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Capítulo V: Aportes para la enseñanza espacial bajo un enfoque de género

5.2. Sobre los lugares y el género

5.2.1. Los lugares del espacio escolar

Al tener en cuenta que “El lugar es una clase especial de objeto cargado de significados, que existe en diferentes escalas; un rincón, la casa, una esquina, el barrio, la región, el país o el planeta, son lugares en donde se materializa el acto de vivir en el mundo” (Delgado, 2003, p.111.), se puede decir que en el proceso investigativo son los estudiantes los que permitieron desde su vivencia cotidiana y sus prácticas en el espacio darle una significación a su entorno escolar. Por lo que se pudo develar el colegio como un espacio cargado de significaciones y apropiaciones, lo que deja al descubierto lugares que se pueden tipificar y ser trabajados para posibilitar que estos se conviertan en posibles mediadores para

139 desarrollar proyectos de orden pedagógico que posibiliten espacios democráticos que le apuesten al reconocimiento del “otro”.

Gracias a la identificación de sus prácticas se pudo hallar las percepciones y usos de los espacios cotidianos escolares, esto posibilitó no solo reconocer las prácticas cotidianas sino también dejar en evidencia lugares que se reconocen desde la extra oficialidades institucionales expuestas a continuación:

-Lugares de poder: Estos lugares fueron reconocidos como aquellos espacios en donde entran en tensión las relaciones académicas (bloque C y parqueadero), ya que el estudiantado presenta topofobias dentro de estos, debido a que sus prácticas cotidianas están regidas desde la normatividad y el control del profesorado lo que entra en constante contradicción con su uso reglamentado. Por otro lado “la esquina” cuenta con las características contrarias a la que puede tener el bloque C y el parqueadero, ya que esta funciona sobre la ausencia de la norma institucional y se implementa desde el dominio estudiantil, espacio que también debe ser tenido en cuenta.

Estos lugares deben ser trabajados por la institución como espacios en donde el trabajo común con el estudiantado permita una apropiación diferente desde las prácticas. La idea es que estos espacios implementen una normatividad común sin que las relaciones y la apropiación de este se convierta en una prohibición sino en la posibilidad del uso del espacio de una manera adecuada. Allí es donde las prácticas espaciales deben entrar a dialogar con la normatividad, no pensando en su uso individual del espacio sino uno de orden comunitario y de construcción colectiva entre las instituciones y los estudiantes.

140 Dentro de este lugar identificado en la cartografía se pueden hallar también los espacios cerrados donde se identifican como lugares que hacen parte de la estructura física del colegio, y corresponden a los bloques A,B y C, que rodean las canchas y el patio central del colegio, estos adquieren una carga simbólica que responden a la topofobia. Esto se debe a las siguientes causas: los estudiantes no tienen un gusto para con las clases, en ese sentido la carga frente al bloque se le asigna por la práctica académica en donde son recibidas sus clases; en cuanto a su relación con los otros bloques se presenta de manera casi nula, por ello, no distinguen sus prácticas, lo que evidencia un desapego con el lugar. Es por ello que como los espacios tienen una relación directa con lo académico se centre en cómo las clases son impartidas, por lo tanto, debe ser tomada en cuenta por parte del profesorado como lo institucional ya que deben ser reevaluadas las formas de relación que establece el estudiante frente al conocimiento y ver los diferentes mecanismos para que el estudiante no produzca el rechazo frente a la práctica y el espacio en donde se desarrolla.

-Lugares lejanos: En ellos se encuentran aquellos espacios que gracias a la normatividad son representados como lejanos por el estudiantado, lugares en donde se ve restringido el uso de esos espacios por los estudiantes de mayor edad. Es importante que al igual que los lugares de poder estos espacios sean replanteados no desde el límite y la prohibición, sino desde la concientización del uso que se debe dar al espacio de los infantes por parte de los estudiantes mayores. La identificación de este lugar en la investigación permite que la escuela se piense, si el rechazo por estos lugares crea división dentro de la comunidad académica, divisiones que afectan no solo la convivencia sino la forma en cómo se concibe el espacio escolar. Este lugar permite una oportunidad pedagógica para la

141 institución en donde se piense en el otro y no de manera individual, si se logra la concientización del otro en el espacio, la prohibición y el límite físico y por ende la división no serían parte del problema convivencial en el espacio.

-Lugares lúdicos: Estos lugares son los que los estudiantes reconocen como los de mayor agrado, son importantes en la medida en que se convierten en espacios donde la interacción con el otro y el esparcimiento representa un gusto dentro del espacio escolar. En ellos se hallan lugares abiertos que se componen por la tarima, las chanchas, la zona verde y las gradas; son descritos por los estudiantes como aquellos en donde pueden realizar prácticas como comer, socializar y escuchar música, por tanto, estas se relacionan con su topofilia. Estos lugares pueden ser facilitadores de la integración social en el colegio, los espacios que se catalogan lúdicos pueden servir como herramienta para el trabajo inclusivo en el espacio, aquí los estudiantes (específicamente en las canchas) ubicaron como espacio predilecto para para generar acciones que reduzcan la desigualdad de género dentro del colegio.

-Lugares sexuados: En estos lugares se identificaron espacios que se pueden potencializar para trabajar la estructuración cultural hegemónica de la feminidad y la masculinidad, ya que estos se establecen desde la concepción de las prácticas masculinas y femeninas en el espacio. Por un lado, dentro de la zona verde se encuentran las barras que adquieren su importancia al resaltar la práctica deportiva como una asignada al género masculino. Por otro lado, en el mismo lugar, la zona suroriental es un lugar reconocido como un espacio de esparcimiento para las niñas, de igual manera que como sucede con la cafetería, por lo cual a nivel espacial estos dos espacios son asignados por su práctica al género femenino.

142 Al conocer los lugares que se les asigna a un género se pueden aprovechar estos espacios para desestructurar esas relaciones que se establecen entre el género, el espacio y la construcción de feminidad y masculinidad. Para que así estos lugares no presenten un dominio de un género en otro, y llegar a reducir la división dicotómica en el espacio. Se ve necesario realizar un trabajo de concientización espacial frente a la apropiación del espacio desde el género, lo cual debe trabajarse con la comunidad académica, para que de esta manera se pueda lograr una resignificación de aquellos lugares.

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