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Los mercados son relaciones estructuradas entre actores

Los mercados no sólo están instituidos, tam- bién están ordenados en relaciones entre actores los cuales tienen diferente poder y habilidades. El concepto de cadena produc- tiva da a los investigadores un marco de tra- bajo para comprender mejor la política de los mercados. Una cadena productiva es una se- rie de intercambios por los cuales debe pasar un producto desde su cosecha hasta su pro- ducción, transporte y uso final. Estos inter- cambios se dan entre actores, entre los cuales se encuentran no sólo empresas e individuos, sino también organismos reguladores guber- namentales y, en algunos casos, organizacio- nes que realizan acciones ambientales.

Smith describe la cadena productiva de una madera dura tropical de Camerún, la cual

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vincula a los aldeanos, taladores, transportis- tas, procesadores madereros, comerciantes y vendedores cameruneses con los consumido- res europeos. Las instituciones legales crean oportunidades muy limitadas para las comu- nidades locales. La mayor parte de la made- ra se produce en concesiones a gran escala en tierras manejadas por el Estado. A menudo hay aspectos ilegales en este proceso, sobre todo el no cumplimiento con los requisitos de informar a los residentes del bosque y darles la oportunidad de vetar las concesiones de ex- plotación forestal en la tierra que reclaman. Además, las compañías taladoras a menudo explotan el bosque en zonas ubicadas fuera de los límites de sus permisos.

Los contextos institucionales de los mer- cados le otorgan a ciertos actores de la cadena productiva la capacidad de influir sobre tran- sacciones y obtener ganancias como resultado. En Camerún, la distribución de las ganancias está relacionada con la habilidad de mediar el acceso. Los individuos y las empresas con recursos financieros, capacidad técnica y con- tactos políticos obtienen los derechos de tala y la mayor parte del ingreso de la explotación forestal. Mientras tanto, los habitantes y los dueños de los bosques perciben relativamente poco o nada de ese ingreso.

No obstante, al final la mayor parte de la madera camerunesa fluye hacia las tres prin- cipales compañías internacionales las cuales,

con el tiempo venden la madera en Europa. Este contacto con el norte le permite a los ambientalistas septentrionales cierto poder para presionar a dichas compañías, exponer algunos de los abusos cometidos en las re- giones de explotación maderera y promover la certificación ambiental de los productos forestales con el fin de dar seguimiento a la madera y evitar la ilegalidad. Estas presiones comienzan a generar ciertos cambios en la base de la cadena productiva, en los bosques estatales y comunitarios donde los taladores cosechan árboles.

Como demuestra Smith, la cadena pro- ductiva es una herramienta útil para anali- zar las políticas ambientales del mercado. El concepto también ayuda a ubicar el interés de Vidal y Donini (véase el recuadro en el artí- culo de Scherr, White, Molnar y Kaimowitz) en las relaciones entre las empresas que ta- lan o procesan madera y las comunidades y los pequeños propietarios que son dueños de bosques y plantíos. Dichos vínculos son esen- ciales para establecer flujos de productos e ingreso entre los propietarios de recursos na- turales comunitarios y a pequeña escala, y el resto de la cadena productiva.

Certificación

La certificación es una institución diseñada para ejercer un cambio en los métodos de

producción de las cadenas productivas. Las certificaciones orgánicas, de comercio justo, del Forest Stewardship Council (Consejo de Manejo Forestal) y del Marine Stewardship Council (Consejo de Administración Ma- rina) consisten en un conjunto de estánda- res, un sistema de auditorías realizadas por empresas auditoras independientes y un se- llo que permite a los consumidores asociar productos certificados con procesos de pro- ducción orgánicos, justos o ambientalmente superiores. Estos esquemas intentan enlazar a los consumidores, por lo general del hemis- ferio norte, con las implicaciones sociales y ambientales de los productos que consumen. Los esquemas de certificación hacen visibles y reafirman los vínculos entre el productor y el consumidor en recursos comunes globa- les, vínculos que por lo general se mantienen ocultos por el mercado global. En ocasiones, pero no siempre, la certificación recompensa a los productores con precios más elevados.

González y Nigh describen la evolución de la certificación orgánica en México, sector dinámico y en aumento que otorga exitosa- mente precios más altos a sus agricultores. La certificación orgánica en México despegó cuando el Estado reducía su apoyo a los agri- cultores cafetaleros. Se generalizó sobre todo entre las cooperativas de agricultores indíge- nas de café que buscaban restaurar los suelos y llegar a clientes confiables que les pagaran

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precios más altos. La agricultura orgánica empezó a considerarse como una manera de vivir, asociada a la identidad indígena y a los intereses de los pequeños agricultores.

Sin embargo, conforme la certificación crecía en el ámbito internacional, surgió la necesidad de crear estándares más amplios, y los gobiernos de EE.UU. y de la UE se ad- judicaron el papel de definir los estándares orgánicos y establecer procedimientos de inspección que desalentaban dar consejos o brindar asistencia técnica, pues se podía con- siderar un conflicto de intereses. Los proce- dimientos de certificación y la creación de estándares se volvieron cada vez más profe- sionalizados y alejados de los agricultores y sus organizaciones. Las grandes granjas han empezado a producir importantes cantidades de café orgánico, e incluso hay agricultura orgánica de café por contrato por medio de agronegocios, un desarrollo bastante ajeno a los conceptos originales de agricultura orgá- nica que inspiraron el movimiento social.

Más recientemente, han proliferado sellos y esquemas de certificación similares, como el café amigable a las aves, con diversos grados de rigor en los estándares y los procedimientos de inspección. Éstos han sido desarrollados por organizaciones ambientalistas y promovidos por vendedores y tostadores, por lo que tienen una relación aún más lejana con las organiza- ciones de agricultores y con la certificación or-

gánica. Estos sellos constituyen una especie de obtención de ventaja a costa del movimiento social orgánico, desplazan a algunos pequeños propietarios de nichos similares de mercado y distraen y confunden a los consumidores con una ‘cacofonía de sellos’.

De manera similar, el café de comercio jus- to y la certificación ambiental de los bosques también son casos en los que la exposición pro- longada a las instituciones y actores de los mer- cados globales erosiona algunos de los valores y metas de los movimientos sociales que ge- neraron el esquema de certificación. Aun con ésta, los productores a menudo enfrentan obs- táculos como el volumen, la calidad, la opor- tunidad en el tiempo de entrega, y las trabas reguladoras de los planes de manejo forestal y de los permisos de explotación forestal. Estos requisitos se relacionan con el contexto institu- cional y con las demandas de los sectores más poderosos dentro de la cadena productiva. No obstante, estos enfoques a la certificación aún son importantes intervenciones no guberna- mentales en las cadenas productivas las cuales han tenido diversos grados de éxito para in- fluenciar en las mejoras sociales y ambientales de los sistemas de producción.

Recomendaciones

Explícita o implícitamente, quienes han con- tribuido a este libro hacen una serie de re-

comendaciones en términos de las políticas viables para que los mercados y los esquemas de certificación sean más eficientes al entre- gar ingresos e incentivos de conservación a quienes manejan los recursos naturales co- munitarios y a pequeña escala:

• Extender el derecho de propiedad comu- nitaria seguro, el acceso y los derechos de manejo a los recursos naturales.

• Reformar las políticas forestales para eliminar los obstáculos institucionales innecesarios para la participación de pe- queña escala en los mercados de recursos naturales.

• Eliminar los subsidios preferenciales y los procedimientos que autorizan las grandes transacciones.

• Transferir la regulación a los gobiernos y comunidades locales.

• Apoyar los vínculos entre comunidades y compañías y proporcionar servicios de ex- tensión en el manejo de negocios.

• Proteger los derechos de subsistencia y acceso donde los mercados no son apropiados.

• Fomentar esquemas de certificación para aumentar la capacidad de quienes mane- jan los recursos comunitarios con la fina- lidad de beneficiarse de los mercados y proporcionar incentivos para un manejo acertado de los recursos, y

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• Usar la certificación y otros mecanismos para hacer que los consumidores y las compañías internacionales sean responsa- bles de rendir cuentas por las prácticas de manejo de los recursos en lo más bajo de la cadena productiva.

Algunas de las recomendaciones están destinadas específicamente a las mejoras en la certificación:

• Aumentar la participación de quienes manejan los recursos comunitarios y a pequeña escala en el establecimiento de estándares de certificación y procedi- mientos de auditoría.

• Rechazar la proliferación de sellos de cer- tificación, sobre todo los que están sepa- rados de las organizaciones productoras. • Disminuir el costo de certificación por

medio de procedimientos de certificación simplificados a escala apropiada.

• Aumentar los beneficios de la certificación por medio de vínculos entre comunidades y compañías y servicios de extensión en el manejo de negocio, y

• Usar la certificación para disminuir los trabas regulatorias que enfrentan los pro- ductores.