4. CONTEXTOS ESPECÍFICOS EN LA COOPERACIÓN
4.4. Salud y conflictos
4.4.1. Las minas antipersonales
Basándose en el impacto más que en el diseño técnico, una mina antipersonal (MAP) es cualquier artefacto capaz de herir, mutilar o matar y que es activado por el contacto o proximidad de la propia víctima.
Las víctimas de las minas no son solamente las personas directamente afectadas por la explosión, sino también los familiares dependientes de personas fallecidas o discapaci- tadas por ellas y, en general, quienes ven alteradas sus ac- tividades cotidianas por su presencia en las zonas en que vi- ven o trabajan.
Las minas antipersona fueron creadas para evitar la re- moción de minas anticarro. Hoy, sus objetivos se han am- pliado: reforzar obstáculos, encauzar la marcha del enemi- go, dificultar el aprovechamiento de recursos, obstaculizar el apoyo logístico, proteger instalaciones clave, etc. La ca- racterística más destacable de las minas es su habilidad para provocar lesiones graves sin matar. Como las masacres, las heridas visualmente escalofriantes desmoralizan al enemigo. Un herido compromete a varias personas en su evacuación, no así un muerto.
Existen actualmente unos 100 millones de minas desple- gadas en 90 países y casi el doble almacenadas. 146 países han firmado el Tratado de Ottawa, mientras que 49 no lo han hecho, incluidos China, Rusia, EE.UU., India y Pakistán, que se encuentran entre los 14 países productores que que- dan. El volumen anual de ventas es de más de 30 mil millo- nes de pesetas al año (en realidad, menos de lo que cuesta un solo cazabombardero…). En 1995 se retiraron 100.000 y se colocaron 2 millones de minas nuevas.
Países como Afganistán, Angola y Camboya cuentan cada uno con más de 10 millones de minas sembradas y más de 30.000 amputados por mina. En los dos últimos hay unos 3 amputados por mil habitantes.
Existen dos formas principales de desencadenar la explo- sión de una mina antipersonal: por presión directa sobre el artefacto, o por tracción, habitualmente empujando sin que- rer un alambre que está cruzado en el camino.
Gráfico 15. Mecanismo de funcionamiento de las minas de carga hueca (modelo PMN)
Por su efecto, existen tres tipos principales de MAP: 1. Minas de carga hueca. El explosivo contenido en el inte-
rior es el responsable principal de las lesiones. Se acti- van en general por la presión producida por la víctima, con el pie o la mano. La «mina-mariposa» o PFM-1, de fabricación soviética, es un dramático ejemplo, por la atracción que su forma ejerce sobre los niños.
2. Minas de fragmentación. Estas minas contienen frag- mentos en su interior o una superficie metálica externa que se «fragmenta» en el momento de la explosión. En general, la víctima activa la mina por tracción, y la ex- plosión se produce a unos metros, desde donde se pro- yectan con fuerza los fragmentos para incrustarse en el cuerpo. Son ejemplos la MON-50 (ex-URSS) y la bien conocida M-18 Claymore americana.
3. Minas saltadoras. Utilizan una primera carga que ele- va la mina a 1-1,5 metros de altura antes de explotar. En general, se trata de minas de fragmentación activa- das por tracción.
Las minas anti-carro pesan cerca de 10 kilos, con unos 7 de explosivo. De carga hueca en general, se activan por una pre- sión mayor de 200 kilos, es decir, no explotan al pisarlas, pero pueden hacer saltar por los aires un tanque o un autobús.
Las MAP provocan 26.000 víctimas directas al año, es decir, 800 muertos y 1000-2000 heridos al mes, con más de 500 mutilados. La explosión de una mina antipersonal pro- duce, en promedio, 2 víctimas. Prácticamente la mitad de las personas que saltan sobre una mina muere antes de al- canzar un centro sanitario. De la otra mitad, el 30% sufrirán la amputación de al menos un miembro.
La mayoría de las lesiones por mina encajan en uno de los patrones siguientes (las frecuencias cambian mucho de un contexto a otro, de un país a otro, durante o después del conflicto):
El 27% son del Tipo 1, por explosión («el paciente pisó una mina»). Se trata en general de minas de carga hueca ac- tivadas por presión. El pie o la pierna saltan por los aires (amputación traumática), con lesiones de gravedad variable en la otra pierna, genitales, incluso brazos.
El 49%, Tipo 2, por fragmentación («fue alcanzado por fragmentos de mina»). Producen lesiones penetrantes en el tórax y abdomen, así como en cara y cuello.
Un 5% son del Tipo 3, es decir, por manipulación («co- gió una mina en la mano», o bien «estaba jugando con una mina»). Se producen lesiones en cara y manos, frecuente- mente acompañadas de amputaciones traumáticas en la ex- tremidad superior (dedos, mano o brazo) y de afectación ocular de gravedad variable (hasta ceguera).
Gráfico 16. Patrones de lesión
El tiempo de evacuación es el intervalo que tarda una persona en alcanzar un centro sanitario con capacidad qui- rúrgica desde el momento de la explosión. Como hemos di- cho, el 50% de los heridos no llega nunca. De la otra mitad, apenas el 10-25% llegan en menos de 6 horas, y el 30% tar- dan más de un día. La falta de transporte es el principal res- ponsable de no llegar a tiempo.
Mejorar el tiempo de evacuación implica que el Sistema de Referencia funcione, es decir: servicios de salud periféricos competentes, permanentes y accesibles para toda la población, mejorar el transporte y dotar a los hospitales de referencia de recursos humanos y materiales suficientes (cirugía, anestesia, esterilización, medicamentos esenciales, banco de sangre). Sin duda, los beneficiados no serían sólamente las víctimas de las minas, sino todos los enfermos con patología urgente. No po- demos olvidar la «accesibilidad financiera a la salud», ya que los enfermos o heridos que no pueden pagar a menudo no son atendidos.
Como media, cada herido ha de ser operado 3 veces des- de que llega al hospital hasta que se va de alta. En realidad, los que han sufrido una amputación pasan unas 5 veces por quirófano.
Las necesidades transfusionales de un herido por mina son mayores que en los quemados o en las víctimas de bala o me- tralla. Globalmente, casi el 30% de los heridos por mina han
Gráfico 17. Porcentaje de heridos que precisan sangre según la causa de la lesión
de recibir una transfusión. Consideramos solamente los ampu- tados, el 75% precisa sangre.
No podemos olvidar las dificultades enormes de hacer funcionar un Banco de sangre en los países pobres. En gene- ral, la gente es reacia a donar sangre, es preciso analizar sistemáticamente si está infectada por el virus del SIDA, he- patitis B o C, sífilis y malaria, y, por otro lado, su almacena- miento necesita un frigorífico que funcione 24 horas al día. Si gastamos toda la sangre de un determinado grupo en un herido muy grave, a lo mejor nos quedamos sin nada para una mujer con hemorragia tras el parto…
Una amputación de pierna bien hecha debe permitir la adaptación de una prótesis, que habrá de substituirse en un niño cada 6 meses y en un adulto, cada 3 a 5 años (es de- cir, que un niño de 10 años necesitará 25 prótesis a lo largo de su vida, lo que supone, a unas 120 euros por prótesis, un coste de cerca de tres mil euros, en países donde el sala- rio mensual no supera los 12 euros). Se considera que un amputado por debajo de la rodilla recupera prácticamente su autonomía y su capacidad de trabajo. La parálisis parcial o total del brazo o la mano puede hacer más difícil la rein- tegración social o encontrar trabajo que una amputación de pierna.
Cuadro 83. Consecuencias sociales y económicas de las minas antipersonales
— Desplazamiento de residencia o imposibilidad de volver a la habitual.
— Afectación de actividades diarias de la granja, pastoreo o cor- tar leña.
— Reduce la tierra cultivable.
— Pérdida de cabezas de ganado (sobre todo en poblaciones nómadas).
— Sobrecarga de los Servicios de Salud.
— Rechazo por la sociedad. Mayor dependencia.
— Depresión, menor autoestima, alteración de la imagen cor- poral.
— Divorcio, dificultades sexuales o para casarse. — Desempleo.
El desminado consta de cuatro fases: delimitación de un área minada, detección individual, neutralización y des- trucción. Las dos últimas suelen hacerse a la vez, por la exis- tencia de mecanismos antimanipulación. Una persona pue- de desminar, por métodos manuales, 20 a 50 m2 al día. Por
métodos mecánicos, hasta 15.000, pero la fiabilidad es mu- cho menor.