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nuestros asuntos’. No vivimos únicamente para estar sobrios; estamos

viviendo para aprender, para servir, y para amar". CARTA, 1966

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Un Jardín de Infancia Espiritual

"No dirigimos sino un jardín de infancia espiritual, en el que se hace posible a los borrachos superar la bebida y encontrar la gracia para vivir

de mejor manera. La teología de cada cual tiene que ser su propia búsqueda, su propio asunto".

* * * *

Cuando se estaba planeando el Libro Grande, hubo algunos que creían que debería ser cristiano en el sentido doctrinal. Otros no tenían ningún

inconveniente en utilizar la palabra "Dios", pero querían evitar las cuestiones doctrinales. Espiritualidad, sí. Religión, no. Otros deseaban un libro psicológico que atrajese a los alcohólicos. Una vez que llegasen,

los alcohólicos podrían aceptar a Dios o no, según les pareciera. Para el resto de nosotros, esta era una propuesta algo escandalosa, pero afortunadamente la consideramos. Nuestra conciencia de grupo estaba trabajando para construir el libro más aceptable y eficaz posible.

Cada una de las veces estaba entonando su papel apropiado. Nuestros ateos y agnósticos ampliaron la puerta de entrada para que todos los que sufrían, pudieran pasar por ella, sin importar su creencia, o falta de

creencia. CARTA, 1954

A.A. LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD, págs. 171, 172, 175

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Cuando los Defectos no son los más Perniciosos

Prácticamente todo el mundo desea librarse de sus impedimentos más notorios y destructivos. Nadie quiere ser tan orgulloso que se le tilde de

encolerizarse hasta el grado de matar, ser lujurioso hasta llegar a la violación, ni tan glotón que arruine su salud. Nadie quiere sufrir atrozmente por el malestar crónico que produce la envidia o quedarse

paralítico por la pereza.

Desde luego, la mayoría de los seres humanos no sufre de estos defectos en extremos tan exagerados. Quienes hemos evitado llegar a

esos extremos nos sentimos inclinados a felicitarnos por ello. Sin embargo ¿podemos hacerlo? Después de todo, ¿no ha sido el interés

propio, puro y simple, lo que nos ha permitido a muchos de nosotros evadir los extremos? No se requiere mucho esfuerzo espiritual para evadir los excesos que nos traerán penalidades. Pero, ¿dónde estamos

entonces cuando nos enfrentamos a los aspectos menos violentos de esos mismos defectos?

DOCE Y DOCE, pág. 70

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Dignidad por Medio del Sacrificio

Al principio sacrificamos el alcohol. Tuvimos que hacerlo, o él hubiera acabado con nosotros. Pero no podíamos liberarnos del alcohol si no

hacíamos otros sacrificios. Tuvimos que echar por la ventana la justificación propia, la autocompasión y la ira. tuvimos que retirarnos de

la desatinada competencia por el prestigio personal y los enormes saldos bancarios. Tuvimos que asumir la responsabilidad de nuestro

lamentable estado y dejar de culpar a otros por ello.

¿Fueron aquellos realmente sacrificios? Sí, lo fueron. Para obtener la humildad y la dignidad suficiente siquiera para permanecer vivos,

tuvimos que desechar aquello que había sido nuestra más cara posesión: nuestra ambición y nuestro ilegítimo orgullo.

A.A. LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD, pág. 280

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La Ira – Enemigo Personal y del Grupo

"Como queda expresado en el libro Alcohólicos Anónimos: ‘El resentimiento es el ofensor Número Uno’. Es la primera causa de las recaídas a beber. Bien lo sabemos los A.A.: ‘Beber significa volverse

"Un castigo muy parecido amenaza al grupo de A.A. Con un grado suficiente de ira, se pierden tanto la unidad como el propósito. Con un grado mayor de indignación ‘virtuosa’, el grupo puede desintegrarse; en

realidad, puede morir. Por ello, evitamos la controversia. Por ello, no prescribimos ningún castigo por ningún tipo de mala conducta, por grave que sea. De hecho, no se puede privar a ningún alcohólico de su

derecho a pertenecer por causa alguna.

"El castigo nunca sana a nadie. Sólo el amor puede sanar". CARTA, 1966

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El que Recae Necesita Comprensión

"A menudo se pueden atribuir las recaídas a la rebeldía; algunos de nosotros somos más rebeldes que otros. Las recaídas pueden ser debidas a la ilusión de que uno puede curarse del alcoholismo. Las recaídas también pueden ser atribuidas al descuido y a la satisfacción

de sí mismo. Muchos de nosotros no logramos capear sobrios estos temporales. Las cosas siguen bien por dos o tres años – y luego, no se ve

más al compañero. Algunos de nosotros sufrimos de un excesivo sentimiento de culpabilidad por los vicios o las costumbres que no

podemos o no queremos abandonar. El no estar suficientemente dispuestos a perdonarnos a nosotros mismos, y a rezar -–esta

combinación nos conduce a las recaídas.

"A algunos de nosotros, el alcohol nos ha causado más daño que a otros. Algunos nos vemos acosados por una serie de calamidades y no parece

que podamos encontrar los recursos espirituales para superarlas. Hay quienes estamos físicamente enfermos. Otros que somos propensos a un agotamiento casi constante, a las inquietudes y a la depresión. Estas

condiciones a menudo contribuyen a las recaídas – a veces son los factores dominantes".

CHARLA, 1960

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La Montaña Olvidada

Cuando era niño, fui adquiriendo algunos de los rasgos que tuvieron tanto que ver con mi deseo insaciable del alcohol. Crecí en un pequeño pueblo de Vermont, bajo la sombra de Monte Eolo. Uno de mis primeros

preguntarme qué significaría si sería algún día capaz de subir a un punto tan alto. Pero mientras la estaba contemplando, mi tía me distrajo la atención, trayéndome un plato de dulces, como regalo por mi cuarto cumpleaños. Durante los siguientes treinta y cinco años, seguí buscando

los dulces de la vida, y me olvidé completamente de la montaña. * * * *

Cuando el desenfreno no llega a un grado ruinoso, tenemos una palabra muy poco severa para describir nuestra condición: la llamamos

"disfrutar de nuestro bienestar".

A.A. LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD, pág. 55