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Libres para expresar comportamientos normales para la especie

1. Bienestar Animal

1.4. Valoración del bienestar animal en finca

1.4.4. Libres para expresar comportamientos normales para la especie

Duncan (1990) señala que el comportamiento de los animales es un indicativo de su relación con el sistema de producción en el cual viven; por tanto, su seguimiento puede servir para evaluar el bienestar. Un determinado comportamiento a menudo es la primera reacción del animal para adaptarse a un ambiente en particular. La ventaja que ofrecen los indicadores basados en el comportamiento animal es que se obtienen con facilidad y probablemente reflejan el primer intento del animal por vencer una situación inferior a la óptima. El amontonamiento de unos animales con otros cuando la temperatura es baja, o la emisión de señales vocales de hambre, son respuestas desarrolladas frente a la amenaza de hipotermia o inanición. La selección natural se ha dirigido hacia mecanismos cada vez más rápidos, dando lugar a indicadores más sensibles que los indicadores de daño o angustia que señalan que el bienestar está en peligro (Dawkins, 1998).

Por otro lado, Rousing y Wailblinger (2004) consideraron que el grado de aversión hacia los humanos por parte de los animales es uno de los indicadores de comportamiento más válidos para evaluar el miedo. Además, Hemsworth (2003) manifiesta que los animales miedosos durante rutinas de inspección y manejo pueden tener lesiones en el intento de evitar a los humanos. Hay evidencia de que los animales con miedo tienen la probabilidad de experimentar estrés agudo en presencia de los humanos o incluso en algunas situaciones experimentar estrés crónico. El estrés crónico en animales con miedo puede conllevar a la inmunosupresión, lo cual puede tener serias consecuencias para la salud de los animales.

Arabe y Albright (1997) determinaron que los cabeceos, pateos y sacudidas del ganado vacuno eran indicativos de irritación o incomodidad; de ahí la conclusión de que la agresión en un grupo de animales tiene como finalidad defender un espacio individual. A su vez, González (2000) observó 2,02 agresiones por hora en vacas Holstein estabuladas. También se han observado más agresiones (toparse), sacudidas y torsiones en animales estabulados que en los que permanecen en pastoreo (Broom y Johnson, 1993).

Las características del comportamiento pueden ser manifestaciones de problemas de salud. De hecho, un comportamiento alterado es usualmente la primera manifestación de enfermedad. Por ejemplo, se ha visto que los individuos subordinados tienen más probabilidad de sufrir cojeras, ya que están forzados a pasar más tiempo en las zonas más húmedas (Phillips, 1993).

El estudio de los comportamientos alterados derivados de falta de salud de los animales se ha asociado bajo el nombre de etología clínica veterinaria, cuyo principal objetivo es la evaluación precisa de la frecuencia, forma y organización espacial de los comportamientos anómalos, llevando a un entendimiento más profundo de los animales en estados de enfermedad o de estrés (Fraser y Broom, 1990).

Estudios experimentales han revelado la motivación del ganado bovino por realizar conductas específicas. Actualmente se sabe que las vacas adultas tienen una fuerte motivación por permanecer tumbadas gran parte del día y que son capaces de sacrificar tiempo que podrían dedicar al pastoreo para satisfacer su motivación (Vitela et al., 2004). Por otro lado, se observa en el ganado de leche con acceso a pasto un alto bienestar, debido a que los animales tienen la libertad de expresar comportamientos naturales, tales como el pastoreo y la exploración (Hemsworth et al., 1995). En este sentido, Legrand et al. (2009) encontraron que las vacas preferían el pasto solo en horas nocturnas, ya que en las diurnas preferían el establo, especialmente cuando las temperaturas eran elevadas. Por esta razón el patrón de preferencia es complejo, ya que las vacas prefieren salir a las praderas pero solo bajo ciertas condiciones y es probable que usen las dos opciones (pastoreo o estabulación). Por ejemplo, el establo es atractivo en días calurosos ya que este provee de sombra, la cual no está disponible en los pastos; el uso de la sombra por el ganado está directamente relacionado con la radiación solar (Schütz et al., 2009).

La dificultad en el registro e interpretación de los parámetros basados en el animal se manifiesta tanto en los parámetros fisiológicos como en los basados en el comportamiento. El registro de los parámetros de comportamiento puede requerir gran cantidad de tiempo. Pruebas especiales desarrolladas para evaluar el comportamiento al levantarse y las relaciones humano-animal en ganado de leche llevan mucho tiempo. Sin embargo esta situación puede cambiar, debido a los dispositivos que actualmente existen para el registro automático del comportamiento de un animal o de grupos de animales (Johnsen et al., 2001).

Algunos de los métodos que en mayor o en menor grado involucran parámetros del comportamiento para evaluar el bienestar animal son el TGI 35 L (Bartussek, 1999) y el TGI 200 (Sundrum, 1997). El TGI 35 L evalúa como medidas de comportamiento aspectos como el contacto social y la posibilidad de movimiento, mientras que el TGI 200 tiene en cuenta aspectos tales como la locomoción, el comportamiento social, el descanso y el confort para valorar el comportamiento de los animales. Estos dos sistemas de índices se han desarrollado para evaluar el bienestar animal en fincas de ganado bovino, porcino y aves de postura (Johnsen et al., 2001).

Otro método desarrollado en Europa para la evaluación del bienestar que incluye parámetros basados en el comportamiento es el llevado a cabo en el proyecto “Desarrollo de una prueba ética para el manejo animal”. Este prototipo de evaluación se desarrolló para fincas de ganado bovino de leche y para porcino (Sørensen et al., 1998). En este método, que tiene como fin proporcionar a los ganaderos información detallada sobre

el nivel de bienestar que tiene su finca, se registra el comportamiento de los animales en cada sesión de evaluación y 4 veces al año se realizan pruebas especiales en las fincas para valorar el grado de miedo de los animales hacia los humanos (Johnsen et al., 2001). En el proyecto titulado “Impacto de los sistemas de alojamiento sobre el bienestar en ganado bovino de leche” realizado por la Oficina Federal Veterinaria Suiza, se desarrolló un método de evaluación del bienestar animal en finca para bovinos de leche y se valoró el comportamiento de los animales mientras se tumbaban y se levantaban, así como las reacciones de las vacas cuando se manejaban (Johnsen et al., 2001).

Por otra parte, un proyecto de investigación francés denominado “Evaluación en finca del bienestar en vacas de leche” (Capdeville y Veissier, 2001) desarrolló un método para evaluar el bienestar animal basado en las cinco libertades. En este proyecto se valoraron variables relacionadas con la libertad de poder expresar el comportamiento normal. Los índices de comportamiento evaluados estaban relacionados con aspectos del movimiento, pararse y tumbarse, y con movimientos durante el desplazamiento, posición en el cubículo, encuentros sociales entre los animales y relaciones entre el ganadero y sus animales. En el proyecto desarrollado en Holanda para la toma de decisiones para evaluar el bienestar en animales de producción (Bracke et al., 1997, 1999) –inicialmente ideado para evaluar cerdas gestantes en jaula pero que posteriormente permitió ser utilizado para todas las especies en cualquier sistema de alojamiento– se valoró la forma en que los factores ambientales afectan al comportamiento de los animales. Este prototipo de sistema de valoración tiene un componente de investigación muy alto, de modo tal que las mediciones que se hagan pueden ser usadas para publicarse en artículos de investigación y para obtener información del nivel de bienestar en las fincas ganaderas evaluadas. Así mismo, en el proyecto europeo “Welfare Quality®”, desarrollado entre diferentes centros de investigación de Europa entre los años 2004 - 2009, se han desarrollado sistemas estandarizados para valorar el bienestar animal en fincas de bovinos tanto de ceba como de leche, de porcinos y de gallinas ponedoras. Este sistema se ha apoyado principalmente en valoraciones basadas en el animal, midiendo el tiempo que tardaban las vacas en tumbarse y donde se tumbaban los animales, comportamientos agonísticos y distancia de huida para valorar el nivel de miedo de las vacas (Welfare Quality®, 2009).