La palabra magia puede prestarse a equívocos; por lo general se la toma en mal sentido. O mejor, es un término general y como indiferente que se especializa en malo o bueno según el epíteto que lo acompañe y el texto que lo aclare.
Y si bien la iglesia condena la magia negra, no deja de reconocer la existencia de una magia natural, sana.
En el catecismo de Hauterive, se dice que: "La magia natural es un conocimiento de los secretos más ocultos de la Naturaleza y de sus aplicaciones".
Por otra parte, el título de Mago era conferido en Persia a los sabios, a los filósofos y a los hombres de ciencia, nunca a los hechiceros. Siendo éste precisamente el sentido que le da el Evangelio.
Los Magos que vinieron a ofrendar su adoración al divino niño eran hombres de ciencia y filósofos, no hechiceros.
Los Magos del Evangelio, versados en las ciencias misteriosas de la Naturaleza, pero impulsados a la adoración sobrenatural de la Divinidad oculta en el Niño-Dios, constituían el tipo perfecto de Mago, simultáneamente sabio y místico.
De tal suerte, la magia blanca presentaría dos divisiones: la primera sería una ciencia natural misteriosa, la segunda una Mística divina.
La magia negra tendría también dos divisiones: la primera, natural, consistiría en el uso indebido de ciertos secretos (buenos en sí mismos); por ejemplo, un magnetizador que utilizare el magnetismo para seducir a una mujer o para desequilibrar la salud de un competidor; la segunda, todavía peor, vendría a ser la hechicería, mediante la cual el uso culpable de los secretos naturales se agravaría con el concurso de los malos espíritus.
Al igual del Cristianismo, la Cábala condena rigurosamente aquellas operaciones mágicas que contradigan la ley moral y religiosa y que apele a fuerzas que no sean las de Dios, de los buenos espíritus y de la Naturaleza sana. Reprueba la magia natural pervertida y la magia negra.
Debido a las diferentes interpretaciones del término magia, adoptaremos con preferencia los términos: Ciencia de los Magos, Arte de los Magos.
Y entendemos por Magos a los Iniciados, quienes, al igual de los Reyes que adoraron a Cristo, tratan de asociar la misteriosa ciencia natural a la Mística divina.
La Ciencia de los Magos, es la doctrina; el Arte de los Magos, la práctica.
El Arte de los Magos consiste, especialmente, en el empleo de las correspondencias en las operaciones, espirituales o fluidicas, sutiles.
El empleo de las correspondencias puede ser directo o simbólico. Es directo cuando se opera con elementos que pueden tener ante sí una acción directa. Ejemplo: un magnetizador actúa sobre un sujeto, teniendo en cuenta las polaridades humanas. O bien, se utilizan las polaridades del imán, de la electricidad para influenciar los polos humanos.
El empleo de las correspondencias es llamado simbólico cuando se opera con elementos que tienen entre sí una acción indirecta. Ejemplo: Se magnetiza a distancia. El enfermo sobre el cual se opera tiene ideas sombrías. Se desea enviarle fluidos y pensamientos reconfortantes, optimistas. El magnetizador, para excitar su pensamiento y sus fluidos, influye sobre su propia imaginación mediante un ambiente apropiado: se rodea de flores, de telas claras, de perfumes frescos; escucha alguna música alegre mientras magnetiza a distancia.
Este ambiente constituye un ejemplo simbólico de las correspondencias.
El simbolismo, cuando se lo emplea correctamente, no deja nunca de tener una acción verdadera, regida por las leyes del ternario o de otro número sagrado.
Pero dicha acción no está ligada de modo inmediato con la operación realizada. Esta es la diferencia entre el empleo simbólico y directo de las correspondencias.
Entre las prácticas del Arte de los Magos, citaremos una, la más indispensable y elevada, que debe preceder, acompañar y coronar las demás: la oración. Y puesto que es accediendo al Cristianismo, como lo demostraremos en el capítulo: LA CABALA CRISTIANA, que la Cábala ha llenado su misión predestinada, esta oración deberá mantenerse cristiana. Dicho lo cual, pasaremos a examinar las adaptaciones de los ternarios cabalísticos al hipnotismo, el magnetismo y el psiquismo. De este modo completaremos la lista que diéramos en el capítulo: EL GRAN ARCANO.
En el hipnotismo, lo mismo que en el magnetismo, podemos distinguir entre la influencia total de un hombre sobre otro y las influencias particularizadas. La influencia total es la de toda una mente sobre otra. La influencia total puede ser equilibrada (Kether), expansiva (Chocmah, Chesed), o atractiva (Binah, Gueburah).
Las influencias particularizadas son las de la sugestión. Veamos cómo se adapta a ellas el ternario cabalístico.
El hipnotizador debe permanecer fundamentalmente equilibrado (Kether), pero, mediante la expansión (Chocmah, Che-sed), de su voluntad y pensamiento (sugestión mental) o de su voluntad, pensamiento y palabra (sugestión verbal) convierte en pasivo, es decir atractivo (Binah, Gueburah) al sujeto, provocando de este modo el estado hipnótico.
El sueño y la hipnosis son, en relación al estado vigílico, modos de existencia atractivos, pasivos, femeninos (Binah, Gueburah, Malchut). Entonces el hipnotizador, por expansión, por sugestión mental o verbal, imprime, en el sujeto atractivo y pasivo, una idea que se desarrolla y a la cual la voluntad, el pensamiento y los órganos del sujeto prestan su servicio.
Analógicamente, el hipnotizado semeja una mujer fecundada y dando a luz durante una narcotización prolongada.
La idea nace y se desarrolla en él como el niño en la mujer.
El magnetizador puede actuar mediante una influencia total, sintética del fluido total de su cuerpo, sin acción detallada de las polaridades de sus miembros y órganos.
Esta influencia total puede ser equilibrada (Kether), expansiva (Chocmah, Chesecl) a atractiva (Binah, Gueburah); puede operar sobre un sujeto cuyo fluido astral sea, en relación a ella, equilibrado, expansivo o atractivo.
Tal como lo indicáramos en una nota leída en el Congreso Espirita y Espiritualista de París, en el año 1900, el mejor procedimiento para ejercer una acción central e integral consiste en que el magnetizador (situando sus manos pahua con palma sobre su plexo solar, los dedos hacia adelante) concentre su energía fluídica en dicho plexo y la transmita al plexo solar del sujeto.
El magnetizador puede actuar también mediante influencias particulares; es decir mediante la polaridad de sus miembros y órganos. La acción general y la particular tienen cada una sus ventajas. Las polaridades específicas impregnan con mayor precisión los órganos del sujeto. Pero la acción central provoca una relación magnética más profunda.
Y ya se trate de influenoia total o parcial la acción es de igual nombre o de nombre contrario. En el primer caso, lo mismo que en electricidad, se rechazan; en el segundo, se unen y compenetran.
La magnetización de igual nombre (isónoma) provoca el sueño, por compresión y entorpecimiento fluídico, cuando se opera sobre el cerebro; especialmente cuando se proyecta sobre el cerebro izquierdo del sujeto, los efluvios del cerebro y mano derecha del magnetizador.
En terapéutica, la magnetización isónoma se recomienda para la curación de las enfermedades por depresión y la heterónoma para la curación de las enfermedades por inflamación. La isonomía excita, la heteronomía calma.