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Loneliness and its Manifestations in Adolescence

Patricia Balcázar Nava*, Martha Patricia Bonilla Muñoz** y Gloria Margarita Gurrola Peña***

sociales, con poca cercanía y oportunidades de intimar  emocionalmente con los demás (Rook, 1984, citado en Brage, Meredith & Woodward, 1993). Para Medora & Woodward (1986, citados en Brage, Meredith & Woodward, 1993), es una respuesta que la persona da

* Licenciada en Psicología y Maestra en Psicología Clínica por la Universidad Autónoma del E stado de México. Candidata a Doctora en Investiga-

ción Psicológica por la Universidad Iberoamericana - Ciudad de México. Profesora-investigadora de tiempo completo en la Licenciatura en Psicología, la Maestría en Intervención Familiar y la Maestría en Psicología Clínica, y Jefe del Área Metodológica de la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Profesor de cátedra en la Maestría en Psicoterapia Psic oanalítica de la Infancia y la Adolescencia de la Universidad Vasco de Quiroga, Morelia, Michoacán. Correo electrónico: pbalcazarna [email protected]

** Licenciada en Psicología Social por la Universidad Metropolitana - Iztapalapa. Maestra y doctora en Psicología Social por la Universidad Nacio- nal Autónoma de México. Estancia postdoctoral en Sexualidad y Adolescencia en el Colegio de México. Profesora-investigadora E de Medio Tiempo en la Maestría en Intervención Familiar y la Maestría en Psicología Clínica de la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Profesora de cátedra en la Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica de la Infancia y la Adolescencia y la Maestría en Psicoterapia Humanista, de la Universidad Vasco de Quiroga, Morelia, Michoacán. Profesor de cátedra del Colegio de México. Académica A por Honorarios y miembro del Consejo Técnico del Posgrado en Psicología en el Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana - Ciudad de México. Miembro del Comité de Publicidad del Centro de Comunicación Avanzada Eulalio Ferrer. Correo electrónico: [email protected]

*** Licenciada en Psicología por la Univer sidad Autónoma de Chihuahua . Maestra en Psicología Clínica por la Universidad de las Américas- Puebla. Doctora en Psicología por la Universidad Iberoamericana - Ciudad de México. Profesora-investigadora de tiempo completo en la Licenciatura en Psicología, profesora y coordinadora de la Maestría en Intervención Familiar y la Maestría en Psicología Clínica de la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Profesora de cátedra e n la Escuela Preparatoria y en la Escuela de Negocios y Humanidades del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Toluca. Correo electrónico: [email protected]

ante la ausencia de una relación positiva con los demás, en diferentes lugares. Peplau & Perlman (1982, citados en Brage, Meredith & Woodward, 1993) la refieren como un estado psicológico que resulta de la dis- crepancia entre una relación deseada y la situación actual. Por su parte, para Villardón (1993) es un sen- timiento relacionado con la percepción subjetiva de carencia de apoyo social necesario, sumado a una serie de deficiencias en la relación con los otros.

Desde la perspectiva de la psicología, existen di- versas definiciones sobre este término: como senti- miento, como mecanismo adaptativo, estado afectivo, inhabilidad personal o como una experiencia displacen- tera (Montero, 1994). Sin embargo, de alguna u otra forma, la soledad provoca que la gente experimente dificultades para establecer relaciones interpersonales y consigo misma, lo cual pone en riesgo, entre otras cosas, su estabilidad emocional (Haines & Scalise, 1993). Asimismo, la soledad es una condición por la cual el ser humano atraviesa en algún momento de su vida y que se intensifica particularmente en algunas etapas, como es el caso de la adolescencia y la vejez (Brennan, Gaev, Weis, Woodward & Frank, citados en Brage, Meredith & Woodward, 1993).

Desde esta perspectiva, la soledad puede ser expe- rimentada por la persona como la falta de apoyo de los otros significativos, de no pertenencia a un grupo social, de minusvalorización, el sentimiento de que los miembros del entorno no muestran amor, entendi- miento y valoración, siendo un fenómeno cuya sintomatología se aparece cada vez con más frecuen- cia entre la población adolescente (Brennan, citado  por Montero, 1994), probablemente debido a los cam-  bios psicofísicos propios del desarrollo, a las trans- formaciones en la dinámica familiar, en los ajustes de su autoconcepto, la tendencia hacia la autonomía y otros factores (Montero, 1994), y es por ser percibida como una experiencia negativa e indeseable, así como  por considerarse que puede ser el disparador de múl- tiples padecimientos y desórdenes de tipo afectivo (Sullivan, citado en Brage, Meredith & Woodward, 1993), que se justifica la importancia de su abordaje entre la población joven.

Por otro lado, se considera a la adolescencia como el grupo demográfico de edad con el más alto riesgo con relación a la soledad según estudios efectuados ante- riormente (Brennan, citado por Montero, 1994). Den- tro de este grupo, esta experiencia es vivenciada de diferente manera por los jóvenes que por la gente mayor  (Roberts, Lewinhson & Seeley, 1993), considerando la importancia de la interacción social en esta etapa.

Su estudio ha recibido considerable atención en las dos últimas décadas (Page & Cole, 1993; Roberts, Lewinhson & Seeley, 1993; Montero, 1994; Hartshorne, 1993; Trout, citado en Page & Cole, 1993) e investi- gaciones al respecto (Peplau & Perlman, 1982, 1987; Russell, Peplau & Cutrona; citados por Roberts, Lewinhson & Seeley, 1993) indican esfuerzos por in- tegrar conceptualmente el trabajo en relación con este constructo.

Por lo anterior, es necesaria la investigación para identificar aquellos factores relacionados con esta ex-  periencia, que de acuerdo con Anderson & Lars (1993), incluyen depresión, fatiga, ansiedad, un alto consu- mo de drogas, el consumo de alcohol y la propensión a enfermedades, así como una baja autoestima. Es necesario también indicar su sintomatología, reper- cusiones y tratamiento, pero sobre todo, determinar   previamente cómo es vivenciada o percibida por la  población adolescente entre la cual es usual esta ma- nifestación. De lo anterior, el objetivo del presente trabajo de investigación fue, por una parte, conocer  cómo el adolescente conceptualiza este constructo, con qué es asociado frecuentemente, así como las respues- tas y repercusiones más usuales ante este hecho, todo esto mediante la técnica de grupos focales, y por otra  parte, determinar cuál es el significado psicológico de soledad que presentan adolescen tes de nivel se- cundaria, con la finalidad de sentar las bases para la elaboración de un instrumento válido y confiable para conocer este constructo.

Método  Sujetos

De acuerdo con los objetivos de la investigación, se trabajó el estudio en dos fases, para lo cual se eligieron dos muestras, mismas que se describen a continuación:  Primera fase (aplicación de la técnica de redes semánticas). Se trabajó con 100 sujetos (50% hom-  bres y 50% mujeres) de una escuela preparatoria pú-  blica de la ciudad de Toluca, con una edad entre 15 y

17 años.

Segunda fase (aplicación de la técnica de grupos focales). Se conformaron tres grupos de adolescentes entre 17 y 18 años de edad, constituyéndose cada grupo  por 12 sujetos cada uno; los grupos fueron uno de hombres, otro de mujeres y uno mixto, a quienes no se les informó con antelación del propósito ni de la temática de la reunión.

36 Patricia Balcázar Nava, Martha Patricia Bonilla Muñoz y Gloria Margarita Gurrola Peña En ambos casos, se utilizó un muestreo de tipo

intencional.

Técnica de recolección de datos

 Primera fase: se utilizó la técnica de Redes Semánticas  Naturales (Figueroa, González & Solís, 1981, cita- dos por Bravo, 1994), considerada idónea para obte- ner la representación mental del concepto a estudiar. Esta técnica consiste en solicitar a los sujetos que defi- nan la palabra estímulo, que en este caso era soledad , con verbos, adverbios o sustantivos, evitando el uso de artículos o preposiciones y luego asignen un nú- mero a las palabras que consideren son más cercanas a la palabra estímulo en orden jerárquico.

Segunda fase: se utilizó la técnica de Grupos Focales, que es un tipo especial de entrevista grupal estructurada  para recolectar opiniones detalladas y conocimientos acerca de un tema particular, vertida la información  por los participantes seleccionados, que se considera útil para explorar los factores en los cuales hay in- fluencia de conductas y actitudes (Morgan, 1998).

 Escenario y procedimiento

 Primera fase: para la obtención de las redes semánticas naturales sobre el concepto de soledad , se acudió a la escuela preparatoria para contactar a los sujetos que integraron la muestra, previa autorización de la Di- rección del plantel. Una vez obtenido el permiso, se acudió a los tres grupos asignados por la Dirección y se les explicó a los sujetos el objetivo de la investiga- ción y el procedimiento de la aplicación con una  palabra-estímulo de ejemplo; se les pidió que men- cionaran en voz alta aquellas palabras que se relacio- naran con la palabra-estímulo, anotándolas en el  pizarrón y jerarquizándolas. Una vez que no existie- ron dudas con relación a cómo realizar la tarea, se les repartieron hojas blancas, pidiéndoles que anota- ran sus datos generales y que definieran y jerar- quizaran las palabras relacionadas con el término  soledad . Una vez terminada la actividad, las hojas fueron devueltas al investigador y se agradeció su co- laboración.

Segunda fase: se atendió a cada uno de los grupos en el lugar, fecha y hora acordados. Una vez reunidos los integrantes, se les indicó el objetivo de la reunión y el tópico a tratar, comentando la importancia de su  participación y estableciendo la dinámica de trabajo

a seguir. Se inició con una ronda de preguntas en tor- no a la soledad y se les pidió que aclararan la infor- mación conforme iban surgiendo los comentarios. Las entrevistas en cada uno de los grupos tuvieron una duración en promedio de 45 minutos y los resultados fueron registrados en audiocasetes, lo cual fue infor- mado a los participantes al inicio de la reunión; adi- cionalmente, un observador tomó notas respecto de las actitudes, información relevante y respuestas de los  participantes.

Análisis de datos

 Primera fase: se utilizó el procedimiento original pro-  puesto por Figueroa et al., 1981 (citados en Bravo, 1994), a partir del cual se obtuvieron los siguientes datos:

1. Total de palabras definidoras (valor J), que se refiere a la cantidad de palabras generadas en cada grupo.

2. Frecuencia de ocurrencia de las palabras definidoras y la jerarquización asignada por los sujetos para cada palabra (valor M), que indica el valor semántico de cada palabra definidora. 3. Categorías semánticas a través de la sinonimia

entre palabras definidoras.

4. Conjuntos SAM por sexo, obteniendo las 15  palabras con el puntaje M más alto.

Segunda fase: se obtuvieron los análisis de resulta- dos de los grupos focales, atendiendo a dos subgrupos: masculino y femenino, ya que de acuerdo con la lite- ratura (Montero, 1994), la soledad puede tener dife- rencias cuando se le intenta definir, explicar o describir  según el género, pues al parecer, el significado de soledad difiere en tanto se es hombre o mujer. Consi- derando los dos subgrupos, se hicieron análisis agru-  pando los hallazgos por temas o ejes y finalmente, se

obtuvo lo común en ambos grupos.

Resultados  Primera fase

A partir del análisis de datos utilizando la técnica de redes semánticas naturales, se obtuvieron los totales de palabras generadas (Valor J), haciéndose los aná- lisis por género.

Se encontró que los sujetos del sexo femenino fue- ron quienes aportaron el mayor número de palabras definidoras (J = 164), en comparación con el del mas- culino (J = 79). Para continuar con la técnica, se ob- tuvieron los valores M correspondientes al valor  semántico de cada una de las palabras generadas; una vez hecho esto, se obtuvo en cada uno de los grupos el conjunto SAM, que contenía las 15 palabras defi- nidoras cuyos valores M resultaron más altos (véase tabla 1).

En ambos grupos se encontraron palabras en co- mún cuyo valor M varía de acuerdo a la frecuencia y  jerarquización que cada grupo realizó de las palabras: solo, tristeza, pensar, abandono, melancolía y angus- tia. Además, se encontraron dos grupos de palabras cuyo contenido es similar en sinonimia (amargada, amargura, llanto-llorar), mismas que fueron puestas en un lugar similar, atendiendo a las indicaciones plan- teadas por los autores de la técnica de redes semán- ticas en lo que a sinonimia se refiere.

Tabla 1

Conjuntos SAM por género para la palabra soledad  en adolescentes de preparatoria

 Muje res Hombres

 Palabra Definido ra VMT Pala bra Definido ra VMT 

Solo 222 Tristeza 226 Tristeza 199 Solo 148 Reflexión 110 Amargura 108 Pensar 60 Dolor 89 Miedo 58 Abandono 79 Abandono 53 Sufrir 69 Problemas 51 Nombre 55 Melancolía 49 Llanto 53 Angustia 48 Infelicidad 50 Tranquilidad 43 Pensar 47  Nadie 25 Desesperación 45 Amargada 22 Silencio 43 Felicidad 22 Angustia 42 Vacío 21 Odio 41 Llorar 20 Melancolía 37 J=164 J=79  Segunda fase

Se observó que en cada uno de los grupos existió inte- rés y buena disposición por parte de los participantes. En el caso del grupo de mujeres, fue necesario que en más de cuatro ocasiones se replanteara el tema-obje- tivo de la sesión, ya que constantemente se desviaban de la conversación a otros temas no considerados en la reunión.

Los resultados en los tres grupos respecto a cómo es  percibida la soledad, indican que es una experiencia negativa e indeseable y sólo en el grupo de hombres indicaron que puede visualizársele como una oportu- nidad para la reflexión o como un estado positivo.

Con respecto a cómo consideran los adolescentes que es sentirse solos, indicaron que es cuando no tie- nen compañía adecuada para comentar sus cosas, o  bien cuando no existe alguien alrededor de ellos. Se asocia a la soledad con experiencias como haber sido abandonado por la pareja o estar lejos de un ser que- rido, sobre todo de la pareja.

La otra percepción asociada con la soledad se re- laciona con la falta de cuidado o de atención por parte de los familiares, específicamente de los padres; los adolescentes indicaron en una gran parte que sienten la experiencia de soledad cuando sus padres parecen despreocuparse por ellos, cuando no les hacen caso y en consecuencia, ante la falta de apoyo y de cuidado, el joven recurre a la compañía de los pares y de la  pareja, en quienes perciben encontrar el apoyo que en

casa parecen no sentir.

En lo que se refiere a los pensamientos asociados con la soledad, se considera que este estado propicia  pensamientos negativos como deseos de morir, que van desde una falta de confianza en sí mismo (tanto en el presente y en lo que pasará a futuro), sentimien- tos de inutilidad, de abandono, negativismo hacia todo lo que la persona vive, inseguridad al relacionarse con otros, la creencia de que se es insuficiente o que existe una falla en la persona que hace que los demás se alejen de uno, es difícil pensar que la vida pueda ser  valiosa o que tiene algo positivo, al grado de experi- mentar deseos de morir.

En el caso de las mujeres, reportan que cuando están solas algunas de las conductas que denotan es la tendencia a aislarse, existe una creencia de que son feas o de que algo de su físico o de su forma de ser no está  bien y es por eso que están solas. Para este grupo, expe-

rimentar soledad implica deprimirse debido a que con- sideran que es un estado negativo y que tiene una duración más o menos prolongada o por lo menos, de mayor duración que en el caso de los hombres. En- cuentran fácil comentar su experiencia de soledad a  personas cercanas a ellas y es común que durante esta experiencia exista llanto. Su sentimiento está ligado fuertemente a la pérdida o al alejamiento de su pare-  ja, o bien, que en su familia existe una ausencia o

alejamiento provocado por diversos problemas. En los hombres, es común que experimenten sole- dad como un sentimiento negativo, pero que les sirve

38 Patricia Balcázar Nava, Martha Patricia Bonilla Muñoz y Gloria Margarita Gurrola Peña  para reflexionar o para pensar en su situación. Con-

sideran que cuando están solos, es necesario recurrir a alguna actividad en vez de encerrarse, pudiendo optar   por salir con amigos, buscar alguna persona del sexo

opuesto para mitigar el sentimiento, ingerir alcohol, hacer deporte, ver televisión o dormir.

Los varones consideran que la soledad es un senti- miento poco usual en ellos y la mayoría reporta que no ha experimentado ese estado desde hace más de seis meses. Comentan que la gente solitaria es muy rara,  pues entre los adolescentes varones piensan que la soledad se evita buscando compañía para mitigarla o eliminarla.

Discusión

La literatura indica que la soledad es un factor que se relaciona con acontecimientos como la depresión, ten- dencia al suicidio, consumo de alcohol, entre otros, que incrementa cada vez más entre la población ado- lescente (Brennan, 1982, citado en Montero, 1994).

De acuerdo con los hallazgos, existe una dificultad  para intimar, para establecer relaciones cercanas con otros, que es más evidente en el caso de los hombres, quienes tienen mayor dificultad para encontrar alguien con quien poder platicar de sus cosas; se observa tam-  bién mayor dificultad en comparación con las muje- res para buscar y pedir ayuda; el varón prefiere callar  lo que siente por otros, prefiere que la gente no se entere de lo que piensa, puede ser poco expresivo con lo que le pasa o lo que siente, llega a percibirse incompren- dido por los demás y se le hace difícil pensar que fa- miliares o conocidos entiendan lo que piensa o siente. De acuerdo con Peplau & Perlman (1982, citados  por Brage, Meredith & Woodward, 1993), la soledad es una condición dolorosa que provoca estrés y an- siedad, ya que la persona solitaria siente que no es entendida y que es rechazada, que tiene pocas opor- tunidades de cercanía y de intimidad emocional con los demás. Es de esperarse también que en este rubro, y debido a la diferencia de educación de acuerdo con el género, esto pueda influir en la percepción de sí mismo, en el papel o rol sexual que se le impone a la  persona (Gupta, 1991; Markus & Wurf, 1987), lo que eventualmente puede influir para que los hombres adopten un papel de no expresividad que caracteriza más a la población masculina (Alegría, 1981). Final- mente, en este punto se indica que entre los varones consideran que no hay la necesidad de intimar y de integrarse socialmente (Villardón, 1993).

Los hombres perciben que pierden más rápidamen- te el interés por las actividades o ideas del grupo, se les dificulta realizar en grupo las metas que se han plan- teado, les cuesta trabajo darse a entender con los de- más, hacen lo que otros dicen y no lo que quieren y no tienen metas claras sobre su vida. Con base en la per- cepción de que existe más dificultad para intimar con los otros, puede explicarse que aun cuando el hombre  joven tenga la oportunidad de relacionarse con los otros, permite menos acercamiento con las activida- des, metas, intereses, relaciones y motivaciones de tipo grupal. De incrementarse esta tendencia, la soledad emocional resultante indica una falta de unión íntima y cercana a otra persona y es producto de la falta o de una escasa red de relaciones sociales (Russell, 1984, citado por Villardón, 1993), que puede convertirse en un círculo vicioso, ya que la soledad es el resultado de un insuficiente reforzamiento social y el reforzamiento social implica también que la persona aprenda a con- fiar en otros.

En este sentido, pareciera que el mismo ambiente moldea a los hombres de tal forma que sean menos

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