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2. MARCO TEÓRICO

2.6 Los elementos de la ilustración

Tras la revisión del concepto de caricatura y su vínculo con la realidad, considero fundamental establecer un pantallazo a los elementos que componen la ilustración quienes son los responsables de la estructura espacial de la misma.

Villafañe y Mínguez (2006) consideran que la interacción de estos elementos entre sí son los que determinan la significación plástica. Señalan seis elementos a tener en cuenta: el punto, la línea, el plano, el color, la forma y la textura.

En un primer momento parecería que el punto es el elemento más sencillo de todos. Sin embargo, explican los autores, que esta simplicidad esconde una naturaleza plástica extraordinariamente polivalente.

Wassily Kandinsky (1995: 21-29) diferencia dos tipos de puntos: el geométrico y el físico. El primero es indivisible y sostiene que debe de ser definido como un ente abstracto. Éste halla su forma material en la escritura, pertenece al lenguaje y su significado es el silencio. Mientras que el punto físico, sostiene Kandinsky, es material y es el resultado del choque del instrumento con la superficie material, por ejemplo, un lápiz contra el papel.

Asimismo, otros autores señalan tres tipos de puntos: los geométricos, los puntos de fuga y los puntos de atención. En cuanto a los de fuga asegura que coexisten con otros centros de la composición visual en los que se establecen relaciones de subordinación y que su equilibrio global da lugar al centro del equilibrio. Al mismo tiempo, que los puntos de fuga constituyen importantes polos de atención visual. Y, por último, los de atención son aquellos espacios en donde se atrae la mirada del espectador (Domínguez; 2006: 112,113).

Mientras que Frederick Malins apunta otras cuatro funciones plásticas del punto. En primer lugar, explica, que puede crear pautas figúrales o patrones a través de la agrupación y repetición de unidades de puntos. En un segundo lugar, un punto puede ser el foco de la composición, aunque se trate de otra figura y no de un punto gráfico en el que actúe como foco. En un tercer puesto, determinados puntos pueden sugerir movimiento. Por último, es la sencilla capacidad que tiene este elemento para crear texturas y por ende espacialidad al plano (Villafañe – Mínguez; 2006:115).

Un segundo elemento en el que vamos a detenernos en la línea debido a que es un elemento de primer orden. Sus usos son infinitos y al igual que el punto no requiere la presencia material en la imagen para existir, tiene también propiedades inductoras. Existen líneas implícitas que son las que mejor representan la naturaleza intangible de este elemento. Pueden actuar plásticamente sin que esté presente de forma material (Villafañe; 2006: 116).

Dependiendo el modo en que esté modulada la línea del contorno del dibujo sea fina o gruesa, curva o quebrada, etc., es determinante para la ilustración. Entre un dibujo y su objeto real se echan de menos elementos como: la tridimensionalidad, el color, el movimiento y un gran infinito números de detalles que se presentan en el objeto real y no en la ilustración. Sin embargo, también existen cosas en el dibujo que no se encuentran en la realidad como una serie de líneas negras que forman el contorno, un cierto modo de sesgar la imagen en su conjunto sin correspondencia con la realidad y un reconocible estilo del dibujante, “cosa que no posee ningún hombre real” (Barbieri; 1993: 24-25).

Barbieri sostiene que:

“la imagen reproduce algunas características del objeto real de la manera que normalmente lo percibimos. Por ejemplo, representa – por medio de líneas- los contornos y las sombras y a pesar de que estas sean sólo una pequeña muestra de los aspectos que percibimos, son evidentemente suficientes, en un contexto dado, para darnos cuenta de la figura” (Barbieri; 1993: 24-25).

Ya que, y agrega en la misma línea que Gombrich, el dibujo como cualquier otra técnica de producción de imágenes, se ve obligado a hacer una selección de las características del objeto que quiere representar porque “no todas las características son realmente eficaces para dar una idea del objeto, sea porque son perceptivamente irrelevantes, sea porque son imposibles de reproducir con el dibujo – por ejemplo olores y sonidos – pero muchas de estas características pueden ser utilizadas más o menos con la misma eficacia”. Es decir, que cada dibujo privilegia una serie de características en detrimento de otras.

John Berger le asigna dos funciones a la línea: señalar y significar. (2000:118). En el primero de los casos señala a través de grafías, el diseño, los planos, la comunicación viaria. Mientras que el segundo hace referencia a la representación artística.

En esa representación artística hay que tener en cuenta la importancia del espacio escénico donde se va a plasmar el personaje a caricaturizar. Es el lugar dónde sucede la acción y no es desinteresado debido a que influye en la trama. Allí es donde se va a desarrollar el conflicto y, por lo tanto, la sátira. La caricatura tiene como fin sintetizar mediante el dibujo y el humor una situación. Así como en el teatro, el espacio en donde se mueven los personajes es el espacio escénico, en la caricatura es igual. Del Valle-Inclán escribe haciendo referencia al teatro que se parte de un error fundamental y es “creer que la situación crea el escenario. Eso es una falacia porque, al contrario, es el escenario el que crea la situación. Por eso el mejor autor teatral será el mejor arquitecto” (Valle-Inclán en Alonso de Santos; 1999:431).

Además de las cualidades estéticas y de los elementos ilustrativos que el autor decida incorporar, la caricatura en muchas oportunidades se encuentra acompañada por una leyenda. Ésta complementa la imagen y es de suma importancia. Es la incorporación de lo poético en lo cómico. El lenguaje necesita de una cuidada y detallada elaboración.

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