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Lo que es un logro para mí es un aburrimiento para t

Teniendo la historia de Miguel como telón de fondo, empecemos a preguntarnos qué clase de triunfador es usted. S i yo le pidiera que colocase en una línea, representando el punto extremo de la izquierda la quintaesencia de la holgazanería, y el extremo derecho la manía del que quiere conseguirlo todo, ¿en dónde se colocaría usted? Volveremos a este punto inmediatamente, pero primero hablemos un poco de una vieja generalización.

Todo el mundo está de acuerdo en que las personas que poseen grandes potenciales, o que llegan muy alto en la vida, hacen muchas cosas y las hacen bien, particularmente cuando están convencidos de que tal excelencia requiere que desarrollen al máximo su capacidad. A los que, por el contrario, no están en esta línea, como ya hemos visto, les cuesta mucho sentirse motivados, y con frecuencia se sienten como el felpudo de los primeros. E sta es la generalización, y como todas las generalizaciones también esta tiene sus límites. Una investigación realizada en la Universidad de Florida, y dirigida por William Hart, descubrió una variable que pone patas arriba este escenario, y que tiene mucho que ver con lo que les sucede a los que poseen bajos potenciales de realización 1.

L os investigadores llevaron a cabo múltiples estudios para evaluar hasta qué punto la actitud de los participantes que pretenden triunfar influye en su actuación. E n uno de estos estudios se preparaba a los participantes proyectándoles en la pantalla de un ordenador términos de alto reconocimiento (relacionados, por ejemplo, con «triunfo», «excelencia», etc.). Cada palabra aparecía en la pantalla solo durante un instante, con la suficiente rapidez como para que no se pudiese reflexionar sobre su significado. L os participantes que manifestaban un alto grado de motivación realizaban notablemente mejor sus tareas tras haberse preparado con los términos que habían visto en la pantalla, que aquellos otros estudiantes que mostraban una motivación baja.

E n otro estudio a los participantes que tenían que completar un rompecabezas se les interrumpía en un determinado momento para ofrecerles la opción, o bien de concluir el trabajo, o de hacer otra cosa que les pareciese más agradable. Aquellos estudiantes que mostraban un mayor grado de motivación eran más proclives a volver al rompecabezas para concluirlo definitivamente, que los que no mostraban semejante motivación.

L os resultados de estos estudios apoyan lo que generalmente se conoce sobre las personas que tienen un elevado grado de pretensiones y quieren llegar muy alto, y aquellas otras que no sienten de ese modo. Pero el estudio final constituyó una ironía cruel. A los estudiantes se les estimulaba primero con términos de alto nivel (por ejemplo, excelente, competente, ganador) y se les pedía después que completaran un puzle. P ero en esta ocasión, en vez de describirles la tarea como una prueba seria de eficiencia verbal, los investigadores la calificaban simplemente de una «broma». Resultado: los participantes que habían mostrado anteriormente una alta motivación para sus logros realizaban peor la prueba que los otros.

L os autores del estudio creen que cuando los sujetos que disponen de un alto potencial para lograr algo que consideran elevado y digno de su capacidad, se ven obligados a trabajar en otra cosa que sea simplemente «divertida», esta especie de frustración reduce su deseo de hacerla bien. S i algo es divertido y placentero ¿cómo puede ser fuente de un auténtico logro? P or el contrario, los estudiantes que reciben el mismo entrenamiento, pero que poseen una menor ambición consideran que una tarea «divertida» es algo que vale la pena realizar. Y en este caso no solamente mejoró su motivación para realizarlo, sino que también lo hizo su capacidad para ejecutarlo.

E ste sorprendente cambio dice mucho de por qué falla con tanta frecuencia la estrategia de adoptar un sistema educacional que se supone es válido para todo el mundo. P ara los estudiantes que se sienten motivados para lograr algo excelente, el realizar tareas de mero entretenimiento puede minar su capacidad. Del mismo modo, a aquellos que no tienen la apetencia del éxito y se les describe una tarea como algo serio y urgente se les está brindando la posibilidad de lograr un resultado aceptable.

Volviendo a mi pregunta inicial diremos que tanto si la respuesta le acerca más al punto de los que tienen menos ambiciones, como si le acerca al punto opuesto, el problema consiste en que el forzarle a usted a que haga algo a lo que por su idiosincrasia no está motivado, no dará buen resultado. P or desgracia, muchos de los sistemas con los que nos topamos, ya sea en el campo educacional como en otros, están pensados sin tener en cuenta este conocimiento. P or consiguiente, depende de nosotros conseguir la forma de lograr una mejor realización.

E l punto básico que debemos recordar es que nuestro cerebro no está sintonizado originariamente para desafiar al sistema. E l enfrentarse de plano con las convenciones establecidas produce alteraciones en la estabilidad y en la coherencia, lo que dispara las alarmas. Usted puede tomar en cuenta estas alarmas y seguir firme en su puesto, o bien puede avanzar para encontrar una forma de manejar el conflicto. P or ejemplo, usted puede ser el tipo de persona al que le motiva un trabajo que sea sumamente difícil. P uede entonces enfrentarse a su falta de motivación tratando de superarla por ser necesario, pero, aunque se trate de un proceso duro, usted no lo ve tan costosos. E s el momento apropiado para examinar qué tipo de carácter tiene usted y establecer la dinámica de motivación en la que encaja mejor. S i piensa que se siente más cercano a esa tipología de escasas pretensiones que se encuentra en un extremo de la línea anteriormente fijada, pregúntese si disfrutará llevando a cabo los proyectos que se ha propuesto.

E l remedio puede ser muy sencillo, como escuchar música mientras está trabajando. O puede ser algo más elaborado, como tomarse un pequeño descanso, salir del despacho en diferentes momentos del día y hablar con un colega sobre alguna película, una obra musical o cualquier otra cosa que le inyecte una dosis de distracción en su jornada laboral. O, tal vez, lo que usted necesita sea revisar sus proyectos para encontrar una forma que «ilumine» su disposición hacia requisitos más banales. Trate de ser creativo a la hora de encontrar la solución adecuada.

S i se encuentra siempre a gusto con las tareas y los proyectos que se lleva a casa, cambie su perspectiva y pregúntese si le resulta duro concluir sus tareas, porque no está lo suficientemente motivado para lo que es usted, S i le encanta trabajar en el jardín porque le resulta agradable, y lo considera una ocupación entretenida pero, sin embargo, detesta ordenar su garaje (por diversas razones), trate de buscar un punto medio de distracción en el compromiso que establezca consigo mismo. L os sábados, por ejemplo, dedique tres horas a poner en orden el garaje. L os domingos ya no piense en el garaje para nada, y dedíquese a cuidar su jardín a su gusto. E mplear el tiempo en hacer lo que a usted le divierte se convierte, en realidad, en una auténtica recompensa para llevar a cabo aquello que no le atrae en absoluto.

Resulta muy fácil caer en el tópico popular de que siempre se puede conseguir la motivación suficiente para hacer cualquier cosa si hay el deseo y la voluntad suficientes para llevarla a cabo. E l caso es que la falta de un gran deseo de «lograr» algo no quiere decir que usted no pueda lograrlo, o que sea un «incapacitado para conseguir logros». L as investigaciones indican que simplemente lo que usted necesita es ser algo más creativo. S i lo hace así, la pelea por lograr los objetivos que se ha propuesto se hace menos ardua, y hasta puede convertirse en algo que le guste. Recuerde: su cerebro está estructurado para seguir por el camino de la menor resistencia, porque ese es precisamente el menos amenazador; pero eso no quiere decir que haya de ser el que le lleve a conseguir sus mayores éxitos.