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Llamado o comisión de apóstoles y profetas

“P

or tanto, considera la bondad y la severidad de Dios” (Roma-

nos 11:22a). Esta Escritura revela la naturaleza de Dios y sus tratos con sus hijos. Su bondad y misericordia son mostradas en Él, soberanamente, llamándonos hacia su reino. Fue el amor de Dios para el mundo y el amor de Cristo y el deseo de tener una Iglesia/Novia, que consiste en una multitud de miembros que revelen la bondad de Dios. Todos sus miembros trabajan juntos para cumplir el propósito general de Cristo para su Iglesia. Las Escrituras claramente enseñan que los miem- bros de la Iglesia de Cristo no eligen su membresía en el ministerio dentro del Cuerpo de Cristo. Ni tampoco los ministros se llaman a sí mismos a uno de los cinco ministerios por propia elección. Jesús les dijo a los doce apóstoles: “No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes”

(Juan 15:16a).

Los dones y llamados de Dios están basados en su soberanía, no en los

méritos humanos o la persistencia en pedir una posición. Horas de oración y semanas de ayuno mostrarán nuestro deseo y dedicada determinación de ser lo que Dios quiere que seamos y en lo que quiere que nos convirtamos. Pero esto no nos va a comprar una posición segura en el Cuerpo de Cristo o va a forzar a Dios a que nos dé un ministerio para el cual Él no nos dise- ñó genéticamente para efectuar cuando nos concibió, e hizo nacer dentro de sus muchos miembros del cuerpo de la Iglesia. El principio que Pablo

enseñó cuando dijo: “Por tanto, considera la bondad y la severidad de Dios”,

se aplica a todos los hijos de Dios que tienen un ministerio como miembros en su Cuerpo. Esto incluso se aplica a sus dones de la ascensión dados a quienes permanecen y ministran en los cargos de apóstoles, profetas, evan- gelistas, pastores o maestros.

La bondad de Dios es manifestada en los dones y llamados que gratuita-

mente nos da. Nuestro regalo de vida eterna, el Espíritu Santo yel minis-

terio no están basados en quiénes somos o en qué hemos hecho, pero sí en quién es Dios y qué ha hecho Él por nosotros. Su severidad es revelada en el proceso de su severo entrenamiento que nos prepara y alista para ser

comisionados a nuestro llamado divino.

Porque todo aquel a quien se le haya dado mucho, mucho se le deman- dará. Jesús tiene un increíble amor por todos los miembros de su Iglesia.

Pero parece haber un especial amor y dedicación para quienes ha llamado a representarlo en sus cinco ministerios.ElSeñor Jesucristo ha invertido mucho de sí mismo en ellos; les ha dado de su propio carácter, gracia, dones y ministerio. “Porque todo aquel a quien se haya dado mucho, se le exigirá mucho” (Lucas 12:48).

Aquellos que han sido llamados a este campo del ministerio pasarán por un severo proceso mayor de entrenamiento antes que Dios les en- cargue el ministerio quíntuple. Asimismo, también serán juzgados por

las más altas normas y más estrictamente que a los miembros regulares del Cuerpo de Cristo (Santiago 3:1).

Este principio parece aplicarse especialmente a aquellos quienes han sido llamados a ser profetas y apóstoles. A aquellos apóstoles a quienes Él ha llamado a ser especiales embajadores para Él, y aquellos profetas que Él llama a hablar directamente de Dios con un “así dice el Señor”, les ha sido entregada una gran responsabilidad. Los apóstoles y profetas tienen el doble ministerio de echar los cimientos apropiados para la Iglesia de Cristo con la mutua facultad divina de recibir revelación sobrenatural de Dios (Efesios 2:20; 3:5). Pero en el mismo sentido, se les requiere mucho más estar en obediencia, integridad, justicia y semejanza a Cristo en todas las áreas de su vida. También se les pide ministrar con más precisión que algún otro ministro en el Cuerpo de Cristo.

Principios esenciales para Apóstoles y Profetas. Hay una Escritura clave

que todos los miembros del Cuerpo de Cristo deben abrazar en su actitud y acciones, si es que quieren emprender el proceso de Dios desde el llamado a la comisión. Esto se aplica especialmente a aquellos que tienen un alto llamado de apóstol o profeta. Nunca deben suponer que han alcanzado su comisión simplemente porque han recibido varias confirmaciones sobre- naturales de su llamado y están ministrando algo del mismo. Después de muchos años de ministerio, Pablo dijo lo siguiente como un clamor a Dios y un encargo a la Iglesia:

Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo conside- ro pérdida por causa de Cristo. Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe. Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, par- ticipar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos. No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamado celestial en Cristo Jesús.

–Filipenses 3:7-14

Pablo declara que aquellos que van a pasar del llamado a la comisión deben hacer estas cosas. Primero, estimar como pérdida todo lo que pueda promover su propia gloria y auto preservación; no solo estimarlo como pér- dida, sino sufrir la pérdida. Segundo, nunca suponer que uno ya ha alcan- zado todo a lo que Dios lo ha llamado. Finalmente, olvidar todo los éxitos y fracasos del pasado, y entonces seguir adelante con todo lo que está dentro de nosotros hacia la meta por el premio del llamado celestial que tenemos de Dios en Cristo Jesús.

Porque muchos son los invitados, pero pocos los escogidos. Es interesante

y 22:14. Una fue en referencia a la actitud de las personas y la otra fue por falta de una preparación apropiada. La primera era una actitud errada en relacionar cómo Dios recompensa a sus obreros que trabajan por diferentes lapsos en su viña. La otra declaración fue hecha al final de su parábola acer- ca de la persona que había recibido la invitación para la boda del hijo del rey, pero no hizo los arreglos apropiados para atender al llamado. Entiendo en este contexto que la palabra escogidos es sinónimo de la palabra comisio- nados y, por consiguiente, puede ser hermenéuticamente correcto hacer la

siguiente declaración: “Porque muchos son los llamados y pocos los comi- sionados”. En otras palabras, hay muchos en el Cuerpo de Cristo quienes reciben el alto llamado ministerial en Cristo Jesús, pero por su actitud y carencia de apropiada preparación, nunca siguen adelante todo el camino hasta su comisión de tan alto llamado. Por lo tanto, sería lo mismo decir: “Muchos son los llamados pero pocos alguna vez alcanzan su comisión de servicio para su alto llamado en Cristo Jesús”. Los vencedores no son aque- llos que inician la carrera de su llamado, sino los que acaban la carrera de su comisión y permanecen fieles hasta el final. “Los que están con él son sus

llamados, sus escogidos, y sus fieles” (Apocalipsis 17:14).

El proceso divino de Dios

Existen muchos ejemplos del proceso divino de llamar a una persona a la posición de profeta, apóstol o rey. En muchos casos esto implica un largo período de aprendizaje, entrenamiento, pruebas e intentos antes de que Dios los comisione a su llamado. Si hubiera un mayor entendimiento de este principio en todo el Cuerpo de Cristo, se eliminaría mucha de la confu- sión de aquellos que son llamados, pero que no están cumpliendo de lleno lo que saben y a lo que fueron llamados a ser y hacer.

Una persona recibe el llamado divino de Dios usualmente por conoci-

miento de revelación, una visión, un sueño, una profunda convicción o una profecía personal de parte de un profeta o un presbiterio profético. La suposición general es que si Dios soberanamente revela lo que hemos sido llamados a ser, como por ejemplo apóstoles, la tendencia es inmediatamente tratar de empezar a cumplir nuestro concepto de lo que es un apóstol. Esto siempre produce mucha confusión y frustración a las personas que tratan de ser lo que aún no están preparados para ser. Y no solo les afecta a ellos sino también a sus cónyuges, familiares y cualquiera que trabaje con ellos.

Una persona que trata de cumplir un ministerio antes del tiempo de Dios, es como un motor que trata de funcionar bien con el engranaje de distribución completamente fuera de tiempo.

Debemos siempre recordar que Dios es el único que da un llamado divino.

Él lo inicia, no la persona. El ministerio quíntuple, los dones del Espíritu Santo y los ministerios en la Iglesia no están en un bufet para que nosotros nos sirvamos a elección. “En realidad, Dios colocó cada miembro del cuerpo

como mejor le pareció” (1 Corintios 12:18). “Todo esto lo hace un mismo y

único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo determina” (1 Corintios

12:11). “En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas” (1 Corintios 12:28). “Pero a cada uno de nosotros se nos ha

dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones (...) Él mismo

constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas” (Efesios 4:7,11).

No podemos esperar una respuesta positiva de Dios si decimos: “Yo elijo

ser pastor, no quiero ser profeta” o “yo quiero ser apóstol, no maestro”. Dios hace la elección y el nombramiento. Nosotros damos la respuesta que puede ser sí o no, aceptación o rechazo. Sin embargo, si rechazamos, entonces Dios empieza el proceso de disponernos a decir sí. Él continuará con este proceso por un período de tiempo hasta que determina que no vamos a res- ponder positivamente. En ese momento Él traspasa el llamado y la unción hacia otra vasija que esté dispuesta. Existen ejemplos en La Biblia acerca de esto, como sucedió con Saúl y David, o con Jacob y Esaú. Si la persona da una respuesta positiva, entonces Dios dirige al Espíritu Santo para que ini- cie el proceso de tomarlo a él o ella del estado de llamado a ser y pasarlo al

estado de comisionado a ser un apóstol, y que manifiesta señales apostólicas

y milagros. Las Escrituras declaran, incluso, que los ángeles están asigna- dos para ayudar a aquellos herederos de esta grandiosa salvación y quienes aceptan su llamado para demostrar su especial porción de la gracia y gloria de Dios (Hebreos 1:14; Efesios 1:11).

Ejemplos bíblicos del proceso de Dios para atraer una persona.