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Las enfermedades infecciosas “desatendidas” o “descuidadas”.–

PÚBLICO MUNDIAL.–

2.2. La lucha contra las enfermedades infecciosas.–

2.2.2. Las enfermedades infecciosas a nivel mundial.–

2.2.2.3. Las enfermedades infecciosas “desatendidas” o “descuidadas”.–

Apoyándonos nuevamente en la clasificación de la CMS, las enfermedades infecciosas de tipo II y de tipo III, a menudo se denominan enfermedades desatendidas y enfermedades muy desatendidas, respectivamente.

Cabe indicar que no existe una definición estandarizada a nivel global para las enfermedades desatendidas. Sin embargo, aprovecharemos la utilizada por el ex Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental, Paul Hunt, en sus ―Directrices sobre derechos humanos para las empresas farmacéuticas en relación con el acceso a medicamentos‖, donde señala que para los efectos de aquellas Directrices, ―se entenderá por enfermedades desatendidas aquellas que afectan sobre todo a las personas que viven en la pobreza, especialmente en las zonas rurales de los países de ingresos bajos. En ocasiones se denominan enfermedades tropicales o relacionadas con la pobreza e incluyen, por ejemplo, la leishmaniasis, la oncocercosis (ceguera de los ríos), la enfermedad de Chagas, la lepra, la esquistosomiasis (bilharziasis), la filiariasis linfática (elefantismo), la tripanosomiasis africana (enfermedad del sueño) y el dengue. Aunque en años recientes el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria han recibido una atención y recursos crecientes, también pueden considerarse enfermedades desatendidas‖93

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Por una parte, podemos identificar las enfermedades del tipo II, que afectan de manera desproporcionada a los países pobres, como el VIH/SIDA y la tuberculosis y también participa de muchas de estas características la malaria (ésta última se encuentra entre los tipos II y III), respecto de las cuales existen incentivos para la investigación y el desarrollo en los mercados de los países ricos, pero el nivel de los gastos en investigación y desarrollo a escala mundial no corresponde a la carga que representan las enfermedades. No obstante, se han incrementado notoriamente los esfuerzos respecto de estas tres enfermedades, especialmente en la última década. El Fondo Mundial de lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo es un claro ejemplo de

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Documento de las Naciones Unidas A/63/263, de 11 de agosto de 2008, correspondiente al Informe del Relator Especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del nivel más alto posible de salud física y mental. Véase, en especial, la letra r) del Preámbulo del Anexo ―Directrices sobre derechos humanos para las empresas farmacéuticas en relación con el acceso de medicamentos‖, adjunto al Informe.

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ello. Con todo, en el caso de las vacunas del SIDA, si bien se hallan en curso actividades considerables de investigación y desarrollo, pero no en la debida proporción con las necesidades mundiales ni en relación con las condiciones específicas que presenta la enfermedad en los países pobres.

En el caso de las enfermedades del tipo III, estas son las que se presentan abrumadora y exclusivamente en los países en desarrollo. De acuerdo a la OMS, ―las denominadas enfermedades descuidadas forman un grupo porque afectan casi exclusivamente a las poblaciones pobres y sin poder que viven en las regiones rurales de las países de bajos ingresos. Si bien son causa de inmensos sufrimientos y de incapacidad a veces incurables, es poco frecuente que estas enfermedades causen la muerte y, por lo tanto, no reciben la atención ni la financiación de otras enfermedades de mortalidad elevada, como el SIDA, la tuberculosis o el paludismo. También están descuidadas en un segundo sentido. Puesto que se hallan limitadas a las poblaciones pobres, todas esas enfermedades han sufrido de la falta de incentivos para fabricar medicamentos y vacunas para mercados que no pueden pagarlos. Cuando existen medicamentos baratos y efectivos, la demanda se reduce debido a la incapacidad de pagar. Las enfermedades descuidadas imponen un enorme costo económico en términos de pérdidas de productividad y costos elevados de cuidado a largo plazo…Las enfermedades descuidadas pueden contribuir a que la próxima generación siga estancada en la pobreza…Las incapacidades causadas por la mayoría de estas enfermedades están asociadas con un gran estigma‖94

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Aquí figurarían la oncocercosis (ceguera de los ríos) y la tripanosomiasis africana (enfermedad del sueño). También la leishmaniasis, la enfermedad de Chagas, la lepra, la esquistosomiasis (bilharziasis), la filiariasis linfática (elefantismo), y el dengue.

Debido a la pobreza no funciona el mecanismo de mercado. Ello provoca que la carga de enfermedad es muy alta. De acuerdo a la OMS ―los efectos de estas enfermedades descuidadas en la salud pueden medirse por las incapacidades y deformidades graves y permanentes que causan en casi 1.000 millones de personas. Su baja mortalidad, a pesar

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OMS, Communicable Diseases 2002: Global Defence against the Infectious Disease Threat (WHO/CDS/2003.15), Op. Cit., p. 96.

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de la elevada morbilidad, las hace figurar al final de los cuadros de mortalidad y, en el paso, se les ha asignado escasa prioridad‖95.

En definitiva, en la raíz del problema se encuentra la desigualdad de la investigación entre las enfermedades de los países en desarrollo y menos adelantados –enfermedades del tipo II y sobre todo del tipo III– y de los países desarrollados. Ya en 1990, la Comisión de Investigación y Desarrollo para la Salud señaló lo que llegó a conocerse como el desequilibrio 10/90: sólo un 10% de los gastos de la investigación y desarrollo se dirige a los problemas de la salud de un 90% de la población mundial.

Teniendo en cuenta las desigualdades existentes, la Asamblea Mundial de la Salud, en lo relativo al establecimiento de un orden de prioridad de las necesidades de investigación y desarrollo, ha expresado que ―las políticas de investigación y desarrollo en el sector sanitario de los países desarrollados deben tener en cuenta adecuadamente las necesidades de los países en desarrollo en materia de salud. Es preciso identificar urgentemente las lagunas de investigación sobre las enfermedades de tipo II y de tipo III y sobre las necesidades específicas de los países en desarrollo por lo que respecta a investigación y desarrollo en relación con las enfermedades de tipo I. Una mejor comprensión de las necesidades de salud de los países en desarrollo, y de sus determinantes, es esencial para orientar una labor sostenible de investigación y desarrollo centrada tanto en productos nuevos como en los ya existentes‖96

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