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C. La debilidad del comercio mundial se arrastra desde la crisis financiera

2. Las nuevas tecnologías tienen efectos mixtos sobre el comercio

La fuerte desaceleración que ha experimentado el comercio de bienes en esta década se ha producido de forma paralela a la irrupción de varias innovaciones tecnológicas vinculadas a la Cuarta Revolución Industrial, las cuales están transformando la naturaleza del comercio y la producción (OMC, 2018; Suominen, 2019). Nuevas tecnologías como la manufactura aditiva, la inteligencia artificial, las plataformas digitales y la Internet de las cosas permiten producir, mover y comercializar productos y servicios en todo el mundo con mayor facilidad. Por ello, el dinamismo que el comercio tradicional de bienes

mostró en los años ochenta, noventa y dos mil se ha trasladado en la década de 2010 a las actividades facilitadas por las nuevas tecnologías digitales (Lund y Tyson, 2018; OMC y otros, 2019). En efecto, la tasa de crecimiento de los flujos transfronterizos aumenta de manera proporcional a su intensidad digital (véase el gráfico I.23).

Gráfico I.23

Comercio mundial de bienes, servicios tradicionales y modernos y flujos transfronterizos de datos, 2005-2018

(Índice 2010=100) 0 200 400 600 800 1 000 1 200 1 400 1 600 60 110 160 210 260 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 Bienes Servicios modernos Servicios tradicionales Servicios de tecnología de la información y las comunicaciones Regalías y otros derechos de licencia

Flujos de datos transfronterizos (eje derecho)

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de Organización Mundial del Comercio (OMC), Statistics Database [base de datos en

línea] http://stat.wto.org/Home/WSDBHome.aspx?Language=s, y McKinsey Global Institute, Globalization in Transition: The Future of Trade and Value Chains, Washington, D.C., 2019.

Los avances tecnológicos están repercutiendo de diversas formas en el comercio y, dada la intensidad de la revolución digital en curso, sus efectos sobre el tamaño y la composición de este resultan muy difíciles de prever. Por una parte, ciertas tecnologías están reduciendo los costos de las transacciones transfronterizas. Un ejemplo son las plataformas digitales que facilitan el encuentro entre oferentes y demandantes. La OMC (2018) prevé que estas plataformas podrían aumentar el comercio de bienes en 2 puntos porcentuales en comparación con un escenario base. Otro ejemplo es la Internet de las cosas, que mejora los servicios de entrega de productos mediante el seguimiento a distancia de camiones, el procesamiento automático de documentos en la aduana y el manejo autónomo de vehículos que mueven contenedores en los puertos. Se estima que la Internet de las cosas podría reducir los costos de envío hasta un 28% y aumentar el comercio hasta un 11% antes de 2030 (McKinsey Global Institute, 2019a).

Las tecnologías también están cambiando los procesos productivos y la importancia de los insumos. La automatización y la robótica podrían reemplazar aproximadamente la mitad de las tareas efectuadas por trabajadores. De esta manera, la proximidad a los mercados de consumo, el acceso a los recursos, las habilidades laborales y la calidad de la infraestructura serán determinantes cada vez más importantes para decidir dónde producir, en detrimento de los costos salariales. La inteligencia artificial (IA) y los agentes virtuales también podrían automatizar muchos procesos de servicios empresariales (Hewitt y Monge-González, 2018). Eso podría conllevar una reducción de 160.000 millones de dólares en la externalización de estos servicios a otros países (contratación externa de los procesos o business process outsourcing).

Otra tecnología que se prevé que repercutirá de manera significativa en la producción industrial y el comercio en las próximas décadas es la manufactura aditiva o impresión

en tres dimensiones. Esta tecnología aún no puede reemplazar la producción masiva en muchas industrias, pero ya se utiliza para la fabricación de prototipos, repuestos, juguetes, zapatos deportivos y dispositivos médicos, entre otros productos. Por un lado, la manufactura aditiva podría disminuir el comercio internacional, al incentivar el acortamiento o incluso la relocalización de las cadenas globales de valor, pero, por otro lado, podría aumentarlo, al facilitar las exportaciones de bienes personalizados. El McKinsey Global Institute (2019a) estima que los efectos directos de estas tecnologías (automatización, IA y manufactura aditiva) podrían reducir el comercio hasta un 10% en comparación con una línea de base. El banco ING (2017), por su parte, estima que la manufactura aditiva podría tener un impacto mucho mayor, al reducir el valor del comercio mundial hasta un 40% antes de 2040.

La tecnología también puede transformar algunos productos y servicios, cambiar su contenido y el volumen del comercio. Por una parte, se espera que la creciente difusión de los vehículos eléctricos, que contienen menos partes que los tradicionales, reduzca considerablemente el comercio internacional de autopartes y petróleo. Por otra parte, la industria audiovisual ha sido precursora de la digitalización de productos físicos como discos y películas. En la industria de la música, la transmisión en línea

(streaming) duplicó su participación en los ingresos mundiales entre 2015 y 2017, hasta alcanzar el 40% (CEPAL, 2018a). En contraste, la participación de los bienes digitalizables (CD, diarios, DVD y libros, entre otros) en el comercio mundial bajó de un 2,7% en 2000 a un 0,8% en 2016 (OMC, 2018).

La economía digital, impulsada por la capacidad de recolectar y analizar grandes cantidades de datos (macrodatos o big data) ha dado lugar a nuevos modelos de negocios (CEPAL, 2018b). Las plataformas digitales reúnen a grupos específicos de usuarios y les facilitan la interacción y la realización de transacciones con otros grupos. De esta forma, la demanda de un grupo de usuarios se relaciona con la oferta de otros grupos, y cada nuevo usuario tiene valor para los ya existentes o futuros. Cuando aumenta el número de usuarios, las plataformas pueden contabilizar mayores cantidades de datos personales y no personales. Estos datos ayudan a satisfacer mejor las preferencias de los consumidores, optimizar procesos de negocio, bajar costos y detectar tendencias de mercado y oportunidades. Varias plataformas se han beneficiado de la utilización de macrodatos debido a las economías de escala (volumen de los datos) y de alcance (variedad de los datos) asociadas con la recolección y el análisis de información.

La revolución digital ha generado una enorme riqueza en un tiempo muy corto: siete de las ocho principales compañías del mundo por capitalización de mercado utilizan modelos de negocio basados en plataformas (UNCTAD, 2019b). Sin embargo, se trata de un fenómeno muy concentrado en un pequeño número de países y empresas. En la actualidad, los Estados Unidos producen la mayor parte del contenido digital que se consume en el mundo, pero compañías chinas como Alibaba, Baidu y Tencent representan una competencia cada vez mayor para sus rivales estadounidenses Amazon, Facebook y Google.

Las transformaciones que las nuevas tecnologías producen en el comercio internacional también suponen desafíos para su medición. En efecto, una parte importante de los flujos transfronterizos de datos no se monetizan y, por lo tanto, actualmente no se consideran flujos comerciales, pese a constituir exportaciones de servicios. Un ejemplo es la información personal proporcionada en redes sociales o los datos capturados por empresas dentro de la Internet de las cosas. A pesar de que estos datos se obtienen sin costo, tienen valor comercial para las empresas que los adquieren y utilizan en la producción, ya sea para la generación de ingresos publicitarios, la mejora de una cadena de suministro o la gestión de riesgos, entre otros. Dos ejemplos de ello son Facebook y Netflix, cuyas bases de usuarios e ingresos se generan en gran parte fuera de su país de origen, los Estados Unidos (véase el gráfico I.24).

Gráfico I.24

Facebook y Netflix: clientes e ingresos en los Estados Unidos y el resto del mundo, 2014-2019

A. Facebook: distribución de usuarios e ingresos, primer trimestre de 2019 (en porcentajes y dólares)

0 5 10 15 20 25 30 35 0 10 20 30 40 50 60 Estados Unidos y Canadá Europa

Resto del mundo Asia y el Pacífico

Ingresos Usuarios Ingreso por usuario (eje derecho)

B. Netflix: clientes en el mundo (en millones de clientes)

0 20 40 60 80 100 120 140 160 Tr im 3 Tr im 1 Tr im 3 Tr im 1 Tr im 3 Tr im 1 Tr im 3 Tr im 1 Tr im 3 Tr im 1 Estados Unidos Resto del mundo

2015 2016 2017 2018 2019

2014

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de datos de Statista.

La revolución digital está proporcionando un fuerte impulso al comercio de servicios. Se proyecta que su participación en el comercio mundial de bienes y servicios (medida en valores brutos) podría aumentar del 21% en 2016 al 25% en 2030 (OMC, 2018). Sin embargo, las estadísticas tradicionales en valores brutos infravaloran el aporte real del comercio de servicios, por tres motivos. En primer lugar, no contabilizan el componente cada vez mayor de servicios incorporados en los bienes transados internacionalmente21.

En segundo lugar, tampoco consideran aquellos flujos de servicios intangibles (como marcas y software especializados) que las empresas multinacionales comparten con sus filiales en otros países, cuando ello no tiene como contrapartida el pago de regalías

21 Se estima que los servicios representan cerca de un tercio del valor agregado de las manufacturas que se comercian internacionalmente (McKinsey Global Institute, 2019b).

u otros cargos por uso de propiedad intelectual. En tercer lugar, dichas estadísticas no consideran el valor de los flujos transfronterizos de servicios digitales —como correo electrónico, motores de búsqueda o visualización de videos en línea— que no tienen un pago asociado (Herreros, 2019). Al considerar estos tres elementos, se estima que el valor del comercio mundial de servicios en 2017 habría aumentado de 5,1 billones de dólares a 13,4 billones de dólares, cifra equivalente al 53% del comercio total de bienes y servicios (McKinsey Global Institute, 2019a).

Pese a la creciente importancia del comercio electrónico, su medición supone grandes retos metodológicos. Solo algunos países lo miden y sus estadísticas suelen no ser comparables (CEPAL, 2018b). Con todo, las estimaciones disponibles dejan claro que este está experimentando un fuerte crecimiento. Por ejemplo, la UNCTAD (2019b) estima que las ventas del comercio electrónico mundial se incrementaron un 13% en 2017, hasta alcanzar los 29 billones de dólares (36% del PIB mundial), y que el número de compradores en línea alcanzó los 1.300 millones. Un 88% de estas transacciones se producen entre empresas (B2B) y un 12%, entre empresas y consumidores (B2C). Entre 2015 y 2017, la participación de las transacciones B2C transfronterizas en el total de las ventas B2C creció de un 7% a un 11%, y llegó a los 412.000 millones de dólares. Asimismo, la participación de los compradores transfronterizos en el total de los compradores en línea se elevó de un 15% a un 21%.

D. Tras dos años de recuperación, vuelve