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Los Maestros del Pasado

In document El-Martinismo (página 180-184)

“ Los Maestros son unos seres que han vivido en la tierra y que han llegado a un nivel elevado de maestría y de iniciación. Una vez desaparecidos físicamente, ellos constituyen una especie de colegio invisible dentro del cuál cada uno tiene unas atribuciones precisas. Cada uno de nosotros trabaja entonces sobre una nota particular y se encuentra por consiguiente en relación indirecta de acceso, y más tarde directa con el Maestro correspondiente.

Es sobre este edificio que se ha edificado aquello que algunos denominan “la gran ilusión”. A partir de hechos fragmentados y aislados, se ha construido un edificio y nosotros, a veces, no percibimos bien aquello que se esconde detrás. Tenemos miedo de horadar la corteza porque es en el interior donde se encuentran las gemas preciosas.

Estas ideas han encontrado sus fuentes en muchas corrientes y tradiciones. Por primera vez, en el libro de Ossendowski “ Bestias, hombres y Dioses ”, se evoca la noción de Rey del mundo; más tarde con Saint Yves d’Alveydre con

su “ Misión de la India ” que tuvo la suerte que ya conocéis. La teosofía bajo el impulso esencial de Mme. Blavatsky fue determinante. Todos los grupos posteriores tomaron prestada esta idea de la jerarquía de los Maestros y la adoptaron. Fue fácil, seguidamente releer en el espíritu de los textos de la antigüedad y encontrar abundantes referencias. Comprendemos que se trata de una elaboración humana que da seguridad al buscador, y debería provocar nuestra desconfianza. A resultas de ello, numerosos han sido los falsos maestros que han abusado de esto para su beneficio.

Occidente no habiendo tomado nunca un error prestado, ha tendido a asimilar el Maestro como lo que nosotros denominamos peyorativamente el “gurú”, es decir aquél a quien hay que obedecer ciegamente. ¿Es posible que esta aseveración sea excesiva y que debiéramos analizar más de cerca si es verdadero?. ¿Ciertamente es un error y es posible que sea un verdadero maestro?.

Antes de ir más allá, deberíamos definir el calificativo del “pasado”. Ellos pertenecen al pasado y sólo su memoria subsiste, podría ser la réplica materialista. Ellos son del pasado y han vuelto, podría ser la de los que creen en la reencarnación. En Oriente, existe la doctrina de los bodhisattvas, que afirma que los Iluminados rechazan su fusión en el Brahman o el Nirvana con el objeto de volver a ayudar a aquellos que aun no son libres. La teosofía podría, entonces, hacernos creer cierta la idea de la jerarquía de los Maestros.

Consideramos que se puede ir al fondo de la cuestión, tanto materialmente como espiritualmente, sin que exista discordia entre las opiniones. Sabemos que cada ser vive en la tierra para realizar aquellas experiencias, sin distinción de naturaleza, y para progresar hacia lo que nosotros denominamos la reintegración. Cada uno de nosotros cumple una tarea que será inevitablemente juzgada y apreciada. Para el catolicismo se trata del juicio final, para el ocultismo se trata del auto juicio más allá de la muerte, pero qué importa. Cada vía explica las cosas de acuerdo su visión particular, pero el objetivo es el mismo y consiste en elevarse para aproximarse a lo divino.

Un Maestro es, entonces, aquél que juzgamos como habiendo dado ejemplo con su vida. Esto es lo que constituye un criterio totalmente subjetivo.

Un Maestro es, aquél que nos ha sido revelado como tal

como un iniciado o médium. Podemos ver, por ejemplo, los Maestros cósmicos como Maitreya, Koutomi, Zozer, etc. Aquí también se trata de un criterio subjetivo.

Crowley escribió: “ Todo hombre (o toda mujer) es una estrella.” Cada cuál es, entonces, un maestro, no en potencia, sino realmente, tangiblemente y concretamente. ¿Cual es, entonces, la diferencia entre nosotros y Papus, Maître Philippe de Lyon, Sédir, Cagliostro, etc.?. ¿Cómo llamar entonces a los Maestros?. Hemos dicho que cada uno de nosotros estaba en la tierra para tener experiencias y para cumplir un papel. El Maestro dentro de una tradición deviene el personaje que ha podido encarnar una corriente impersonal y descubrirla a sus hermanos y hermanas. Su maestría consiste entonces en haber ayudado impersonalmente. En tanto que semejantes, entran a formar parte de la gran familia de los Servidores Desconocidos. Decir que éste es el reflejo de su evolución puede ser justo, pero insuficiente. Efectivamente, para dichos maestros “reconocidos oficialmente”, ¿cuántos otros trabajan alrededor nuestro en el anonimato y es posible que tengan un gran avance espiritual?.

Todos forman en el invisible una especie de familia cuyo núcleo está conectado con aquella otra, la Iglesia interior de Eckharthausen. Los maestros del pasado corresponden, entonces, etimológicamente, a todas aquellas criaturas avanzadas espiritualmente y que hayan encarnado en algún momento dado sobre la tierra. Más precisamente, se trata de aquellos individuos cuyo nombre ha sido inscrito en la historia de una tradición por haber jugado un papel directo o indirecto, pero determinante en su historia. En tanto que su espíritu no cesa de animar esta corriente de pensamiento y de crear, para nosotros, por ejemplo, la familia Martinista invisible. Todos nosotros somos hermanos o hermanas llamados a convertirnos en Superiores Desconocidos y también maestros. El término “Maestro del pasado” debe ser comprendido

como una invitación a un dinamismo y no a un culto estéril de maestro ascendido y perfecto. La adopción de un nuevo hermano da lugar a su presentación junto a aquellos que han encarnado la tradición en el pasado. Cada vez que obramos en tanto que Martinistas somos miembros activos de esta cadena y debemos elevarnos a las alturas de aquellos que nos han precedido.

Por ello, se nos pide el ponernos conscientemente en relación con ellos en estos instantes privilegiados. Al comienzo de nuestro ritual, pero sobre todo, en nuestras oraciones del oratorio particular.

Escuchemos una de las plegarias de un ritual Martinista: “ O Dios Eterno, tú que dispensas el perdón y deseas la salud de los hombres, suplicamos tu Santa Clemencia para conceder a los hermanos y hermanas, como a los Maestros del pasado que nos han abandonado en este siglo, poder compartir con tus santos y los Ángeles, la Beatitud eterna del retorno a los orígenes celestes.” Vemos de nuevo que los Maestros del pasado forman una familia vía en la cuál hemos sido introducidos. En tanto que ellos nos conocen y esperan de nosotros que seamos dignos de ellos, libres y fuertes. “ No aceptar nada de nadie sin haberlo experimentado uno mismo.”, dijo Buda. “ Yo vivo en mi propia casa, no he imitado nunca a persona alguna y me he burlado de todo maestro que no se haya burlado de la noche” escribió Nietzsche.

El Maestro no debe entonces tornarse un ser divino e irreal, sino el objetivo que cada cuál debe tender a alcanzar, pero que nunca debe realizar.

Esto es lo que esperan de nosotros nuestros hermanos, los Maestros del pasado.

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