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LITURGIA DE LA PALABRA Primera Lectura: Deuteronomio 4,32-34.39-

29 Papa o Nuestra Señora del Sagrado Corazón Feria o Memoria Libre San Pablo VI,

LITURGIA DE LA PALABRA Primera Lectura: Deuteronomio 4,32-34.39-

Si queremos ser felices junto a nuestros hijos sólo es necesario cumplir los preceptos y mandamientos de nuestro Dios Uno y Trino que está entre nosotros. Escuchemos.

Lectura del Libro del Deuteronomio 4,32-34.39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta? ¿se oyó cosa semejante? ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido? ¿Algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, su Dios, hizo con ustedes en Egipto, ante sus ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre. Palabra de Dios.

Salmo Responsorial: 32,4-5.6 y 9.18-19.20 y 22

R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R/.

La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos, porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R/.

Segunda Lectura: Romanos 8, 14-17

Dejémonos llevar del Espíritu Santo, para que podamos entrar en comunión con el Padre, que nos tejió en el vientre de nuestra madre y con su Hijo Jesucristo que nos ha hecho sus hijos y hermanos de todos y de todas.

Escuchemos.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos 8,14-17

Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Han recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor,

sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Palabra de Dios.

Aleluya Ap 1, 8

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.

Evangelio: Mateo 28, 16-20

Como discípulos de Jesús estamos llamados a dar a conocer y comunicar a Dios mismo que es Uno y Trino y a vivir en comunión como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en una unidad perfecta. Ese es nuestro gran anuncio a la humanidad llamada a vivir en amor y unidad para ser plenamente felices. Escuchemos.

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.» Palabra del Señor.

Meditación

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Hoy, celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Nos adentramos en ese misterio de un Dios que es uno y trino a la vez. Un Dios que manifiesta en todo momento su amor por nosotros sus hijos. Como Padre, nos ha provisto de todo lo creado. Lo visible y lo invisible. Nos ama tanto que nos envió a su único hijo para redimirnos y salvarnos.

Jesús es la mayor muestra de que el Padre nos ama. El mismo Jesús nos llamó discípulos, amigos y hermanos, quien indicó que nos convenía que Él se fuera para que viniera a nosotros el Espíritu Santo consolador, quien nos revela la voluntad de Dios y nos anima a ir tras ella y nos santifica.

En la lectura de Romanos 8 leemos que los que somos guiados por el Espíritu de Dios somos sus hijos y no tenemos que caer en el temor. En este tiempo, que hay tantas personas temerosas y en gran incertidumbre por la pandemia, que temen por su salud, o por problemas económicos, vale la pena recordar que el Espíritu Santo que hemos recibido nos hace clamar: ¡ABBA! (¡Padre mío!). Y esto es muy grande. Podemos actuar confiados en que Dios es nuestro Padre. Esto no significa que podemos ser imprudentes, lo que implica es que no debemos vivir en el temor.

El evangelio nos relata la gran comisión. Dice la lectura que Jesús “se acercó a ellos”. Así como se nos acerca diariamente a ti y a mí. Y luego de esto, indica a los apóstoles que vayan a hacer discípulos a todas partes. Jesús incluye en el bautismo que propone, precisamente a la Santísima Trinidad: “bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Esa vida nueva que nos trae el bautismo, y será guiada e inspirada por el Espíritu Santo.

Un día, alguien nos habló a ti y a mí sobre Jesús. Es tiempo de obedecerle y llevarle a otros que nos rodean. A nuestros familiares y amigos. Si se acercan a Dios, habrán ganado vida terrena bendecida y también ¡vida eterna! ¡Ánimo! Jesús está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Hoy también, elevamos nuestra oración a Dios Padre por todas las MADRES DOMINICANAS, cuyo DÍA celebramos hoy. Gracias, Señor, por el SÍ que ellas dieron y con el cual se abrieron a la VIDA para que Tú nos tejieras en el vientre de ellas. Gracias, Señor

Oración de los fieles:

El que preside: Elevamos nuestras oraciones a Dios, nuestro Padre, que

nos ama por medio de su Hijo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, pidiendo por las madres del mundo entero, en especial por las dominicanas, diciéndole:

Padre, que seamos reflejo de tu comunión trinitaria

• Por la Iglesia, para que el Espíritu Santo la mantenga en la unidad de la caridad y, unidos a nuestros pastores, seamos signo e instrumento de la unión íntima con Dios y el género humano entre sí. Oremos. • Por los gobernantes del mundo entero, para que cuiden y apoyen

a las madres, para que defiendan la vida y emprendan acciones, para que puedan junto a sus esposos desarrollar la vida de sus hijos. Oremos.

• Por las madres dominicanas, en cuyos vientres fuimos tejidos y que carecen de lo necesario materialmente para el buen desarrollo y educación de sus hijos y por aquellas que sienten la tentación de abortar sus hijos, para que opten por la vida. Oremos.

• Por esta asamblea aquí reunida, para que viviendo la comunión con Dios Uno y Trino y entre nosotros, cumpliendo con nuestro compromiso bautismal, promovamos el Reino de la Vida. Oremos.

• Por todas nuestras madres que el Señor ha llamado a su presencia, para que gocen de las eternas alegrías del Reino. Oremos.

• Por las pequeñas comunidades eclesiales de nuestra Parroquia, para que brille en ellas el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión del Espíritu Santo. Oremos.

El que preside: Acoge en tu bondad, Padre, nuestras súplicas. Bendice

hoy a todas nuestras madres que caminan junto a nosotros en esta tierra y concede la paz eterna a las que Tú has llamado a tu morada eterna. Por

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Fiesta: La Visitación de la Virgen María

Lunes Blanco

Lectura de la Profecía de Sofonías 3,14-18a

Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos.

El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.» Apartaré de ti la amenaza, el oprobio que pesa sobre ti. Palabra de Dios.

O Bien Romanos 12,9-16b

Salmo Responsorial: Isaías 12,2-3.4bcd.5-6 R/. Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel

El Señor es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R/.

Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es excelso. R/.

Tañan para el Señor, que hizo proezas, anúncienlas a toda la tierra; griten jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.» R/.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1,39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.

Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Meditación

La Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel es la Fiesta que la Iglesia nos propone hoy para nuestra reflexión, meditación, confrontación de nuestras acciones con el reino de Dios, pues María nos muestra la forma que Dios anhela ser amado por sus hijos: en humildad, docilidad, ternura y obediencia a su voluntad.

Como todo lo que rodea la existencia de Nuestro Señor Jesucristo, su encarnación de una virgen estaba dicho desde mucho tiempo atrás, y en la primera lectura del día de hoy vemos en Sofonías el cántico de júbilo de la hija de Jerusalén: “Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén”. Aquí podemos ver que Dios habla a su pueblo en esos momentos del profeta antes de la invasión babilónica; da un mensaje de esperanza, porque Él siempre tiene un plan, siempre tiene un propósito con toda aflicción que acontece a los suyos y no dejará de mostrar su amor.

En el salmo, Isaías nos muestra cuál debe ser nuestro canto en toda circunstancia: “Confiaré y no temeré, porque mi fortaleza y mi canción es el Señor Dios, Él ha sido mi salvación”. Siempre, Dios tiene planes perfectos para nuestras vidas y por eso se nos invita a esperar en Él, a confiar en Él, en su amor y su providencia siempre. Esta es la confianza que llevó a María a decir “Sí” al ángel, a mostrar sumisión al plan de Dios para su vida, muy distinto al plan de ella, pero confiando en Él.

Y así vemos a María seguir el curso de su vida en paz luego de aceptar la voluntad de Dios, visitando a su prima Isabel, quien reconoce desde que la ve que ella es bendita: “Bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”. Esto lo recitamos y decimos con cierta rapidez. Es bueno ver la segunda parte de lo que dice Isabel: “¿Por qué me ha acontecido esto a mí? Que la madre de mi Señor venga a mí.” ¡Qué honor! ¡Qué gran honra tenemos de que Jesús nos haya visitado!

Isabel cuenta a María cómo la criatura que tenía en su vientre había saltado desde que ella llegó, había júbilo en el vientre de Isabel por la llegada de María con el Salvador del mundo en sus entrañas. Y María, humilde como siempre, sabiendo que la grandeza no es de ella, sino del hijo que lleva dentro, canta su Magníficat, citando el Antiguo Testamento: el primer libro de Samuel, el libro del profeta Isaías y el libro del Eclesiástico, mostrándonos que ella amaba a Dios y lo conocía por medio de las Escrituras. María, como siempre mostrándonos el camino a Dios. Finaliza el evangelio de hoy diciendo que se quedó con su prima como tres meses y luego se fue a su casa.

¡Cuánto podemos aprender de la generosidad, entrega y amor en el corazón de María!