus países. Es muy difícil asumir la nueva situación, caracterizada por la pérdida de cursos, la demora de sus proyectos de

futuro, el alejamiento de su círculo de amistades, la convivencia con extraños…, de tal manera que suelen aflorar la desmotivación y la rebeldía.

Los especialistas de CEAR tuvieron que dedicar varias sesiones de apoyo y orientación tanto a estos adolescentes como a sus progenitores hasta lograr al menos una cierta estabilidad para poder afianzar unas nuevas expectativas ante el futuro si sus solicitudes de asilo eran admitidas a trámite, que en el caso del Centro de Migraciones de Málaga fueron la mayor parte. En cambio, las inadmisiones y el consiguiente abandono del programa de acogida, el cambio de domicilio, el cam- bio de centro escolar, causaron nuevos cambios y reavivaron la inestabilidad.

La atención a los solicitantes de asilo durante la primera acogida exige una mayor dedicación tanto por los programas, como por la atención individualizada y la intensidad de las mismas debido al estado de las personas en esos momentos. Las necesidades de personal son mayores y sería conveniente poder contar con personal específico para tal fin. No obstante, los resultados obtenidos son positi- vos, poder cubrir las necesidades en esta etapa compensa y es una alternativa para avanzar con mayor agilidad a lo largo del proceso siguiente.