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Lilienfeld, La Phatologie Social, París, 1896, cap I, págs 307 y ss.

Hasta el momento de su formación institucional, los grupos hu manos se desarrollaron páticamente amorfos Las comunidades gen-

V) Lilienfeld, La Phatologie Social, París, 1896, cap I, págs 307 y ss.

y las funciones de la sociedad politica, que es el más elevado de los organismos, toda vez que así como el tejido es un complejo de células, el órgano un complejo de tejidos, y la persona un complejo de órga- nos, la sociedad es un complejo de personas.

También son bioorganicistas Scháfle, para quien el ejército, la policía, las técnicas sociales no son rrms que "tejidos" que protegen el organismo social; Novicow, que afirma que "desde el momento en que la sociedad está compuesta de seres vivos, no puede ser sino un ser viviente" gobernado por una élite, ^ayos miembros son "verdade- ras células sensitivas de una sociedad" (B) y Worms, que sostiene que no obstante las diferencias que etísten entre la sociedad y los organismos éstas "no son tan importantes como para separar radi- calmente unas de otros" (*). Bluntschli, en el campo específico de ia Teoría General del Estado (, 0) sostiene que el Estado no es un instrumento sin vida, una máquina muerta, sino un ser vivó, y por consiguiente organismo. Considera un mérito de la escuela histórica alemana el haber reconocido la naturaleza orgánica de la nación y del Estado, rechazando la concepción mecánica y la concepción ato- mista que dan preferencia al individuo sobre el todo social y político. No obstante asignarle carácter masculino al Estado en oposición al carácter femenino de la Iglesia, Blunfcchli revista en el organicismo psicosocial, toda vez que en última imtancia considera al Estado co- mo un organismo especial, moral e inteligente, inmenso cuerpo que

recibe ideas y sentimientos de la nación y las expresa en forma de leyes. Dentro de este mismo tipo de organicismo, podemos mencionar al historicismo jurídico de Savigny, para quien el "alma" popular (Volkgeist), en cuanto espíritu del pu;blo, es la fuente del derecho. De este modo, dentro del organicirmo filosófico o moral podemos incluir a Platón y Aristóteles; en el organicismo psicosocial, a Savigny y Bluntschli, y en el bioorganicismo .1 Schafle, Novicow, Lilienfeld, Worms y Spencer, entre otros. La teoría del vitalismo biológico de Bichat, según la cual en lo interior de la sociedad se da la misma lucha que en todo organismo viviente, es una simple modalidad de la con- cepción biorganicista.

5. Lo único positivo de la concepción organicista es su pensa- miento de que la sociedad humana no es una creación enteramente

( ' ) J. Novicow, Conscience et tolonté sociales, Paríj, 1897, págs. 43 y ss. { ' ) B. Worms, Phüosopkic des scienots sociales, París, 1913, pig. 55. ( ' O ) Bluntschli, op. ext., pág. 18.

artificial y que constituye una unidad distinta de la simple adición de individuos aislados ( " ) . En lo demás, no sólo es insuficiente para proporcionar una idea de la realidad social en su totalidad, sino pe- ligrosa, toda vez que atribuir a la sociedad y al Estado el carácter de "seres" supraindividuales, oculta la intención de someter al hom- bre al dominio de voluntad y las necesidades de la clase gober- nante, transformada en todos los casos en intermedia entre el in- dividuo y estos seres misteriosos. La observación de Tarde, de que el sacrificio de la vida individual a tales seres superiores y distintos sería la cosa más natural del mundo, tiene" plena vigencia (1 2) , como así la de Kelsen, para quien las teorías orgánicistas no son más que una careta bajo la cual se ocultan juicios de valor. En su forma actual, según H e í l e r (1 3) , la concepción organicista nació como fórmula con- trarrevolucionaria al "hacer" 'el Estado de la República Francesa.

Las observaciones críticas que se le formulan pueden resumirse en las siguientes:

1°) Convierten a la analogía en identidad. La analogía puede usarse como elemento clarificador del conocimiento. Si se la trans- forma en identidad, se altera la naturaleza del objeto quebrantando su substancia. Se puede comparar a los partidos políticos con una má- quina de vapor, como hizo Brycc, pero no puede sostenerse que los par- tidos políticos sean una máquina a vapor; se puede comparar al Es- tado con un buque, como hizo Freyer, pero no puede sostenerse que el Estado sea verdaderamente un buque.

2°) Enmascaran finalidades de política práctica. En último ex- tremo, son ficciones elaboradas para dar sustentación a una profesión de fe y ser utilizadas en "una lucha en favor o en contra de un de- terminado sistema político" (u) .

3°) Niegan la personalidad humana y sus atributos de decisión y acción, pero también conducen a la negación de esas facultades respecto de todos los grupos sociales organizados voluntaria y concien- temente.

4o) Dejan sin resolver "el problema de la unidad del individuo y de la multiplicidad de los grupos a los que pertenece como miem-

( " ) P. Sorokim, op. ctí., pág. 228.

(13) C. Tarde, La Theorie organique des tocietés, en "Anules de FInstitut International de Sociologie", vol. IV, págs. 238 _ y 239.

O3) Hermann Heller, op. ext., pág. 1U. 0*) Hans Xelsen, op. <*., pág. 16.

bro" ( " ) sirviendo a ideologías que hacen del hombre un medio para la realización de supuestos fines suprahumanos.

5o) En conclusión, el concepto de organismo debe ser substituido por el de forma o estructura, que permite comprender lo social e individual como un todo unitario, articulado mediante conexiones de sentido.

G. La teoría mecanicista tiene como postulado al individuo. Con-

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