2. Horizonte existencial del saber sapiencial
2.3. Lo sapiencial en la teología de Occidente
La teología al tener su fundamento en la Sagrada Escritura (cf. D.V. 24), encuentra en ella una riqueza inagotable de sabiduría. Haciéndose necesaria la indagación por la fuente, noción, finalidad de la sabiduría y la comprensión de sabio. Lo bíblico ha permitido a los
131 teólogos, con sus excepciones, construir su ser y quehacer teológico en perspectiva sapiencial. Así lo evidencia, no de modo lineal, la patrística, la escolástica y hasta entrada la “modernidad”.
Con lo cual no se afirma que la sabiduría antes, durante y después de la “modernidad” en el marco de la teología haya sido una especie de “catarata congelada”, más bien, como se aborda, se postula un eclipsar en consecuencia a los influjos evidentes de la modernidad y modernización.
Así las cosas, no se pretende un estudio pormenorizado de sabiduría y sabio en perspectiva bíblica ni un recorrido a la historia de la teología a modo de arqueología -“repetición hacia atrás”-. Más bien, recoger, sucinta y críticamente, comprensiones de la teología como sabiduría. Ello ha de servir como contexto referencial para indicar, en el siguiente apartado, la intensificación del eclipsar de lo sapiencial por parte de la teología de Occidente de los siglos XIX-XX.
De la Sagrada Escritura a la Patrística
La Sagrada Escritura hace parte de una experiencia universal que relee su compresión de sabiduría no al margen de la historia sino dentro de ella misma, y en sintonía con el acto revelatorio de Dios. No obstante, Israel conoció, consultó y no dudó en apropiarse de los productos -narraciones sapienciales- de los pueblos vecinos lo que de ellos le pareció útil para construir genuina y argumentativamente sus propias convicciones sin apartarse de su horizonte religioso. Los sabios de Israel han sabido filtrar la sabiduría extranjera según su propia identidad nacional y religiosa.
Esto invita a pensar con sensatez en la no existencia de un único modo de comprender y aglutinar la complejidad nocional que se encierra en la Biblia a la hora de indagar por el asunto de la sabiduría y sabio: “fenómeno común a todo Oriente, producto de una
132 civilización respecto a la cual Israel fue mucho más receptor que dador”. 378 La sabiduría es
anterior a Israel.
El pueblo de la Biblia es, por excelencia, el colectivo social creyente que se configuró a partir de las experiencias humanas, con su irrenunciable vulnerabilidad. Experiencias jalonadas por el encuentro histórico-salvífico de Dios. Por lo tanto, las experiencias, cualquiera que ellas hayan sido, le permitieron comprender las vicisitudes de su entorno. Le capacitaron para prever las reacciones de sus miembros como la de sus vecinos y le generaron conciencia como pueblo y nación escogida por Dios.
Y luego, como pueblo-comunidad, comprendió que la plenitud del acto comunicativo divino es el acontecimiento Cristo: “Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo el universo” (Hebreos 1,1-2).
Vílchez ha indicado que la sabiduría en su fase oral o preliteraria, se enraíza en el “humus del pueblo”: “base sociológica más extensa de una población en una época determinada”.379
Y en ese “humus” se consolidaron, a partir de las experiencias -vida vivida-, dichos fáciles y breves que el pueblo supo apreciar y conservar: sentencias, refranes, entre otros.
El pueblo consignó, posterior y parcialmente, en su literatura, reconocida como canónica, las experiencias más significativas en todos los órdenes, en particular, lo pertinente a lo sapiencial. Por eso, en toda la Biblia, diseminadamente, hay presencia de lo sapiencial. De ahí la no clasificación estricta de escritos, exclusivamente, sapienciales, porque toda ella es sapiencial. Pese a la denominación de libros sapienciales dada por parte de los estudiosos a una pequeña porción de la Biblia -particularmente, Antiguo Testamento-. Los escritos denominados libros sapienciales -Job, Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría y Eclesiástico- son
378 Von Rad, La sabiduría en Israel, 24. 379 Vílchez, Sabiduría y sabios de Israel, 37.
133 una reducida muestra de la extensa producción didáctica de Israel. Inclusive, en conjunto, la Biblia es una pequeña pero significativa manifestación de lo sapiencial de Israel.
Israel logró, precisamente, presentar las experiencias individuales y colectivas como herencia común de conocimiento de todo un pueblo-comunidad, llevado al ámbito de las instituciones de su momento, y quizás, a las generaciones venideras, con un firme convencimiento: la sabiduría es camino de conocimiento en función de la consolidación del sentido de vida desde el horizonte de fe. Haciendo de Israel: “digno de elogio por su instrucción y sabiduría” (Eclo 1,3).
Así como en la actualidad existe en el espíritu humano el deseo de producir y trasferir conocimiento, de igual manera, el pueblo de Israel expresó su conocimiento de la realidad, creación de Dios, a partir de las mediaciones a su alcance. Esto conduce a examinar, tarea pendiente, las formas literarias en las que Israel plasmó sus conocimientos: proverbios (poéticos, numéricos, autobiográficos), poesías didácticas, diálogos, fábulas, alegorías, relatos didácticos y oraciones.380
380Proverbios numéricos. La numeración y enumeración de cosas, maneras de ser, virtudes, etc., es una de las necesidades más elementales del hombre que busca orden. Existe gran abundancia de ejemplos de formas variadísimas, y en todas las civilizaciones (Prov 6,16-1|9); 30, 21-23). Seguramente las sentencias numéricas pertenecen inmediatamente al género de los enigmas. El enigma es el juego de descubrir la verdad. Uno oculta o disfraza la verdad, otro saca a la luz esa verdad escondida (Pro 23,29; Sir 22,14). El estilo autobiográfico. No es raro que los conocimientos vayan presentados como descubrimientos totalmente personal, como experiencia hecha por el maestro mismo” (Pro 24,30-34; 37,25.35; Sir 33,16-19; Sir 51,13- 16). Merced a esta forma estilística el maestro toma bajo su entera responsabilidad personal los conocimientos que transmite. El gran poema didáctico. El elemento específicamente teológico no figura en primer plano dentro de estos poemas didácticos. Su objeto no es tanto el castigo de Dios, sino la desgracia en sí (Job 27,13- 23). Pero ante todo pertenecen a este grupo los poemas que plantean problemas teológicos expresamente; entre ellos algunos salmos (Sal 47; 49; 73; 139). El diálogo. No es porción menor de la literatura depuratoria
del Oriente antiguo, pues la forma dialogal es el medio más a la mano para desarrollar un problema”.
Diálogos de Job con sus amigos. Fábula y alegoría. También aquí estamos ante una de las formas originales de la actividad intelectual del hombre. Se ha insistido en que la fábula no perseguía un fin moral, sino que se ceñía a querer presentar simplemente una verdad, una realidad; típico y que es tal como es. En la fábula se disfraza alguna realidad cotidiana, se produce una especie de alienación dentro de lo irreal, dentro del mundo de los cuentos. Pero, precisamente bajo este ropaje extraño, es como la verdad resalta con más vigor que en la vida diaria donde fácilmente la pasamos por alto. Las fábulas -de animales y plantas- que hemos recibido en el AT son muy pocas. El motivo de esta escasez puede estar en el punto de vista religioso que era normativo
en la colección literaria israelítica” (Jc 9,8-15). Oraciones. En el salterio se encuentran “salmos sapienciales”.
No es posible hablar de un género determinado de oración didáctica; todo lo más de una temática y un lenguaje comunes dentro de ellas. No disponemos de criterios firmes para determinar cuáles sean estos salmos. (cfr. Von Rad, Sabiduría en Israel, 43- 71).
134 Es así como los sabios de Israel a pesar de la diversidad de formas de expresión de sus contenidos didácticos, los compartió privilegiando, no de modo exclusivo, el instrumental poético. La poesía es la expresión de un: “encuentro extraordinariamente intenso con los acontecimientos de la vida real, y en cuanto que logra aislar de entre la masa caótica de la experiencia genérica una vivencia concreta y articulada en forma de palabra, ella misma se convierte en acontecimiento”381 generador y comunicador de conocimiento en el orden
existencial antes que en el científico.
Por eso, la insistencia de Von Rad al asumir en la expresión poética la forma de expresión más específica del conocimiento que Israel tenía de la realidad. La poesía: “expresa un encuentro intenso con la realidad, con los acontecimientos; y en la medida en que hace surgir el acontecimiento particular de la experiencia y lo plasma en palabra, forma ella misma una parte de tal acontecimiento”.382 En consecuencia, no puede ser leída como
esfuerzo precientífico, precrítico e ingenuo por parte de quienes se movilizan en una racionalidad y lenguaje científico la forma como Israel se acerca, comprende y expresa la realidad en racionalidad y lenguaje sapiencial.
Prestar atención a las formas a las que recurrió Israel para expresar sus conocimientos, sin olvidar que siempre detrás de las formas está un contenido, entonces, va más allá de “un simple registro exterior de géneros didácticos específicos. Si creemos seriamente que las formas son inseparables del fondo”.383
En este contexto, ¿cuál es la fuente de la sabiduría? El ambiente sapiencial reflejado en los escritos veterotestamentarios canónicos dan testimonio de la presencia de sabidurías y sabios de pueblos vecinos a Israel: babilónicos (Jr 50,35; 51.57; Dn 2,48), egipcios (1 Re 5,10), cananeos (Ez 28,3), caldeos (Jr 50,35), sumerios (Pr 10-31) y edomitas (Jr 49,7), entre otros. Con ello, se constata, parcialmente, las raíces de la sabiduría en las grandes corrientes sapienciales existentes para la época, particularmente, en Mesopotamia y
381 Von Rad, Sabiduría en Israel, 41. 382 Ibid., 42.
135 Egipto.384 Con lo cual no se afirma un calco servil de las mismas por parte del pueblo de Israel.
No obstante, su incidencia será notable en la corte del rey Salomón al confeccionar literatura para la formación de los futuros dirigentes y consejeros reales. En este contexto, es atribuible, una gran producción literaria al rey Salomón, con lo discutible que ello sea: “Compuso tres mil proverbios y su cancionero contenía mil y cinco canciones. Trató sobre las plantas, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que brota en el muro; disertó también sobre cuadrúpedos, aves, reptiles y peces” (1R 5, 12-13). Esto puede indicar la probabilidad que la corte real era un lugar tradicional de cultivo de la sabiduría.
Para Goetzmann el libro egipcio de la sabiduría de Amen-em-ope tiene su paralelismo con la literatura sapiencial hebrea, como es el caso de Pro 22,17-23385 que acentúa una instrucción relacionada con núcleos problémicos: pobre-rico, justicia-injusticia, paz- violencia, paga-deuda, hambre-abundancia, premio-castigo, pecado-temor de Dios, alegría- tristeza y confianza-deslealtad.
Estos núcleos problémicos existenciales han sido leídos por el pueblo bíblico en perspectiva de fe, es decir, su experiencia religiosa se convierte en nuevo horizonte de comprensión marcado por circunstancias históricas que reclaman nuevas lecturas e interpretaciones acordes a los nuevos sentidos de vida que ofrece su experiencia de Dios.
En el corpus veterotestamentario386 se evidencia que la sabiduría, inicialmente, es fruto de la experiencia forjada a partir de las situaciones de la existencia humana que acontecen en
384“La historia bíblica se desarrolla dentro de un trasfondo histórico-geográfico bien determinado en el área
del Próximo Oriente, justamente en una encrucijada geográfica en la que se dan cita los dos imperios y focos culturales de la antigüedad: el mesopotámico y el egipcio. Porque Canaán, escenario de la trama bíblica, es el punto de unión y el lugar obligado de paso entre Asia y África, y por ello esa franja geográfica en el Mediterráneo oriental es de una importancia capital en el trasiego de inquietudes políticas y culturales que surgen a orillas del Nilo y la llanura mesopotámica. Por eso, la historia bíblica, lejos de estar aislada en el contexto de la marcha de las grandes civilizaciones, encuentra su esclarecimiento a los luz de los hallazgos arqueológicos, que han establecido con bastante nitidez la historia de los pueblos del Creciente Fértil y su
entorno cultural” (García, Biblia y el legado del Antiguo Oriente, 15). 385Goetzmann, “Sabiduría”, 124.
386 Alonso Schökel y Sicre, José Luis. Job. Comentario teológico y literario. Madrid: Ediciones Cristiandad, Madrid, 1983; Bellia y Passaro, Angelo. Libro dei Proverbi. Tradizione, redazione, teologia. Casale
136 el hogar, escuela, intercambio cultural, tradición, reflexiones personales, diálogos y debates públicos.387
Además, en las situaciones límites. Y en ellas, es donde la sabiduría se expresa sin inhibiciones y de una manera directa. Sin embargo, cuando el hombre pone en funcionamiento su existir percibe los límites de la sabiduría (cf. Prov. 19,14; 21,31; 26,12; 28, 11), en consecuencia, la sabiduría humana no puede menos que reconocer que ella, principalmente, proviene de Dios: “Toda sabiduría viene del Señor, y está con él por siempre (Eclo 1,1).
Esta afirmación se comprende mejor aún dentro de la teología que ha resultado de maduras reflexiones. Porque sabiduría y conocimiento ya no constituyen un patrimonio que el ser humano ha heredado por naturaleza. Hay textos sapienciales, afirma Von Rad, que hablan de este don que ha recibido el hombre, como si se tratara de un fenómeno de inspiración (cf. Job 32,6-11.18-20). Israel no se dejó llevar alegremente por sus ansias de conocer, sino que supo plantearse la cuestión del conocimiento y la capacidad de llegar a él:
Monferrato: Edizione Piemme, 1999; Equipo Bíblico Claretiano. Derramará como lluvia su sabiduría. Libros sapienciales. Buenos Aires: Ediciones Claretiana, 2001; Gilbert, Maurice. La sagesse de salomon. The Wisdom of Solomon. Roma: Gregorian & Biblical Press, 2011; Gilbert, Maurice. “La sabiduría personificada en los textos del Antiguo Testamento”. En La sabiduría y Jesucristo. Gilbert, Aletti, Jean-Nöel, 5-43. Estella (Navarra): Verbo Divino, 1982; Löhfink, Norbert,Qohelet, Brescia: Edizione Morcelliana, 1997; Maggioni, Bruno, Job y Cohélet. La contestación sapiencial en la Biblia, Bilbao: Ediciones Desclée de Brouwer, 1993; Moral Asencio, Víctor. Libros Sapienciales y otros escritos. Estella-Navarra: Editorial Verbo Divino (2ª edición), 1998; Moore, T. M. Ecclesiastes. Ancient Wisdom When All Else Fails, InterVarsity Press, Downers Grove, Illinois, 2001; Sánchez, Jorge. La Sabiduría en Israel. Introducción al estudio de la poesía sapiencial de la Biblia. Ciudad de México. Ediciones san Pablo, 2004; Ravasi, Gianfranco, Giobbe. Roma:
Edizione Borla, 1991; Scarpat, Giuseppe. Libro della Sapienza. Brescia: Edizione Paideia, 1989; Vílchez, José. Sabiduría. Estella-Navarra: Ediciones Verbo Divino, 1990; Von Rad, Gerhard. Sabiduría en Israel. Porverbios-Job-Eclesiastés-Eclesiástico-sabiduría. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1985; Salas, Antonio. Los Sabios de Israel. Conciencia y Ley a debate. Madrid: Ediciones Paulinas, 1993.
387“El medio de la experiencia de los sabios es tan amplio como la vida misma, sin excluir absolutamente
ningún aspecto o rincón. Alcanza, por tanto, la vida real con sus más variadas facetas, como la individual y colectiva, la privada y pública, la rural y ciudadanía, la popular y culta, la profana y religiosa, etc. Abarca también las especulaciones y reflexiones que el hombre se hace a partir de sus vivencias y recuerdos, para buscar su sentido y significado, para dar solución a los problemas, a las antinomias, a los enigmas, o, simplemente para poner un mínimo de orden y concierto, consiguiéndolo unas veces, otras no. El sabio
antiguo, de Israel y fuera de Israel, tiene los pies sobre la tierra y por eso otea el horizonte “bajo el sol”. Pero
también se eleva más allá de este horizonte y penetra en el misterio de lo divino. Es un hecho que los sabios hablan de Dios (de los dioses), de los lazos que unen este mundo, cercano o lejano, con Dios y de las relaciones del hombre en general y de cada uno de nosotros en particular con Dios (Vílchez, Sabiduría y sabios de Israel, 357-358.
137 En Israel, la capacidad cognoscitiva del hombre no se divorció nunca ni se independizó de la idea fundamental que constituía la base de toda la existencia israelita, su profunda vinculación con el Señor. Al contrario, se puede incluso decir que se advierte, sobre todo en la literatura didáctica posterior, un notable esfuerzo por mantener esa capacidad cognoscitiva estrechamente vinculada a los cimientos de la vida de Israel o por reanudar esos lazos de manera total e indisoluble.388
En los escritos neotestamentarios,389 en particular, los paulinos, se mantiene la misma línea del Antiguo Testamento: la fuente de la sabiduría es Dios. Hay clara conciencia en el mundo sapiencial que todo viene de Dios, y todo regresa a él. Pero con un acento: la sabiduría proveniente de Dios está en contraposición con la sabiduría proveniente del saber humano.
En la literatura paulina se evidencia estos dos tipos de sabiduría: humana y divina. La primera proviene de los hombres (cf. 1 Cor 1, 17.21-22; 2,6.13) al poner en funcionamiento la razón y a través de ella, conoce o puede conocer sobre Dios. La segunda, proviene de Dios, la cual es misteriosa, escondida y destinada por él antes de los siglos para la gloria del hombre (1Cor 2, 6-7), y su concreción plena se da en Jesús, sabiduría de Dios (cf. 1 Cor 1,30). Por eso, la herencia de la Sabiduría personificada se utiliza para expresar mejor el misterio de la persona de Jesús. De ahí que saber de Dios, sabiduría de Dios, no se refiere tanto a un saber sobre, acerca de Dios, cuanto más bien, una sabiduría desde Dios, en contraposición a una sabiduría sobre Dios procedente del espíritu humano.
Concedido el espíritu de sabiduría, el hombre puede conocer más perfectamente a Dios (Ef 1,17), y conociéndolo, pueda proceder de una “manera digna del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda obra buena y creciendo en el conocimiento de Dios” (Col 1,10). De lo anterior surge una pregunta: ¿cuál es el contenido de la sabiduría? El misterio de Dios (Col 2,2): Cristo, “en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la
388 Von Rad, Sabiduría en Israel, 91-92.
389Söhngen, Gottlieb. “La Sabiduría de la teología por el camino de la ciencia”. En Mysterium Salutis, Vol. I. Tomo II, compilado por Johannes Feiner y Magnus Löhrer, 995-1070. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1969; Aletti, Jean-Nöel. “Cristo y la sabiduría en los textos del Nuevo Testamento”. En La sabiduría y
138 ciencia” (Col 2, 3). Así, “la cristología aquí expuesta empalma con la concepción veterotestamentaria y judía de una sabiduría escondida en Dios antes de la creación del mundo (Pro 8; Si 24)”.390
¿Cómo se participa, entones, de la sabiduría? Mediante un proceso de conversión que consiste, en últimas, desde la antropología paulina, en el despojo del hombre viejo con sus obras y el revestimiento del hombre nuevo: “que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador” (Col 3,10).
Este revestimiento no es otro que la vivencia-transparencia del espíritu del resucitado que los otros hombres pueden sopesar en la cotidianidad del existir cuando se pone en funcionamiento en comunidad-sociedad el fruto del espíritu, que no es otro que el mismo espíritu del resucitado: “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí” (Ga 5, 22-23).
En la misma dirección paulina, la carta a Santiago, perteneciente a la literatura de las denominadas cartas católicas -Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 Juan y Judas-, la sabiduría está íntimamente ligada al obrar humano. Pero el escrito hace una clara distinción entre la sabiduría proveniente de lo alto y la sabiduría terrena.
La primera es, “pura, pacífica, indulgente, dócil, llena de misericordia y buenos frutos, sin hipocresía. Fruto de justicia siembran en paz los que procuran la paz” (St 3,17-18). Esta sabiduría proviene de Dios y si se carece de ella, a Él hay que pedírsela (St 1,5).
La segunda, “terrena, natural, demoniaca” (St 3,15) es, envidiosa, ambiciosa, genera