ÍNDICE DE FIGURAS
1.2.6 LOCALIZACIÓN DE LA LESIÓN
Para determinar este parámetro usaremos la clasificación OSICS (Orchard sports injury classification system) (Fuller y col., 2006), compuesta por 4 regiones anatómicas: Cabeza y cuello, Extremidad superior, Tronco y Extremidad inferior.
Estas a su vez se desglosan en otras 17 localizaciones, que favorecerán una mayor precisión a la hora de determinar la localización de la lesión.
La tabla 1.10 muestra un resumen de las investigaciones relacionadas con la localización de la lesión.
Introducción
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De todas las lesiones que se producen durante la práctica del fútbol, la región anatómica de las cuatro existentes donde se produce mayor número de lesiones, es la extremidad inferior, dato en el que coinciden todos los estudios, obteniendo entre un 72% - 89% de todas las lesiones que se producen en esta localización (Luthje y col., 1996; Hawkins y col., 1999; Peterson y col., 2000; Crozier y col., 2001; Hawkins y col., 2001; Morgan y col., 2001; Reverter y col., 2002; Woods y col., 2002; Woods y col., 2003; Andersen y col., 2004a; Junge y col., 2004b; Woods y col., 2004; Yoon y col., 2004; Hagglund y col., 2005b; Walden y col., 2005b; Walden y col., 2005a; Raimondi y col., 2007)
Todos los estudios revisados nos ofrecen como resultado que la localización que se da con mayor frecuencia es el muslo, con porcentajes entorno al 21% – 23% de todas las lesiones registradas (Luthje y col., 1996; Hawkins y col., 1999; Crozier y col., 2001; Hawkins y col., 2001; Woods y col., 2002; Fuller y col., 2004b; Junge y col., 2004b; Hagglund y col., 2005b; Walden y col., 2005b; Walden y col., 2005a), seguido de la rodilla en la que se localizan entre el 16% y 21%, y del tobillo con porcentajes comprendidos entre el 13% y el 18% de las lesiones.
Teniendo en cuenta que el muslo, es la localización más frecuente de las lesiones registradas en todos los estudios (Luthje y col., 1996; Hawkins y col., 1999; Crozier y col., 2001; Hawkins y col., 2001; Woods y col., 2002; Fuller y col., 2004b; Junge y col., 2004b; Hagglund y col., 2005b; Walden y col., 2005b; Walden y col., 2005a), y dentro de esta localización, el 67% de las lesiones se registran en la región posterior (Hawkins y col., 2001), de las cuales, el 94% eran de tipo muscular (Woods y col., 2004), se realizó un estudio para ver con la mayor precisión posible en que músculos se producían esas lesiones, llegando al resultado de que, el 53% de las lesiones se producían en el bíceps femoral, seguido del semitendinoso 16%, semimembranoso 16% y sin especificar 19%. Lo que supone, que las lesiones musculares localizadas en la región posterior del muslo fueron el 12% de todas las lesiones registradas en el estudio. Además se comparo la incidencia de lesión entre la pierna dominante y la no dominante en esta localización, llegando al resultado de que no había diferencias significativas (53% de las lesiones en la pierna dominante frente a 45% de las lesiones en la pierna no dominante).
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Los estudios realizados por Walden (Walden y col., 2005b; Walden y col., 2005a), nos aportan información sobre la localización de la lesión, pero en función de la gravedad de ésta. Si tenemos únicamente en cuenta la localización, la zona más lesionada fue el muslo (23% de todas las lesiones), seguido de rodilla y tobillo (Luthje y col., 1996; Hawkins y col., 1999; Crozier y col., 2001; Hawkins y col., 2001; Woods y col., 2002; Fuller y col., 2004b; Junge y col., 2004b; Hagglund y col., 2005b; Walden y col., 2005b; Walden y col., 2005a). Sin embargo, si tenemos en cuenta solamente las lesiones graves, la localización más frecuente fue la rodilla, con porcentajes entre el 36% - 34% de todas las lesiones graves (de las cuales el 79% eran de tipo ligamentoso o articular) (Walden y col., 2005a), en tanto que, en el muslo solamente se localizaron entre el 15,5% y el 13% de las lesiones graves (Walden y col., 2005b; Walden y col., 2005a), como podemos observar en la tabla 1.11.
LOCALIZACIÓN
Walden y col. (2005a) Walden y col. (2005b)
LESIONES TOTAL LESIONES GRAVES LESIONES TOTAL LESIONES GRAVES Muslo 23% 15.5% 23% 13% Rodilla 20% 34% 16% 36% Tobillo 14% 12.5% 10% 5% Ingle/Cadera 12% 9% 16% 21% Pierna 11% 10,5% 15% 10% Pie 5,5% 10,5% 8% 3%
Tabla 1.11. Localización de las lesiones graves en comparación con el total de las lesiones registradas.
Diferenciando entre el periodo de pretemporada y el de temporada competitiva, Woods y colaboradores (2002) no encontraron diferencias significativas entre la localización a nivel del muslo, tobillo o rodilla, teniendo una incidencia muy similar entre los dos periodos, pero sí encontraron significación estadística (p < 0,05) en la localización a nivel de la pierna baja, siendo mayor su incidencia de lesión en pretemporada (15% de todas las lesiones de la pretemporada) en comparación con la temporada competitiva (12% de todas las lesiones de la temporada competitiva)(Woods y col., 2002).
También podemos analizar la localización de la lesión, diferenciando entre lesiones producidas como causa de un traumatismo o de una sobrecarga. Se encontró la
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mayor incidencia de lesión en la región de la rodilla, con un 33% de todas las lesiones, de las cuales el 19% fueron causadas por traumatismos, mientras que el otro 14% fueron provocadas por sobrecargas. Las lesiones registradas a nivel del muslo fueron solamente un 8% de todas las lesiones, siendo todas ellas lesiones por traumatismo. A nivel de la articulación del tobillo, se registraron el 22% de todas las lesiones, de las cuales, el 17% fueron por traumatismo, mientras que solamente un 5% de éstas fueron causadas por sobrecargas (Engstrom y col., 1990).
Por otro lado, un estudio realizado por Fuller (2007), compara la localización de la lesión ocurrida, por la superficie del terreno de juego, obteniendo como resultado que, únicamente existen diferencias significativas (p < 0,01) en la región de la cabeza y cuello, siendo mayor la incidencia en el campo artificial. Los autores encontraron una mayor posibilidad de lesionarse en la región del muslo en los campos de césped artificial, y en la ingle y cadera, en los campos de césped natural, pero no llegaron a ser en ningún caso las diferencias significativas (Fuller y col., 2007).