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2. UNA PROPUESTA PARA LA CARACTERIZACIÓN CULTURAL DE BOCACHICA

2.2. Bocachica, un ecosistema cultural de litoral

2.2.1. Valoración histórica del ecosistema cultural de Bocachica

2.2.1.5. LA LLEGADA DEL TURISMO: una nueva zona de contacto 1950 1984

A principios del siglo XX, los habitantes de la Isla de Tierrabomba desarrollaban su vida como pescadores, agricultores, lancheros y navegantes, abasteciéndose de los recursos que proveía el medio natural. Su economía giraba en torno a “la venta de sus productos en el mercado de Cartagena y los lancheros que se dedicaban al transporte de los nativos, sus productos y a hacer viajes por alta mar hacia Panamá, Aruba, Curazao, Costa brava, y por toda la Costa Caribe y

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Por el contrario, “en Cartagena, estos fueron los tiempos de la expansión urbana, del desarrollo industrial, de la apertura al mundo. El final del siglo XIX y el comienzo del siglo XX marcaron el

renacimiento de la ciudad” (Cunin E. , 1999, pág. 120). En la década de los años 50´s, con la llegada del desarrollo industrial, de la mano con empresas nacionales y extranjeras, llegó el interés por el desarrollo turístico. Empresas tales como las grandes productoras de cigarrillos impulsadas por la familia Emiliani, la productora de la bebida gaseosa Kola Román y de productos farmacéuticos creada por la familia Román, la empresa de jabones de la familia Benedetti, la empresa de perfumes de la familia Lemetre, la construcción de la terminal marítima petrolera de la Andian National Corporation que dio origen a la zona de Mamonal y la creación de la empresa Alcalis de Colombia, refinadora de sal y productora de materias primas para la industria nacional, especialmente, el cloro empleado para los acueductos de Colombia, entre otros desarrollos industriales, dieron inicio a transformación de la ciudad hacia “la modernidad”.

Como un acontecimiento determinante para la vida de los habitantes de la Isla de Tierrabomba es importante señalar que la industria Alcalis de Colombia, ubicada en la zona de Mamonal, fue una de las responsables de la catástrofe ecológica más grande que tuvo lugar en la Bahía de Cartagena durante el siglo XX, el periodo comprendido entre 1973 (apertura de su planta) a 1977 (cierre de su planta); ya que dentro de sus procesos industriales para obtener el cloro, se utilizaba mercurio como catalizador, el cual era posteriormente arrojado al mar junto con otros desperdicios químicos, envenenando todos los seres vivos que vivían allí. Los residuos contaminantes llegaron hasta Bocachica y acabaron con una gran cantidad de especies marinas que hasta entonces se encontraban cerca a la isla, además, afectaron de forma importante la salud de parte de la población. “Con esto

se produce un gran cambio que afecta la economía y la vida de los habitantes, no solo de Bocachica sino también de las zonas aledañas, poblados que están caracterizados por actividades

agropesqueras de tipo artesanal” (Piñeres de la Ossa, 1992, pág. 32).

Paralelamente, durante la presidencia de Lleras Restrepo (1966 – 1970), se dio prioridad al desarrollo turístico del país, tomando a Cartagena como punta de lanza. “Este desarrollo lleva a que

se tracen planes que abarquen zonas aledañas y que posean cualidades atrayentes para captar el turismo creciente, es así como oficialmente la Corporación Nacional de Turismo en los años 1966 –

1971, proyecta para Bocachica planes encaminados a la explotación de sus hermosas playas, las fortificaciones de carácter militar dejadas por los españoles y una cantidad de historias con respecto

69 La puesta en marcha de estos planes inició con la construcción de un balneario ubicado en inmediaciones del Castillo de San Fernando de Bocachica, ejecutada por el empresario antioqueño, David Ortiz. Este balneario contaba con cabañas, pista de baile, bar, baños públicos y vertieres. A partir de esta construcción, los lancheros se organizaron en torno al transporte de turistas hacia la

isla. Joaquín Silva, habitante de Bocachica, recuerda que: “a nosotros los bocachiqueros que

trabajamos en la construcción de todo eso no nos era permitido llegar allá, el señor Ortiz cercó la

playa y logró que los soldados le vigilaran para que ninguno de nosotros pasáramos” (Piñeres de la Ossa, 1992, pág. 28).

La población de la Isla de Tierrabomba y puntualmente la del corregimiento de Bocachica, no estaba preparada para este avasallador auge turístico, ya que sus oficios se ligaban estrictamente al entendimiento y aprovechamiento de su entorno natural; la irrupción del turismo en Bocachica, marca nuevamente su historia económica y social, por cuanto transforma esa vida hasta entonces enmarcada en parámetros tradicionales, con una economía artesanal.

El proyecto turístico que se emprendió durante esta época, tenía como fin “embellecer” la ciudad,

por medio de la dotación de equipamientos hoteleros y la restauración de su arquitectura monumental, lo cual no cobijaba, incluir a las poblaciones locales. “La afirmación de la vocación turística de Cartagena impulsada desde la década de los setenta también simbolizó el ahondamiento de las divisiones sociales y territoriales, como consecuencia de la manifiesta preferencia de

inversiones y políticas por el centro histórico y turístico” (Cunin E. , 1999, pág. 126).

El proceso de restauración monumental para el embellecimiento de la ciudad, inició desde el año de 1923 con la creación de la Sociedad de Mejoras públicas de Cartagena, cuyo objetivo era detener la destrucción de las murallas y el Castillo de San Felipe de Barajas, que se dio a finales del siglo XIX y principios del XX, a causa de un deseo de liberación y progreso. A partir de ese momento y hasta principios del siglo XXI, esta entidad se encargó exclusivamente de preservar las murallas, el fuerte de San José, los casillos de San Felipe de Barajas, el Ángel de San Rafael y San Fernando de Bocachica. Actualmente esta labor es realizada por la Escuela Taller de Cartagena.

Por otro lado, uno de los símbolos turísticos que se consolidaron en esta época, también con el mismo fin de “embellecer” a Cartagena, fue el Reinado Nacional de la Belleza, que tuvo lugar por primera vez en el año de 1934, y que en 1970, comienza a transmitirse en directo por la televisión nacional. “No es azar que el reinado haya nacido y se haya desarrollado en esta ciudad: debe

70 1811, así como con el surgimiento de una política nacional de turismo, cuyo principal eje de

desarrollo es Cartagena” (Cunin E. , 1999, pág. 175).

Este concurso enmarca dos ideas heredadas de los valores morales de la época colonial, que consolidan un elitismo diferencialista, invisibilizando algunos sectores de la sociedad. Por un lado, este evento posicionó a la mujer blanca como un canon de belleza físico y social; y por otro lado, afirmaba una idea de identidad nacional, reivindicando a su vez, una especificidad regional. Con lo

anterior se puede decir que “la puesta en marcha del cuerpo de la mujer lleva consigo la narración

sobre la ciudad y la preservación de una frontera entre este – nosotros – glorificado ayer y hoy, y –

los otros –” (Cunin E. , 1999, pág. 175).

Dentro de esta idea de embellecer la ciudad en torno a lo turístico, las alternativas para que las poblaciones locales tuvieran cabida en esta sociedad, fueron enmarcadas en el folklorismo y en la economía informal. Es así como a los caribeños se les empieza a caracterizar como personas llenas de color, sabor, baile y alegría, convirtiéndose en una extensión del atractivo turístico ofrecido.

Muestra de ello es la creación de la imagen de la palenquera. “Aparentemente para enmarcar – lo

negro – en Cartagena toca ser mujer, oriunda del Palenque de San Basilio… Sólo la palenquera,

(como) representante de la raza negra , tiene derecho a los honores de la escena pública de Cartagena y aparece en la imagen que la ciudad proyecta y que presenta a los turistas como –

característica vendedora de frutas que porta palanganas sobre su cabeza – venida de un pueblo donde – se conserva intacta en sus costumbres la etnia natural africana –” (Cunin E. , 1999, pág. 191).

En respuesta a estas nuevas dinámicas y debido al deterioro del ecosistema generado por la contaminación industrial, en Bocachica surge una forma de economía informal, con las ventas itinerantes de diferentes productos a lo largo de la playa y la venta de loza, artículos de lujo, ropa y

comidas “típicas”, paralela a la continuidad de sus prácticas productivas tradicionales.

Es así como para los años ochenta y noventa, esta población nuevamente alteró y adaptó sus dinámicas productivas a las nuevas condiciones de demanda turística; surgieron los oficios de artesano, guía turístico y cocinera y vendedor de playa, virando su economía hacia esa dirección. Pero a principios del año 2000, una pelea entre operadores turísticos trajo como consecuencia que los visitantes no volvieran a llegar a esta playa, lo cual alteró las dinámicas a las que ya se habían adaptado, quedándose sin una alternativa económica constante.

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Lo anterior evidencia que para la población de Bocachica este “desarrollo turístico” nunca los

benefició, ya que estos planes correspondían más a las necesidades económicas e ideológicas nacionales y específicamente a las de Cartagena, que en su afán de crecer como centro industrial, invisibiliza y excluye a las comunidades locales, en detrimento de sus tradiciones, bienestar, cultura y economía.

2.2.1.6. LA DECLARATORIA DE CARTAGENA: la monumentalización del pasado y la