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Los antecedentes de la legislación verde naz

gos romanos, sobre todo por su inmoralidad y la amenaza que representan para la psique de los espectadores, entre

1. Los antecedentes de la legislación verde naz

si bien se ha pretendido estudiar al régimen nazi como el escenario donde tuvo lugar un impulso sin precedentes de las ideas ecologistas, y un desarrollo normativo paradig- mático en materia de protección del medioambiente y de la vida animal (Clossman, 2005), lo cierto es que desde el siglo

xix existían en alemania movimientos afines a un cambio

profundo en la relación hombre-naturaleza, que poco a poco fueron adquiriendo un constante protagonismo en la vida cultural y política de la época (Stephens, 2001). No en vano ese país es considerado el lugar de nacimiento de la ecología como disciplina científica, y del movimiento político verde que hoy en día goza de una amplia influencia en la nación germana (Staundemaier, 1996). Es de resaltar que uno de los primeros ejemplos de leyes de protección de la fauna en las naciones-estado europeas lo dio el Kaiser José ii en

1789 cuando prohibió el acoso y muerte de animales en espectáculos públicos, y ya desde 1417 se habían expedido leyes para la protección de animales salvajes y domésticos en tierras germanas (natrass, 2004).

Igualmente, hay que buscar los orígenes de esas preocu- paciones ecologistas en la fuerte influencia del romanticismo alemán (Musser, 2011), representado entre otros por Goethe, defensor a ultranza del naturalismo y la vida, en armonía y comunión con la naturaleza, cuyas ideas trascendieron el escenario poético e influyeron en la cultura y la política del siglo xix; así mismo, en varios de sus escritos el filósofo

arthur schopenhauer introdujo el debate ético acerca de la relación entre los humanos y los animales (Natrass, 2004). Uno de los científicos que influyó de manera decisiva en la génesis del movimiento verde alemán fue alexander von Humboldt, geógrafo y naturalista por excelencia, que luego

de sus viajes por el mundo, especialmente por américa, publicó en 1808 un tratado de biología de gran influencia en el temprano pensamiento ambientalista alemán, que ayudó a sentar las bases del ecologismo en ese país, si bien sus ideas no se asocian con las tendencias nacionalistas y racistas del siglo xix (Stephens, 2001). Sin embargo, no hay

que pasar por alto que durante el siglo xix el movimiento

conservacionista fue una constante en el continente europeo, pues en muchos países se veía con bastante desconfianza y temor la ola industrializadora y urbanizadora que es- taba cambiando rápidamente el entorno natural, sin que en principio esas nuevas ideas de tinte ecológico tuvieran alguna fuerte intención política, o estuvieran conectadas directamente con las manifestaciones de nacionalismo que experimentaron las sociedades europeas durante esa época (Ueketter, 2006).

Entre los representantes más conservadores y radicales de ese movimiento precursor del ambientalismo popular germano figuran Ernst Moritz Arndt y Wilhelm Heinrich riehl, activistas afines a la derecha nacionalista alemana del siglo xix, que incluyeron entre sus líneas de pensamiento la

defensa de los campesinos y del terruño o tierra natal, con- cepto con el cual establecieron una fuerte conexión. arndt es recordado por su texto Sobre el cuidado y conservación de

los bosques, publicado en 1815, el cual constituye uno de

los primeros manifiestos de corte ecologista contra el de- terioro de los bosques y los suelos causado por la naciente industria de Europa Central, y contra los peligros de la deforestación, iniciando una línea biocentrista que le otorga un papel primordial a la naturaleza y minimiza el dominio del hombre sobre el orden natural, lo cual se refleja en sus propias palabras: “… cuando uno ve la naturaleza en una conexión e interrelación necesarias, entonces todas las cosas son igualmente importantes, arbustos, gusanos, plantas, humanos, piedras; nada de primero o ultimo sino todo en una unidad singular” (citado por staundemaier, 1996: 6).

sin embargo, el ecologismo de arndt va mucho más allá de la defensa del patrimonio ecológico y del modo de vida tradicional del campesino, que se asimila al bienestar del pueblo germano, para adentrarse en fuertes reflexiones nacionalistas y racistas que rechazan de manera virulenta el estilo de vida decadente de países occidentales como Francia e Inglaterra, y las costumbres de los judíos y eslavos, reclamando una pureza racial teutona firmemente arraigada en la tierra de origen.

Por su parte rielh, uno de los alumnos de arndt, continuó con esa tradición conservadora y xenófoba, rechazando fuer- temente la industrialización y la urbanización, pensamiento que se ve reflejado en su obra Campo y bosque, publicada en 1851. En su texto rielh llama a la lucha en defensa de los “derechos de lo salvaje”, presagiando algunos de los principios del moderno ecologismo radical, y defendiendo los valores de la vida rural del campesino mediante una argumentación con claros tintes antisemitas (staundemaier, 1996). también es recordado el sacerdote Hermann Landois, biólogo, fundador del jardín zoológico de Munster, y pre- cursor de la defensa de las aves. Uno de los científicos de línea conservadora, fundador de una nueva disciplina de estudio basada en la relación del hombre con la naturaleza bajo las leyes darwinianas, que estableció a nivel teórico un fuerte vínculo entre la tierra y el pueblo alemán, en una especie de determinismo geográfico-natural, fue friedrich Ratzel, cuyas ideas influenciaron de manera definitiva los conceptos de paisaje y naturaleza predominantes a finales del siglo xix y principios del xx en alemania (bassin, 2005).

a pesar del reforzamiento de las ideas ecologistas, las asociaciones creadas durante el siglo xix para la defensa de la

naturaleza y el paisaje no tuvieron en cuenta preocupaciones políticas, y el conservacionismo temprano alemán se distin- guió por una multiplicidad de acciones y formas de trabajo que mezclaban fines naturalistas, religiosos y culturales, defendidos de diferentes maneras y casi siempre con alcance

regional (Uekotter, 2006). Entre los objetivos centrales que animaban esos movimientos se destacaba la protección de paisajes y reservas naturales que representaban valores de orden patriótico, afectivo y cultural (Lekan, 1999). En el caso de la protección animal, las asociaciones creadas con ese fin a finales del siglo xix promovieron vigorosamente el estable-

cimiento de prohibiciones contra la que llamaban “masacre

kosher”, sacrificio de animales practicado tradicionalmente

por los judíos, y la vivisección, realizada en universidades y centros de investigación (Arluke y Sax, 2002).

El movimiento ecologista alemán continuó expandién- dose a principios del siglo xx con manifestaciones concretas:

la creación en 1904 de la Liga para la Protección del terru- ño; las protestas en contra de proyectos de infraestructura (represas); el rechazo al turismo en santuarios naturales (Stephens, 2001), y la solicitud de algunos movimientos conservacionistas a los gobiernos regionales para la expro- piación de tierras y bosques de alta importancia ecológica, si era necesario por la fuerza (Williams, 1996). Igualmente, a principios del siglo xx alemania vio crecer rápidamente a

los Wandervögel, un grupo de estudiantes influenciados por el antroposofismo y la mística, ideas pregonadas, entre otros, por el pensador católico de orientación naturalista George Steiner, que renegaban de la anomia y la alienación urbana propias de la vida moderna, incluyendo en su ideario el re- chazo a la explotación del suelo y la búsqueda de respuestas existenciales en la astrología, la creencia en reencarnación y el poder del magnetismo, entre otros, siendo asiduos vi- sitantes de las montañas y los bosques germanos, en busca de un nuevo modo de vida en comunión con la naturaleza (bramwell, 1994). Ese movimiento de la juventud alemana que pregonaba como idea esencial el regreso a la tierra, tuvo gran influencia durante los años veinte, distinguiéndose por ser una organización comunitaria de autoayuda y con una disciplina espartana (bramwell, 1994).

Después de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial se incrementó la influencia de esa línea de pensa- miento, anclada en la defensa de lo natural como expresión pura y esencial de un genuino modo de vida germano en comunión con la tierra natal y los demás elementos de la naturaleza, lo que dio origen al concepto fundacional de “sangre y suelo” (blut und boden), influyendo de manera decisiva en el denominado movimiento Völkisch, línea de pensamiento nacida en los primeros años del siglo xx, que

mezclaba preocupaciones etnocéntricas relacionadas con la pureza del pueblo alemán, junto con una visión mística e idealizada de la naturaleza, y el rechazo al materialismo moderno, al urbanismo, el racionalismo y la ciencia como creaciones artificiales y perversas, pregonando el retorno a un modo de vida tradicional (biehl, 1996; Eggert, 2013).

El pensamiento völkisch consideraba a los germanos una nación especial, superior a otros pueblos y, como tal, llamada a encarnar la lucha por un nuevo orden ecológico, social y cultural, asunto que se fue convirtiendo en un problema político de primer orden. Para autores como staundemaier (1996) y Stephens (2001), la difusión de ese tipo de escritos entre las masas de obreros, campesinos y simpatizantes de la causa ecológica, propició el surgimiento de la denomi- nada “conexión mortal” entre el amor a la tierra germana y el nacionalismo racista militante, quedando firmemente establecida en el escenario político alemán.

Durante los años de la República Democrática de Weimar los movimientos conservacionistas y ecologistas se man- tuvieron activos, sin que fuera evidente su giro hacia una ideología autoritaria, o existiera algún grado importante de identificación con los ideales nacionalistas o racistas muy en boga por esa época, caracterizada por una gran inestabilidad política (Uekotter, 2006). Williams (1996) argumenta que la proximidad entre el movimiento conservacionista alemán y los nazis no se dio porque coincidieran en declaraciones o slogans antisemitas o racistas, sino más bien por el ideal

común de una naturaleza limpia como esencia del pueblo alemán. A pesar de que el Partido Nacionalsocialista Alemán se fundó en 1922, solamente uno de los más prominentes conservacionistas alemanes adhirió a ese grupo político antes de 1933, año en que los nazis tomaron el poder, lo que da una idea de las escasas o nulas relaciones y afinidades entre los ecologistas germanos con trayectoria e influencia, y las ideas racistas y antisemitas de los nazis, situación que se mantuvo durante muchos años y que, sin embargo, cambió durante la dictadura nacionalsocialista (Uekotter, 2007).

Por otro lado algunos pensadores de la línea neo román- tica-conservadora dieron un fuerte impulso a la conexión del ser humano con la naturaleza apelando al concepto de

Heimat o tierra natal, el cual evocaba la libertad y el retorno

a las raíces originales del ser a través del contacto con el medio natural, lo que en últimas significaba una comunidad nacional que debía buscar en la naturaleza pura y limpia su esencia original y su bienestar (Williams, 1996), ideas de gran atractivo popular en medio de la grave crisis política y social de la época de Weimar que fueron muy bien acogidas y utilizadas políticamente por los nazis durante los años del más duro activismo político y de la toma del poder.

De manera independiente al desarrollo de las ideas ecologistas y naturalistas que abogaban por un grado mu- cho mayor de protección de la naturaleza, en las primeras décadas del siglo xx la bioética empezó a dar sus primeros

pasos como disciplina a través de los escritos de fritz Jahr, un pastor protestante que dedicó gran parte de su vida a la reflexión filosófica acerca de la relación entre el hombre y los demás seres vivos, y que en 1927 acuñó el término bioética en un artículo publicado en Kosmos, una prestigio- sa revista científica de ese país. En 1928, en otro artículo, “Tierschutz und Ethik” (“La protección de los animales y la ética”), Jahr señaló la importancia del sentimiento ético, la empatía, la compasión y la ayuda hacia los animales y las plantas, como parte de las obligaciones morales y sociales

que los humanos tienen los unos con los otros (Sass, 2011). Fue así como reformuló el imperativo categórico kantiano para incluir a otras especies vivas diferentes al hombre de la siguiente manera: “… respeta por principio a cada ser viviente como un fin en sí mismo y trátalo, de ser posible, como a un igual…” (citado por sass, 2011: 20), principio ético clave que constituía un nuevo paradigma respecto de las relaciones del hombre con los no humanos y que pocos años después se vería claramente reflejado en las leyes animalistas de la dictadura nazi.

La larga preocupación de los alemanes por su identidad, la cual se asociaba a su plena identificación con la naturale- za y la vida animal, fue aprovechada por los movimientos animalistas para reforzar sus demandas de protección ani- mal. Las ideas de Nietzche, que en algunos de sus escritos pregonaba el retorno a la esencia instintiva del ser humano, fueron hábilmente utilizadas por algunos de los tempranos ideólogos del nacionalsocialismo para destacar y celebrar ese lado animal de hombre, criatura domesticada super- ficialmente, pero que mantenía en su interior el instinto depredador de la bestia; esto, como una alternativa a la tecnología y la urbanización que habían hecho desaparecer la eterna comunión del ser pensante con su lado animal. En el sentir de esos románticos, la aceptación del cambio ideológico y el retorno a ese rasgo no humano haría posi- ble el nacimiento de una nueva identidad nacional y una nueva comunidad germana, posición que fue claramente compartida por Adolf Hitler y los ideólogos del nazismo (Arluke y Sax, 2002: 10).

2. Las leyes ecológicas nazis. La irrupción