I. ASPECTOS CULTURALES DE CHINO Y ESPAÑOL
1. Filosofí a china y griega
1.2. Principio de todas las cosas
1.2.4. Li y átomo
Si al considerar el dao como ordenación, disciplina, normalidad, etc., nos acatamos a una conclusión inmediata de que al pueblo chino le falta el conocimiento de la razón, de la ciencia, estaremos desviados del camino correcto. En este apartado, vamos a hablar del carácter 理 lǐ, li, cuya traducción más generalizada es precisamente la razón. En chino moderno se usa con frecuencia la colocación 道理 dàolǐ, daoli, para hablar de la razón. Pero, la dicotomía de esta palabra china pone de manifiesto los conceptos tradicionales más detallados que conserva el pueblo chino: el uno se concilia con el otro, inseparable, que a su vez representan dialécticamente dos corrientes de vital importancia de la filosofía china antigua. De acuerdo con Qian Mu (2002), los occidentales, cuyo modelo cognitivo dispone de la determinabilidad racional, optan por argumentar su discurso con razonamientos cuando quieren persuadir a los demás, sin entrar en el mundo de dao. Les es difícil comprender el concepto de dao, pero después del estudio en párrafos anteriores de este concepto, les costará menos trabajo.
En efecto, en la filosofía china hay una escuela que toma el 理 lǐ, li, como el principio de todas las cosas, lo cual es comparable al desarrollo filosófico de la razón occidental. La aparición del 理 lǐ debe remontarse al periodo de los Tres Reinos, en
que 王弼 Wáng Bì, Wang Bi (Qian, 2002), el comentador de I Ching, el Libro de Cambio, comentó: “物无妄然, 必有其理 Wù wú wàng rán, bì yǒu qí lǐ (objeto no ilógico ser, deber tener su razón)” (7), lo que quiere decir que todas las cosas del universo están regidas por la razón. Este concepto se concluye como nota de I Ching, una interpretación propia de Wang pese a que en este libro no se habla manifestadamente del carácter 理 lǐ, li. Así que por casualidad se germinaba paralelamente el dao con el li, pero que el concepto de este último no se prosperaba hasta la dinastía Song, época en que precisamente descollaba el concepto 格物致知 géwù zhìzhī28 para que más tarde se diera a conocer la traducción 格致 gézhì de la palabra filosofía. Wang Bi (226 – 249 d. C.) nació en el seno de una familia burocrática, cuyo bisabuelo materno es 刘表 Liú Biǎo, Liu Biao. A lo largo de su vida académica, logró hacer muchos comentarios de los libros clásicos: I Ching, Lao Zi, Lun Yu, etc. El, junto con sus investigaciones críticas sobre el estudio de Cambios y la Oscuridad, estableció la filosofía de lo abstracto, de un sistema completo en que se mezclaban el confucianismo y los pensamientos de Lao Zi y Zhuang Zi, superando los estudios antiguos sobre los Cambios de su tiempo. El concepto planteado por Wang era, para entonces, totalmente nuevo y dejaba influencias trascendentales en la historia de pensamientos de China. Según él (Qian, 2002):
统之有宗,会之有元。故自统而寻之,物虽众,则知可以执一御也。由本以观之, 义虽博,则知可以一名举也。(Qian, 2002, p. 8)
Todas las cosas están regidas por el zong, unidas por el yuan. Por eso, aunque son muchas, se puede reunirlas. A través de ello, observamos que el único acto de saber puede llegar a tener muchos conocimientos, sean lo diversos que sean.
A pesar de que en esta proposición no se menciona ni una vez el li ni la palabra razón, podemos deducirlo en este sentido: cada cosa tiene su razón particular, así llegamos a tener muchas razones y parece muy complicado todo; pero si las juntamos en un conjunto genético, llamado yuan y las conducimos hasta el terminal único, llamado zong, podemos ver que este proceso unitario se interpreta como una razón elemental para todos, engendrada de esta manera por todas las cosas del universo. El li que entendemos tanto de Wang Bi como de los neo-confucianos de la dinastía de Song, seguidores de Wang, es lo absoluto del todo. Dos más dos es igual a cuatro. Este es el li numérico. El li es una existencia previa a las cosas. Es la verdad que solo puede ser descubierta y no inventada. Así se denota la diferencia entre el li y el dao. El dao se puede inventar y cambiar. Es una regla, una normativa que restringe a sus practicantes,
mientras que el li es el mecanismo de todo lo mecánico, pura objetividad que no se alterna según la subjetividad, que no se puede modificar. De modo que, el li es mejor entendido como la verdad de la filosofía occidental. No obstante, para encontrar un concepto semejante de la filosofía griega al li, podemos acudir primeramente al concepto de Leucipo: el átomo. El concepto atomístico revela también la característica de lo absoluto, lo que es en sí y para sí, representando lo lleno en contraposición con lo vacío. El átomo es el ser para sí (Hegel, 1995). Leucipo es quien introdujo el átomo como determinación absoluta, lo cual, a pesar de que se diferenciaba de Parménides y Heráclito y de los fundamentos del agua de Tales, no dejaba de ser el principio concebido en la investigación natural de los filósofos griegos. No obstante, el átomo puede ser algo no sensible, puramente intelectual, así cobra el sentido de contar con algo verdadero para el pensamiento, tal y como lo muestra el li, ajeno a toda influencia materialista. El átomo no es concreto y tampoco se materializa. Es abstracto, como el
li. Es lo estable, lo uno, no el vacío, la continuidad. Hasta aquí podemos darnos cuenta
de las similitudes que comparten ambos conceptos. Pero la distancia entre lo atomístico y el li reside en la extensión semántica y relacional que mantiene aquel con la naturaleza. La relación de la forma, el orden y la posición que mantiene el átomo se hace fundamento de la determinabilidad mientras que el li, abstrayéndose de lo concreto, es un tipo de realidad que es en y para sí. Cierto es que la finalidad del concepto de átomo sirve para desviar la búsqueda de fundamentos concretos con el objetivo de explicar la ontología de la naturaleza, pero no puede independizarse de este ámbito. Por lo tanto, el átomo de Leucipo se encabeza en el grupo seguido por el idealismo, en palabras de Hegel, “al que cree llegar a comprender lo objetivo por el mero hecho de referirlo a la conciencia y de decir de ello: es lo que yo percibo” (Hegel, 1995). El li, sin embargo, ya se ha visto superado del discurso de lo determinable de la naturaleza.