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BIOPOLÍTICA

BIOPOLÍTICA

Estrategias de gestión y agenciamientos de

Estrategias de gestión y agenciamientos de

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Maurizio Lazzarato

Maurizio Lazzarato

BIOPOLÍTICA

BIOPOLÍTICA

Estrategias de gestión y agenciamientos de

Estrategias de gestión y agenciamientos de

creación

creación

Seminario realizado en Bogotá entre el 6 y el 10 de

marzo de 2006 organizado por la Universidad

Central. - IESCO

Una publicación de la Fundación

Una publicación de la Fundación

Universidad Central - IESCO

Universidad Central - IESCO

y

y

Ediciones “Sé cauto”

Ediciones “Sé cauto”

Fundación Comunidad

Fundación Comunidad

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Traducción: Gisela Daza, Carlos Enrique Restrepo y Ernesto Hernández B.

Trascripción y revisión: Carlos Enrique Restrepo, Ernesto Hernández B.

© 2006 Maurizio Lazzarato,

© 2006 Ediciones “Sé cauto”, Fundación Comunidad © 2006 Fundación Universidad Central – IESCO ISBN: 978-958-26-0093-8

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NOTA ACLARATORIA NOTA ACLARATORIA

El presente libro corresponde a la recuperación de las conferencias dictadas por Maurizio Lazzarato entre el 6 y el 10 de marzo de 2006 en la Universidad Central (Bogotá, Colombia), organizadas por el IESCO como introducción a la Maestría en Investigación en Problemas Sociales Contemporáneos.

La primera conferencia se tradujo según el texto escrito por el autor; las demás obedecen a exposiciones orales y fueron transcritas y retraducidas siguiendo la traducción simultánea de Gisela Daza, a partir del registro sonoro que tomó Carlos Enrique Restrepo. La transcripción y edición de las conferencias estuvo a cargo de Ernesto Hernández y Carlos Enrique Restrepo.

En letra cursiva se ha indicado en la presentación de las conferencias las preguntas de los asistentes, seguidas de las respectivas respuestas de Maurizio Lazzarato. Este intercambio es de indudable valor en la medida en que suscitó importantes aclaraciones a las exposiciones del autor.

Igualmente se incluye como apéndice del libro la conversación que la revista Sé Cauto (Cali, Colombia)

sostuvo con Maurizio Lazzarato en Bogotá el 8 de junio de 2005, en el marco del seminario “¿Uno solo o varios mundos posibles?”, organizado por la Universidad Central y el IESCO. Intervinieron en la conversación

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Presentación

Presentación

Presentación

A la manera de Emerson o Thoureau, estas conferencias de Maurizio Lazzarato son caminos experimentales de pensamiento. Antes que ser puntos de llegada, son camino, recorrido, con sus tropiezos, sus bifurcaciones, sus callejones sin salidas y sus recomienzos. Esos recorridos, esos caminos del pensamiento son experimentales, acogen una novedad, pero esta experiencia no es la del pensador –filósofo o sociólogo-que se da un objeto previamente constituido y sociólogo-que permanecía simplemente como no-pensado; esta

experimentación es la del investigador (Maurizio se presenta a sí mismo como un investigador independiente) que se ve forzado a pensar el acontecimiento en la punta extrema de su novedad, momento en el cual sujeto y objeto se hacen indiscernibles en el agenciamiento que los precede y arrastra. Esta experimentación es la de la constitución, pues la travesía no tiene como destino un centro que seguiría siendo no-conocido, la travesía es el movimiento constituyente en el que, al enfrentar el caos, surge algo más que nada, algo del orden de la percepción, de la afectividad, de la acción y del concepto, sobre fondo caósmico y en el que la teoría es ya una práctica y la práctica una experimentación que produce directa e inmediatamente efectos teóricos.

* * *

Toda esta búsqueda se orienta hacía los elementos y componentes pre-significantes, informales, al movimiento de fluctuación material, de afectividad, de intensidades pre-individuales que operan como focos de

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Presentación

afirmación, como complejos de afectividad enunciativos y deseantes: semióticas a-significantes, signos, umbrales, composiciones y descomposiciones, acontecimientos. El investigador no se pregunta por la existencia o no de su “objeto”, se dirige a los modos, a las maneras de ser para narrarnos su funcionamiento, ha perdido cualquier interés por definir su esencia y sus determinaciones, pues en los modos y maneras se trata de movimientos, de ver movimientos, por consiguiente de seguir y cuantificar las relaciones y las potencias.

Así Lazzarato no nos ofrece un repertorio de respuestas y soluciones coherentemente distribuidas y desarrolladas; nos hace recorrer y desplazar las preguntas sobre sus respuestas actuales en un movimiento que él mismo llama respuesta-problema, y en el cual las respuestas actuales conservan su valor y su potencia por cuanto son portadoras de un engendramiento posibilista de nuevos enunciados (como conjunto de modos y maneras de pasar a la existencia) cuya concresión son agenciamientos abiertos a las nuevas fuerzas que nos envuelvan, nos abrazan y nos determinan contingentemente.

El caso de los intermitentes es una magnífica ejemplificación, o mejor aún, una manera singular de sacar las consecuencias de un movimiento en permanente transformación. En este caso el investigador-actor es arco-flecha-y-blanco, pues este nuevo tipo de investigador no le reclama a la observación y evaluación de los acontecimientos o los estados de cosas, que verifiquen su teoría, como tampoco su teoría deriva de la observación metodológica, que luego sería verificada, etc.; se trata más bien de una relación en la cual el investigador y su objeto se modifican permanentemente

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Presentación

al ritmo de las respuestas-problema que multiplican sus mutuas determinaciones, de tal modo que la investigación es inmediatamente acción, fuerza y potencia que interviene en una relación diferencial con el

acontecimiento, multiplicándolo, transformándolo: el nuevo investigador, el investigador independiente no “investiga sobre”, al cambiar las coordenadas y referentes de la investigación se aboca a una tarea más delicada y compleja: “investiga con”.

El poder y la libertad, que en las tradiciones dominantes se presentan como opuestos que se niegan o se limitan, Lazzarato los presenta como elementos componentes de la acción, pues si el poder es una estrategia que se define, siguiendo a Foucault, como “acción sobre las acciones posibles”, y son esas acciones posibles las que

configuran sujetos que por consiguiente aparecen como más o menos libres en la condición absoluta de su libertad; sujetos que no están previamente formados, son entonces una especie de material, una materia no-formada, perpetuamente modulada. Así la subjetividad es la resultante, aquí y ahora, del despliegue estratégico y de la respuesta-acción en un medio dado: enunciación como producción semiótica más allá de las significaciones y performatividades habituales.

En este recorrido la investigación y la política –entendida como el efecto práctico del sometimiento o de la resistencia- cambian de elemento, se desplazan del análisis molar y totalizante de la sociedad y del estado, hacía una multiplicidad de líneas analíticas moleculares sobre los pequeños dispositivos que asfixian la vida al imponerle, de un lado, una servidumbre, sin solución de continuidad, a la multitud de dispositivos técnicos: las

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Presentación

multi-prótesis con las cuales se gestiona la vida para hacerla útil, de otro lado, un sometimiento segmentario a los dispositivos institucionales: la institucionalización de grupos e individuos para gestionar sus fuerzas y potencias, dotarlos de finalidades. Servidumbre y

sometimiento conforman pues las dos caras de las estrategias de gestión del Bios, que nos son contemporáneas. Por el medio se desliza un movimiento de resistencias y fugas, de agenciamientos que usan y desmontan las prótesis, tanto como –sometiéndose humorísticamente a la institucionalización- hacen correr y deslizar por fuera y por debajo de las instituciones, una potencia-fuerza que anuncia permanentemente su novedad: agenciamientos de creación. Entonces el investigador no parte de la sociedad y del estado como sus objetos ya formados, estos aparecen cada vez al final como un producto y un productor para un nuevo recomienzo: biopolítica, entendida como: estrategias de gestión y agenciamientos de creación.

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¿PODER DEL LENGUAJE O

¿PODER DEL LENGUAJE O

CREACIÓN?

CREACIÓN?

Conferencia del día lunes 6 de

Conferencia del día lunes 6 de marzo de 2006marzo de 2006

“Mi preocupación, desde siempre, ha sido separar la subjetividad de la individuación y trabajar de este modo en una línea de subjetivación parcial. La subjetividad es siempre parcial (...), la subjetividad está en el cruce de componentes heterogéneos (...), el individuo está al final de los componentes heterogéneos y parciales”.

Félix Guattari.

“Hay acción psíquica de un hombre sobre otro cuando el primero, por sus gestos

o sus signos expresivos, comprendidos o sentidos por el segundo, o por su actitud o su mirada, o por su sola presencia, modifica el estado mental del segundo, imponiéndole un desorden o revelándole un apetito, suscitándole cólera, miedo, esperanza, odio, simpatía, un deseo de obediencia o de

mando, encendiendo una idea, un plan, un proyecto”.

Michel Foucault.

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lingüísüístictico. o. La La funfuncióción n exiexistestencincial al de de la la enuenuncinciacaciónión. . LosLos afectos.

afectos.

Desde mediados de los años 90, asistimos a un fuerte retorno de la filosofía analítica y de la lingüística de srcen saussuriano cuando, tras las críticas teóricas y prácticas llevadas a cabo en los años 60 y 70, no se lo esperaba. Tanto las teorías de ciertos componentes de los movimientos feministas y

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antirracistas en Estados Unidos como las teorías post-obreristas en Europa hacen referencia a la filosofía analítica, y principalmente a la categoría del performativo, para intentar dar

cuenta de la naturaleza y de la función política del lenguaje (su “potencia de actuar”) en el proceso de subjetivación.

En Estados Unidos, los militantes que luchan contra la pornografía y los “discursos de odio” racistas hacen circular la

categoría del “performativo”. Las categorías de Austin salen así de la atmósfera polvorienta de la academia universitaria para entrar en el recinto de los tribunales.

Según los defensores de los derechos de las mujeres y de las minorías étnicas, la pornografía y los insultos racistas (los “discursos de odio”) son enunciaciones performativas en el sentido de que no son simplemente la expresión de un punto de vista, de una opinión (y como tales protegidos por la primera enmienda de la constitución americana) y tampoco se limitan a describir una situación. Esas enunciaciones actúan sobre los auditores contribuyendo a la constitución social de aquellos a quienes se dirigen (la condición de la mujer o de una minoría étnica). No reflejan simplemente una relación social de dominación; decretan, establecen o restablecen esta estructura de poder por la sola potencia de la palabra.La enunciación performativa es, entonces, asimilable a una conducta, a una acción que neutraliza la potencia de actuar de las personas a quienes se dirige, y que como tal puede ser llevada a un tribunal.

La enunciación injuriosa dirigida públicamente por un Ministro francés (“¿Ustedes también están con esa gentuza? Bien, voy a deshacerme de ustedes”) parece a la vez dar la razón y quitársela a las posiciones que apelan a los “performativos”, de tal manera que, a mi modo de ver, se abre una legítima sospecha sobre la pertinencia de esta teoría para explicar la “fuerza” política del lenguaje.

¿Cuáles han sido los efectos del “discurso de odio” del Ministro del Interior francés pronunciado frente a las cámaras de televisión? La palabra “gentuza”, muy injuriosa y despreciativa en la boca de un Ministro de la República, no ha

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neutralizado la potencia de actuar de los habitantes de los distritos de las afueras francesas; más bien, por el contrario, ésta se ha activado –y en proporciones inimaginables– ante dicha enunciación. En lugar de constituir a los jóvenes habitantes de esos distritos como dominados, la enunciación los ha activado en su revuelta como insubordinados, precisamente a partir del rechazo de la designación que se les dirigió de ser

“gentuza”. La enunciación injuriosa ha contribuido a constituirlos en “sujeto político”. Para la población francesa en su conjunto (más exactamente, para la población de los “representados” por los sondeos), podríamos decir que, por el contrario, la enunciación del Ministro del Interior francés ha funcionado como un “performativo”. Para los franceses sondeados por los periódicos y la televisión, dicha enunciación ciertamente ha contribuido para constituir a los jóvenes de esos distritos como “gentuza”, confirmando su estado de dominación, restableciendo y confirmando su situación de subordinación.

En un caso, la enunciación no tiene ningún poder performativo; en el otro, parece funcionar como un performativo. Eso depende de donde caigan esas palabras, en

qué agenciamientos de enunciación y en qué agenciamientos de los cuerpos.

La tentativa de Judith Butler de oponerse a las corrientes judiciales americanas de la defensa de las mujeres y de las

minorías que corren el riesgo de darle al Estado el poder de decidir sobre lo que es legítimo y lo que no lo es, de dejar a los jueces el poder de establecer qué se puede enunciar y qué no se puede enunciar, me parece muy débil, precisamente porque ella

asume, al igual que las posiciones que quiere criticar, que la potencia de actuar y la fuerza de transformación del lenguaje y

de los signos está correctamente descrita por las teorías de los “actos de habla” de la filosofía analítica (y principalmente por los performativos). Ella misma resume su programa político diciendo: “el performativo debe ser repensado”.

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Todavía más sorprendente es que en la teoría del pos-obrerismo italiano se retomen los performativos (Virno, Negri-Hardt, Marazzi), puesto que dicha teoría me parece construida sobre un malentendido que afecta la definición misma del performativo. Me parece que también aquí está mal

desarrollado el problema de la aprehensión de la potencia de actuar del lenguaje en el proceso de subjetivación. Esta teoría ha querido radicalizar la teoría de los performativos, introduciendo la categoría del “performativo absoluto” (Virno). Pero sólo retiene una parte de la definición austiniana: la enunciación no describe una acción, sino que la cumple (al decir: “declaro abierta la sesión”, “te condeno...”, “te prometo...”, no describo una situación, al contrario, cumplo lo

que enuncio). Según la teoría de Austin, la fuerza de la enunciación performativa proviene del hecho de implicar una “obligación social” (en el caso de una promesa, implica lo que enuncia, a riesgo de “perder la cara”; en el caso de una pregunta, implica a aquel a quien la pregunta está dirigida, a

riesgo de interrumpir la conversación).

Esta segunda y fundamental condición del performativo es inexplicablemente abandonada en la teoría post-obrerista del lenguaje, de manera que la enunciación “Yo hablo”, que no es un performativo, se transforma en “performativo absoluto”, forma verbal que caracterizaría “de arriba a abajo la actual sociedad de la comunicación”. En efecto, “Yo hablo” no puede ser un performativo, pues el resultado de esta enunciación es una simple información, de la cual no se deriva ninguna “obligación social”1. Si bien cumple lo que enuncia, el “Yo

hablo” no es sin embargo un performativo; es una enunciación que comunica algo, pero no actúa. No crea una situación nueva para el interlocutor que lo obligue a tomar en consideración el hecho de que le ha sido dirigida una enunciación (responder, obedecer, respetar una promesa, etc.). Si nos atenemos a la

1 “De este modo, el enunciado ‘te hablo’ no es un performativo, si

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teoría de Austin, no veo prácticamente ningún caso en el que “Yo hablo” pueda considerarse como un performativo.

Esta definición del performativo absoluto reducido a la simple función de sacar a la luz el “acontecimiento del lenguaje” (el hecho de que se habla, el hecho de que se tome la

palabra), sin implicar una obligación, neutraliza todo el alcance y las implicaciones de la teoría austiniana. La cuestión que intriga a Austin, y que nos interesa particularmente, es la de la obligación social instaurada por el discurso, es decir, la potencia de actuar, la potencia de transformación, de creación propia del lenguaje.

La introducción de los performativos socava las categorías lingüísticas de Saussure, como también la filosofía del lenguaje, y ante todo, la misma teoría de Austin. Hay que recordar que la teoría de los performativos ha sido criticada y superada, incluso por el mismo Austin quien la había forjado. En efecto, la primera teoría del performativo había permitido a Austin

comprender que el lenguaje en su conjunto es una especie de vasta institución, y que cada una de nuestras palabras (y no sólo los perfomativos) sirve para cumplir un acto social (que implica una obligación ligada al acontecimiento del discurso), es decir, un acto ilocutorio, semejante a los actos institucionales de los que era parte (“te condeno”, “declaro abierta la sesión”, actos que implican siempre una institución establecida).

Luego de la categoría del performativo, Austin, en efecto, ha elaborado el concepto de acto ilocutorio que comprende en su interior los performativos (“lo declaro marido”, “lo condeno en nombre del pueblo”, “te prometo...”, performativos llamados específicos) como un sub-conjunto.

Contrariamente a la doctrina saussuriana, ya no es posible admitir la separación entre lengua y palabra, donde la primera fija las significaciones de manera previa a cualquier empleo y la segunda se limita a comunicarlas según las finalidades de los locutores. No podemos, entonces, aceptar la definición de la lengua como medio de comunicación, de intercambio de información.

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En lugar de prolongar el movimiento que comienza con Austin, tanto Virno como Butler, aunque de manera diferente, encierran la enunciación en la lengua, como si la lengua pudiera sostener sobre sí misma, secretar a través de sus estructuras sintácticas, fonéticas o gramaticales, las significaciones, como si pudiera engendrar la potencia de actuar sobre los otros y explicar la fuerza de transformación del lenguaje y de los signos.

La recuperación del performativo en Virno y Butler está acompañada de una referencia más o menos crítica a la teoría de Hannah Arendt. Este retorno a una definición “aristotélica” del ser político como ser de lenguaje parece coherente, puesto que, de la misma manera que la lingüística y la filosofía del lenguaje, la filosofía política de Hannah Arendt opera una especie de purificación de la palabra y de la acción, y en consecuencia, de lo político.

El cuerpo, el gesto, el socius, la dimensión afectiva, las relaciones de dominación “domésticas” como las llama Arendt, son desechadas y remitidas a lo “privado”, de manera que tenemos una imagen de la palabra, de lo político y del espacio público que ha sido depurada. La palabra que circula en el

espacio público es absolutamente logocéntrica, como en el teatro. La palabra se despliega sin el “intermediario de los objetos ni de la materia”, mientras que nosotros vivimo s en un mundo maquino-céntrico donde la producción y la circulación de los signos están aseguradas por los dispositivos tecnológicos y donde los contenidos de la subjetividad dependen siempre de una multitud de sistemas maquínicos.

Tenemos aquí un problema político mayor. Tras los movimientos del 68 ya no podemos permanecer en esta concepción de la enunciación y de la palabra, y en consecuencia, del proceso de subjetivación, pues lo que ha hecho irrupción en el espacio público son precisamente las relaciones de poder “domésticas”, el cuerpo, el afecto, el socius, la política, es decir, todo lo que era considerado como “privado” por los griegos y por Arendt, de manera que la

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definición de la palabra, de la acción, de lo que es público y de lo que es político ha sido completamente trastornada.

El problema semiótico-político de Guattari es completamente diferente al de los post-obreristas y al de Butler. En lugar de encerrar de nuevo la enunciación en la lengua, Guattari invierte el punto de vista de la lingüística y de la filosofía del lenguaje, haciendo de la enunciación el “núcleo activo” de la creatividad lingüística y semiótica. La enunciación no es, de ninguna manera, un simple derivado de las estructuras gramaticales o sintácticas, una simple realización “individual” del fenómeno “social” de la lengua. Y las dimensiones afectivo-corporal, social, ética y política que la lingüística excluye de su modelo, para Guattari son el motor de la enunciación, “ciertamente un poco paradójico en tanto no discursivo”.

La valoración de las semióticas corporales o pre-significantes y la afirmación de su creatividad y de su potencia de actuar independientes del lenguaje realizada por Guattari, acompaña y favorece la afirmación política de las minorías en los años 60 y 70. Esas semióticas, esas materias y esas modalidades de expresión son, en efecto, las de las minorías: mujeres, niños, locos, artistas, jóvenes, minorías sexuales, lingüísticas y sociales. En realidad, se trata de semióticas y de modalidades de expresión de “todo el mundo”, puesto que se trata de semióticas y de modalidades de expresión del cuerpo.

La crítica y la ruptura con las políticas de significación y de representación centradas sobre el lenguaje, que practicaron ampliamente los movimientos de los años 60 y 70, y la afirmación de “centros múltiples” de producción semiótica, de “materias de expresión polívocas”, liberan una heterogeneidad de procesos de subjetivación que estropean el modelo de gobierno regido por la individualización, la subordinación de las minorías a la subjetividad mayoritaria (individualizante) propia de las sociedades capitalistas.

En lugar de presuponer la traducibilidad general de la multiplicidad de los elementos lingüísticos y no-lingüísticos en la unidad de las semióticas significantes, Guattari nos invita más bien a reconocer su disyunción, su desvío, su diferencia de

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funcionamiento y su potencia de producción autónoma. Sólo trabajando la disyunción y la independencia de esos componentes podremos cartografiar sus efectos, sus funciones, sus modalidades de acción, su capacidad de producción autónoma de signos, de transformación y de auto-afirmación existencial.

Así, la polivocidad de los componentes de enunciación (lingüísticos y no-lingüísticos) implica que los procesos de subjetivación no se pueden reducir a un simple resultado de operaciones significantes.

Vamos a reconstruir, entonces, otra teoría de la palabra, de la enunciación y del espacio público, de los procesos de subjetivación, más fiel a los contenidos y a las formas de expresión de los movimientos de los años 60 y 70, tomando como punto de apoyo el debate que Guattari sostiene con Bajtin, principalmente al final de su vida.

La teoría de la enunciación en Mijaíl Bajtin es una introducción “carnavalesca” a todos los elementos de la lingüística desechados por Virno, Butler y la teoría de la acción (y de la palabra) de Hannah Arendt. El Carnaval en la enunciación, es decir, el reconocimiento de la multiplicidad y de la “heterogeneidad de los elementos que la constituyen”, se hace sobre la base de una teoría de la acción “estratégica” (lingüística y no-lingüística) cuyo sentido podría definirse en palabras de Foucault. Para Foucault, una relación de poder es

“un modo de acción que no actúa directa e inmediatamente sobre los otros, sino que actúa sobre sus acciones”.

No se actúa directamente sobre el individuo y sobre su cuerpo, como lo hacen las técnicas disciplinarias, sino sobre el entorno, puesto que el individuo no es el srcen absoluto de la acción. Hay una multiplicidad de elementos que son los determinantes de la acción y actúan sobre esta multiplicidad, modulando y regulando el entorno de la acción.

Esto quiere decir que la acción depende de los agenciamientos de enunciación, de otros enunciados, de relaciones de poder en la esfera dialógica, etc. El enunciado no es más que una relación de violencia que actúa sobre los

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cuerpos, sobre las cosas: fuerza, pliega, destruye, encierra todas las posibilidades.

Vamos a oponer esta teoría de la acción-poder a la teoría del performativo. El poder es un conjunto de juegos estratégicos, pero estos son juegos estratégicos abiertos en los que las cosas pueden invertirse. “Juegos estratégicos que hacen que unos intenten determinar la conducta de otros, y que los otros respondan intentando no dejar determinar su conducta, o intentando determinar a su vez la conducta de los otros”, señala Foucault.

1. En la teoría (pragmática) de Bajtin el concepto de performativo no tiene lugar, puesto que “todos los actos dehabla”, y no sólo los performativos, “son un acto social”. Todas

las enunciaciones, y no sólo los enunciados performativos, son un acto ilocutorio que implica una “obligación social”.

A pesar de la homología de términos, hay diferencias notables entre la teoría del acto ilocutorio de Austin y la de Bajtin. De entrada, hay una diferencia de naturaleza entre lenguaje y enunciación. Para que las palabras, las proposiciones, las reglas gramaticales lleguen a constituir una

enunciación completa, un acto de habla, es necesario un “elemento suplementario” que “permanece inaccesible a todas

las categorizaciones o determinaciones lingüísticas, cualesquiera que sean”.

La palabra, la forma gramatical, la proposición, separadas de la enunciación (del “acto de habla”) son “signos técnicos” al servicio de una significación que solamente es potencial. La individuación, la singularización, la actualización de esta potencialidad de la lengua operada por la enunciación (su

realización), nos hace entrar en otra esfera del ser, la esfera

“dialógica”. Lo que permite transformar las palabras y las proposiciones de la lengua en una enunciación completa, en un

“todo”, son las fuerzas afectivas pre-individuales y las fuerzas sociales ético-políticas que, siendo no discursivas, constituyen las variables internas de creación y de transformación de la

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enunciación. Son externas a la lengua, pero internas a la enunciación.

Las fuerzas afectivas y ético-políticas son expresadas ante todo por la voz. En un importante artículo en el que se refiere ampliamente a un texto de Bajtin de 1924, Guattari insiste en que en una enunciación hay a la vez “voces pre-individuales” que expresan evaluaciones volitivo-emocionales (los afectos), y “voces sociales” que expresan evaluaciones sociales o políticas, los “valores” (lo bello, lo justo y lo verdadero).

Allí donde la lingüística ve relaciones estructurales y

diferenciales entre los signos, Bajtin, como los iluminados, los idiotas o los locos, “ escucha voces y su relación dialógica”.

Esas voces se despliegan con anterioridad al lenguaje articulado. La voz/entonación que no está aún atrapada en la “abstracción fonética” de la lengua se produce siempre “en la frontera de lo verbal y lo no-verbal, de lo dicho y lo no-dicho”, y es de este modo que se dirige al otro. Y este “dirigirse” es ante todo afectivo y ético-político, más bien que lingüístico.

Encontramos en esas voces el “animismo” profesado también por Guattari, es decir, el mundo de las fuerzas afectivas y sus tomas de posición ético-políticas respecto de los otros y respecto del mundo. Las voces operan una singularización de la lengua que se podría definir como estratégica, puesto que distribuyen y “nombran” a los locutores según un modelo proto-político y no lingüístico que estructura el espacio de la palabra según relaciones de poder entre locutores. La voz implica ya un modo de acción específico del discurso que, en palabras de Foucault, podemos llamar “acción sobre acciones posibles”.

“La entonación casi parece indicar que el mundo que rodea al locutor está lleno de fuerzas animadas: ella amenaza, se indigna, o bien ama o adula los objetos y los fenómenos”, dice Bajtin.

La voz se expresa, siente y vibra en un espacio dialógico que es un espacio público sui generis. La voz puede producirse

sobre la base de “diferentes tonos fundamentales”, dice Bajtin, que dependen de relaciones de poder en el “espacio público” en

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el cual ella evoluciona. Son esas relaciones de poder las que modulan e influencian sus modalidades de expresión. La voz puede desplegarse y diferenciarse en una “atmósfera de

simpatía”, de “complicidad”, o bien de “desafío”, de “molestia” hacía el interlocutor. No sólo se dirige al destinatario, sino también al “objeto de su propia enunciación”, de manera que el primero está llamado a ser a la vez tanto “juez y testigo” como

su “aliado” o su “enemigo”.

Según Bajtin, hay que distinguir radicalmente la expresión evaluativa, que puede ser tanto afectiva como axiológica, de la expresión semántica, puesto que, contrariamente a lo que

piensa Wittgenstein, la segunda nunca podrá reemplazar, sustituir o remodelar la primera. Siempre habrá un desvío, una disyunción irreducible entre el deseo y las expresiones corporales de una parte, y el lenguaje (las palabras y las proposiciones) de otra. Las exclamaciones lingüísticas que

aprendemos no podrán nunca reemplazar, sustituir, remodelar el “grito de dolor” del cuerpo. Así pues, a diferencia de lo que ocurre en la lingüística y en la filosofía del lenguaje, las semióticas corporales pre-significantes (gestos, posturas, movimientos, actitudes) son partes integrantes de componentes de enunciación; tienen –principalmente en Guattari– una potencia autónoma de producción.

“La entonación y el gesto están ligados por un parentesco directo” que encuentra su origen en el cuerpo, “material primero y antiguo de esta expresión evaluativa”. En cada gesto,

como en cada entonación, “duerme siempre un embrión de ataque y de defensa, de amenaza o de dulzura”, razón por la cual cualquier enunciación hace siempre jugar al locutor el “papel de aliado o de testigo”, de amigo o enemigo.

La entonación y el gesto encierran siempre una actitud activa frente al mundo exterior y al medio social de los enemigos, de los amigos, de los aliados, y frente a los enunciados, pasados, presentes o futuros. Incluso el poeta, dice Bajtin, “trabaja siempre con la simpatía o la antipatía, con el consenso o el disenso” de quien escucha.

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Solamente cuando la voz penetra y se apropia las palabras y las proposiciones, estas últimas pierden su potencialidad lingüística y se transforman en expresión actualizada. Solamente en ese momento incumbe a las palabras y a las proposiciones jugar un papel único y no reproducible en el

intercambio verbal.

2. La naturaleza estratégica y pública de la dirección de la voz (invocar a los amigos y conjurar a los enemigos, determinar los acuerdos y desacuerdos) implica dos cosas: a) una teoría

“pluralista” de la enunciación, y b) la constitución de un

espacio dialógico.

En efecto, nos dice Guattari, con Bajtin “hemos aprendido a leer el hojaldrado de la enunciación, su polivocidad y multicentraje”. Guattari encuentra en Bajtin el pluralismo semiótico que ya él desarrollaba desde los años 60. La enunciación es una “composición de módulos de semiotización de funcionamiento heterogéneo”. La enunciación y la subjetivación son composiciones siempre parciales (no totalizantes, no universales) de una multiplicidad de elementos lingüísticos y no-lingüísticos, éticos y políticos.

En sus últimos años, Guattari volvió muchas veces sobre el texto de Bajtin de 1924 que versa sobre la creación poética, de donde extrae una teoría de la enunciación en general.

En el acto de enunciación, la subjetividad se apodera preferiblemente, y en orden creciente de importancia, de los

elementos siguientes para componerlos, para mantenerlos unidos, para concluir de manera siempre temporal y provisional:

a. Del lado sonoro de la palabra, de su aspecto musical. b. De sus significaciones materiales, con todos sus matices y variantes.

c. De su aspecto de vínculo verbal (todas las relaciones y las interrelaciones verbales).

d. Del aspecto de entonación que expresa a la vez su orientación emotiva y volitiva a nivel psicológico y su

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orientación respecto de los valores ético-políticos más específicamente sociales.

e. Del sentimiento de actividad verbal, del sentimiento de engendramiento activo de un sonido significante (“incluyendo todos los elemento motores, la articulación, el gesto, la mímica y todo el impulso interno de la persona”).

En esta polifonía de voces, los dos últimos elementos, la orientación emotiva y volitiva y el sentimiento de actividad verbal, constituyen la especificidad de la esfera dialógica, es decir, de la esfera estratégica de la acción sobre acciones posibles. El último elemento, el sentimiento de la actividad de

creación de la palabra, expresa la fuerza del afecto, del elemento no discursivo que engendra no sólo la realidad física de la palabra, sino también “el sentido y la apreciación”, es decir, la afirmación de un punto de vista que ocupa, por medio del enunciado, una posición activa respecto del mundo y de los otros: “Dicho de otro modo, el sentimiento de un movimiento, de una toma de posición que atañe por completo al hombre, de un movimiento en el cual son arrastrados a la vez el organismo y la actividad semántica, pues lo engendrado es a la vez la carne y el alma de la palabra en su unidad concreta”, nos dice Guattari.

Es el afecto quien opera la “cristalización enunciativa” dando a la vez un “sentimiento relativo de unidad” y de singularidad a la multiplicidad disparatada de esos elementos lingüísticos, corporales y axiológicos que atraviesan al enunciador. Y es siempre el afecto quien tiene la capacidad de “transversalizar” esta heterogeneidad de elementos, de darles una coloración, un tono que la haga converger, temporalmente, hacia la singularidad de la enunciación.

Los primeros tres componentes de la enunciación que constituyen sus componentes lingüísticos, son los elementos “reproducibles”, los elementos reiterables de la enunciación, mientras que los dos últimos son elementos no reproducibles, elementos absolutamente singulares, creados por primera vez por y en el acto de enunciación.

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Son los elementos no lingüísticos los que le dan consistencia, continuidad y unidad a la enunciación, y los que operan la “singularización existencial” de los elementos lingüísticos. A estos elementos Guattari los llama focos de afirmación existencial.

La voz y el sentimiento de engendramiento de la palabra o del signo constituyen la “raíz enunciativa” del proceso de subjetivación, es decir, las condiciones de emergencia de la subjetividad. Esas condiciones de emergencia encuentran su srcen en un campo de intensidades afectivas, es decir, en una dimensión (“vacía”) anterior por derecho y de hecho a cualquier significación y a cualquier representación.

Según Guattari, vivimos una paradoja que debemos transformar en fuerza política: “Nos hallamos inmersos en sistemas discursivos, y al mismo tiempo, tenemos que crear focos de afirmación existencial que no son discursivos (...). Cuando una máquina amorosa o una máquina de odio se desencadenan, esto no se debe al efecto de frases discursivas, cognitivas o deductivas, las cuales están dadas de entrada, son presupuestas. Y esta máquina va a desarrollar progresivamente

diferentes medios de expresión (...). La paradoja quiere que sea a través de un material discursivo como podamos dar, no una representación, sino una presentificación existencial de esos focos”.

Esos “focos de afirmación existencial”, esta expresividad afectiva, activan una “subjetividad procesual auto-fundadora de sus propias coordenadas”. Los afectos originan, fechan y acontecimentalizan todos los modos de semiotización. Esos focos de singularización existencial son inherentes a la enunciación y a las producciones semióticas, sin ser en absoluto ni lingüísticos, ni semióticos.

Según Guattari, los afectos que dan una singularización existencial a la enunciación son a la vez moleculares y molares. Son afectos pre-individuales, afectos sensibles, pero también afectos que vienen a activar referencias “sentimentales, míticas, históricas, sociales”. No hay solamente afectos elementales, pre-individuales, moleculares que activan la enunciación, sino

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también afectos que Guattari llama complejos, problemáticos, molares: los “afectos crísticos” o los “afectos leninistas”, por ejemplo.

“Es así como, durante décadas, una constelación de ritornelos existenciales ha dado acceso a una “lengua-Lenin” que implica procedimientos específicos tanto en el orden retórico y lexical como en el orden fonológico, prosódico, etc.”. La entonación con la cual las personas atrapadas en el afecto leninista pronuncian expresiones como “la clase obrera” o “la clase” los distingue inmediatamente de cualquier otro modo de pronunciación de esas mismas palabras.

De la misma manera que tanto Foucault como Deleuze y Guattari son partidarios de un “pensamiento del afuera”, podríamos hablar, a propósito de la enunciación, de una

semiótica del afuera. Lo que nos obliga a hablar, a expresarnos, a producir signos son siempre “fuerzas del afuera”. Algo no-discursivo, que está dado de entrada como un todo, es lo que abre la posibilidad de la producción semiótica. A partir de esta función existencial (que Guattari llama proto-enunciación) se desencadena una “procesualidad en estado naciente” que se convierte progresivamente en fuente o “lugar de proliferación” de los signos. A esta fuerza del afuera Guattari le atribuye una “función existencial” que juega un gran papel en la enunciación.

3. “Pero la expresión del enunciado es siempre, en un grado más o menos considerable, una respuesta; dicho de otro modo,

ella manifiesta no sólo su propia relación con el objeto del enunciado, sino también la relación del locutor con los enunciados ajenos”. Un enunciado siempre está atrapado en un agenciamiento de enunciación colectivo. “Un enunciado concreto es un eslabón en la cadena del intercambio verbal. Los enunciados no son indiferentes los unos a los otros y no se bastan por sí mismos; se conocen los unos a los otros, se

reflejan los unos en los otros”. Y son precisamente esos reflejos recíprocos los que determinan su carácter.

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“El índice sustancial (constitutivo) del enunciado (o “acto de habla”), es el hecho de que se dirige a alguien, de que está

dirigido hacia lo ilocutorio”. Cualquier acto de habla se dirige a

alguien o a algo, responde a alguien o a algo, expresa valores, puntos de vista, emociones, afectos, simpatías y antipatías

respecto de una situación, respecto del otro, respecto de sus propios enunciados y respecto de los otros enunciados, pasados

y presentes, que circulan en el espacio público (principalmente los que remiten a lo “verdadero, a lo justo y a lo bello”, nos recuerda Bajtin). Todo acto de habla apunta a un acuerdo o a un desacuerdo, invoca a los amigos y conjura a los enemigos.

Cualquier acto de habla es una “pregunta” que requiere una respuesta, pero la respuesta que la enunciación espera implica una “actitud de respuesta activa”, una “comprensión de respuesta activa” por parte del otro, a diferencia del performativo donde el otro no tiene autonomía ni libertad. Para

la enunciación, “no hay nada más terrible que la irresponsibidad (la no-respuesta)”, pero la “respuesta-reacción” que el acto de habla espera no es, de entrada, lingüística.

Si, como lo sugiere Bajtin, consideramos esta vez ya no el “hojaldrado” de la dirección, sino el “hojaldrado” de la comprensión, encontramos la misma multiplicidad de elementos lingüísticos y no-lingüísticos. En la comprensión, en la “respuesta-reacción” activa podemos distinguir, siempre según un orden de importancia creciente, los siguientes elementos:

a. La percepción psico-fisiológica del signo físico (palabra, color, forma espacial).

b. El reconocimiento del signo (como conocido o

desconocido); la comprensión de su significación reproducible

y general de la lengua.

c. La comprensión de su significación en el contexto dado

(contiguo o distante).

d. La comprensión dialógica activa (acuerdo-desacuerdo); la inserción en un contexto dialógico; el juicio de valor, su grado de profundidad y de universalidad.

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El último elemento, el elemento propiamente dialógico, es el más importante, puesto que es el que singulariza, el que da consistencia “existencial” a la respuesta-reacción. La comprensión lingüística no es idéntica a la comprensión dialógica. La primera está constituida por elementos reproducibles (los tres primeros elementos en la enumeración de Bajtin), la segunda por componentes no reproducibles, singulares, creados por el acto mismo de la comprensión (el cuarto elemento en la enumeración de Bajtin) . La comprensión es siempre una toma de posición, un juicio, una respuesta-reacción al interior de las relaciones dialógicas.

Las respuestas-reacción expresan “una simpatía, una antipatía, un acuerdo, un desacuerdo, una adhesión, una objeción, una ejecución, un estímulo a la acción, etc.”. Todas las respuestas-reacción “refutan, confirman, completan, se apoyan sobre” las preguntas que se le dirigen.

El prójimo no es un “espectador indiferente” como en Kant, de quien Hannah Arendt saca su teoría del papel y de la función del espectador en el espacio público. El espectador kantiano, al mirar el desarrollo de los acontecimientos (en su caso, la Revolución francesa), los contempla como un “todo”, privilegiando en consecuencia su posición de exterioridad y de

indiferencia respecto de la acción. Al contrario del destinatario de la enunciación en Virno, quien a su vez se limita a contemplar, a ser testigo y juez de la elocución (“Yo hablo”), en Bajtin el interlocutor participa plenamente del cumplimiento de la acción. El prójimo es activo y “libre” en el acontecimiento de la enunciación, determina su dinámica, orienta su actualización. Michel Foucault afirma: “Una relación de poder se articula sobre dos elementos que le son indispensables para ser justamente una relación de poder: que el otro (aquel sobre el

cual se ejerce) sea reconocido y mantenido hasta el final como sujeto de acción, y que ante la relación de poder se abra todo un campo de respuestas, reacciones, efectos, invenciones posibles”. Una relación de poder “actúa sobre el campo de posibilidad en el que se inscriben los comportamientos de los

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sujetos actuantes: incita, induce, desvía, amplía o limita, vuelve más o menos probable (...) pero es siempre una manera de actuar sobre uno o varios sujetos actuantes, y esto en cuanto actúan o son susceptibles de actuar”. De este modo, una relación de poder es “una acción sobre acciones posibles”.

Si seguimos el “hacerse” de la enunciación, fácilmente podemos constatar que la naturaleza de la enunciación no es performativa sino dialógica, “estratégica”. El acto de habla es

una acción sobre acciones posibles a partir de la dimensión ético-política y afectiva de la relación con el otro.

“Mientras elaboro mi enunciado, tiendo, de una parte, a determinar la respuesta de manera activa; de otra parte, tiendo a presumirla, y esta respuesta presumida actúa a su vez sobre mienunciado (evito las objeciones que preveo, establezco

restricciones, etc.). Mientras hablo, tomo en cuenta el fondo aperceptivo sobre el cual el destinatario recibirá mis palabras: el grado de información que posee sobre la situación, sus conocimientos especializados en el dominio del intercambio cultural dado, sus prejuicios (desde mi punto de vista), sus simpatías y antipatías, etc; pues es esto lo que condicionará su comprensión de respuesta frente a mi enunciado”.

La elección del género del enunciado (pues a diferencia de la lingüística de Saussure la enunciación no es un hecho simplemente individual), la elección de los procedimientos composicionales y la elección de los medios lingüísticos se hará a partir de la relación con el otro. Esas elecciones pueden determinarse solamente en el interior de la enunciación que se está haciendo y en la que el otro es integrado como un elemento viviente, dinámico y libre.

La definición que da Oswald Ducrot de la fuerza del performativo es en realidad la fuerza de todas las

enunciaciones, de todo acto de habla, toda vez que se lo ha comprendido como dialógico. La esfera dialógica abre la posibilidad de la acción acontecimental y estratégica entre

locutores.

“Así, para la persona a quien se dirige la enunciación, el campo de acciones posibles ha sido bruscamente

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reestructurado. Se traza una dimensión nueva, que impone una nueva medida para los comportamientos. Y esta reorganización no es un hecho empírico, un accidente que interviene con ocasión del enunciado” (Ducrot).

El Ministro del Interior. El Ministro del Interior.

Ahora podemos comprender fácilmente por qué en el caso del enunciado del Ministro del Interior francés no se trata en modo alguno de un performativo, sino de una utilización “estratégica” de la enunciación. Preferimos comprender el “discurso de odio”, como lo denominan los americanos, no como una fuerza que cumple lo que enuncia, sino como una “acción sobre acciones posibles”, abierta a lo imprevisible, a la indeterminación de la respuesta-reacción del otro o de los otros.

El enunciado: “ustedes son gentuza”, busca intervenir en una situación socio-política para modificarla, invocando a los “amigos” y designando a los “enemigos”, amenazando a estos últimos, tranquilizando y reforzando a los primeros. Busca aliados, y para construir nuevas alianzas evoca a su enemigo: el inmigrante. Busca reconfigurar el espacio político convocando a los otros como “jueces y testigos”, “obligándolos” por así decir a tomar posición, a expresar un punto de vista, una evaluación que siempre es a la vez afectiva y ético-política.

El espacio abierto por la palabra “gentuza” no es el del performativo, sino el de la indeterminación, el de lo

imprevisible, el del acontecimiento dialógico. Los efectos no están pre-determinados como en el performativo, donde el locutor, el enunciado y el destinatario ya están instituidos.

Aquí el enunciador y los “públicos” a quienes se dirige a través de la televisión (enunciación maquínica) están abiertos al devenir de los acontecimientos, puesto que la palabra dialógica presupone que los locutores son activos y libres. ¿La enunciación injuriosa permitirá a Sarkosy ganar o, por el contrario, le hará perder las elecciones presidenciales? ¿Ha sido un golpe afortunado o desafortunado en el juego estratégico

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consistente en debilitar a los otros candidatos de su propio campo en esta elección y en ganar votos entre el electorado de derecha y de extrema derecha? Él mismo no lo sabe. Y de todos modos, la “respuesta-reacción” se encargó de recordarle la naturaleza dialógica de todo acto de habla.

Todas las enunciaciones, como sabemos, implican una comprensión, una “respuesta-reacción”, una “capacidad de respuesta activa”, una “toma de posición”, un “punto de vista”, una “evaluación de respuesta”, y las suscita más allá de lo que su mismo autor pudiera desear.

Hay que distinguir la respuesta-reacción de la “gentuza” misma (la cual ha sabido responder con un comportamiento mudo y mucho más eficaz por cuanto dicha respuesta está organizada alrededor de gestos, comportamientos y actos) de la respuesta de las fuerzas políticas (y aquí tenemos que distinguir la izquierda y la derecha, e incluso distinguir entre los diferentes componentes de cada una, etc.), como también de la respuesta de los medios escritos, de los medios audiovisuales, de la respuesta de las autoridades religiosas, etc. La revuelta es

el signo inequívoco de la capacidad para producir gestos, signos y eventualmente palabras de manera autónoma, según modalidades que no son las mismas del enunciador (hay una diferencia ontológica entre el que demanda y el que responde, nos recuerda Bajtin, puesto que pertenecen a dos bloques espacio-temporales absoluta e irreductiblemente singulares). La revuelta –para hablar como Guattari– es una “afirmación existencial” que manifiesta la fuerza del “afuera” a partir de la cual, y solamente a partir de la cual, puede ponerse en movimiento (o no) la producción semiótica. Contra el pensamiento de la izquierda marxista y “radical” que en esta

revuelta lo único que ve es una falta de proyecto político, una ausencia de conciencia y de representación (las dos condiciones de la política idénticas tanto para los marxistas como para los burgueses), la incapacidad para constituir un espacio público en

el cual incluso el enemigo esté incluido, nosotros preferimos el punto de vista de Guattari. Si [este movimiento] escapa a la significación y a la representación “es porque produce lo que yo

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llamo una endo-referencia e implica una producción de subjetividad, antes de que esta subjetividad tenga conciencia de sí misma. Es lo que vivimos en el 68: una subjetividad que se produjo antes de que tuviéramos tiempo de hacer cualquier cosa”.

El espacio político abierto por la enunciación ha evolucionado bajo nuestros ojos, modificándose a cada instante, día tras día, según el ritmo de los acontecimientos.

Muchos intereses, muchos objetivos, muchos problemas están aquí en juego: la afirmación de los “jóvenes de los distritos” como sujeto político, la candidatura a la presidencia de la república, el modelo social francés, el problema de la migración y la descolonización, etc.Hemos visto evolucionar los efectos de la enunciación en tiempo real, mientras estaban sucediendo, al ritmo de los motines, de la toma de posición de las fuerzas políticas, de los expertos, de los sindicatos, de los intelectuales, y todo esto orquestado por las máquinas mediáticas, verdadero y único espacio político al cual convergen todos los otros. Los resultados de la enunciación no se dan por descontados como cuando un juez declara “lo condeno en nombre del pueblo”, sino que modelan el cuerpo social y político, incluso ahora cuando han cesado los motines y cuando los medios no apuntan ya sus cámaras y sus micrófonos hacia las afueras de la ciudad. Nadie sabe lo que producirán los “focos de afirmación existencial” encendidos en las noches de noviembre de 2005. Podemos utilizar la concepción del dialogismo para dar cuenta de la evolución del espacio público, pues lo que hemos visto en esas noches de motines y escuchado en esos días de confrontación semiótico-lingüística es la acción estratégica tal como la describe Bajtin: los enunciados se refieren unos a otros, polemizan, se oponen, consienten con otros enunciados, pero

también los completan o se apoyan en ellos.

Un enunciado es él mismo una respuesta a otros enunciados, entra en el espacio público separándose y distinguiéndose de otros enunciados, confirmándolos, o incluso enriqueciéndolos.

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Pero el enunciado del Ministro no es el primero, al contrario, hace parte de una larga cadena que se remonta muy lejos: la “gentuza”. “Un enunciado está lleno de ecos y de referencias a otros enunciados, a los cuales está ligado en el interior de una esfera común de intercambio verbal. Un enunciado debe ser considerado ante todo como una respuesta a enunciados anteriores de una esfera dada (entendida aquí la palabra “respuesta” en un sentido más amplio): los rechaza, los confirma, los completa, se apoya en ellos, los supone conocidos”.

La cadena de la que hace parte este enunciado y la “esfera” a la cual pertenece son muy antiguas y hacen parte del patrimonio común de la izquierda y de la derecha: actualmente el enunciado en cuestión responde, se apoya y completa los enunciados y los actos del PCF (“producimos franceses”, o también los buldózeres empleados contra los focos de inmigrantes), del Frente Nacional (“los franceses primero”), del PS (“no podemos acoger toda la miseria del mundo”, “ellos son salvajes”). Pero podemos también encontrar allí ecos más lejanos, como los de la definición del proletariado en el siglo XIX como “gentuza”, lo que demuestra a la vez la continuidad y la ruptura del enunciado del Ministro del Interior, sus filiaciones y su novedad.

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Sometimiento social y servidumbre maquínica

SOMETIMIENTO SOCIAL Y

SOMETIMIENTO SOCIAL Y

SERVIDUMBRE MAQUÍNICA

SERVIDUMBRE MAQUÍNICA

(El pluralismo semiótico

(El pluralismo semiótico guattariano)guattariano) Sesión del martes 7 de

Sesión del martes 7 de marzo de 2006marzo de 2006 PRIMERA PARTE

PRIMERA PARTE

La conferencia de ayer fue demasiado formal, para hoy me gustaría que ustedes intervinieran sin problema. ¿Hay cosas que no se comprendieron o que es necesario repetir? ¿Alguno de ustedes tiene observaciones acerca de la conferencia de ayer?

Me pareció comprender que existía una relación entre la concepción performativa y la concepción de Hannah Arendt. Me gustaría que aclarara esta relación. Austin define el performativo a partir de una obligatoriedad en la que los actos

de habla implican su realización, pero esta obligación es de carácter social; no sé si en Hannah Arendt suceda de la misma manera. Quiero preguntar, partiendo de Hannah Arendt, si puede existir cierta performatividad formal de la actuación, de la realización, pero no dentro de una obligatoriedad autoritaria; a mi parecer, ahí está en juego la acción conjunta...

No existe ninguna relación entre la teoría performativa y la teoría de Hannah Arendt. Ayer dije que muchos de los autores que utilizan la teoría del performativo para explicar los problemas y los movimientos sociales hacen también referencia

a Hannah Arendt, pero no dije que ella utilizara esa teoría. Esta historia del performativo es muy interesante porque el desarrollo de la lingüística y de la filosofía del lenguaje corresponde desde ese punto de vista al desarrollo de la sociología. Desde finales del siglo XIX, con las investigaciones de Saussure, el asunto del lenguaje se vuelve muy importante para la sociología. Como ustedes saben, más o menos hasta los

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Sometimiento social y servidumbre maquínica

años 70 el modelo de la sociología fue prácticamente la lingüística; concretamente, durante los años 60 y 70, el modelo para la sociología fue el estructuralismo, y no sólo para la sociología, sino para las ciencias sociales en general. También Hannah Arendt retoma el asunto del lenguaje, pero lo interpreta o lo desplaza directamente sobre el terreno político. Retoma la teoría aristotélica del ser político como ser de lenguaje, de modo que aparece en ella un discurso muy interesante y profundo sobre la política como lenguaje, que no coincide sin

embargo con la teoría performativa.

Lo interesante en la teoría del performativo es que se pasa de una concepción un poco estructuralista del lenguaje hacia lo social. Detrás de la concepción del performativo hay una concepción de la convención social. Luego de haber formulado esta teoría del performativo, en algún momento Austin se da cuenta de que todos los lenguajes, y no solamente el performativo, son una institución social, con lo que abre una brecha en la historia de la lingüística y de la filosofía del lenguaje. Habría que mantenerse en esta línea inaugurada por Austin que apunta a concebir el lenguaje en dirección a lo social, a concebirlo como institución, como convención, pero cambiándola un poco, como intenté demostrarlo ayer, es decir, abriendo esta teoría hacia una teoría del acontecimiento. Pues en la sociología y en las ciencias sociales hay una tradición muy minoritaria que comienza a desarrollarse en el siglo XIX y que piensa la sociología de manera diferente a la concepción estructuralista. De esto hablaremos luego.

Pienso que en Hannah Arendt existe la misma preocupación, pero de modo que plantea otros problemas. Ella retoma la teoría

del lenguaje y de la acción política partiendo del modelo de la

polis griega, y ustedes saben que en la definición griega de lo

político hay justamente una especie de exclusión de ciertos elementos sociales como lo privado, los esclavos, las mujeres, etc. Retomar esta teoría de lo político al modo de Hannah Arendt puede ser en ciertos aspectos muy positivo, porque se vuelve a plantear el problema de la acción, diferenciándolo del problema de la fabricación o de la producción; de modo que

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Arendt se opone a la teoría (muy importante en el siglo XIX) del homo faber, de la cual el marxismo es la realización, y más

bien hace surgir la acción del acontecimiento, pero al mismo tiempo ofrece una especie de purificación de la acción en su concepción de lo político, porque introduce una separación entre lo público y lo privado. Pienso que a finales de los años 60, sobre todo en el año 68, estas diferencias fueron bastante cuestionadas.

Usted planteó ayer una relación poder-lenguaje a la luz de la noción de acontecimiento y de la teoría de la acción estratégica en Bajtin. Me gustaría saber qué es lo propiamente estratégico en la teoría del acontecimiento para comprender su concepción del poder.

En Bajtin no aparece una definición de la acción estratégica; esta es una noción tomada de Foucault que mañana quisiera explicar más detenidamente, y que a mi parecer es muy importante para definir los movimientos sociales. He querido poner juntas la teoría de la enunciación de Bajtin y la noción de

acción estratégica en Foucault. Foucault dice que el poder es una relación, una acción sobre acciones posibles, y que en esta relación los sujetos son libres de actuar, aunque luego veremos que son libres en grados distintos; entonces estratégico quiere decir que si actúo sobre una acción posible, actúo o intervengo para tratar de estructurar el campo de acción del otro. Eso

supone que tomo en consideración al otro también como un actor estratégico, de modo que trato de adaptar mi manera de conducirme de acuerdo con la reacción que presupongo en el otro. En este sentido, la acción es acontecimiento porque no está predeterminada: yo tengo la posibilidad de actuar, pero también el otro, y no sé cómo va a reaccionar el otro. Cuando el Ministro del Interior se refirió despectivamente a “la gentuza”, no podía prever la reacción imprevisible del otro, en este caso, de los jóvenes de las afueras de París.

En la teoría del performativo, por el contrario, hay una convención presupuesta, por lo menos en la teoría restringida

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del performativo. Si respecto de ustedes yo digo: “los condeno a cinco años de prisión”, seguramente nadie irá a la cárcel, pero si lo dice un juez muy seguramente todos terminaremos en prisión. Al comienzo el performativo estaba muyconvencionalmente establecido, y luego se abrió hacia esta

dinámica social y acontecimental. Esta teoría del lenguaje es muy importante porque desde finales del siglo XIX la acción en nuestras sociedades, cualquier tipo de acción, está siempre mediada por signos, y en la sociedad contemporánea la producción de signos es una producción maquínica. No por azar

el desarrollo de la lingüística y de la semiótica viene acompañado por todo un movimiento social de producción de signos, de producción de lenguajes en la sociedad. Piensen en esto: a finales del siglo XIX comienza el cine, luego la televisión, la radio, la explosión semiótica del arte contemporáneo, etc., y la lingüística permanece un poco retrasada con relación a estas dimensiones de lo social porque se había concentrado esencialmente en la dimensión del lenguaje, dejando de lado los otros signos; mientras que, como veremos, hacia los años 60 y 70 emerge un discurso de los signos en general. Naturalmente, antes de esa fecha hubo semióticos importantes como Pierce, por ejemplo, pero no tuvieron fuerza en su momento.

¿Cómo se entiende la determinación en esta concepción de la enunciación como acontecimiento?

No sé si he comprendido bien su pregunta, pero trataré de responderle. En toda enunciación hay elementos que son reproducibles y elementos no reproducibles. Los elementos reproducibles son los elementos lingüísticos: las formas gramaticales, las palabras, las preposiciones; pero todos los enunciados que utilizan esos elementos reproducibles son cada vez algo nuevo, de modo que, desde este punto de vista, son cada vez un acontecimiento: la voz le da a los enunciados esa dimensión de acontecimiento. Este carácter de acontecimiento estriba también en el hecho de que cuando hablo con alguien

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entro en una dimensión dinámica. En el modelo comunicacional que utilizan las ciencias sociales tenemos un locutor A y un locutor B y un mensaje que se transmite de A hacia B. Tanto A como B y el mensaje mismo son elementos ya constituidos, de tal modo que simplemente se transporta información o sentido de un lado a otro. Ahora bien, en la teoría de Bajtin, como también en la teoría del acontecimiento, A y B se constituyen en la medida y en el momento mismo en que hablan, al igual que el mensaje y su contenido. El primer modelo que llamamos comunicacional es en realidad un modelo para poder cuantificar y medir la información y la comunicación, a partir del cual los ingenieros pueden hacer un modelo matemático, mientras que en el otro modelo, en el de la creación del lenguaje a medida que se habla, se está completamente a resguardo de esa matematización.

¿Cuál es la relación entre los enunciados performativos y los dispositivos de control social?

Muchos autores utilizan el performativo para explicar la comunicación en la sociedad contemporánea; lo utilizan, por ejemplo, para explicar cómo funciona la televisión o los periódicos. Efectivamente, la forma de comunicación de la

televisión no es en realidad ninguna comunicación: allí se trata de enunciar algo que debe realizarse. De modo que, efectivamente, se puede utilizar el performativo para explicar las formas de control social, pero lo que me interesa personalmente es más bien encontrar formas de libertad en el

interior de ese modelo de comunicación, formas de actuar, o sea la posibilidad de construir procesos de creación en lugar de modelos de sometimiento o de subordinación. Esa sería la manera de abrir los procesos de comunicación, introduciendo lo imprevisible dentro de lo previsible. Pero efectivamente hay muchos sistemas de comunicación cuyo funcionamiento puede ser explicado mediante el modelo performativo. Tendríamos que extendernos en la consideración de la manera en que

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