3. DIAGNÓSTICO DEL ECOSISTEMA CULTURAL DE BOCACHICA
3.4. PROBLEMA CENTRAL: despojo de medios y modos de subsistencia de la comunidad de
Dentro del ejercicio de identificación de las problemáticas que aquejan a la comunidad de Bocachica desde las diferentes valoraciones establecidas en esta investigación, sobresale una que atraviesa todos los niveles, “el despojo de medios y modos de subsistencia de la comunidad de Bocachica por invisibilización estatal”.
Desde lo geográfico, este problema general se evidencia en dos situaciones, la primera es que en Bocachica se ha generado una disminución en la línea costera debido al alto tráfico marítimo que se presenta por este acceso, el cual ha traído como consecuencia la afectación de las edificaciones que se ubican allí; y la segunda, es que con las obras de dragado y construcción de nuevos puertos marítimos que se han puesto en marcha, no solo se aumentará la erosión sobre la línea costera, sino que traerán como consecuencia, la pérdida de las principales zonas de pesca empleadas por esta población como principal medio de subsistencia.
Con relación a las problemáticas identificadas desde lo histórico en cuanto a la falta de reconocimiento del papel histórico de la comunidad de Bocachica como parte de la ciudad de Cartagena, que tuvo un papel fundamental en su construcción, y la falta de estudios de las poblaciones que han habitado y habitan las zonas de litoral, han impedido que históricamente, esta comunidad sea visibilizada a nivel estatal.
Par a entender más a fondo la razón de por qué ocurre este fenómeno, será necesario hablar de dos situaciones que evidencian el olvido al que se encuentra sometida esta comunidad; una hace referencia a la ambigua presencia de las poblaciones negras, (en especial las caribeñas) ante la
147 Constitución Nacional; y la otra, a la frontera cultural establecida en Colombia, entre las poblaciones afrodescendientes que habitan en zonas caribeñas y las que habitan en el Pacífico. No se puede decir que en general la invisibilización estatal hacia los afrocolombianos sea un fenómeno reciente, pese a que se generó una presencia política en la Constitución Nacional de 1991 para garantizar condiciones de igualdad, en la cual se pretendía entender el territorio colombiano como un contenedor de gran diversidad étnica y cultural, la inexistente legitimación política en el
escenario nacional de los “negros” antes de esa fecha, trajo como consecuencia que en el momento
de formular los parámetros para su caracterización económica y sociocultural, no se tuviera en cuenta su reconocimiento particular.
Para entender esta afirmación es necesario retomar un poco la historia. Según el estudio realizado por Cunin (1999), en el censo que se llevó a cabo en la población de Bolívar para 1780, se identifica que los individuos estaban clasificados en cinco categorías: Estado Eclesiástico, blancos, indios, libres de todos los colores y esclavos de todos los colores. Acá se evidencia que tanto el blanco como el indígena eran categorías administrativas; a diferencia de esto, el negro se encontraba
inmerso en un grupo clasificado como “de todos los colores”. Es de aclarar que si bien, el negro contaba con múltiples calificativos para su designación en los sistemas de castas coloniales, no llegaban a ser jamás una representación real en las prácticas administrativas y sociales. El hecho que desde la época colonial, el indígena a diferencia del negro, se incluyera como una categoría administrativa, lo legitimó desde ese momento como parte de esa sociedad, sometiéndolo al pago de impuestos como al resto de los individuos, y haciendo parte del debate académico e intelectual. La diferencia de status entre indígena y negro se explica en diferentes elementos, estos son: la concepción de esclavitud, el tratamiento jurídico, el discurso teológico, la herencia histórica, entre otros.
Con esta idea no se pretende ocultar que el indígena también ha estado sometido al flagelo de la discriminación y la exclusión en la sociedad colombiana, pero como lo afirma Cunin (1999): “Si
negros e indígenas han sufrido y siguen sufriendo por el racismo, su situación diverge en un punto esencial: mientras que el negro no tiene ningún lugar dentro de la nacionalidad colombiana, el
indígena tiene status” (pág. 43).
Es así como se justifica que aunque en la Constitución Nacional de 1991 el negro pasa a ser afrocolombiano y se reconoce como un actor étnico, su caracterización se construyó a partir de criterios establecidos para las comunidades indígenas reconocidas ante el estado de tiempo atrás. Uno de los hechos que sustenta lo señalado, fue la asignación del señor Francisco Rojas Birry,
148 como representante de las poblaciones negras en la Asamblea Constituyente, quién era indígena, miembro de la comunidad Emberá, pero igualmente chocoano y habitante de éste departamento, el
cual es considerado la tierra africana en Colombia. “El indígena, ocupando el lugar del otro, ha contribuido indirectamente a acentuar la invisibilidad histórica del negro; el salir de la invisibilidad
estaría condicionado por un modelo de etnicidad heredado del mundo indígena” (Cunin E. , 1999,
pág. 44).
La Constitución Nacional en la Ley 70 de 1993 define a las poblaciones negras como: “El conjunto de familias de ascendencia afrocolombiana que poseen una cultura propia,
comparten una historia y tienen sus propias tradiciones y costumbres dentro de la relación campo-poblado, que revelan y conservan conciencia de identidad que las distinguen de otros
grupos étnicos” (Ley, 1993).
Con esta definición se establece la primera problemática en cuanto al reconocimiento de las poblaciones negras, debido a que en Colombia y en especial en la región Caribe, donde se hizo efectiva la abolición de la esclavitud de forma más temprana en relación con la región Pacífica (a partir de 1852), no se cuenta con un legado histórico y cultural constituido de identidad particular y presencia política. Acá no existen prácticas directas de culto a los Orishas, rituales de Santería ó baile de Capoeira, a diferencia de Cuba o Brasil, de hecho, la invisibilización del “ser negro”, se convirtió en una estrategia para no llamar la atención y fusionarse con la normalidad, en otras palabras, para no ser estigmatizado y continuar con su proceso de blanqueamiento (Cunin E. , 1999).
La segunda gran problemática es que la misma Ley 70 de 1993 legitima a la región Pacífica prácticamente como la única en la que habitan comunidades negras:
“…reconocer a las comunidades negras que han venido ocupando tierras baldías en las zonas rurales ribereñas de los ríos de la Cuenca del Pacífico (…)” y más adelante, señala:
“esta ley se aplicará también en zonas rurales y ribereñas que han venido siendo ocupadas
por comunidades negras que tengan prácticas tradicionales de producción en zonas del
país” (Ley, 1993).
Es así como se legitima casi exclusivamente a las comunidades negras que habitan la región Pacífica colombiana, haciendo referencia a una descripción geográfica que pertenece específicamente a esta región del país y no se le da cabida, ni a ciudades, ni a otras regiones del país, incluyendo la Caribe.
149 La invisibilización legal de la población de Bocachica, es la principal causa de problemas tales como: su ausencia en la planeación de mega-proyectos, la falta de reconocimiento del papel que tuvo esta comunidad en la construcción de la ciudad de Cartagena, la confusa situación con respecto a la propiedad de tierra, el desinterés por parte de la academia en generar estudios sobre esta población, el manejo inadecuado de zonas productivas esenciales su subsistencia, entre otras muchas. Por esta razón, los planteamientos formulados en esta investigación, deben contribuir a mitigar esta situación.