• No se han encontrado resultados

Los cambios políticos y la nueva violencia

El advenimiento del año 1953 trajo consigo radicales cambios políticos. Después de una persuasiva campaña de agitación ciudadana y crecientes rechazos al clima de violencia política que imperaba en el país, sin derramar una gota de sangre y en lo que se denominó “un golpe de opinión” pues se hizo con la complacencia de los partidos políticos, el general Rojas Pinilla se tomó el poder y depuso al presidente titular Laureano Gómez. El hecho tuvo lugar el sábado 13 de junio y llegó acompañado de optimismo público, pues el nuevo Presidente planteó al país el trámite de una amnistía política para todos aquellos que se hubieran visto inmersos en el torbellino de la violencia política. 3500 colombianos lo hicieron y así surgió el primer proceso de paz de la violencia contemporánea de Colombia. En desarrollo de esta iniciativa se creó la ofi cina de Rehabilitación y Socorro, encargada de la incorporación de hombres armados a la sociedad. Se entregaron guerrilleros del Tolima, Cundinamarca, Antioquia, Sucre y los Llanos, entre ellos los jefes guerrilleros Dumar Aljure y Guadalupe Salcedo. De forma complementaria, apareció la ofi cina de información a la prensa con una campaña de imagen del general.

Sin embargo, y a pesar del nuevo ambiente político imperante, los dos frentes de violencia no se redujeron sensiblemente. La violencia política persistió desde dos perspectivas inesperadas. Los bandoleros sin arraigo político, es decir aquellos como Chispas, Sangrenegra, Desquite o Efraín González, cuyos móviles estaban más asociados al pillaje y el saqueo, persistieron en sus andanzas tratándole de dar a sus acciones matices partidistas. De otro lado, como quiera que el gobierno militar de Rojas Pinilla aceptó negociar la paz con grupos armados pero no aceptó hacerlo con aquellos que estuvieran inspirados por banderas comunistas, estos últimos grupos persistieron en su confrontación al Estado, especialmente en la región del Sumapaz, entre los departamentos de Cundinamarca, Tolima, Huila y Meta. Así las cosas, había demasiadas preocupaciones por el orden público que, de cierta manera empezaron a opacar el interés desplegado a lo largo de la última década por los hechos de violencia urbana, sin que estos desaparecieran completamente. Además, el presidente Gustavo Rojas Pinilla dio importantes pasos para fortalecer su imagen pública. El primero de ellos, inaugurando la televisión en Colombia justo el día en que se celebraba su primer año de ascenso al poder, el 13 de junio de 1954. La señal llegó inicialmente a Bogotá y Manizales y con un concierto, un dramatizado y un noticiero

grabado en Estados Unidos, emprendió sus transmisiones en medio de la celebración de la mayoría de las casas políticas. Paradójicamente, durante la misma semana en que la euforia ofi cial se tomaba los directorios políticos y los medios, en la Ciudad Universitaria, durante una protesta de conmemoración por la muerte del estudiante Gonzalo Bravo Pérez, ocurrida 25 años atrás, se produjo un violento enfrentamiento con el Ejército durante el que se produjo la muerte del estudiante Uriel Gutiérrez, alcanzado por un bala que le destrozo la cabeza. Estos hechos empañaron el primer aniversario de Rojas Pinilla en el poder, pero para la época el militar ya había sido elegido por la Asamblea Nacional Constituyente para el período de 1954 a 1958, autorizando además la creación de la Secretaría Nacional de Asistencia social presidida por la hija del general, Maria Eugenia Rojas.

Hacia fi nales de 1954, los dirigentes de los partidos políticos empezaban a manifestar sus preocupaciones por el estilo autoritario que ya caracterizaba al gobierno, y los periódicos le otorgaban su máximo despliegue a nuevas propuestas. Como el análisis “Nuevo Orden Político” que el ex presidente Alfonso López Pumarejo propuso al país a través de un minucioso análisis del primer año de Gobierno del general Rojas Pinilla. En su sentir, se cometerían los mismos errores de los políticos de siempre y se necesitaban fórmulas para democratizar el acceso al poder. El texto completo de Alfonso López apareció publicado en los principales periódicos con distintas propuestas para afrontar en serio el dilema de la violencia política y aportando además criterios para evitar que Rojas se eternizara en el poder. “Una fórmula sencilla y armónica con la tradición legal establecida en 1886 y cuya aplicación presentaría pocas aplicaciones sería la elección de los ministros incluyendo al Presidente de la República como cifra de las operaciones del coefi ciente para determinar la proporción que durante cada periodo presidencial deben quedar representados los partidos en el órgano ejecutivo”41, comentó López.

Sin duda que la presencia de Rojas Pinilla en el poder planteaba nuevos escenarios para la prensa. Sin embargo, no faltaban tampoco los episodios y sucesos de violencia urbana que también interesaban a los periódicos. Por ejemplo, el año 1954 terminó con el impredecible caso, el de de Richard Noack, un asesino que escapó de la cárcel de La Picota con los guardianes de la cárcel y luego los asesino. Según las crónicas de la época, el 24 de noviembre, Noack salió de la cárcel la Picota hacia Medicina Legal donde debía atender un examen psiquiátrico. Después de las tres de la tarde de ese día llegó un tercer guardián, Carlos Enrique Larrota, quien esperó a las afueras del instituto. Cuando salió Noack del examen, inexplicablemente se fue a beber con los guardianes y no se volvió a saber de ellos. El 27 de noviembre, los cadáveres de dos de los guardianes aparecieron y un testigo

informó que Noack metió a un niño en el taxi del cual arrojó los cadáveres de Peregrino y Agripino Moreno, más los dos guardianes, el chofer del taxi y el ciudadano Gilberto Morales. Semejante episodio revivió el interés de los cronistas judiciales. Fue así como, a los tres días, el 30 de noviembre, apareció otro conductor de taxi asesinado. Empezó a decirse que era una pista de Noack y de su cómplice, el guardián Larrota, pues se hablaba de testigos que dijeron haber visto a dos hombres misteriosos cometiendo el crimen. Las pesquisas no dieron resultado y los periódicos hablaban continuamente del fracaso de las investigaciones y los nulos avances para dar con los autores del cuádruple asesinato.”42 El 1 de diciembre

se publicó que los detectives habían perdido el rastro de los asesinos en Boyacá y los Llanos, aunque se había encontrado el vehículo en el que huyeron. Sus huellas fueron ratifi cadas y, al no obtenerse más pistas del caso, los detectives lanzaron una recompensa en los medios. El 2 de diciembre en varios periódicos, entre ellos El Espectador,

se ofreceron 1000 pesos por la captura de los prófugos. Una fuente del cronista Felipe González le mencionó que un señor de apellido Valderrama, oriundo del Casanare, había informado a las autoridades que Noack había sido visto en Agua azul un caserío entre los Llanos y el Sogamoso por la carretera del Cusiana43. Y se desató la cacería. Al

día siguiente, Richard Noack fue capturado. Su cómplice Larrota huyó. La prensa publicó después que el capitán Hernando Gutiérrez y el copiloto Rafael Reyes, integrantes de un helicóptero ofi cial, recibirían la suma de la recompensa por la información suministrada que facilitó el operativo de la captura. El cronista Guillermo Ordoñez captó momentos estelares de la captura e incluso publicó en El Espectador las primeras declaraciones del detenido:

“¿Para qué toma esas fotos?- preguntó Noack

-Son para El Espectador- respondió

-Para El Espectador – contestó con aire despreocupado y luego indagó:

-¿Qué tal está Felipe González? Salúdelo de mi parte y dígale que allá voy nuevamente.

Preguntado a fondo sobre el crimen, Noack me respondió con el tono que le es peculiar y cómo se le ocurre que yo haya matado a alguien. Luego yo estaba

La cómplice amistad entre Noack y su guardián Larro- tta para cometer crímenes. Foto:El Espectador. El historial de- lictivo de Noack sacio la pluma de los cronistas judiciales que lo persiguieron jun- to a la Policía. El Espectador.

armado y deseaba realmente fugarme de la Penitenciaria la Picota, pero nunca pensé en todo esto que ha pasado contaba con la ayuda de Larrota, pero quería salir de la puerta de la guardia tranquilamente acompañada de mi guardián y desaparecer, pero Larrota me metió en esto. Richard no quiso dar detalles relativos acerca de la tragedia porque trataba de aparentar que él no supo como se desenvolvieron los acontecimientos y pretendía hacer creer que fue completamente ajeno a los hechos, solamente en cuanto a la fuga”44.

A los cuatro días de su captura, 7 de diciembre de 1954, Noack reconoció su relación con Larrota y cómo compartieron la fuga. Durante su indagatoria agradeció el buen trato que le habían dado los médicos extranjeros aunque aquellos dijeran que el asesino estaba loco. Al terminar la diligencia judicial, respondió así las preguntas del cronista de El Espectador:

“¿Noack cómo se encuentra?

Noack con amabilidad, pero sin la desenvoltura que lo ha caracterizado, respondió el saludo del antiguo cronista conocido suyo:

-Ya ve, aquí me tiene. Esta diligencia de indagatoria ha sido un descanso para mí porque en este despacho en el juzgado del

doctor Miguel Ángel García, desde el momento de mi captura, ha sido el único lugar donde me han tratado con consideraciones humanas”45.

A tres días de su indagatoria, Noack aseguró que se sentía quebrantado por la noticia de la muerte de Larrota sin que el guardián hubiera aceptado sus crímenes. A las autoridades les pareció muy extraño que el asesino se enterara de la muerte de su cómplice cuando este apenas iba a ser capturado. Noack simplemente respondió: “el compadre, el diablo con el cual tengo pacto desde hace tiempo, me aviso”. Lo comentó a los periodistas en los pasillos del juzgado, antes de ser conducido de nuevo a la cárcel. Su caso quedó cerrado antes de que cayera el telón de 1954 y con el se

Larrotta acorralado luego de ser capturado con Noack en los llanos Orientales.

Foto: El Espectador.

El gran cubrimientio de la captura o ca- cería que la Policía desató al recibir una llamada que los delataba en los Llanos Orientales.

cerró una época. Después vinieron tiempos difíciles. El año 1955 llegó con las decisiones autárquicas del general Rojas Pinilla, entre ellas su determinación de cerrar el periódico El Tiempo por no publicar, durante 30 días, una rectifi cación que pedía el Presidente. Además, en procura de afi anzar su imagen en el poder, el general creó un tercer partido político que se llamó Movimiento de Acción Nacional MAN que apoyaba todas las acciones del Gobierno y al que muchos políticos disidentes o cansados de la violencia política se adhirieron. Pero declinaba la libertad de prensa.

Obviamente para las realidades políticas porque en asuntos de violencia ordinaria, no faltaba quien escribiera ni de que casos hacerlo. De hecho, a fi nales de 1955 ocurrió uno de los crímenes más horrendos de la época, con el necesario despliegue en los periódicos. Un recién nacido apareció estrangulado y abandonado en la última silla de un bus en Bogotá y no se supo quién lo dejó. El conductor del automotor fue quien lo descubrió cuando el vehículo terminó su viaje en la estación del Ricaurte. Las investigaciones se concentraron en los pasajeros del bus y, producto de los seguimientos, el 24 de febrero de 1956 se descubrió el autor: un asesino que acechaba desde tiempo atrás y que era conocido como el vampiro 88 o Pedro Vicente Calderón. Ya había generado pánico en Bucaramanga por asesinar niños y fi rmar sus cuerpos con la consigna vampiro 88 y vampiro 110. Los cronistas detallaron

que Calderón era un hombre raro que odiaba a las mujeres y le gustaban los niños. Resultó ser albañil, carpintero y mecánico de profesión. A pesar de que un juez lo condenó por el asesinato de varios niños, Calderón terminó en un manicomio del Instituto de Medicina Legal.