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CAPÍTULO II: ASPECTOS METODOLÓGICOS

2.7 Lecciones aprendidas

Empiezo recordando la experiencia de aprendizaje en los módulos sobre investigación cualitativa en la maestría del PROEIB Andes, porque aunque había tenido una formación básica sobre investigación en pregrado, fue sólo aquí que empecé a interiorizar su significado. En realidad me sentía muy pequeña en cuanto a experiencias en el terreno práctico de la investigación, es decir, en el trabajo de campo. Las experiencias de otros, como era el caso de mi compañera Luz, me hacían sentir que en estas “lides” era una “principiante”, y así era. Debo reconocer que me produjo tensión el hecho de tener que viajar a terreno e investigar por esta sensación

de invadir espacios que no eran los míos y que desconocía, me sucedió en el trabajo de campo en Chayanta, norte de Potosí, Bolivia.

Aquí se dio una experiencia enriquecedora porque el lugar donde viajamos era desconocido para mí, por lo tanto, puse mayor atención a todo lo que veía y escuchaba, a los detalles que iban apareciendo, a los rostros y sus características, las comidas, el paisaje, el clima, las actividades que desarrollaban los lugareños, los medios de transporte que utilizaban, entre otros. Todo provocaba novedad ya que después de mi formación docente era la primera vez que realizaba un trabajo de investigación en terreno. El ser “novata” me cuestionaba si sería capaz de responder bien a mi inserción en el trabajo de campo.

Esta observación descriptiva del trabajo de campo en el Instituto Normal Superior de Chayanta (I.N S.), abrió para mí la posibilidad de aprender de esta experiencia. Para ello hubo un proceso de interacción y comunicación con mi compañera de investigación Rosa Ramos y con los otros dos investigadores17, más el personal docente, administrativo y de servicio del I.N.S. Los primeros desafíos una vez en la Normal se iniciaron con la necesidad de aprender a trabajar en equipo, a compartir responsabilidades y a tener una actitud de apertura con cada uno de los docentes del I.N.S. Destaco el trabajo en equipo porque no apoyábamos en cada uno de los momentos del trabajo de campo. Cada atardecer evaluábamos lo que había pasado durante el día. Pienso que la investigación en Chayanta fue mucho más provechosa que mi propia investigación en el tema metodológico, ya que pareciera que cuando estamos en contextos más “conocidos” obviamos muchas cosas porque no nos parecen trascendentes. Es decir, en nuestra mirada corremos el riesgo de reducir lo que estamos observando y le restamos importancia a los detalles. Esta reflexión me pone en “alerta” para tomar en cuenta las implicacias que tiene la falta de rigurosidad en los detalles para las futuras investigaciones que pueda realizar. Considero que no es un tema menor, sino significativo cuando decimos que queremos profundizar desde adentro de la comunidad observando sus códigos, valoraciones, intereses, modos de relacionarse, paisaje, vestimenta, medios de subsistencia, entre otros.

Volviendo a la preparación del trabajo de campo, también me vi reflexionando acerca de cuál sería el tema de investigación. Ahora el tema debía tener relación con la mención de Planificación y Gestión en EIB. Se ampliaba la mirada porque la gestión educativa implica no sólo centrarse en lo que ocurre en la sala de clases sino que está

ligada al proyecto educativo institucional, a las redes de apoyo comunitarias con las cuales cuenta la escuela, a la participación comunitaria en el ámbito educativo, al tema de la calidad de los aprendizajes, a las políticas educativas, al contexto socio-cultural y demográfico en el que se encuentra la escuela. Por lo tanto, mi atención se centró en los resultados de la investigación realizada en Chanco donde la participación comunitaria había sido cuestionada por parte de algunos comuneros porque no habían tenido la posibilidad de participar en el proyecto educativo institucional. Existía un “problema” concreto que investigar y era cómo se estaba dando la participación comunitaria en la escuela que había sido piloto en la implementación de la EIB en la región.

Los cambios del lugar de la investigación de Chanco a Ipinco Alto no fueron un obstáculo para seguir pensando que la participación comunitaria sería un tema interesante de abordar en cualquier comunidad mapuche porque desde la EIB siempre se vuelve desafiante saber qué pasa con la participación de los actores comunitarios en el proceso educativo de los alumnos en el área rural.

Mientras preparaba el marco metodológico la palabra etnográfico y cualitativo despertaban interrogantes, aunque ya tenía dos experiencias de campo (Chayanta y Chanco), igual su significado me era ambiguo, me costaba precisar sus límites. La pregunta que me hacía era: ¿Qué es en concreto hacer etnografía? Porque yo debía enmarcar mi investigación en estos términos. De esta manera, empezó mi lectura para clarificar el significado de etnografía. En este proceso una de las frases que llamó mi atención fue “para que una investigación etnográfica sea seria, el investigador debía permanecer como mínimo un año en el trabajo de campo o bien lo “suficiente”. Autores como Rodríguez y otros (1999: 46), decían que “desde la antropología, se considera como un período razonable el de un año para llevar a cabo el estudio de un fenómeno o una unidad social más compleja”, yo esperaba que el tiempo dado se enmarcara en la categoría de “suficiente”. El tiempo dado para el trabajo en terreno pudo haber sido más, ya que en los hechos siempre quedan interrogantes que a medida que se avanza en el análisis de los datos, uno quisiera volver atrás para clarificar las dudas que van surgiendo. Pienso que el tiempo asignado para la investigación me permitió entrevistar a la mayoría de las familias del sector de Ipinco. Las entrevistas se constituyeron en la gran fortaleza de mi tesis ya que los diálogos permitieron adentrarse en la vida de los comuneros, las voces de ellos pasaron a ser claves en los resultados. No pasó lo mismo con las reuniones comunitarias ya que en los dos meses de investigación se realizó sólo dos reuniones de una de las organizaciones que existía en Ipinco y dos

reuniones de padres y apoderados en la escuela. Por lo tanto, tuve que complementar las observaciones de las reuniones que se realizaban en el campo de investigación con los datos obtenidos en el trabajo de campo exploratorio realizado en el mismo lugar en julio del 2002.

Retomando la definición de etnografía, los teóricos dicen que hacer una descripción densa de tipo microscópica, es decir:

Prestar atención a la fina red de relaciones que los contextos revelan si se dirige una atenta y aguda mirada de ellos, lo cual da paso a lo interpretativo supone una concepción de la cultura, captar la variedad de significados y hacerlos accesibles situándose en el punto de vista de los actores. El énfasis en la acción social es el foco de atención, es el flujo de la acción, los acontecimientos, tiene una pretensión holística. (Geertz 1996:48–49)

Al releer esta definición exigían de mi parte que yo estuviera muy atenta “a la fina red de relaciones”, a “captar la variedad de significados”, al “flujo de la acción” que se estaba dando y que tenía una pretensión “holística”, todas expresiones que debían cobrar vida en el trabajo en terreno. Estas definiciones me interrogaron sobre si sería capaz de lograrlo. Pensaba que la exigencia era alta porque había que sumergirse en el mundo rural de la comunidad y esto generaba dudas y “aprehensiones” por el hecho de haber crecido en la ciudad y no en el campo. Me preguntaba si sería capaz de comprender la realidad e interpretar los datos de esta “fina red de relaciones” de la comunidad, me imaginaba estar como un médico con su bisturí momentos antes de su primera operación.

Ahora, comprender que lo etnográfico se encontraba dentro de la investigación cualitativa, o viceversa, me llevó a intentar clarificar mentalmente qué significa ésto, porque en algunos casos se les ponía al mismo nivel como es la definición que hace Bertely (2000: 47), cuando hace referencia a la etnografía de aula: “El enfoque etnográfico, cualitativo o interpretativo nos lleva a comprender el CÓMO del acontecer escolar”. Aunque está dado para explicar las exigencias que encierra la observación etnográfica de aula, aquí etnográfico, cualitativo e interpretativo están como sinónimo al poner la conjunción “o”, por lo tanto, mi “peregrinaje” en la búsqueda de entender el tipo de investigación que iba a realizar no fue un proceso sencillo.

Con relación a la etnografía en general y no sólo refiriéndose al hecho educativo, autores como Aguirre (1995: 3), la define como “el estudio descriptivo de la cultura de una comunidad, o alguno de sus aspectos fundamentales, bajo la perspectiva de comprensión global de la misma”. Esta definición respondería al tipo de investigación

que he realizado ya que se enmarcaría en el tipo de metodología utilizada. El mismo autor señala que el proceso etnográfico tiene 4 etapas: 1) “Demarcación del campo de estudio” en cuanto a elección de una comunidad concreta y el proyecto de investigación a realizar que en mi caso fue la participación comunitaria en la gestión de EIB en el sector de Ipinco, 2) La “preparación y documentación” que significó prepararse en lo personal para realizar la investigación en terreno y acceder a la documentación escrita y oral sobre el tema que investigué, 3) La realización de “la investigación propiamente tal” que significó vivir en la comunidad, entrevistar a los actores comunitarios y ser observadora “semi-participante” en los eventos y reuniones comunitarios que se desarrollaron durante el tiempo de trabajo de campo, y 4) La “conclusión” que hace referencia al abandono del trabajo de campo, en mi caso fue dos meses después de haber llegado al sector de Ipinco.

Autores como Munévar, Gómez y Quintero (1995: 8), señalan que “La etnografía, por su parte, como un tipo de investigación cualitativa, en oposición a paradigmas dominante derivados de enfoques cuantitativistas, ha constituido una alternativa aplicable a la comprensión de las relaciones que se dan en el hecho educativo”. Esta definición hace referencia a que lo etnográfico tiene como característica el ser una investigación cualitativa. Por lo tanto, tomando en cuenta el aporte que hacen los autores en la clarificación del concepto de etnografía, mi investigación se enmarcaría en lo etnográfico y cualitativo.

Con respecto a la investigación cualitativa y sus características cito a Castro y Rivarola (1998: 6 –7), cuando dicen que:

La investigación cualitativa está abierta a lo que vaya emergiendo, hay una inmersión en los detalles y datos específicos para descubrir dimensiones e interrelaciones; la descripción es detallada, citas directas que captan las perspectivas y experiencias personales de la gente; el investigador tiene un contacto directo y un acercamiento creciente a la gente, la situación, y el fenómeno.

Es decir, si leemos con detención lo que ambas señalan, concluía que parte de lo que expresa la definición, lo viví en el trabajo de campo, sobre todo la frase: “el investigador tiene un contacto directo y un acercamiento creciente a la gente, la situación, y el fenómeno”, y de hecho fue así, hubo un contacto directo con los comuneros, compartí al interior de sus casas, en la huerta, mientras realizaban sus labores, o cocinaban, o cuando llegaban cansados del trabajo e igual mostraban disposición para dialogar. Sin embargo, y de acuerdo a lo expresado en las definiciones, muchos de los “detalles” que debieron ser recogidos en mi experiencia de

trabajo de campo en Ipinco no lo hicé. Ésto me lleva a decir que “no fui etnográfica” en el estricto rigor del significado del término.

A pesar de haber actuando sin la rigurosidad de la investigación etnográfica, las entrevistas a los comuneros no sólo aportaron datos que me han ayudado a comprender el fenómeno de la participación en Ipinco con sus fortalezas y debilidades; sino que también pude acceder a los temas que los angustiaban o preocupaban que se reflejaban no sólo en la comunicación verbal, sino en los gestos que acompañaban su testimonio. Un ejemplo de ello lo señala una comunera:

A mí me interesa salir de aquí, que compraran otro terreno porque aquí es tan chico, ampliar lo que uno tiene, tener una ampliación de terrenos, si me dicen se va, me voy, porque aquí es un sitio nomás, no es mío tampoco, mi papá al entregarme, él también me va a entregar un sitio, es poco lo que tengo”. (NSCH 8- 10-02)

Aquí no sólo se señaló que había escasez de tierra para trabajar, sino que pude observar cierta angustia en la expresión de sus palabras y en la tonalidad de su voz. En su mirada había premura por dar solución a las gestiones de la compra de tierras ya que estaba en juego el futuro de su familia en cuanto a tener algo “propio” y que le permitiera vivir con dignidad.

Otros ejemplos hablan de la preocupación que tenían algunos comuneros sobre los destinos del Pueblo mapuche, perspectiva que trascendía el plano personal y que fueron un poco más allá de la realidad comunitaria. Así lo manifiesta RVT: “aquí en este momento, yo lo veo el objetivo principal del pueblo no es la tierra, yo lo veo así, el pueblo mapuche es para que progrese para salir o mantenerse” (13-11-02). Sus palabras encierran la idea de proyecto como pueblo. Para RVT era progresar, más allá de sí otros comuneros pensaban diferente, desde su experiencia él planteó lo que consideraba era mejor para los mapuches en su situación actual.

Todo este proceso vivido en el trabajo de campo me ha ido haciendo entender y aprender en el presente la responsabilidad que significa sistematizar una información que fue entregada en un ambiente de confianza y la cual hoy nos permite conocer un poco más el sector de Ipinco Alto. Por lo compartido desde su cotidianeidad con los comuneros, cada uno de los entrevistados merece mi respeto y agradecimiento por la paciencia que tuvieron frente a mis preguntas e intervención en su mundo más íntimo, en ese que está en nuestros pensamientos y en nuestro corazón.

En el futuro tendré más cuidado con lo que expresan Castro y Rivarola (1998), sobre esa “inmersión en los detalles y datos específicos” de la realidad concreta que está siendo investigada o abordada. Pienso que son esos datos y detalles los que dan consistencia a la investigación cualitativa y etnográfica.