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LAS TÉCNICAS DE GOBIERNOLAS TÉCNICAS DE GOBIERNO

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LAS TÉCNICAS DE GOBIERNO

LAS TÉCNICAS DE GOBIERNO

Sesión del día miércoles 8

Sesión del día miércoles 8 de marzo de 2006de marzo de 2006 PRIMERA PARTE

PRIMERA PARTE

Esta noche quiero retomar las cosas de las que he hablado pero desde otro punto de vista. Quiero hablar esencialmente de

los dos últimos libros de Foucault publicados en Europa. Son los cursos dictados por él en el Collège de France a finales de los años 70: uno se llama El Nacimiento de la Biopolítica y el

otro Seguridad, Territorio, Población. Son libros muy

importantes por diferentes razones. Primero, porque desde hace mucho tiempo no se publicaba nada interesante, por lo menos en Europa. Segundo, porque todos estos autores (Deleuze, Guattari, Foucault) son de la misma generación y están en el srcen de lo que se suele llamar “filosofías de la diferencia”. Estas filosofías ocupan un papel central en mi trabajo, pero en ellas nunca se había tratado de manera directa el problema de la economía. Son estos dos libros de Foucault los que vienen a tratar de manera directa la relación entre economía y política, trazando una historia del capitalismo completamente srcinal con relación al marxismo, a la filosofía política, y en general a lo que las ciencias sociales han producido al respecto. Otra cosa interesante en estos libros, y sobre todo en El Nacimiento de la Biopolítica, es que en ellos Foucault trata la cuestión del

neoliberalismo. Foucault dictó este curso en el año 1979, de modo que el libro fue escrito en el momento en que el neoliberalismo apenas estaba naciendo, por lo menos en la forma en que lo conocemos hoy. Pienso que es el tiempo de Margaret Thatcher y compañía. Los análisis de estos libros son muy agudos y penetrantes, y se oponen a todo el análisis que había hecho la izquierda; comparados con dichos análisis, los textos de Foucault son de un nivel muy superior. Resulta muy sorprendente que, aunque hubo asistentes a estos cursos de Foucault y personas que leyeron estos textos porque estaban

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disponibles en la Biblioteca del Collège de France, nadie habló explícitamente o se ocupó de estos cursos. Ustedes comprenderán que para mí son textos muy importantes. Son dos grandes volúmenes en los que se tratan muchas temáticas, pero quiero abordarlos desde un punto de vista particular: la relación entre economía y política y los asuntos relativos al trabajo. Pero antes de comenzar a hablar de estos libros tengo que recordar así sea sumariamente la concepción general del poder en Foucault.

Esta concepción del poder es muy importante y puede utilizarse fácilmente en el terreno de las ciencias sociales. Al final de su vida, uno o dos años antes de morir, Foucault la especificó, no en sus libros, sino en las entrevistas. Hay dos o tres entrevistas que son fundamentales para comprenderla en Foucault, porque en ellas hace un resumen y a la vez una especie de crítica de esta concepción. Para quienes estén interesados en estas entrevistas, ellas aparecen en la edición

Dits et écrits [ Dichos y Escritos], la cual no creo traducida al

español. En una de estas entrevistas Foucault dice que siempre ha hablado del poder, pero que era una manera breve y recursiva de decir “relaciones de poder”. Sostiene que para comprender cómo funcionan las relaciones de poder es necesario distinguir y articular tres conceptos diferentes: las relaciones de poder propiamente dichas, las relaciones de dominación, y en medio de ambas las técnicas de gobierno.

Primero tratemos de exponer lo que Foucault comprende por “relaciones de poder”. Foucault no tiene una concepción negativa de las relaciones de poder. Las relaciones de poder son sencillamente relaciones diferenciales entre fuerzas. Por ejemplo, tenemos una fuerza A y una fuerza B: la relación es la diferencia de potencial entre A y B (un poco a la manera de Nietzsche). Él dice, por ejemplo, que una relación amorosa es

una relación de poder; también lo son las relaciones de comunicación; la relación que yo tengo con ustedes es una relación de poder, etc. Esto significa que en una relación de poder hay una asimetría entre las fuerzas que están en juego, pero esta asimetría no es necesariamente negativa, porque

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efectivamente no es posible presuponer una igualdad entre las fuerzas: ninguna fuerza singularmente considerada es igual a otra, cada fuerza es diferente, y la relación entre las fuerzas es diferente.En todas las relaciones humanas hay relaciones de poder; como dije antes, comunicación, amor, todo lo que ustedes quieran son relaciones de poder. De modo que estas relaciones se caracterizan por el hecho de que una de las fuerzas en juego quiere conducir a la otra. Y esto no es susceptible de un juicio de valor; no podemos hacer un juicio de valor sobre el hecho de que una fuerza quiera conducir a otra. Ahora bien, estas relaciones son móviles, reversibles, y siempre pueden ser modificadas. Estas son sus tres características. Por ejemplo, hay entre nosotros una relación de poder a partir del hecho de que yo hablo; alguien puede sentirse intimidado por eso, pero en el transcurso de la sesión las cosas pueden invertirse si alguien me plantea una pregunta que no sé responder. Eso es lo que

significa el término “relaciones de poder”.

Así las cosas, siempre hay libertad en las relaciones de poder. Es necesario que en estas relaciones tanto el sujeto A

como el sujeto B sean libres. Hay que poder presuponer que los individuos con los que se entra en esta clase de relaciones son libres, pero es una cierta forma de libertad, y la libertad puede cambiar según los tipos de relación. Incluso en relaciones bastante desiguales hay siempre un margen de libertad; aún en

la condición de esclavitud siempre hay la posibilidad de modificar e incluso invertir la relación. En ese sentido, la relación de poder es distinta de la violencia. En la violencia no hay libertad. La violencia trata a los otros como objetos y puede destruirlos.

Esta es entonces la primera definición. Una relación de poder es una relación asimétrica, lo cual significa que hay un

diferencial de fuerza entre A y B y no una situación “mala” desde el punto de vista moral, sino una situación de hecho. En estos términos, una relación de poder es diferente de una relación de dominación. Las relaciones de dominación son relaciones del mismo tipo, sólo que son relaciones fijas, es

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decir, que ya no son relaciones móviles, ni reversibles, ni susceptibles de ser modificadas. Por ejemplo, efectivamente, en la relación que tiene lugar entre nosotros hay un régimen disciplinario: ustedes solamente pueden escuchar lo que yo digo, no pueden intervenir cuando quieran, etc. Profesor y alumno es una situación en la que se fijan las posiciones bajo una relación de dominación, y así también en cualquier otro tipo de relación (digamos nuevamente por caso en las relaciones amorosas, en las relaciones de comunicación y demás). Entonces en las relaciones de dominación no puede invertirse la relación de poder que allí se establece.

Ahora bien, ¿cómo se pasa de las relaciones de poder a las relaciones de dominación? Precisamente, a través de las técnicas de gobierno. Después de Vigilar y Castigar Foucault se

concentró básicamente en el análisis de estas técnicas de gobierno, asunto que no hay que referir en sentido estricto al ámbito del gobierno institucional. Son tecnologías humanas de control y organización de estos tipos de relación, que tienen grados de libertad, y el propósito de estas tecnologías es transformarlas y reducirlas a relaciones de dominación. Quiero continuar en este orden de exposición y ofrecer algunas definiciones.En otra de las entrevistas Foucault define de un modo un poco diferente este mismo problema. Esta otra interpretación puede ayudarnos a clarificar un poco más la cuestión. Foucault dice que las relaciones de poder son juegos estratégicos. Ejercer el poder sobre otro es un juego estratégico abierto en el que las cosas pueden invertirse. Hay que pensar las relaciones de poder como juegos estratégicos entre libertades. En esa entrevista define de manera muy precisa las técnicas gubernamentales, y con relación a ellas, los estados de dominación. Estas son técnicas que conciernen al modo en que es posible, por ejemplo, gobernar a los niños, gobernar a las mujeres, gobernar las instituciones, y también gobernarse a sí mismo.

En otro artículo en el que también resume y reelabora su concepción del poder de manera diferente a las definiciones utilizadas en los años 60 y 70, Foucault dice: “Me parece que es

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preciso distinguir las relaciones de poder entendidas como juegos estratégicos entre libertades en los que unos intentan determinar la conducta de otros y a lo cual los otros responden tratando de no dejarse determinar o intentando a su vez determinar la conducta de otros, distinguirlas –digo– de los estados de dominación”. El poder es entonces definido como la capacidad de estructurar el campo de acción del otro, de intervenir en el ámbito de las acciones posibles del otro; el poder es un modo de acción sobre sujetos actuantes, sujetos

libres en la medida en que son libres.

Ayer dije algo sobre lo cual me parece necesario insistir. Una relación de poder, que hay que distinguir siempre de las relaciones de dominación, se articula sobre dos elementos indispensables: en primer lugar, que el otro, aquel sobre quien el poder se ejerce, sea reconocido y mantenido hasta el final como sujeto de acción, y en segundo lugar, que el ejercicio de ese poder abra un campo de respuesta, de reacciones, de efectos y de invenciones posibles. Que los sujetos sean libres significa que siempre tienen la posibilidad de cambiar la situación, que esta posibilidad existe siempre. Hubo muchas personas que acusaron a Foucault de sostener una concepción holista del poder, sobre todo los marxistas y aquellos que no sabían leer muy bien el francés; entonces él exagera su posición diciendo

que uno siempre es libre, es decir, que uno siempre puede cambiar la situación. El concepto de libertad es aquí un poco problemático, pero se comprende claramente lo que quiere

decir. De modo que efectivamente hay una diferencia entre violencia, dominación y relación de poder.

En oposición a las relaciones de poder veamos lo que hacen las relaciones de dominación. Las relaciones asimétricas que toda relación social contiene (asimétricas pero también móviles) se cristalizan, pierden la libertad, la fluidez y la reversibilidad de las relaciones estratégicas. Las tecnologías gubernamentales son tecnologías que se construyen o inventan para poder constituir, definir, organizar, instrumentalizar las estrategias que los individuos en su libertad pueden tener los unos con relación a otros. Entonces lo social está determinado

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por relaciones estratégicas que apuntan en todas direcciones, lo cual coincide con la concepción nietzscheana de las fuerzas; de modo que las técnicas gubernamentales son técnicas que permiten intervenir y orientar este campo de relacionesestratégicas.

Hay dos maneras de analizar las relaciones de poder en la sociedad. Una es partiendo de las relaciones de dominación, es decir, partiendo de las instituciones o de un punto de vista institucional según el cual estas relaciones son fijas, la otra es partir de esta libertad estratégica; son dos maneras

completamente diferentes de ver lo mismo. Es evidente que Foucault opta por la segunda. El problema es siempre pasar al exterior, por ejemplo, cuando se analiza el Estado. No hay que partir del Estado tal y como está constituido; hay que situarse fuera del Estado. El Estado implica relaciones de poder constituidas, pero hay también relaciones que tienen esta posibilidad de libertad. Foucault sostiene que hay que partir de

allí y no del Estado, y tratar de ver cómo esas relaciones que tienen siempre un margen de libertad están institucionalizadas en el Estado. Considero que allí está de por medio un asunto metodológico muy importante; las ciencias sociales ganarían mucho si utilizaran este método al cual, en realidad, se recurre muy poco. ¿Es esto claro? Como a decir verdad la nuestra no es una relación disciplinar, pueden ustedes intervenir.

La manera como Nietzsche expone las relaciones de fuerza no es atómica, es decir, no parte de dos individuos A y B considerados aisladamente…

Para Foucault tampoco se trata de partir de extremos aislados, lo importante es la relación.

Y en Foucault, al igual que en Nietzsche, ¿también cada uno de esos extremos es en sí mismo una relación de fuerzas?

Sí; he presentado las cosas de un modo más simple para dar lugar a la discusión, pero es necesario precisar. He hablado de

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una fuerza A y una fuerza B. Foucault sostiene, al igual que Nietzsche, que la fuerza A y la fuerza B son a su vez resultados

de la relación, son producidas en medio del sometimiento, de modo que habría que hacer una ciencia social de la relación, así como hay una filosofía social de la relación; me refiero al pragmatismo americano que es una filosofía muy importante, pero ciencias sociales de la relación no hay muchas.

Pensando en su primera conferencia del día lunes, ¿podemos considerar a Judith Butler en esa corriente del pragmatismo americano?

No, de ninguna manera. La teoría de Judith Butler no hace ninguna referencia ni en los hechos ni desde el punto de vista bibliográfico al pragmatismo americano. Sus referencias a

menudo son Austin, Bourdieu, Derrida desde la perspectiva del performativo, Althuser en su texto sobre los aparatos

ideológicos del Estado, de modo que las fuentes son otras. También cita a menudo a Foucault intentando utilizar su teoría del poder, pero sin llevarla, como sugerí el lunes, al ámbito del poder del lenguaje. Los textos de Judith Butler siempre me dejan una sensación contradictoria con relación a la teoría del poder en Foucault; además siempre tengo la impresión de que

en Estados Unidos se lee un Foucault distinto al que se lee en Francia. En cambio la teoría pragmática americana, y sobre todo William James, quien no hace parte de sus referencias, es propiamente una filosofía social de la relación; me parece una filosofía muy útil para comprender lo que ocurre en la actualidad, y sobre la cual he trabajado en otras oportunidades. Me gustaría si ustedes lo quisieran presentar esta teoría, pero no en este momento.

Volviendo a lo que usted formulaba con relación al Estado, ¿cómo funcionan estas relaciones de poder dentro y fuera de él?

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Es un asunto un poco complicado. Foucault parte de la multiplicidad de relaciones de poder, relaciones que son infinitesimales, muy difusas: las relaciones hombre-mujer, médico-enfermo, profesor-alumno, padres-hijos y así sucesivamente. El Estado se constituye como una capacidad de intervenir en estas relaciones y de crear con ellas instituciones, justamente a través de las tecnologías gubernamentales. Vamos a ver ahora un ejemplo a propósito de la relación entre economía, Estado y política y de cómo esta relación es establecida.

Terminada esta introducción volvamos a los cursos de Foucault. Como dije, estos cursos se publicaron uno bajo el título El Nacimiento de la Biopolítica y el otro Seguridad, Territorio, Población. Ustedes saben que la relación entre

economía y política ha suscitado siempre muchos problemas. Veremos que Adam Smith es el autor que está en el punto de tránsito en el que es establecida esta relación. Sobre el momento de este paso se han escrito miles de libros. Ahora bien, Foucault propone una hipótesis bastante srcinal para pensar esta relación, hipótesis que obligaba al rodeo de la

introducción que acabo de hacer y ahora ustedes entenderán mejor por qué he procedido de este modo.

La relación entre economía y política se resuelve, según Foucault, mediante técnicas y dispositivos que no provienen ni de la política ni de la economía; este “afuera” que no pertenece ni a la economía ni a la política es lo que hay que interrogar. El funcionamiento de la relación entre economía y política no se deriva de las formas de racionalidad inherentes a sus lógicas respectivas, sino de una racionalidad exterior a ellas y que Foucault denomina “el gobierno de los hombres”, o sea las técnicas de gobierno: el gobierno y las tecnologías humanas que el Estado moderno heredó de la pastoral cristiana y que el liberalismo desvió, modificó, enriqueció, y convirtió de “gobierno de las almas” en “gobierno de los hombres”. La pastoral cristiana se definía ella misma como “gobierno de las

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cristiana en uno de los escritos que les menciono, sosteniendo que en realidad es una técnica de “gobierno de los hombres” que no encontramos ni en la tradición griega ni en la tradición romana, siendo en consecuencia una técnica de gobierno absolutamente srcinal. Esto es muy interesante por diferentes razones.

Quiero hacer un paréntesis. Una teoría como la de Hannah Arendt difícilmente hace pensables dinámicas como éstas justamente porque, según Foucault, la tradición política

occidental no tiene nada que ver con la tradición griega, pero sobre todo porque Arendt pone en cuestión el concepto de biopolítica, pero de la manera como fue comprendido por

Agamben. Giorgio Agamben tuvo mucho éxito en Estados Unidos y en Europa con su concepto de biopolítica que provenía del homo sacer romano; Foucault no acepta esto de

ninguna manera (evidentemente, Arendt no conoció sus textos). Esta concepción que piensa nuestra vida y que hace derivar la historia de la biopolítica a partir de la tradición romana es, entonces, bastante cuestionada por Foucault en sus textos.

Terminemos esta historia. Gobernar puede significar o traducirse en lo siguiente: cómo dirigir la conducta de otros. Gobernar –ya lo había dicho– es ejercer una acción sobre acciones posibles. Foucault había hablado a menudo de “gobierno” para explicar los dispositivos de regulación y control de los enfermos, de los pobres, de los delincuentes, de los locos, pero lo que es interesante en los cursos es que aplique esta teoría del gobierno para explicar la relación entre economía y política. Pues bien, ¿por qué esta relación entre economía y política se torna tan problemática a mediados del siglo XVIII?

Foucault lo explica de la siguiente manera. El arte de gobernar, que es el arte del soberano, debe ejercerse sobre un territorio y sobre sujetos de derecho (esa es la definición de la política en sentido clásico). Pero este espacio está habitado desde el siglo XVIII por sujetos económicos que no tienen derechos sino que tienen intereses. El homo æconomicus es una figura

absolutamente heterogénea e irreducible o nunca superponible al homo juridicus. El hombre económico y el sujeto de derecho

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dan lugar a procesos de constitución absolutamente heterogéneos. El sujeto de derecho se integra al conjunto de sujetos de derecho por una dialéctica de la renuncia, o bien de

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