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Hace algunos años la presencia del sistema autoritario en los centros escolares era indiscutible. Debido a que la “autoridad” que tenían algunos profesores frente a sus alumnos no era del todo positiva (aún podemos ver que sigue deteriorándose. Por lo tanto salta a la vista la necesidad de establecer bases sólidas de trabajo en el aula, pues finalmente estimular la espontaneidad del niño, respetando sus impulsos para que pueda desarrollarse plenamente es el ideal a seguir.

En Disciplina escolar, Santiago Hernández Ruíz hace mención de Jean Jacques Rousseau acerca de sus aportaciones sobre la Escuela Nueva, donde reconoce al niño como única realidad, por lo tanto debe efectuarse el programa escolar y la actividad profesional del docente, de acuerdo a las condiciones y necesidades del momento.

“La educación se hace paidocéntrica frente a las corrientes pedagógicas tradicionalistas que asignaban al educador todo el esfuerzo y orientación del proceso educativo.”3

Entre los rasgos más sobresalientes de la educación innovadora se encuentra la actividad, la libertad, la individualidad, así como también la colectividad; conceptos que se hallan estrechamente relacionados entre sí. Entre todos estos destaca la actividad, misma que se identifica dentro del movimiento de escuela nueva. La pregunta obligada será ¿Cómo puedo manejar la libertad frente a la espontaneidad? Simplemente se sugiere que la libertad sea permitida en la medida en que el sujeto tome sus decisiones, pero siempre con la intervención pertinente del profesor, nunca solo, pues aún no

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tiene la capacidad de discernir. Y que a la par, en la espontaneidad, se acepten preguntas y cuestionamientos, pues por poca importancia que tuvieran este tipo de dudas, son necesarias para fomentar la reflexión en los alumnos.

“El idiota carece por entero de libertad, precisamente porque es todo impulsividad bruta; porque carece de la capacidad de dirigir sus actos por sí mismo; porque no posee el don de la intervención racional de sus actos.”4

Conforme nos vamos desarrollando, el proceso de interiorización y racionalización que seguimos ante la resolución de nuestros actos, nos hace conocer nuestra conducta, así como el verdadero atributo de la libertad. Esto se podrá ir dando poco a poco, en la medida en que capacitemos el espíritu para intervenir y encauzar los impulsos brutos de manera positiva.

Por otra parte, el someternos, nos da un significado de no vivir plenamente. Lo ideal será vivir como corresponde a la dignidad de nuestra condición, sobretodo, porque siempre tendremos reglas durante toda nuestra vida. Y en el caso concreto de ser profesores tenemos en nuestras manos por vocación, el gran compromiso de estar al pendiente del desarrollo de los alumnos; de nada servirá si se trata de imponer el conocimiento, debemos motivar a los alumnos para que desarrollen sus capacidades al máximo, permitiéndoles crecer, todo esto con la finalidad de obtener lo que necesiten del ambiente, sin olvidar que vivimos en una sociedad altamente organizada y complicada, pero si no perdemos de vista el objetivo principal, los resultados hablarán por sí solos.

Al hablar de una pedagogía de la libertad (como lo menciona Hernández Ruíz), se considera la existencia de límites, con la finalidad de que el profesor no pierda su autoridad, intentando no caer en ambientes difíciles, hostiles y sin

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dirección alguna, imposibles de corregir. Por otra parte, existe una contradicción cuando pensamos en una pedagogía semimilitarizada; es claro que este sistema autoritario produce una reacción negativa en los alumnos.

Es por eso que Santiago Hernández Ruíz propone respetar los impulsos espontáneos del niño, explicados en 3 puntos básicos:

1. Los impulsos espontáneos, están desde que se nace y pueden así desarrollarse plenamente, moviéndose activamente.

2. La naturaleza misma, al ver el desarrollo espontáneo, puede ir modulando al ser humano, y esto se va dando poco a poco con la madurez que se va adquiriendo.

3. Si se coarta algún impulso natural, produce negativamente: apatía, desconfianza e inconformidad. Perturba el curso normal del desarrollo en clase y en su vida cotidiana.

”La libertad supone especialmente capacidad del sujeto para la decisión de sus actos.”5

Tomar en cuenta nuestra dignidad permite que podamos desarrollarnos naturalmente con nuestros impulsos, pero pensando en nuestra libertad, tratando de equilibrar todo lo que hagamos, logrando resolver nuestros problemas. No tenemos la experiencia suficientemente heredada para saber cómo manejarnos, sobretodo en los primeros años de la vida escolar, es por

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eso que se habla de la necesidad de estar concientes sobre el papel que tenemos dentro del contexto educativo.

Hernández Ruíz hace una comparación entre 2 alumnos de la misma edad, pero sus vidas son totalmente distintas, una acomodada y la otra con mucha pobreza. Principalmente el autor reflexiona sobre el no generalizar con respecto a la libertad que uno y otro pueden gozar, pues ambos tienen diferentes concepciones de la vida, distintas preocupaciones, e incluso prioridades. Con esto se comprueba que la formación que tenga cada alumno, se verá afectada o beneficiada dentro del salón de clases. Entonces una de las preocupaciones básicas, será conocer en qué contexto se han desarrollado los alumnos, esto para estar conciente de los problemas a los que se enfrentan los alumnos, pues a partir de éstos, podemos detectar las preocupaciones que tiene, llevando consigo esa carga a la escuela.

Una de las prioridades para el autor, es convertir al alumno en un ser libre y responsable, obviamente experimentando la libertad con la vigilancia debida, marcada por condiciones que no puedan ser pasadas por alto, a esto se le conoce como “disciplina de la coacción sistemática” (llamada así por Santiago Hernández Ruíz)

Los límites y las condiciones se irán dando a partir de la convivencia diaria. También propone una “disciplina moral” que son acuerdos internos o espirituales como Hernández Ruíz les llama, con normas previamente impuestas, que regulen una convivencia, pero siempre con un toque de responsabilidad.

”La disciplina moral es la disciplina de las tendencias y de las inclinaciones, encaminada a un resultado último tal que el sujeto acepte libremente los valores morales de la colectividad.”6

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