3.1 LAS VOCES EN EL DESFILE DEL AMOR
3.1.2 LOS NARRADORES PERSONAJES EN EL DESFILE DEL AMOR
En la narrativa de Sergio Pitol es frecuente encontrar personajes que, por momentos, asumen la responsabilidad de relatar algo. Estos narradores se demuestran siempre indignos de la confianza de su receptor (intra y extratextual), pues no se interesan en proporcionar informaciones objetivas o útiles a la comprensión de la trama. Por el contrario, sus discursos se revelan siempre parciales, viciados por el deseo de venganza o de difamar a los demás (tanto, que cuando emiten juicios positivos su discurso se antoja más bien irónico), denotando así su frustración y mala fe. Estos personajes narradores recuerdan acontecimientos pasados o palabras ajenas, imponen su versión de los hechos y mienten descaradamente para desmentir a los demás, sin advertir sus propias contradicciones.
El desfile del amor es, sin duda, el texto del tríptico en donde se escucha el mayor número de narradores personajes que asumen un papel narrativo. Con ello dan vida a una novela en la que el entramado construido por las voces narrantes es claramente reconocible, pues, como lo señala Villoro:
cada capítulo ofrece el relato de un personaje que amplía la trama de conjunto al tiempo que refuta versiones anteriores. Teatro de mentirosos que pretenden tener razón absoluta, El desfile del amor logra una novela de apasionante actividad neurótica, urdida con cuentos que se detestan entre sí, narrados contra adversarios que disponen de otras interpretaciones, las mil y una variantes de una verdad que se puede intuir pero nunca descifrar” (Villoro, “Prólogo...”, 14).
La co-presencia de tantas voces, que, en una perspectiva polifónica, disponen del mismo prestigio ideológico, y su actitud para entremezclar medias verdades, rumores y mentiras con reconstrucciones históricas, relatos literarios y divagaciones sobre arte y pintura rinden la “realidad” narrativa del Desfile imposible de definir por la extrema fragmentación que la transforma en un laberinto en donde tanto Del Solar como el lector se extravían.
A pesar de que sus relatos empiezan como reconstrucción de lo acaecido en 1942, las voces de los narradores personajes de El desfile se desvían a menudo hacia otros temas, y se abren, por medio del discurso indirecto libre, a las voces ajenas, tanto de otros personajes como de sujetos no directamente involucrados en la trama, para deformarlas. Cada uno de los discursos figurales se caracteriza por su unicidad y diferencia en el tono, sintaxis, terminología, argumento tratado e ideología; la variedad de los registros y el sobreponerse de las voces hacen que este lenguaje adquiera las características estructurales que Bajtín ha subrayado en la lengua de Rabelais, convirtiéndose en un “vocabulario de las plazas públicas” (Bajtín, La cultura popular..., 131).
Desde luego, al establecer esta semejanza con la escritura del autor francés, hay que tener en cuenta aquellos detalles que diferencian el lenguaje rabelaisiano de la lengua de Pitol: al ubicar su relato en un contexto diferente de la cultura popular medieval y elegir como escenario la alta burguesía y la vieja aristocracia porfiriana en ruina, Pitol dispone de un lenguaje que, en apariencia, nada tiene que ver con la lengua popular del carnaval, pues se pretende áulico en la forma y en los contenidos.
Sin embargo, en la escritura de El desfile del amor todo lo que se pretende elevado viene rebajado y transformado, parodiado gracias a la ironía que se mofa de todo discurso figural. La palabra de cada personaje se convierte en un disfraz cuya finalidad es esconder sus miserias y frustraciones. García Díaz ha afirmado que en la escritura de Pitol no se sabe “cuáles son los límites del disfraz; entre lo que se es y lo que se representa se enfatiza un fuerte problema de identidad en muchos personajes” (“La refutación de los sentidos”, 134).
De tal modo, en la trama de la novela se abren espacios en los que una fauna de mentirosos perjura y termina por creerse sus mismas falacias, permitiendo así la
instauración de un clima grotesco debido a la “sobreactuación” de los personajes que convierten lo elevado en ridículo.
Para Castro Ricalde (Ficción, narración y… 82) otro elemento de las voces narrativas que crea una atmósfera de farsa en la trama de El desfile es la escasa coherencia lógico- sintáctica que las caracteriza. Gracias a este factor, la redundante prosopopeya de los personajes viene desenmascarada y rebajada a una retórica caricaturesca y privada de sentido. Pitol parodia así el lenguaje oficial y serio, que pretende darse un tono solemne. Al mismo tiempo, el juego paródico se instaura por medio de la apertura de la lengua del Desfile a una serie de discursos que el canon juzgaría “no literarios” (entre los cuales, además de las voces de los personajes, hay que considerar también el periodístico y el burocrático), involucra también la novela de tipo canónico y sus personajes usan el mismo registro y la precedente producción cuentística y novelística del escritor mexicano, caracterizada por el tono sombrío y existencialista.
No obstante, si retomamos la idea de que la trama de El desfile proyecta su mirada irónica sobre la historia reciente de México, entonces es posible considerar que el juego paródico instaurado por las voces de los narradores-personajes pretende mofarse de las clases sociales que integraron la élite socio-política de ese entonces.
Entre los críticos que han estudiado el texto, Serrato Córdoba (20) parece apuntar a esta dirección cuando afirma que los personajes y sus discursos “simbolizan los años clave de la novela”. Por ello es posible acercarse a las diferentes voces de los personajes de El desfile del amor, con su bagaje ideológico y su parafernalia de muecas y gestos, como emblemas de las clases sociales de la época en que se desarrolla la trama.
Con base en esto, podemos proporcionar una descripción del discurso y de las voces de tres narradores personajes de El desfile del amor, concentrándonos en evidenciar su tono,
las temáticas tratadas, la actitud frente a los demás personajes y las aperturas a las voces ajenas y a tramas secundarias que representan una divagación con respecto a la trama principal.