Amenemhat III como dios Nilo Din XII Museo Egipcio El Cairo
III. De nuevo la oscuridad
2. Los hicsos
"Bajo el reinado de T utim aios, p o r causas p o r m í ign o ra d a s, la cólera d ivin a se a b a tió contra nosotros y, de im proviso, desde O riente, un p u eb lo de raza oscura tuvo la a udacia de in va d ir nuestro p a ís y, sin d ific u lta d ni co m b a te se instaló de viva fu e r z a (...) A l fin , ello s hicieron rey a uno de los su yo s llam ado S a litis. E ste p rín cip e se esta b leció en M e n fis , exigió im p u e sto s a todo lo a lto y bajo del p a ís (¿ A lto y B a jo E g ip to ? ) deja n d o d e n tiris de s í g u a rn icio n e s en las lo c a li d a d es m ás co n ven ie n tes."
Flavio Josejo. C ontra A p io n , 1, 75-77 Este fragm ento m an eto n ian o c o n servado por el autor ju d ío ha sido, tal vez uno de los pasajes m ás discutidos de la d o cu m en tació n historiográfica egipcia recogida por el legado c lá si co. En él se plantean algunas ideas que no pueden ser aceptadas m o d e r nam ente. En principio cabe decir que la p resencia de asiáticos no fue algo "de im proviso" y hoy día se discute, incluso, si se puede aceptar el té rm i no invasión en su sentido estricto.
El Papiro de Turin recoge con e x a c titud un término que los egipcios u ti
lizaban desde antiguo para designar a los jefes tribales semitas heka-K hasw t, literalmente "gobernador de países e x tranjeros".
Sotare el significado del Período hic- so hay que distinguir dos líneas histo- riográficas antagónicas. L a más c o n o cida de estas tradiciones es la que e x presa el horror pro d u cid o a los egipcios de épocas posteriores la idea de que sus antepasados fueran g o b e r nados por "asiáticos". Esta tradición la recoge la literatura del Reino N u e vo y alg unas inscripciones, com o la de H atshepsw t. La asociación de los hicsos con el dios Seth parece incidir algo en esta tradición, pero se trata, más que de una identificación con ideales "extranjeros", del reco n o ci m iento de un hecho autóctono, la vie ja im plantación de este dios en el Delta. Por otra parte, los hicsos, que im itaron el ritual, las titulaturas reales y la cultura toda, ja m á s incluyeron el nom bre del dios Seth entre sus n o m bres de coronación.
Pero la d o c u m en tació n arq u e o ló g i ca, recogida en m uchos puntos del Valle, y m ás áun en el Delta, e inclu so en épocas posteriores, rechaza esta anim adversión por parte del pueblo egipcio, por lo m enos en la época de los acontecim ientos.
No es, s eg u ram en te inútil recordar que "asiáticos" m ezclados con la so ciedad egipcia h a b ía hab id o siempre. D urante la dinastía X II y sus su ceso res debió de increm entarse su p resen cia, com o lo testim onia el Papiro de Brooklyn, y com o se evidencia por la do cu m en tació n hierática de K ahún, en la que se m en cio n a a "jefes de asiático s” al hablar de destacam entos militares. P osiblem ente en calidad de tropas auxiliares. Al m argen de su m a y o r o m e n o r im plantación en el Valle, es un hecho que el Delta los hubo siempre (P O S E N E R , 1957 b).
Hay, sin em bargo, un h echo que ha llam ado la atención de los in v e stig a dores tras las últim as ex cav acio n es del Delta. La p re se n c ia de múltiples
objetos de fabricación palestina c o rre sp o n d ie n te s a la cultura del B r o n ce M e d io del sur de Canaán. No sólo objetos sino tam bién c onstrucciones, o m ás bien, lo que q ueda de sus c i m ien to s, que r e sp o n d e n a form as y pro to tip o s asiáticos. A u n q u e estos datos p ro c e d e n de una zona re strin g i da del D elta (Tell e d -D a b a sobre to do, se g u ra m e n te em p la z a m ie n to de Avaris) po r lo m e n o s en su c o n c e n tración m áx im a, y no aparecen en el resto de Valle, dan m otivos para p e n sar que durante los p rim eros m o m e n tos (decenas de años tal vez) la im p la n tació n hicsa era sim p lem en te una p ro v in cia más de la cu ltu ra del B r o n ce p alestin o (vid. LIVERANT, 1988). En relación con estos hechos es p e r m isib le pen sar que una lenta in m i gración favoreció la c o n cen tració n de "Asiáticos" en la zona oriental del D e l ta. Esto explicaría su im p reg n ació n de cu ltu ra egipcia y no impide, a d e más que grupos m ás belicosos e n tra ran e fe c tiv a m en te y a p ro v e c h a n d o la d eb ilid ad del control egipcio en esa zona, se instalaran de form a cruenta (KEMP, 1983). La tom a de M enfis, p udo ser, por lo tanto, el golpe de g racia al g o bierno de Ithtaw y, g o b ie r no ya debilitado por sí m ism o y e n tregado tal vez a luchas in ternas. Los niveles de d estru cció n enco n trad o s en Tell e d -D a b a (B IE T A K , 1970, 1975) pueden probar tal vez, que los co m ie n z o s del p o d er hieso no fueron tan pacíficos com o p retende M ene- tón. Su T utim aios parece que puede ser identificado con D e d w m e siw I cuyo n o m b re está atestiguado por m o n u m e n to s de Deir el-B ahari, Te bas y Gebelein.
Tras la fundación de un Estado o grupo de E stados Vasallos, al estilo palestino, los hiesos c o ntrolaron el Bajo Egipto durante un siglo p rá c ti cam ente. A portaron no v ed ad es a la cultura egipcia en el ám bito de las fo rtificacio n es y en el uso del carro de guerra, aunque ya existían c a b a llos en E gipto m uy pro b ab lem en te.
Su aportación en m a te ria de r e la c io nes con A sia se tradujo en el conoci- m en to de técnicas y productos de los que luego se b eneficiaron la cultura y los egipcios del R eino N uevo. Se ad ap taro n y ado p taro n p le n a m e n te la civilización egipcia, utilizaron la e s critura jero g lífic a co m o testim o n ian n um erosos d ocum entos. El fam o so
El KA del rey Hor. Din. XII. Museo Egipcio. El Cairo.
58 Akal Historia del Mundo Antiguo
papiro m a te m á tic o R hind (vid. RO - B IN S -S H U T E , 1987) se fecha el año 33 de A pofis I, aunque p arece copia de un original de pro c e d e n c ia tebana. C o m o se ha visto, crearon en to rno a Seth una religión oficial, más cerca de sus ideales sem itas, de los cuales de sta c a el h e c h o de que conserv aran el culto de A n at-Astarte y, sin e m b a r go, acep taro n la religión oficial e g ip cia en tanto que m an tu v ie ro n al dios R e en sus titulaturas reales. En sum a, la presen cia hicsa no parece que s u pu sie ra un corte en la cultura egipcia y tal vez su repulsa fuera m ás un p r o b le m a de p ro p a g a n d a política p o s te rior qu e un sentir general del pu eb lo egipcio.