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La Ley Universal

In document Señales en El Camino Sayyid Qutb (página 56-61)

El Islam construye su fundamento de fe y acción en el principio de la total sumisión a Dios solo. Sus creencias, formas de adoración y reglas de vida son uniformemente una expresión de esta sumisión y son una interpretación práctica de la declaración que no hay Dios excepto Alá. Los detalles de vida son derivados de la práctica del Mensajero de Dios -paz sea con él- y son una consecuencia práctica de la declaración que Muhammad es el Mensajero de Dios.

El Islam construye una estructura completa en tal forma que estas dos partes de la declaración determinan su sistema y sus características. Cuando el Islam construye su estructura de esta manera, dándole una posición única y separada entre todos los demás sistemas conocidos por el

hombre, entonces el Islam realmente llega a ser harmonioso con la ley universal, que es operativa no solo en la existencia humana sino a todo lo largo del universo completo también.

De acuerdo al concepto Islámico, el universo entero ha sido creado por Dios. El universo nació cuando Dios lo deseó, y entonces Él ordenó ciertas leyes naturales que este sigue y de acuerdo a las cuales sus varias partes operan harmoniosamente:

“Ciertamente cuando queremos que algo sea, simplemente le decimos: Sé, y es.” (16:40) “Él ha creado cada cosa y la ha determinado en todo.” (25:2)

Tras este universo hay una voluntad que lo administra, un poder que lo mueve, una ley que lo regula. Este poder mantiene un balance entre las varias partes de este universo y controla sus movimientos; así ellos no chocan entre sí ni llegan a desorganizarse. Esto continuara todo el tiempo que la voluntad Divina desee que continúe. El universo entero es obediente a la voluntad de Dios, Su poder y Su autoridad; no es posible para este desobedecer la voluntad Divina y su ordenada ley ni por un solo instante. Debido a esta obediencia y sumisión, el universo continúa avanzando de un modo harmonioso y ni la destrucción, o la dispersión o cualquier perturbación pueden penetrar en él a menos Dios lo desee.

“Realmente vuestro Señor es Allah, Quien creó los cielos y la tierra en seis días, luego se asentó en

el trono. La noche cubre al día que le sigue rápidamente y el sol, la luna y las estrellas están, por Su mandato, sometidos. ¿Acaso no Le pertenecen el Mandato y la creación? Bendito sea Allah el Señor de los mundos.” (7:54)

El hombre es una parte del universo; las leyes que gobiernan la naturaleza humana no son diferentes de las leyes que gobiernan el universo. Dios es el Creador del universo así como del hombre. El cuerpo del hombre está hecho de materiales terrenales, aún Dios le ha conferido ciertas características que hacen de él más que la tierra de la cual está hecho; Dios le provee de acuerdo a una medida. En sus funciones corporales el hombre involuntariamente sigue las mismas leyes de la naturaleza como otras criaturas. Su creación está de acuerdo a la voluntad de Dios en lugar que a la de su padre o madre. El padre y la madre son capaces de unirse, aun ellos no son capaces de transformar un esperma en un ser humano. El hombre nace de acuerdo al método de desarrollo y al método de nacimiento que Dios ha prescrito para él; él respira el aire de Dios en la cantidad y modo prescrito por Dios; tiene sentimientos y entendimiento, experimenta dolor, llega a estar hambriento y sediento, come y bebe –en resumen, él tiene que vivir de acuerdo a las leyes de Dios y no tiene elección en este asunto. A este respecto no hay diferencias entre él y otros objetos animados o inanimados del universo. Todo incondicionalmente se remite a la voluntad de Dios y a las leyes de Su Creación.

El, Quien ha creado el universo y al hombre, y Quien hizo al hombre obediente de las leyes que también gobiernan el universo, ha prescrito además una Sharia para sus actos voluntarios. Si el hombre sigue esta ley, entonces su vida está en armonía con su propia naturaleza. Desde este

punto de vista, esta Sharia es también parte de esta ley universal que gobierna el universo entero, incluyendo los aspectos físicos y biológicos del hombre.

Cada palabra de Dios, sea esta un mandato o una prohibición, una promesa o una advertencia, una regla o una guía, es una parte de la ley universal y es tan perfecta como la verdad conocida como las “Leyes de la naturaleza” -las Divinamente decretadas leyes para el universo- que encontramos estar operativas cada momento de acuerdo a lo que Dios ha prescrito para ellas desde el amanecer de la creación.

En consecuencia, la Sharia que Dios ha dado al hombre para organizar su vida es también una ley universal, ya que está relacionada a la ley general del universo y es armoniosa con ella. Esta obediencia a la Sharia llega a ser una necesidad para los seres humanos de tal modo que sus vidas lleguen a ser armoniosas y en consonancia con el resto del universo; no solamente esto, sino que la única manera en la cual la armonía puede ser producida entre las leyes físicas que son operativas en la vida biológica del hombre y las leyes morales que gobiernan sus acciones voluntarias es solamente por medio de la obediencia a la Sharia. Solo esta manera hace a la personalidad del hombre, interna y externa, llegar a estar integrada.

El hombre no puede entender todas las leyes del universo, ni puede comprender la unidad de este sistema; él no puede aún entender las leyes que gobiernan su propia persona, de las cuales no puede desviarse ni el ancho de un cabello. Así, él es incapaz de hacer leyes para un sistema de vida que pueda estar en completa armonía con el universo o que puedan aun armonizar sus necesidades físicas con su comportamiento externo. Esta capacidad pertenece solo al Creador del universo y de los hombres, Quien no solo controla el universo sino también los asuntos humanos, y Quien implementa una ley uniforme de acuerdo a su voluntad.

Esta obediencia a la Sharia de Dios es necesaria por el motivo de esta armonía, aún más necesaria que el establecimiento de la fe Islámica, ya que individuos o grupos de individuos no pueden ser verdaderamente Musulmanes hasta que se sometan completamente a Dios solo, en la manera enseñada por el Mensajero de Dios -paz sea con él, así testificando por medio de sus acciones que no hay deidad excepto Dios y que Muhammad es el Mensajero de Dios.

La total harmonía entre la vida humana y la ley del universo es completamente beneficiosa para la humanidad, ya que esta es la única garantía contra cualquier tipo de discordia en la vida. Solamente en este estado estarán ellos en paz consigo mismos y en paz con el universo, viviendo de acuerdo a sus leyes y sus movimientos. Del mismo modo, ellos tendrán paz de pensamiento, ya que sus acciones coincidirán con sus verdaderas demandas naturales, sin ningún conflicto entre ellas dos. De verdad, la Sharia de Dios armoniza el comportamiento externo del hombre con esta naturaleza interna en una forma fácil. Cuando un hombre hace la paz con su propia naturaleza, paz y cooperación entre individuos llegan después automáticamente, ya que todos viven juntos bajo un sistema, que es parte del sistema general del universo.

En consecuencia, bendiciones descienden a toda la humanidad, ya que este camino conduce de una forma fácil al conocimiento de los secretos de la naturaleza, sus fuerzas escondidas, y los

tesoros ocultos en la extensión del universo. El hombre usa esto para el beneficio de toda la humanidad, bajo la dirección de la Sharia de Dios, sin ningún conflicto o competencia.

En contraste a la Sharia de Dios están los caprichos del hombre:

“Si la verdad siguiera sus deseos, los cielos y la tierra y lo que hay en ellos se corromperían.” (23:71)

De esto podemos saber que la verdad es una y no muchas. Este es el fundamento de la religión, los cielos y la tierra están basados sobre esto, todos los asuntos de este mundo y del siguiente están establecidos por esto, el hombre rendirá cuentas a Dios en base de esto, y aquellos que se desvían de la verdad serán castigados por esto, y la gente será juzgada por Dios de acuerdo a esto. La verdad es indivisible, y es el nombre de esta ley general que Dios ha ordenado para todos los asuntos; y cada cosa en existencia o sigue esto o es castigado por esto.

“Y es cierto que hemos hecho que descendiera a vosotros un libro en el que esta vuestro recuerdo.

¿No vais a razonar? ¿Cuántas ciudades que eran injustas arrasamos, dando origen después a otra gente? Cuando sintieron Nuestra furia, huyeron precipitadamente de ellas. No huyáis, volved a la vida placentera que llevabais y a vuestras moradas, tal vez se os pidan explicaciones. Dijeron: ¡Ay de nosotros! Verdaderamente hemos sido injustos. Y esta fue su continua llamada hasta que los dejamos extintos, como mies segada. No hemos creado el cielo, la tierra y lo que entre ambos hay como un juego. Si quisiéramos tomar alguna distracción, de hacerlo, lo haríamos de junto a Nos. Sin embargo arrojamos la verdad contra la falsedad para que la derrote y entonces se desvanezca. Tendréis la perdición por lo que decíais. De Él son quienes hay en los cielos y en la tierra; y quienes están a Su lado no desprecian por soberbia adorarlo; ni se cansan. Glorifican día y noche sin decaer.” (21:10-20)

La naturaleza humana en sus profundidades tiene total conciencia de esta verdad. La forma del hombre y el cuerpo, y la organización del vasto universo alrededor de él, le recuerdan que este universo está basado en la verdad, y la verdad es su esencia, y está relacionado a una ley central que lo sostiene. Así, no hay perturbación en ella, no hay conflicto entre sus partes; no se mueve de manera casual, ni depende en el azar, ni está desprovista de un plan en conjunto; ni es un deporte en las manos de los caprichos humanos, sino se ejecuta suavemente en un curso preciso, detallado y prescrito. El conflicto empieza cuando el hombre se desvía de la verdad que está escondida en las profundidades de su propia naturaleza, bajo la influencia de sus deseos, y cuando él sigue leyes basadas en sus opiniones en lugar de seguir los mandatos de Dios. En lugar de someterse a su Verdadero Maestro junto con el resto del universo, él se revela y se subleva.

Cuando este conflicto entre el hombre y su propia naturaleza, y el hombre y el universo, se extiende a los grupos humanos, naciones y razas, entonces todas las fuerzas y recursos del universo son utilizados no para el beneficio de toda la humanidad, sino para su destrucción y la violencia en contra de otros.

Llega a ser claro de la discusión anterior que el propósito para el establecimiento de la ley de Dios en la tierra es no solamente para el bien del siguiente mundo. Este mundo y el siguiente no son dos entidades separadas, sino son etapas complementarias a cada una. La ley dada por Dios no solamente armoniza estas dos etapas sino también armoniza la vida humana con la ley general del universo, así, cuando la armonía entre la vida humana y el universo sobreviene, sus resultados no son pospuestos para el siguiente mundo sino son operativos aún en este mundo. Sin embargo, estos alcanzaran la perfección en la otra vida.

Esto, entonces, es el fundamento del concepto Islámico del Universo y de la vida humana como una parte de este universo. Por su misma naturaleza, este concepto es diferente de todos aquellos otros conceptos conocidos por la humanidad. Esto es porque este concepto implica ciertas responsabilidades y obligaciones que no son encontrados en otros conceptos de vida.

De acuerdo a este concepto, la obediencia a la Sharia de Dios es realmente una consecuencia de la necesidad de armonizar la vida humana con aquella ley que es operativa entre el hombre mismo y el resto del universo. Esta necesidad demanda que la ley que gobierna los asuntos sociales de los seres humanos debe estar en concordancia con la ley general del universo; esto demanda que el hombre se someta a Dios solo, con el resto del universo, y que ningún hombre debe reclamar señorío sobre otros.

Una sugerencia para la necesidad de armonía de la cual hemos estado hablando es encontrada en la conversación entre Abraham -paz sea con él- el padre de la comunidad Musulmana, y Nimrod. Este hombre era un tirano y reclamaba absoluta soberanía sobre sus súbditos; a pesar de que no reclamaba soberanía sobre los cielos, los planetas y las estrellas. Cuando el Profeta Abraham –paz sea con él- presentó el argumento que El Que tiene autoridad sobre el universo es el Único en tener autoridad sobre los seres humanos también, él quedó sin palabras:

“¿No has visto a aquel que, porque Allah le había dado soberanía, desafió a Ibrahim discutiéndole a su Señor? Dijo Ibrahim: Mi Señor da la vida y da la muerte. Dijo él: Yo doy la vida y doy la muerte. Dijo Ibrahim: Allah trae el sol desde el oriente, tráelo tú desde occidente. Y quedó confundido el que se negaba a creer. Allah no guía a los que son injustos”. (2:258)

“¿Acaso desearan algo distinto a la práctica de Adoración aceptada por Allah, cuando todos los que están en los cielos y en la tierra están sometidos a Él, de grado o por fuerza, y a Él han de volver?” (3:83)

In document Señales en El Camino Sayyid Qutb (página 56-61)