(27-03-1916)
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l 27 de marzo pasado cumplió 93 años Loren- zo Pérez Prado, en un estado de salud realmente envi- diable, que le permite practicar la gimnasia varios días a la se- mana. Casado con Juliana Mar- tínez Pérez, tuvo cuatro hijos, dos varones y dos hembras, uno de los cuales, Rafael, es tam- bién Aparejador y Arquitecto Técnico por la Escuela de Ma- drid desde hace ya treinta años. A lo que cabe añadir que tam- bién tiene un nieto, Lucas, in- geniero superior especializado en la rama de Ingeniería de la Edificación.Hijo de un maestro nacional, nació en Oropesa (Toledo), en el hoy Parador de Turismo, pa- lacio propiedad entonces de los duques del mismo nombre y que en aquella época albergaba
la Escuela, la vivienda de los dos maestros y el Cuartel de la Guardia Civil, así como un Sa- lón de Baile.
Trasladado su padre a Madrid a los cinco años, cursó la primera enseñanza en el Grupo Escolar Príncipe de Asturias de la Ron- da de Toledo, un centro experi- mental en el que todos los pro- fesores tenían una distinta pro- cedencia geográfica. A los diez años ingresó en el Instituto San Isidro, donde cursó el Bachille- rato.
Pasó la guerra en Madrid, don- de estuvo dos años movilizado, lo que no impidió que poste- riormente a la misma tuviera que realizar otros tres años de servicio militar en Barcelona, donde se había trasladado para trabajar. Y allí, al mismo tiem- po que servía en el Ejército, tra-
bajaba en la empresa de electri- cidad Riegos y Fuerzas del Ebro, S.A., y atendía a su en- tonces novia y hoy mujer, ini- ció y cursó la carrera de apare- jador, “teniendo que recuperar en la empresa, los fines de se- mana, las horas empleadas en las clases”.
Al acabar la carrera regresa a Madrid, donde trabaja en el es- tudio del arquitecto Manuel Muñoz Monasterio, quien, en- tre otras obras importantes, efectuó la reforma parcial de la plaza de toros de Las Ventas y la reforma casi total del antiguo estadio de fútbol del Real Ma- drid, en las cuales participó Pé- rez Prado.
De 1950 a 1957 ejerció como Aparejador Municipal en el Ayuntamiento de Checa (Gua- dalajara), “donde además fir-
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maba las certificaciones de la conversión de la plaza de la lo- calidad en plaza de toros duran- te las fiestas”. En ese municipio sentó las bases de un cierto ri- gor en el control técnico de los trabajos, ante la ausencia de or- denanzas municipales o de pla- nes urbanísticos.
Obras destacables y destacadas por Pérez Prado en el ejercicio libre de la profesión fueron: -La reforma y ampliación, en 1951, del coro de la Iglesia de Nuestra Señora de Covadonda, en la plaza de Manuel Becerra, en la que llevó a cabo la inspec- ción técnica de la fabricación en obra de las viguetas..
-Construcción de las naves in- dustriales para la fabricación del coche Simca, por parte de Becosa, empresa constructora de los hermanos Barreiros, en Villaverde.
-Instalaciones comerciales de dichos vehículos en la cale de Don Ramón de la Cruz y en la calle de Santa Engracia esquina a José Abascal.
-Obras de remodelación en los tendidos de la plaza de Toros de Las Ventas.
-Pasaje comercial entre la calle de Fuencarral y la Corredera Baja de San Pablo, frente a la calle de San Mateo, incluyendo viviendas, tiendas y oficinas.
-Edificio de viviendas de siete plantas en la calle de Ríos Ro- sas con vuelta a la calle Santa Engracia.
-Edificación de una nueva ba- rriada en la zona noreste de la capital, Valdezarza, una obra de considerable envergadura por el número de viviendas. Guarda un grato recuerdo de la experiencia y consiguiente aprendizaje que logró durante su colaboración con el arquitec- to Muñoz Monasterio, tanto en la organización de las obras co- mo en su seguimiento.
En 1959 fue nombrado Jefe de Planos y Obras de la Dirección General de Seguridad (Minis-
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terio de la Gobernación), don- de de manera preponderante y hasta su jubilación, ejerció, por propia voluntad, trabajo de es- tudio, al tiempo que colaboraba en la realización de mediciones y presupuestos con el arquitec- to Francisco Lucini.
También guarda Pérez Prado buen recuerdo de su relación con el Colegio de Madrid, al que dedicó un tiempo “(en unión del compañero Malé, profesor de Geometría Descrip- tiva de la Escuela, y ayudado por mi mujer) a la estructura- ción inicial de la Biblioteca co- legial, en aquella época en esta- do embrionario. Por el tiempo que ello me “robó” recibimos una atención por parte del pre- sidente Eduardo González Ve- layos.
Asimismo, durante varios años, Pérez Prado formó parte de la Comisión de Tecnología cole- gial. “Y también por mediación del Colegio llevé a cabo labores de peritaje durante varios años”.
Su experiencia ha sido que la profesión de aparejador, en su época de mayor actividad pro- fesional, estuvo muy considera- da. “En la obra, el aparejador era una personalidad”. Y aun- que no le gustan muchos los úl- timos cambios que se están ges- tando en relación con la profe- sión, también comprende que ciertas modificaciones son ne- cesarias para una mayor apertu- ra de los profesionales españo- les en el exterior. Además, los conocimientos y los medios disponibles para ejercer la pro- fesión son muy superiores”.